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Las Comunidades eclesiales de base, una alternativa de comunión en un mundo globalizado -- José Sánchez Sánchez, Diócesis de Ciudad Guzmán, Jalisco ( México)

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Comunidades de base1.jpgAfirmar que las CEBs son alternativa de participación en un mundo de globalización excluyente, no quiere decir que lo sean en la misma línea del poder económico, político y cultural de forma que constituyan un sistema alternativo al neoliberalismo globalizante, y que, por tanto, sean a corto plazo la solución a los problemas que éste causa, sino que se afirma que son una alternativa cualitativa, que aunque pequeña, vive ya los valores que se deben vivir en un mundo distinto.
El mundo y la Iglesia están viviendo una coyuntura muy singular. En unos cuantos años, el mundo ha cambiado a tal grado que muchas situaciones sociales que se vivían en las décadas de los setenta y los ochenta, han desaparecido, en cambio, otras se han hecho presentes.

Los cambios, que anteriormente se daban en siglos, ahora se dan en cuestión de lustros e incluso en años. La mayoría de las categorías con las que se analizaban los fenómenos sociales han quedado superadas e inviables. Esta etapa se inició con la puesta en crisis de la modernidad y ha tenido un momento importante con la caída del muro de Berlín en 1989, y la desintegración de la URSS en 1991.

Uno de esos cambios es el sistema neoliberal que desde 1982 se ha extendido en todos los países con consecuencias negativas para la mayoría de la población del planeta: la mancha de la pobreza ha crecido cada vez más; la agudización de los contrastes entre los pocos que tienen mucho y los muchos que tienen poco; la exclusión de los bienes del progreso de gran parte de pueblos; la depredación de la naturaleza; la contaminación del agua, del aire y de la tierra amenazan la vida; el calentamiento del planeta. Todo esto hace que se cuestione la viabilidad de este modelo de desarrollo y se busquen alternativas.

También para la Iglesia han surgido nuevos retos que reclaman de ella nuevas actitudes ante los problemas y nuevas respuestas a preguntas hechas desde siglos anteriores como: ¿Qué es la Iglesia?, ¿cuál es su misión?, ¿cómo cumplirla? Ya el Concilio Vaticano II trató de dar contestación a estas interrogantes y abrió nuevos horizontes de renovación en la Iglesia; las Conferencias Generales del Episcopado Latinoamericano y Caribeño de Medellín y de Puebla contextualizaron esta renovación en la situación de pobreza y exclusión del continente latinoamericano, y de este esfuerzo nacieron las Comunidades Eclesiales de Base (CEBs), expresión del amor de Iglesia a los pobres y de un modelo comprometido con el proceso de liberación del pueblo, que han manifestado su vitalidad, en estos últimos años, manteniendo viva la esperanza en una Iglesia pobre y que opte por los pobres.

La V Conferencia General de Episcopado Latinoamericano y del Caribe, en Aparecida, las ha reconocido como “fuente y semilla de variados servicios y ministerios a favor de la vida en la sociedad y en la Iglesia” (DA 179) y como elementos de renovación de las parroquias “haciendo de las mismas una comunidad de comunidades” (Ibid.), y como “escuelas que han ayudado a formar cristianos comprometidos con su fe, discípulos y misioneros del Señor, como testimonia la entrega generosa, hasta derramar su sangre, de tantos miembros suyos” y ha confirmado su identidad de “células iniciales de estructuración eclesial y focos de fe y evangelización” (Med. 15) (DA 178).

Las Comunidades Eclesiales de Base, a pesar de su debilidad y pequeñez, son una alternativa de comunión frente a un sistema que excluye la mayor parte de los habitantes de América Latina y del mundo.

1.- LAS PARADOJAS DEL MUNDO ACTUAL

El mundo actual está caracterizado por tres grandes paradojas:

1. Se da una mayor comunicación a distancia, y al mismo tiempo, una mayor concentración en las ciudades. Asistimos al mayor desarrollo de la urbanización y de concentración metropolitana de la historia, con el consiguiente fenómeno del individualismo, que realza al individuo y reduce la comunidad a un conglomerado de seres individuales, hasta quitarle su carácter de unión, de totalidad, de unidad.

La comunidad –afirma E. Maza– deja de existir como comunidad, y se convierte en un montón de entes individuales, sin lazos de unión, de amor, de responsabilidad mutua de unos por otros, de justicia, de generosidad, de tolerancia. Triunfa el más fuerte. El que puede más se agandaya lo que pertenece a todos. Los más fuertes devoran a los más débiles y los despojan de su derecho esencial a una parte de los bienes sociales, a un bienestar de vida y a la satisfacción de las necesidades esenciales del hombre: alimentación, familia, vivienda, salud, empleo, educación, vida humana. Todo bajo apariencias de democracia, de libertad, de igualdad, de derechos, de estado protector del bien común.

El moderno hábitat del individuo, la ciudad, altera las tres relaciones fundamentales propias de toda cultura: su relación con la naturaleza, sus relaciones entre sí y con Dios. En la ciudad, la relación con la naturaleza se articula no desde su contemplación, de su cultivo y disfrute, sino que es vista como materia prima de la transformación industrial y se pierde el respeto a ella explotándola irresponsablemente.

La relación con Dios se torna problemática. La persona en las grandes ciudades no teniendo contacto con la naturaleza, obra de Dios, lo tiene casi exclusivamente con la civilización, obra humana, por lo que el ser humano se va olvidando de Dios y viviendo en una independencia cada vez mayor. Se cierra a la trascendencia y se queda anclado en sí mismo transformando la gran ciudad en templo consagrado a lo humano. Esto le provoca un vacío y una ansiedad que no logra superar. Son muchos lo que no encuentran respuesta a los interrogantes fundamentales de la vida: quién soy, de dónde vengo, a dónde voy, y así no encuentran sentido a su vida.

La relación de los humanos entre sí se convierte en funcional, por tanto, las relaciones comunitarias se desdibujan dejando paso al individualismo, a las relaciones superficiales y a la masificación. Nunca los humanos habían estado tan cerca y al mismo tiempo tan solos. Sus relaciones se modifican porque de ser primarias se transforman en secundarias, ampliando el círculo de contactos individuales. Las personas viven en un aislamiento tal que llega, en muchos casos, al anonimato. Todo esto hace buscar, sobre todo en las ciudades, nuevos referentes comunitarios como los clubs, los círculos de amigos, las reuniones familiares.

