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Europa educa a España -- Jaime Richart Antropólogo y jurista

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Enviado a la página web de Redes Cristianas

Estamos comprometidos con la Unión Europea y pertenecemos al espíritu que la anima. A esa Europa unida pensada sobre los fundamentos capitalistas actualmente además financieros. Pero a su rebufo y como por la puerta de atrás, se va construyendo cada vez con más firmeza también la Europa política. La economía rige la política, pero debemos felicitarnos de que la política de la Unión Europea corrija los constantes desvíos y abusos de poder de los que gobiernan a todos los niveles en este país…

Mi aspiración es idealista: una sociedad y un mundo vertebrado en el socialismo real, y si se me apura, en un anarquismo cuyos pilares están en la plena responsabilidad de cada individuo. Pero como ambas ideas pertenecen, hoy por hoy, a la utopía y por tanto dada mi edad esa sociedad más elevada no la veré, me conformo ahora con que «Europa» intervenga en cuestiones internas de este país y ventile un poco el tufo típicamente hispano aderezado con ese talante asquerosamente involucionista del gobierno actual..

Y digo esto porque, partiendo de las premisas dichas, observo que por culpa de todos los gobiernos que han desfilado, España sigue siendo en relación a Europa una aldea retrógrada, retrasada y endogámica. Por eso y asociado a ello, Europa, el Consejo de Europa, los Tribunales, las distintas Convenciones y los diferentes Convenios que integran la idea «Europa», se ven precisados a educar políticamente a España a través de directivas, de informes y de dictámenes.

El parecer de la Comisaría de la Competencia de la Comisión europea contraria a un tinglado sórdido y hampista como era Eurovegas; la desautorización del Tribunal de Estrasburgo de la doctrina Parot; el dictamen de la Convención de Derechos Humanos que ve en los recortes indiscriminados y en el proyecto de ley de «inseguridad» ciudadana un atentado a los derechos humanos; el correctivo de Bruselas a siete clubs de fútbol que gozaban de un trato de favor respecto al resto de clubs al no haberse convertido, como debieran, en sociedades anónimas; o el otro correctivo acerca de los abusos en materia urbanística cometidos entre los ayuntamientos de Madrid y de Valencia y los principales clubs de ambas ciudades en grave perjuicio de los derechos de la sociedad civil… ponen de manifiesto la importancia que va cobrando la Europa política.

Robar a mansalva el dinero público, cobrar sobresueldos al margen de la ley y de la honestidad, tener cuentas opacas, prevaricar, cometer cohecho, defraudar, escudarse en la prescripción… todas conductas generalizadas que además de delictivas en unos casos y en otros contrarias a la ética más elemental de un responsable público, se esperan de países poco civilizados. Pues entre nosotros, unos centenares o quizá miles de individuos metidos a políticos han hecho todo eso. Y el mundo más avanzado, a cuenta de ello, ha de ver al pueblo español como un pueblo retrasado, de corta estatura moral y ética. Hay tantas corruptelas en España promovidas, sostenidas y alimentadas por los dos partidos principales, que su enumeración no cabría ni en diez folios. Entre las últimas, aparte el indulto que data del siglo XIX y aparte la famosa prebenda de la clase política conocida como la «puerta giratoria» que les permite pasar de la política a la empresa privada y a la inversa como pedro por su casa, y asegurarse así el presente y el futuro (algo que echan en cara a los países comunistas), los corruptos entran también por una puerta -la de la justicia- y salen indemnes por la otra -la de la condescendencia-, y en último término, por la del indulto del gobierno de turno. Ya se sabe que en todos los países hay corruptos, pero una cosa es ver a un par de ratas en el campo y otra ver una cloaca infestada de ratas. Y España es una cloaca de nunca acabar…

Por eso, bienvenidos sean todos los correctivos todas las advertencias y todas las medidas que, aparte las económicas, metan en vereda a los responsables políticos de una España que se pasa su historia dando tumbos. (Menos mal que en el asunto este gobierno se muestra sumiso, aunque sólo sea por el único argumento sobre el que todo el mundo está de acuerdo en el sistema capitalista: el valor dado al dinero por encima de cualquier otro, y en consecuencia, por el peligro de complicar la percepción de ayudas puntuales de Bruselas).

Lo dicho, habida cuenta que la justicia española tampoco contribuye precisamente a «civilizar» al país condenando de manera ejemplar a los culpables, la única esperanza frente a tanto desalmado que habita en los entresijos del poder en España está… en Europa.

17 Diciembre 2013

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