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LOS FUNDAMENTALISMOS CONVIERTEN A DIOS EN ASESINO. Juan J. Tamayo

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La Verdad

Ofrece una charla el martes en el Aula de Cultura de ‘La Verdad’ en Elche Tamayo afirma que la teología de la liberación «está viva y para rato» Acusa al Papa de ejercer con una extremada dureza el juicio y la crítica


Juan José Tamayo se considera un teólogo sensato y sesudo. Su obra no ha pasado desapercibida. La relevancia de sus aportaciones en las teologías de la liberación en Europa y Latinoamérica han trasladado esta olvidada corriente al debate público. Su obra también ha provocado reacciones de la Conferencia Episcopal Española, que condenó sus ideas sobre Jesucristo y, según indica, su pertenencia a la Asociación Española de Teólogos y Teólogas Juan XXIII. Además de ser secretario general de esta institución, es director de la cátedra de Teología y Ciencias de las Religiones Ignacio Ellacuría, de la Universidad Carlos III de Madrid. Pasado mañana ofrecerá una charla sobre uno de sus libros más destacados, Fundamentalismos y diálogo entre religiones. La nueva cita del Aula de La Verdad de Elche será en el Centro de Congresos, a las 20.15 horas.

-Fundamentalismos y diálogo entre religiones es el título de su charla y también el de uno de sus últimos libros. ¿Por qué estos movimientos radicales en lugar de desaparecer cada vez se hacen más fuertes?

-Es la gran preocupación. Los fundamentalismos han retornado contra todo pronóstico y, además, con una radicalidad ilimitada. Ponen en peligro la convivencia y se justifica la violencia en nombre de Dios. Se convierte a Dios en asesino, cuando Dios quiere ser un Dios de la paz. Los fundamentalismos son una de las grandes perversiones de las religiones. El espacio religioso debe ser de tolerancia, respeto de los derechos humanos…y se convierte en un lugar de apasionamiento desmedido.

-Usted no sólo habla de fundamentalismo religioso, también de otros tipos como el económico.

-Efectivamente. La palabra fundamentalismo ha pasado a otros campos tal y como ha ocurrido con el término globalización, que primero se circunscribió al ámbito económico y luego ha trascendido a otros campos, como el cultural. En este caso, el fundamentalismo también se ha ubicado en otras esferas que no tendrían por qué ser. Desde el económico al cultural, cuando existe una supuesta superioridad de una cultura sobre otra; también étnico… y todos los fundamentalismos coinciden en un elemento absolutista de lo relativo. Universalizan algo que es particular, es la simplificación de lo complejo. Reduce lo plural a lo uniforme.

-¿Pone en peligro la evolución?

-El signo de nuestro tiempo es el pluralismo y la expresión más auténtica de las culturas indígenas es el respeto por otras formas de vida, de la concepción del mundo, que no tiene el fundamentalismo.

-¿Sigue viva la teología de la liberación después de los envites que ha sufrido?

-La muerte de la teoría de la liberación es la expresión de un deseo más que una realidad. Es como una chinita en el zapato del imperio y sobre todo es el deseo de la religión cristiana. La teoría de la liberación tiene vida y para rato. En mi opinión está reelaborándose. Se reconstruye a pie de la historia. Tiene un fuerte componente ético y ahora está más diversificada.

-¿En qué sentido?

-Ahora estamos en un proceso de expansión, hay teoría indígena de la liberación, teología feminista, teología de las comunidades negras, que recuperan sus tradiciones, y también teoría económica de la liberación. Todas ellas tienen como punto de partida la opción de los pobres, los excluidos, los marginados. Es una teoría muy en sintonía con los movimientos sociales antiglobalización, los derechos humanos y la defensa del medio ambiente.

Usted estudió la obra del actual Papa. ¿Qué está suponiendo el mandato de Ratzinger para la Iglesia católica?

-Ratzinger tiene una larga trayectoria teológica. Fue un teólogo muy influyente y tuvo un papel muy importante al posicionarse a favor de la reforma de la Iglesia. Siendo estudiante leí su obra Introducción al Cristianismo. Desde entonces hasta ahora ha ido siguiendo un proceso involutivo, a diferencia de la mayoría de los intelectuales. En el momento que accede a la presidencia ejerce con una extremada dureza el juicio, la crítica y la condena, incluso a sus colegas.

-¿Cuál ha sido su Papa preferido?

-Juan XXIII, quien inició la reforma de la iglesia y convocó el Concilio Vaticano II. La reforma se apoyaba en tres bases: el diálogo con una cultura moderna, la reforma interna de la Iglesia y una tercera, la apertura de la iglesia. Continuó ese espíritu en favor de los pobres y del diálogo Pablo VI.

-¿Cómo explica que una institución que proclama la difusión de los valores democráticos no predique con el ejemplo y, en cuestiones como la elección de sus representantes, no aplique esa democracia?

-Esa es la gran contradicción. Los valores democráticos, los derechos humanos, la igualdad entre sexos están en la base del cristianismo y, cuando pasa el tiempo y evoluciona la Iglesia, la religión laica se convierte en clerical y la religión independiente se alía con el trono. Es difícil explicarlo. A mi juicio intervienen tres factores: es suplantado el protagonismo de Dios por la dirección de clérigos; la comunidad de iguales es suplantada por la comunidad de varones, y la comunidad al servicio de los pobres se excluye.

-¿Qué papel juega ahora el Opus Dei en el seno de la Iglesia?

-El Opus Dei es una organización muy antigua que jugó un papel importante y cuyo espíritu era el de secularizar la iglesia. Con el paso del tiempo la organización se convirtió en una estructura militarista y planteamientos clericales. En los últimos treinta años se ha colocado en la cúpula de la jerarquía católica y se ha convertido en un referente. Esta situación ha dado lugar a una Iglesia muy estamental, jerárquica y elitista.

-La Iglesia española no comulga con el Ejecutivo de Zapatero. ¿Han aumentado las tensiones Iglesia-Gobierno?

-Después de la transición política en España la Iglesia no se ha encontrado con la democracia. En un principio apoyó el retorno de las libertades, de los derechos… pero según avanzó el tiempo, tras la dirección de Tarancón, ha adoptado una actitud de descontento y malestar. Ella misma parece querer constituirse en el cuarto poder cuando, por ejemplo, hay leyes que no le gustan. Está en su derecho de expresar su voz crítica dentro de la libertad de expresión, pero debe respetar los tres poderes y no poner palos en las ruedas.

-¿Ha perdido poder la Iglesia como consecuencia de los cambios políticos, sociales y culturales?

-Sí, ha perdido poder y bien perdido fuera si su manera es mantener las viejas alianzas trono-altar. El único poder que le corresponde es el compromiso por la justicia y la defensa de los pobres. La Iglesia debe recuperar el poder social que ha perdido.

-¿Qué opina del interés que han suscitado las últimas publicaciones que redescubren la vida de Cristo, dígase El código Da Vinci o La cena secreta, entre otros?

-Todo esto es literatura barata. Sin calidad literaria ni valor de la estética de la literatura. Y creo que se centra en aspectos fundamentales del cristianismo, en corrientes reprimidas que se abordan desde la fantasía, que es ilimitada. El retorno de estos aspectos reprimidos está resurgiendo de manera patológica. No debe ser juzgada la concepción dogmática, pero son importantes los temas que apuntan.

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