2. Se vive una actitud generalizada de hedonismo, de pérdida de los valores, sustituyéndolos por la comodidad, la vida light, la falta de compromiso, de militancia. Se vuelve a aquello de los romanos carpe diem (goza el día). Se trata de vivir la vida sin complicaciones. Al mismo tiempo se da una vuelta a lo religioso, pero fuera de las grandes instituciones religiosas: las Iglesias.

Por supuesto –afirma E. Maza–, el neoliberalismo –institucionalización económica y política del individualismo y de sus consecuencias– produce cambios profundos en los valores, en la cultura, en la manera de ser, en las relaciones humanas y sociales, en la religión y en la vida de los pueblos y de las naciones.

3. Se produce un proceso de globalización económica y cultural al mismo tiempo que una valoración de lo local. Por “globalización” se entiende “un fenómeno reciente y acelerado, de cambios radicales, caracterizado principalmente por una integración más estrecha entre los países y los pueblos del mundo, que ha trastocado la economía y el trabajo, el comercio y las finanzas internacionales, las comunicaciones y las culturas del orbe”. Como causas de este fenómeno se apuntan: los avances de la tecnología y, en especial, de la informática, de la telemática, de la red de enlaces mundiales y del mercado libre, de las decisiones políticas y de los centros de poder.

Se está pasando, aunque de forma desigual, de la era moderna, industrializada, a una era de la información, de la revolución genética, a una era de nuevas experiencias espacio-temporales que hacen dar grandes saltos en el ejercicio del conocimiento; se pasa a sociedades de la información y del conocimiento, donde este último es el principal recurso industrial. Por estas razones está cambiando la percepción de las cosas, del actuar y valorar, que repercuten en la psicología y en las vivencias humanas.

La globalización tiene cuatro dimensiones:

1.- La Globalización económica, la más evidente y la que fundamenta las otras dimensiones. Los capitales pertenecen a las compañías trasnacionales y se invierten en donde producen mejores rendimientos. Los productos se fabrican en donde el costo es menor, sobre todo por la mano de obra y los aranceles, y se venden en donde son más caros, para sacar mayores rendimientos. Se produce pensando sobre todo en el mercado internacional, descuidando el mercado interno de los países periféricos.

2.- La Globalización social, consecuencia de la globalización económica, proclama la liberación del mercado, incide sobre la estructura nacional de las clases y genera nuevas formas de desigualdad social, causadas por la reducción de los salarios, la reducción de los derechos laborales, los despidos masivos y el desempleo estructural. Esta dimensión trae como consecuencia una generalización y profundización de la pobreza.

3.- La Globalización política es una nueva comprensión del Estado, ya no como rector de la economía, sino como el guardián de las relaciones de producción y mercado. Las grandes decisiones económicas ya se toman en las compañías trasnacionales que buscan únicamente sus intereses y no el bien de la población. El Estado se ve forzado a adelgazar lo más posible sus gastos sociales, por tanto, a invertir menos en la burocracia y en los programas en beneficio de la población: educación, sector salud, vivienda, seguridad, apoyos económicos a las clases desprotegidas. Da todas las facilidades a los inversionistas y quita prestaciones a la clase obrera.

Negocia tratados de “libre comercio” bilaterales o multilaterales, en los que quienes ponen las condiciones son los países ricos y las grandes instituciones que están para defender los intereses de los empresarios: Fondo Monetario Internacional (FMI), Banco Mundial (BM), Banco Interamericano de Desarrollo (BID), Organización Mundial del Comercio (OMC). En esta situación, desde la caída del socialismo, se ha impuesto el liderazgo político y militar de los Estados Unidos, que con sus programas antiterroristas, impone sus intereses y criterios sociales y políticos.

4.- La Globalización cultural, que consiste en la imposición de una cultura mundial, en la que se vivan los anti-valores del consumismo, la ganancia y el confort. Se trata de un dominio cultural en el que los elementos culturales sólo interesan en la medida en que se convierten en mercancías que siguen las reglas del mercado globalizado. Desde el primer mundo se imponen los códigos simbólicos. No se respetan las culturas de los pueblos y se les considera manifestaciones folclóricas, que se convierten en mercancías o en exhibición turística.

Los países no pueden ya vivir aislados; el mundo se ha convertido en una pequeña aldea en la que se acortan las distancias. Las economías de los países están interrelacionadas, lo que se produce ya puede ser comercializado en diversas partes del planeta. Se especula con los capitales en las diversas bolsas de valores de los distintos países, con tal movilidad que se les llama “capitales golondrinos”. Tres billones de dólares, se calcula, atraviesan diariamente los cielos a través de los sistemas computacionales. Las industrias trasnacionales son las que dictan las normas de la economía a través del mercado.

Este proyecto económico- político- cultural no es aceptado por todos y es criticado desde tres diversas trincheras:

1.- La crítica de los posmodernos. Desde el punto de vista filosófico, “El pensamiento postmoderno cuestiona fuertemente la razón moderna ilustrada… Desde este punto de vista, la postmodernidad continúa el espíritu crítico de la Ilustración, volviéndolo contra sí mismo”. La crítica a la modernidad por parte de los posmodernos consiste en que ésta no logró el objetivo y la meta que se propuso con su desarrollo. Los campos de concentración, la pobreza creciente y el deterioro ambiental son la negación clara que la modernidad hace de sí misma. “Si su diagnóstico ha desembocado en la inhumanidad, hay que superar esta racionalidad”.

Así, el proyecto posmoderno expresa su resistencia a la modernidad, basada en el progreso, el desarrollo y la emancipación de la libertad porque se ha deslegitimado mediante la producción de sus contrarios. Para superar el proyecto de la modernidad hay necesidad de un pensamiento en el que el fundamento esté en el individuo, en la búsqueda de sí mismo como fundamento.

2.- La crítica de la teología de la Liberación. Se fundamenta en las consecuencias sociales de este proyecto neoliberal globalizante. La extraordinaria concentración de la riqueza en pocas manos, al mismo tiempo, que un proceso de exclusión de las mayorías a los bienes del progreso moderno. La pobreza a grandes pasos ya no únicamente en los países pobres, sino en las mismas entrañas de los países ricos. Nunca antes había habido en el planeta tanta producción de bienes y al mismo tiempo tanta carencia de ellos, al grado de que pueblos enteros mueren de hambre. El 20 por ciento de los habitantes de la Tierra goza del 80 por ciento de las riquezas que se producen, mientras el 80 por ciento de los habitantes pueden disfrutar tan sólo del 20 por ciento de ellas. Quien no produce y consume no tiene lugar en este mundo globalizado. El proyecto neoliberal provoca grandes contrastes entre las personas y los pueblos.

En la dimensión cultural está promoviendo una homogeneización de ésta a través de los medios de comunicación masivos que, por una parte, dan a conocer las diversas culturas de los pueblos, y por otra, los agreden, los invaden con los valores de la monocultura de masas, que expande el american way of life. Los efectos más nocivos de esta globalización son la pobreza mundial, la destrucción de los ecosistemas y los conflictos transculturales localizados. La globalización ha significado vida y creatividad, avance y realización para unos cuantos, pero es frustración, exclusión y muerte para la gran mayoría de los habitantes del planeta.

Las bases de este sistema neoliberal globalizado denunciadas por la teología de la Liberación son:

1. La idolatría del lucro. La satisfacción de necesidades o de caprichos no se sujeta a normas éticas, sino a la conveniencia, al lucro, al poder y al placer, convertidos en los tres ídolos supremos. 2. El fundamentalismo del mercado. Se ha creado el mito de que el mercado lo abarca todo y que el juego de la oferta y la demanda es inevitable en todos los campos. La competencia es la energía que mueve las transacciones industriales y comerciales. Se ve al competidor no como un ser humano, sino como amenaza y obstáculo que debe superarse o incluso eliminarse. 3. La cultura consumista. Se ponen al alcance de las personas múltiples objetos de consumo y se utiliza un bombardeo publicitario continuo. Se enfatiza la libertad personal como el gran derecho sin límite hasta rebasar los confines de las normas morales y las reglas de la sana convivencia.

Fundamentalmente, este sistema es idolátrico y está basado en la muerte de las dos fuentes de vida: la persona humana y la naturaleza. Las riquezas vienen a ocupar el lugar de Dios, son el dios de los poderosos. Este Moloc pide el sacrificio de miles de seres humanos que no tienen lo más indispensable para vivir y mueren de hambre. En cambio, Dios es Padre de todos los humanos, pero especialmente de los pobres. Su opción es universal, pero pasando por la parcialidad del pobre. Jesús vino a anunciar y hacer presente el Reino de Dios, que es paz, justicia, igualdad y vida digna para todos, pero especialmente para los pobres. La misión de la Iglesia es estar al servicio de este reino y ser expresión de este proyecto de amor y fraternidad. Su compromiso debe de ser con la liberación de los pobres y la transformación de las estructuras para forjar un mundo nuevo, donde reine la justicia y la paz.

Para los cristianos este sistema de mercado presenta un gran desafío, y para hacer realidad el proyecto de Dios, tienen que superarlo ya que en él los pobres no son únicamente explotados, sino también excluidos de los bienes del progreso y tienen que “globalizar la solidaridad”.

3.- La crítica del Foro Social Mundial. En este mundo neoliberal globalizado en el que la exclusión se hace la actitud generalizada, hay necesidad de ir soñando y creando un nuevo paradigma, a partir de experiencias de participación y de diálogo, de respeto y tolerancia. Las consecuencias se están haciendo cada vez más insoportables, por lo que muchos han iniciado un proyecto alternativo al neoliberalismo excluyente. Hay muchos movimientos y organizaciones en el mundo que están oponiéndose fuertemente a él. La gran mayoría de ellos se articulan en los cinco foros sociales mundiales, que han tenido lugar en Porto Alegre, Brasil y en Mumbay, India.

Son muchos los retos que se presentan; algunos ya están visualizando una nueva etapa en la que los movimientos sociales se organicen de tal manera que no únicamente presenten protestas, sino también propuestas. Urge encontrar la forma de no estar sólo en contra de la pobreza y la guerra, sino también en influir para evitarlas. “Son muy valiosas las experiencias de concertación, que se han dado en algunos países, entre la sociedad civil y el Estado, que han permitido el diseño de propuestas de consenso hacia una mayor efectividad en las políticas económico-sociales de lucha contra la miseria”.

2.- LAS COMUNIDADES ECLESIALES DE BASE, UNA ALTERNATIVA DE COMUNIÓN

Las Comunidades Eclesiales de Base (CEBs) son expresión del movimiento de renovación eclesial del Concilio Vaticano II, y contextualizado en América Latina en los años sesenta, momentos en los que el proyecto de desarrollo promovido por Estados Unidos comenzaba a manifestar su debilidad. La pobreza de los pueblos de este continente, no se debía al atraso en la carrera del desarrollo sino por los mecanismos de explotación y de dependencia de estos pueblos con respecto a los países ricos. Se decía que había que cambiar la relación de los pueblos de América Latina respecto a los pueblos desarrollados, que ya no fuera de dependencia por las ayudas recibidas, sino de liberación.

De este contexto de crítica al sistema desarrollista, de compromiso por superarlo y de renovación eclesial surgió la experiencia que se concretó en las CEBs. Éstas surgieron en diversos países, no como un movimiento de Iglesia, sino como la vivencia misma de Iglesia que toma partido por los pobres y se solidariza con ellos en sus luchas por su liberación. Así aparecieron casi simultáneamente en México, Brasil, Argentina, Chile, Perú. Los nombres eran distintos, pero el espíritu era el mismo.

Nacimiento y expansión de las CEBs Los años setenta fueron los de mayor expansión de las CEBs. Los teólogos insistían en su identidad eclesial, ubicándolas en la línea de ser Iglesia sacramento y no carisma de la Iglesia. Muchos teólogos de esos años escribieron sobre las CEBs, considerándolas sujeto de la transformación de las estructuras eclesiales y sociales.

Fueron años en que la Guerra Fría se intensificó como confrontación entre la ideología capitalista y la comunista en los países latinoamericanos. En ellos, las clases populares se inclinaron por el socialismo como alternativa frente al proyecto capitalista. Los cristianos que optaron por los pobres y que integraban las CEBs sintieron también que había que luchar por sacudirse el yugo de la explotación, buscando un nuevo sistema. Las estructuras injustas eran la causa de la violencia que se desataba en sus países y que habría que transformar por otras que fueran justas y de participación. En este tiempo se insistió mucho en el compromiso social y revolucionario de la fe. Muchos cristianos se decidieron por la lucha armada, lo que hizo que se desatara una fuerte represión en contra de los miembros de las CEBs. Los gobiernos penetrados por la ideología de la “seguridad nacional”, las identificaban con células comunistas, revolucionarias, subversivas. Se esparció la sangre de obispos, sacerdotes, religiosas, laicas y laicos por todo el territorio del continente.

Con todo, ha sido este tiempo el de mayor crecimiento cuantitativo y cualitativo de las CEBs. Medellín, en su Documento núm. 15, habla de las Comunidades Eclesiales de Base y dice que son “célula inicial de estructuración eclesial y foco de evangelización y actualmente factor primordial de promoción humana y desarrollo”. Para 1979, las CEBs habían alcanzado un gran desarrollo por lo que la Conferencia de Puebla dice de ellas: “Las Comunidades Eclesiales de Base que en 1968 eran apenas una experiencia incipiente, han madurado y se han multiplicado, sobre todo en algunos países, de modo que ahora constituyen un motivo de alegría y de esperanza para la Iglesia. En comunión con el Obispo y como lo pedía Medellín, se han convertido en focos de Evangelización y en motores de liberación y desarrollo”.

En el documento sobre Comunidades Eclesiales de Base, parroquia e Iglesia particular, son consideradas como Nivel de Iglesia, es decir, como Iglesia de Jesús en la Base, y como “expresión del amor preferente de la Iglesia por el pueblo sencillo; en ellas se expresa, valora y purifica su religiosidad y se le da posibilidad concreta de participación en la tarea eclesial y en el compromiso de transformar el mundo”. Así las CEBs caminaban junto con toda la Iglesia “entre las persecuciones del mundo y los consuelos de Dios”. Todo por haberse solidarizado con las causas del pueblo pobre, creyente y en camino de liberación.

Las CEBs bajo sospecha
En los años ochenta inició un período en el que la línea de pensamiento de la Tradición latinoamericana comenzó a ser abiertamente atacada. Las dos instrucciones de la Congregación para la Doctrina de la Fe: Instrucción sobre algunos aspectos de la “Teología de la liberación” (1984), e Instrucción sobre libertad cristiana y liberación (1986) fueron los documentos pontificios que directamente pusieron bajo sospecha la Teología de la Liberación. Aunque de las CEBs no se decía nada, siendo ellas los sujetos directamente relacionados con esta línea de pensamiento teológico, también cayeron bajo sospecha.

Por su compromiso social y por la participación de muchos de sus miembros, tanto laicos y laicas, religiosas y religiosos, como presbíteros en las luchas armadas de Centroamérica, se les acusó de practicar la ideología marxista, de ser violentas y de promover la lucha de clases; por su opción por los pobres se les inculpó de ser excluyentes; por su compromiso político por la transformación de las estructuras sociales se les tachó de ser manipuladas por partidos de izquierda. Por todo esto se las identificó con el socialismo lo cual era grave en un mundo que vivía intensamente la confrontación de la Guerra Fría entre Oriente y Occidente.

Muchos de los teólogos de la liberación cayeron bajo sospecha. Así, las CEBs comenzaron a sufrir la desbandada de sus miembros, incluso de sus asesores. Sin embargo, la Conferencia Episcopal de los Obispos de Brasil (CNBB), en Noviembre de 1982, dio a conocer un documento “Las Comunidades Eclesiales de Base en la Iglesia de Brasil”, en el que se tocaban varios aspectos de su eclesiología, en especial, el de su identidad, aceptándolas como Iglesia de Jesús. “Cualquiera que sea el camino escogido para su realización, se esfuerzan por reproducir en su vida el propio misterio de la Iglesia. Por eso, las CEBs… quieren ser comunidades de fe y de culto, sacramento de la presencia salvífica de Dios en la historia de los hombres”. Los obispos brasileños atribuyen a las CEBs lo que la Lumen Gentium dice de la Iglesia: “En estas comunidades, aunque sean frecuentemente pequeñas y pobres o vivan en la dispersión, está presente Cristo, por cuya virtud se congrega la Iglesia una, santa, católica y apostólica” (LG, 26).

Al mismo tiempo que eran atacadas, se profundizaba en su ser y misión, y se articulaban a los niveles nacionales y latinoamericano. Hacia los noventa, los ataques cesaron y se cambió la actitud agresiva, sobre todo de los obispos, por una de indiferencia. En la IV Conferencia General de Obispos Latinoamericanos y del Caribe, en Santo Domingo, se trastocó su identidad eclesial y pasaron a ser consideradas como un movimiento más en la Iglesia. Se las consideró un carisma en la Iglesia, ya no Iglesia Sacramento.

En Aparecida soplaron vientos nuevos. Los obispos reafirmaron la Tradición latinoamericana teológico-pastoral y recuperaron dimensiones de la vivencia eclesial que parecían haber quedado atrás: el método de ver, juzgar y actuar; la opción preferencial y evangélica por los pobres y las Comunidades Eclesiales de Base. De ellas dicen: con frecuencia han sido verdaderas escuelas que forman discípulos y misioneros del Señor, como testimonia la entrega generosa, hasta derramar su sangre de tantos miembros suyos… Medellín reconoció en ellas una célula inicial de estructuración eclesial y foco de Evangelización. Arraigadas en el corazón del mundo, son espacios privilegiados para la vivencia comunitaria de la fe, manantiales de fraternidad y de fraternidad y de solidaridad, alternativas a la sociedad actual fundada en el egoísmo y en la competencia despiadada (DOA 193) .

Aparecida vuelve a reconocer su identidad eclesial, de Iglesia de Jesús en la base.

Limitaciones y logros de las CEBs La valiente y perseverante permanencia de las CEBs habla de sus logros, pero no pueden desconocerse sus limitaciones.  En todo este período de altas y bajas, la vivencia eclesial no avanzó al mismo ritmo ni en la misma profundidad que la reflexión eclesiológica.  El hecho de que en los años setenta y ochenta se haya remarcado el compromiso social, político y liberador de las CEBs, llevó a que no se insistiera tanto en la vivencia eclesial. De hecho, en muchas de ellas no se ha podido superar la experiencia grupal, y otras son más grupos que comunidades. Tampoco se han desarrollado todas las mediaciones de la Iglesia que la constituyen en nivel de Iglesia y las notas teológicas que las hacen ser un Nuevo Modelo de Iglesia.

 Su articulación, sobre todo en el nivel nacional y latinoamericana es más propia de un Movimiento eclesial que de la Iglesia misma. Gran parte de ellas no están articuladas al nivel diocesano o parroquial, porque los obispos y párrocos no las aceptan, lo que les impide tener la coordinación propia de la Iglesia. Muchos de los ministerios que se desarrollan en las CEBs no son reconocidos por los Pastores.

 Falta más participación de jóvenes y de varones.  Actualmente en diversas CEBs es poco el compromiso social y político de sus miembros y es más la participación en tareas pastorales.

 Falta formación teológico-pastoral a gran parte de sus miembros.

Sin embargo, son abundantes los logros de las CEBs, entre otros:  La insistencia en la dimensión eclesial sin descuidar la social y política, lo que permite avanzar en la identidad propia de las CEBs.  En numerosas parroquias las CEBs han sido factor de renovación de las estructuras pastorales; por ellas se va pasando de un modelo de Iglesia piramidal a una Iglesia circular, participativa. Cada vez más, los pastores van aceptando la participación corresponsable de los laicos y laicas en la toma de decisiones y en la programación de los planes de pastoral.

 La participación de la mujer es muy significativa. En las CEBs son ellas sujetos que van tomando conciencia de su dignidad y se abren espacios de participación en la Iglesia y en la sociedad. Le van dando un rostro femenino a la Iglesia, aunque su contribución es más cuantitativa que cualitativa, y su desempeño en los niveles de dirección disminuye en tanto que prevalece la del varón.

 Los jóvenes que participan en las CEBs encuentran el espacio para participar en una Iglesia que se abre a sus problemas y los toma en cuenta. Muchos de ellos descubren la dimensión social de su fe y participan en organizaciones sociales y civiles.

 La solidaridad de las CEBs con las luchas justas del pueblo es clara y decidida. En donde se reclama justicia, respeto a los derechos humanos, relaciones democráticas entre gobernantes y pueblo, ahí se encuentran siempre miembros de las CEBs, incluso algunos en los niveles de dirección, por lo que algunos de sus miembros sufren la represión.

 Se ha reforzado la articulación nacional y latinoamericana de las CEBs teniendo en cuenta un estilo más eclesial.

Las CEBs, una alternativa de comunión Frente al individualismo que asfixia a los seres humanos, frente a la masificación que se vive en las grandes urbes, la Iglesia se esfuerza por vivir y promover los valores comunitarios. Hoy más que nunca, es necesario dar testimonio de la dimensión comunitaria de su ser, valorar más la vida de comunidad que la institución eclesiástica. La koinonia (comunión) vuelve a ser el rostro que la Iglesia debe presentar al mundo. “La Iglesia es comunión en el amor. Esta es su esencia y el signo por el cual está llamada a ser reconocida como seguidora de Cristo y servidora de la humanidad” (DA 161).

Las Comunidades Eclesiales de Base son un factor importante de revitalización de la Iglesia en esta dimensión comunitaria porque descentralizan y articulan la Iglesia desde su dimensión más pequeña. Las CEBs tratan de vivir relaciones estrechas de fraternidad y de solidaridad. Los miembros, por ser relativamente pocos, llegan a establecer relaciones primarias profundas que los hacen vivir la comunión.

Se conocen, entre ellos no hay anonimato, hablarse por su nombre es algo natural, al mismo tiempo, fundamental en su vida de comunidad. Las CEBs viven el misterio de la Iglesia con un espíritu de comunión, ya que su fuente y origen es la Trinidad. De esto se sigue que son expresión, sacramento de la Comunidad Trinitaria, por lo que su identidad y misión son totalmente trinitarias. Su primera característica es ser comunidad. Su esfuerzo renovador toca el mismo ser de la Iglesia, no sólo un aspecto de ella.

En ellas se vive la corresponsabilidad y la participación de los seglares, en la misión evangelizadora de la Iglesia, a través de los ministerios, sobre todo el de animación y coordinación. Es un modelo de Iglesia en el que se busca que los laicos y laicas no sean objetos, sino sujetos, que presten servicios diversos a la misma Comunidad eclesial de base y a la comunidad más amplia. Los protagonistas en las CEBs son los laicos y laicas, los sacerdotes y en algunos casos, los obispos, y esto es importante para superar la verticalidad y vivir la comunión, mediante la cual todos son solidariamente responsables y copartícipes de la construcción del Reino.

En ellas sus miembros se comprometen en la transformación de las estructuras sociales. A través de las organizaciones básicas, civiles y políticas luchan por que se viva la democracia, la igualdad, la justicia. Son focos de liberación. Participan en las luchas por las grandes causas y, por lo general, no hacen alianzas con los poderes de este mundo, lo que les ha acarreado persecuciones y martirio. Este compromiso social y sus movilizaciones dan visibilidad a las CEBs ante la sociedad.

Por su método teológico-pastoral: ver, pensar, actuar, evaluar y celebrar, van siendo alternativa en un mundo global. Por el método se ven las causas, se piensa en soluciones y se actúa y así se van convirtiendo en sujetos de liberación. La lectura contemplativa de la realidad desde la inserción en la vida de los pobres y desde la comunidad, es una lectura de la vida cristiana: la experiencia de fe traducida en compromisos concretos; la esperanza expresada en actitudes de vida, la experiencia de amor a Dios y al prójimo al estilo de Jesús: el amor a los pobres.

El segundo momento es dejarse interpelar por Dios y luego, hablar de Él. Es hacer una lectura teológica de la realidad. El actuar es el hacer la voluntad del Padre. Es el momento del compromiso de la solidaridad hacia los pobres en función de la construcción del Reino de Dios. Evaluar es leer con ojos de fe los pasos dados, lo que implica recuperar, valorar y revisar los compromisos concretos asumidos con la finalidad de colaborar a que el Reino acontezca. Así, el método se convierte en espiritualidad como lo afirma Gustavo Gutiérrez.

Aunque pequeñas, viven los valores de una sociedad alternativa. Frente a la uniformidad cultural promovida por el neoliberalismo y difundida a través de los medios de comunicación social; se esfuerzan por inculturar el Evangelio, por lo que respetan y aprecian las culturas de los pueblos. Están siendo sujeto de evangelización inculturada, porque colaboran a ofrecer el ropaje de la cultura popular para que el evangelio llegue al pueblo y ellas mismas son sujetos evangelizadores, que ofrecen el evangelio al pueblo. Las CEBs indígenas son las que más viven esta dimensión inculturada del evangelio en sus propias culturas. En muchos casos, los indígenas han llegado a ser verdaderos sujetos en la comunidad. Han tomado su marcha en sus manos.

La religiosidad popular es un proceso de evangelización inculturada que el mismo pueblo ha ido realizando a través del tiempo. En ella, las CEBs participan de una manera muy natural. La fiesta es un espacio de evangelización de las CEBs y un lenguaje con el que se dan a entender en el pueblo. Si el proceso de inculturación se ubica dentro de la microestructura de un pueblo o etnia, las CEBs, ubicadas en la base del pueblo son sujeto de esta inculturación. Son las que tejen, como una araña, el hilo fino en el tejido de vida de la Iglesia que se inserta en la realidad del pueblo.

Son muchas también las iniciativas económicas que se ponen en práctica en las CEBs, buscando la solidaridad y la participación democrática que ayude a sobrellevar las difíciles consecuencias de esta situación en la que los pobres son excluidos. En esto hay una creatividad muy grande. En algunos lugares se han llegado a tejer redes de producción y comercialización de los productos del pueblo.

Aunque con dificultades y diversos niveles, la participación de los miembros de las CEBs en las luchas políticas también es significativa. En México, desde el Encuentro Nacional y Latinoamericano de Rio Blanco, Veracruz (1988), en el que se reflexionó sobre el compromiso político de los miembros de las CEBs, se ha tenido la conciencia de que la fe tiene que vivirse también en el campo político. Miembros de las CEBs locales han participado en los Foros Sociales Mundiales en Brasil y África.

Por su dimensión y vida comunitarias, por su compromiso por un mundo justo y democrático, las CEBs son una alternativa de comunión y participación en medio de este mundo que vive la exclusión en todos los niveles y dimensiones.

La alternativa presentada por la “Iglesia en comunión” desde las CEBs, es ante todo cualitativa por las relaciones de hermandad y de participación que viven en ellas, aunque en lo económico y político sea pequeña y parezca insignificante. Esto no le quita ser alternativa. En el momento actual, no hay sistema que pueda competir eficazmente con el neoliberalismo globalizante. Los intelectuales de un “mundo distinto” afirman que hay que luchar desde lo local, pero con perspectiva global; lo cual manifiesta que se está aún en la fase inicial de la construcción de una alternativa al sistema neoliberal.

Perspectivas Para que las CEBs sean en realidad una alternativa de comunión, deberán vivir con mayor intensidad su identidad eclesial. Para esto es necesario superar la experiencia grupal en lo eclesial y lo social y vivir las mediaciones eclesiales o elementos constitutivos de la Iglesia:

1. La Palabra de Dios proclamada y colocada al centro de la vida de las CEBs. Saberla escuchar, no únicamente en la Escritura, sino también en la vida. Que su anuncio sea profético y acompañado del testimonio. 2. La Celebración de la salvación, a través de los sacramentos, especialmente de la Eucaristía. Si esto no es posible por la situación en la que viven, se celebre el misterio Pascual de Jesús en Celebraciones de la Palabra para que la vida de la comunidad esté fundada en la vivencia de la resurrección de Cristo.

3. La comunión y articulación de todos los servicios prestados a la gran comunidad, a través de las Asambleas y del Consejo Comunitario. Además, estar articulada a las otras comunidades y a la parroquia, colaborando con ella en la renovación de las estructuras parroquiales, para que sea “Comunidad de Comunidades”. La comunión de las CEBs es el rostro que la hace visible a la gran comunidad y matriz de proyectos de solidaridad y organización.

4. La estructura ministerial, que convierta las CEBs en fuente de servicios y ministerios laicales. 5. La conciencia y experiencia misionera, expresada en el testimonio dentro del ambiente en el que vive.

A las CEBs se les aplican las palabras del Concilio: Esta Iglesia de Cristo está verdaderamente presente en todas las legítimas reuniones locales de los fieles, que, unidas a sus pastores, reciben también en el Nuevo Testamento el nombre de Iglesias. Ellas son, en su lugar, el Pueblo nuevo, llamado por Dios en el Espíritu Santo y en gran plenitud (Cf. 1 Tes. 1,5). En ellas se congregan los fieles por la predicación del Evangelio de Cristo y se celebra el misterio de la Cena del Señor “para que por medio del cuerpo y la sangre del Señor quede unida toda la fraternidad (LG 26).

Así las CEBs serán Iglesia local en su dimensión menor.

3.- LA MÍSTICA DE INSERCIÓN DE LAS CEBS

Lo que da fuerza a las CEBs, para vivir como una alternativa al sistema dominante, es la espiritualidad de trascendencia y transparencia, de encarnación y de compromiso que tratan de vivir. La espiritualidad se identifica con las motivaciones profundas del discípulo de Jesús, con el seguimiento a Cristo; éste sólo puede realizarse si es que el cristiano se deja guiar por el Espíritu Santo. La espiritualidad es vivir la vida según el Espíritu. Este seguimiento de Jesús en el Espíritu Santo es una experiencia personal y eclesial. Es en la comunidad eclesial donde el cristiano escucha la llamada y responde con el seguimiento de Jesús. Es por esto que espiritualidad y vida eclesial están íntimamente unidas.

En cada uno de los modelos de Iglesia, se vive una espiritualidad con sus características propias. Según sea el concepto y la vivencia de Iglesia que se tenga es lo específico del seguimiento de Jesús. Una es la espiritualidad que vivieron los cristianos de las comunidades apostólicas y de los tres primeros siglos; es espiritualidad de inserción en el mundo, de misión, de servicio y de fortaleza ante las persecuciones. La otra es espiritualidad de Iglesia imperio (siglo IV…).

Los que quisieron vivir la fidelidad al Evangelio en ese período de Iglesia, se sintieron fuertemente llamados a huir del mundo; a vivir la espiritualidad del ayuno, de la abstinencia, del sacrificio porque había necesidad de explicitar los elementos de la vida cristiana en la renuncia al mundo y a la mundanización de la Iglesia. Otra es la espiritualidad de Nueva cristiandad de los cristianos en medio de la modernidad, cuando la Iglesia vivió de frente y contra el mundo, es una espiritualidad sentimental como reacción al racionalismo que invadía a la sociedad y como expresión del deísmo que se vivió también dentro de la Iglesia.

El Concilio Vaticano II volvió a las fuentes y con esto a la espiritualidad de la inserción y del compromiso evangelizador. La constitución Gaudium et Spes da la pauta para que todos los cristianos vivan de cara a la historia. “Es deber permanente de la Iglesia –dice– escrutar a fondo los signos de la época e interpretarlos a la luz del Evangelio, de forma que, acomodándose a cada generación, pueda la Iglesia responder a los perennes interrogantes de la humanidad sobre el sentido de la vida presente y de la vida futura y sobre la mutua relación de ambas” (GS 4). Los signos de los tiempos son la expresión de la presencia salvífica de Dios en el mundo y en la historia.

La constitución sobre el apostolado de los fieles laicos Apostolicam Actuositatem, habla de que los laicos y laicas deben de colocarse en el mundo para que lo impregnen de los valores del evangelio. “Es propio de ellos (los laicos), repletos del Espíritu Santo, el animar desde dentro, a modo de fermento, las realidades temporales y ordenarlas de forma que se hagan continuamente según Cristo” (AA 15). Desde entonces se concibió la huida del mundo, no ya como una huida geográfica o como una actitud de estar frente y contra el mundo, sino como una renuncia al estilo de vida propio del mundo de pecado.

En América Latina, a partir de la experiencia eclesial renovadora, se ha vivido desde los años setenta una espiritualidad de inserción y de compromiso evangelizador. Según la Evangelii Nuntiandi: “Evangelizar significa para la Iglesia llevar la Buena Nueva a todos los ambientes de la humanidad y, con su influjo, transformar desde dentro, renovar a la misma humanidad” (EN 18). Por tanto, una espiritualidad que no consiste en huir del mundo, sino en vivir en él sin ser de él y en fermentar sus estructuras de los valores del Evangelio.

Esta espiritualidad tiene características propias que le dan un estilo propio en el concierto de la Iglesia universal. Podemos señalar entre otras, las siguientes:

1. Centrada en el servicio al Reino de Dios. Así como el reino fue el centro de la vida y de la obra de Jesús, así en la espiritualidad de la Comunidad Eclesial de Base, el reino ocupa el centro. Lo que se busca es que el reino acontezca en la realidad eclesial y social del continente. Trabajar por el Reino, construirlo con palabras y obras, es el compromiso fundamental. La evangelización no consiste en reafirmar las estructuras eclesiales, sino en que el Reino se haga realidad en favor de los pobres, que son la mayoría en este continente de la esperanza.

2. Encarnada y comprometida. Jesús no quiso fundar un monasterio como los esenios en el que, preparándose para la lucha escatológica con la oración, el ayuno y la práctica de la ley, se esperara la llegada del Reino de Dios, sino que eligió un puñado de discípulos y discípulas que fueran a anunciar que el reino de Dios estaba ya presente en medio de ellos. El sacrificio por el que Jesús agradó al Padre no fue el de toros y machos cabríos ofrecidos en el templo, sino su propia vida de confianza y obediencia a Dios (Heb 10,5-10). El desierto no es para Jesús lo que fue para Juan el Bautista, el lugar de su predicación y de su vida, sino el lugar teológico que significa ante todo el rechazo de las tentaciones. La Iglesia vive esta dimensión cuando vive en este mundo dando testimonio de los valores del Reino y se compromete a transformar las estructuras humanas de acuerdo a la justicia, el amor y la fraternidad.

3. De seguimiento. A los que quiso los llamó para que estuvieran con Él y para enviarlos a predicar (Mc 3,13, 14). “Sígueme” es la palabra clave para el discipulado de Jesús. Seguir a Jesús se convierte en la forma de ser discípulo suyo. Y el seguirlo consiste en realizar la obra de anunciar y hacer presente el Reino de Dios. Este seguimiento es para la misión. La espiritualidad de la Iglesia es militante, es decir de auténticos seguidores de Jesús.

4. Contemplativa. Jesús inaugura una nueva forma de contemplación, no fuera de la realidad, sino inserto en ella. Hace su oración dentro de su vida y de su acción, y para encontrar momentos de discernimiento de la voluntad de su Padre Dios. El discernimiento es propuesto por Jesús como la acción fundamental para todos aquellos que quieran ser obedientes a la voluntad del Padre. Quien no descubre, por el discernimiento en la fe, la presencia de Dios en Jesús es un perverso (Mt 12,39-40). Quien contempla en la realidad a Dios, convierte la vida de seguimiento en una vivencia de transparencia: las cosas, los acontecimientos y las personas transparentan a Dios. Este momento es el verdadero éxtasis del cristiano. Las CEBs viven esta dimensión cuando al investigar y analizar la realidad la iluminan con la Palabra de Dios para encontrar su presencia amorosa y salvadora, y se comprometen en la transformación de la realidad.

5. Con una clara opción por los pobres. Jesús hizo opción por los pobres y su liberación. Mientras los demás grupos ofrecían otras alternativas de salvación y despreciaban a los pobres por diversos motivos, Jesús se acercaba a ellos, como signo del amor misericordioso de Dios. A ellos son a los que el Padre quiso revelar los misterios del Reino (Mt 11,25-30). Ellos son los mensajeros del Reino (Lc 9,1-6; 10,1-12); ellos son los beneficiarios del Reino (Mt 5,1-12). Si el contenido está en el método y el método es contenido, la opción por los pobres es parte del contenido de la predicación y de la obra de Jesús; él, como Yahvé, desde el Antiguo Testamento, opta por los desheredados de la historia, de aquellos que no caben en la historia de los poderosos. Esta dimensión es una de las más vividas en las CEBs; ellas están integradas sobre todo por pobres y se solidarizan con sus necesidades y luchas. En ellas los pobres son sujetos de su propia evangelización y liberación.

6. Ecuménica. La unidad y la participación son actitudes fundamentales en el seguimiento de Jesús, que pide a Dios para que sus discípulos sean uno como él y su Padre son uno. La división en la Iglesia es fruto del pecado; cuando la Iglesia cedió a la tentación del poder y de la riqueza, entonces entró la división en ella. Ahora el Espíritu llama a la unidad, al ecumenismo, no únicamente entre las Iglesia cristianas, sino también entre las religiones del mundo. Vivir esta esperanza de diálogo y de unidad es una exigencia del Espíritu en este tiempo de tolerancia y pluralidad. Las CEBs viven en una continua actitud de diálogo y de respeto hacia todos, cualquiera que sea su condición y opción religiosa. Consideran que todos somos hijos e hijas del mismo padre y madre.

7. Con una esperanza contra toda esperanza. La conciencia de la realidad de pobreza y de opresión, que ahora se ha agravado y se ha hecho de exclusión de las mayorías a los bienes necesarios para una vida humana, arranca de lo más profundo del corazón humano una indignación ética. No se puede estar de acuerdo con esta situación. No se puede aceptar el que algunos por el solo hecho de ser indígenas, mujeres, niños de la calle, obreros, campesinos que no tienen para ser consumidores ni son productores al estilo del mundo globalizado, queden privados de lo más elemental para vivir dignamente. De esta indignación ética, iluminada por la Palabra de Dios, nace la esperanza de un mundo nuevo. Esta esperanza da como resultado el compromiso por la solidaridad y por la transformación de la realidad.

Esta esperanza está puesta a prueba en el mundo neoliberal globalizante, porque los promotores de este sistema han proclamado que se ha llegado al final de la historia y que no hay utopías nuevas, no queda sino más de lo mismo. Las utopías ahora no únicamente hay que alcanzarlas, sino también crearlas, imaginarlas, y esto supone vivir una esperanza contra toda esperanza.

Frente a la religiosidad de la posmodernidad, que promueve una espiritualidad de adhesión personal voluntaria a grupos que crean fuertes lazos emocionales entre los miembros y al líder carismático, que poseen formas flexibles de participación y asociación, donde predomina la experiencia espiritual de los participantes frente a las formulaciones dogmáticas u objetivas y en los que hay cierto rechazo a normas venidas de fuera de ellos. Ante esta religiosidad que responde a las características de la utopía posmoderna, que no vive la dimensión de compromiso de transformación de la realidad, sino de la pura experiencia espiritual individual.

Las CEBs son el espacio y el sujeto de una espiritualidad encarnada y comprometida. Para vivir la alternativa a la situación de exclusión, se necesita de motivaciones profundas que animen las acciones que son necesarias para provocar los valores de un mundo distinto, justo y humano. La espiritualidad es un elemento importante en las CEBs para ser alternativas en este mundo de exclusión. Los miembros de ellas participan de todos estos anhelos y de estas motivaciones que los llevan a vivir su compromiso evangelizador. Esta espiritualidad que nace de las CEBs, como de una fuente, se expande a los otros niveles de Iglesia: la parroquia y la diócesis. Por eso también en este aspecto son un factor de renovación espiritual de la Iglesia.

4.- CONCLUSIÓN

A una Iglesia que esté atenta a la actual situación llena de antivalores, pero al mismo tiempo, con aspiraciones henchidas de esperanzas, se le pide una transformación y revitalización profundas. Ante el individualismo, que raya en el anonimato de las masas en las grandes urbes; ante la desigual repartición de la riqueza entre los pueblos; ante la exclusión de la mayoría de los habitantes del planeta; ante la uniformidad cultural que tiende a hacer desaparecer las culturas de los pueblos para unificarlos en una cultura hegemónica, economicista, consumista; ante la actitud hedonista de un mundo que busca únicamente el placer, la comodidad y la estética, es necesaria una Iglesia que se renueve desde sus motivaciones y sus estructuras, guiada por la palabra de Dios y animada por la fuerza del Espíritu. Se necesita una Iglesia que viva y dé testimonio de la búsqueda de Dios, de la presencia del Espíritu; en pocas palabras, que viva una espiritualidad de inserción y de compromiso transformador.

La Iglesia será alternativa de comunión en medio de este mundo que vive la exclusión a nivel global, si vive un modelo que sea semilla del Reino, que esté abierto a la participación de los laicos y laicas en los niveles de decisiones y de poder religioso, que esté inserta en las realidades del mundo para fermentarlas con los valores del Evangelio; que tenga estructuras de diálogo ecuménico e interreligioso, que transforme las estructuras eclesiales autoritarias, centralistas y clericalistas por estructuras circulares y ministeriales. Todo esto supone una transformación interna y estructural de la Iglesia.

Esta renovación de la Iglesia debe tocar sus mediaciones y sus notas teológicas para vivir un modelo de Iglesia que dé testimonio de la salvación y colabore en la transformación del mundo; esta renovación eclesial debe ir hasta la raíz, reiniciando en el nivel de base de la Iglesia, –las Comunidades Eclesiales de Base–, factor importante para lograr este anhelo de vivir la comunión, la solidaridad, la participación e inculturación y por vivir una espiritualidad de inserción y transformación.

Además no son la única alternativa, hay otros muchos esfuerzos, movimientos y organizaciones que están buscando un mundo distinto, en donde se respete la dignidad humana y no se destruya la naturaleza.

Las CEBs están dando su aporte con su trabajo de hormiga y de araña a esta transformación de la Iglesia y del mundo, siendo una alternativa de participación en medio de este sistema neoliberal globalizado. El cambio no vendrá de los macroproyectos de los poderosos, sino de los esfuerzos de los pobres, de los pequeños ante el mundo, que son los sujetos y beneficiarios del Reino de Dios.

Este modelo y nivel de Iglesia es un elemento importante para lograr la transformación de la parroquia, –una comunidad de comunidades– y para que esté a la altura de la problemática de los tiempos actuales. La diócesis también podrá ser una verdadera Iglesia particular, que ofrezca alternativas viables de participación y comunión.

En Aparecida, las Comunidades Eclesiales de Base han vuelto a ponerse en la mesa de la discusión teológica y de la vivencia eclesial. Hay que reconocer que ha pasado ya mucha agua desde aquellos años en los que se priorizaba la dimensión social de las mismas, sobre su vivencia eclesial. Ahora, con más experiencia y madurez se insiste en su identidad eclesial y en que son escuelas de discípulos y apóstoles de Jesucristo, sin descuidar la dimensión social del mensaje cristiano.

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