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El pulso de la PUCP de Lima con el cardenal Cipriani -- Antonio Duato

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Atrio

La Pontificia Universidad Católica del Perú –PUCP– está forzando un pulso con el poderoso Cardenal Luis Cipriani para mantener su autonomía de gobierno, tras casi un siglo de historia. En el fondo es una batalla ideológica de una Universidad donde germinó poderosamente la semilla del Vaticano II y de Medellín y Puebla contra la visión conservadora de un cardenal del Opus que tiene todo el apoyo del Vaticano para restaurar la asepsia social y el integrismo doctrinal en toda la Iglesia de Perú.

Parecía que, con una carta del Secretario del Estado y el apoyo de la Conferencia Episcopal, Cipriani tenía todas las bazas en la mano para salir airoso, al imponer a la Universidad el dilema: “o acepta las exigencias del gobierno jerárquico o se le retiran los títulos ya históricos de pontificia y católica”. Pero la resistencia unánime del Consejo de la Universidad – junto a su decisión de no renunciar a esos títulos y a la inspiración cristiana– y la reciente dura carta de un prestigioso obispo jubilado, Luis Bambarén, que fue mucho tiempo presidente de la Conferencia Episcopal Peruana por elección, están manifestando que el resultado final de esta batalla, con gran significación para el resto de la Iglesia en Latinoamérica y en el mundo, está aún sin decidir.

Creo que vale la pena seguir con detalle los distintos pasos de este aún incierto pulso de fuerza.

¿De quién es la PUCP?

La universidad nació como una institución civil en 1917, acogida a las leyes de la República Peruana. Su promotor principal fue un padre de los Sagrados Corazones y la benefactora inicial una señora anciana que donó su fortuna a la futura universidad [Ver la Historia de su fundación]. El arzobispo de Lima estaba en el primer patronato a la par que la señora del presidente de la república. En 1942 obtuvo de Roma la consideración de Universidad Católica, sin perder autonomía ni cambiar la propiedad. Hoy la pretensión del cardenal Cipriani es que se reconozca que la propiedad es de la Iglesia Católica -que es un bien eclesiástico, regido por el derecho canónico- para lo cual ha entablado una compleja lucha en los tribunales sobre la interpretación de los cinco testamentos que entre 1933 y 1938 hizo el donante de la principal propiedad actual de la Universidad hoy, Don José de la Riva-Agüero.

¡Yaya lío jurídico que dejó el buen señor y vaya lío de diversas sentencias de tribunales, incluido el tribunal constitucional que está provocando la propiedad disputada entre la Junta de Gobierno de la Universidad y la Junta para la administración de la herencia que parece domina el cardenal. [Sólo los curiosos pueden ver, como he hecho yo, los Documentos en Defensa de la PUCP y el extenso documento Acotaciones a la sentencia del Tribunal Constitucional].

La reforma pendiente de los estatutos

Con ese pleito sobre la propiedad sin resolver, para hacerse con el control de la Universidad, el Cardenal Cipriani ha recurrido a Roma que exige una reforma de los estatutos para acomodarse a la Constitución Ex corde Ecclesiae promulgada por Juan Pablo II en 1990. Esa constitución no habla de que las universidades católicas tengan que ser de dominio de la jerarquía. Por ejemplo, en el caso de la Universidad San Antonio de Murcia (¿gracias a los cheques de Mendoza?) la Curia Vaticana se pronunció en contra de la injerencia directa del obispo. La constitución dice en sustancia:

Esto [la acomodación de la universidad al sentir católico] se conseguirá más fácilmente estableciendo y manteniendo relaciones estrechas, personales y pastorales, entre la Universidad y las Autoridades eclesiásticas, caracterizadas por la confianza recíproca, colaboración coherente y continuo diálogo. Aunque no entren directamente en el gobierno de las Universidades, los Obispos «no han de ser considerados agentes externos, sino partícipes de la vida de la Universidad Católica»(27). [Ex Corde Ecclesiae, nº 28]

La Universidad ha presentado diversos proyectos de reforma de los estatutos para acomodarse a esa Constitución vaticana sobre las universidades católicas. Uno de ellos, parece que con acuerdo muy generalizado, fue el presentado en abril, tras el acuerdo a que se había llegado entre las distintas partes, como recuerda un reciente escrito al Presidente de la Conferencia Episcopal del provincial de los jesuitas de Perú. Este acuerdo aún podría ser la base de un diálogo entre la universidad y la jerarquía.

Pero el Cardenal Cipriani lo rompió, exigiendo obediencia y no diálogo, cuando consiguió en juliom pasado una Carta del cardenal Bertone al Rector de la Universidad y un tajante Decreto de la Secretaría de Estado prohibiendo el uso de los títulos de Pontificia y Católica a la Universidad hasta que ésta no reconozca su pleno estatuto canónico y acepte las modificaciones estatutarias que quiere la Santa Sede. Esta carta y este decreto sí que vale la pena leerlos. Son la baza fundamental de Cipriani en este pulso. Desde entonces está buscando la adhesión del episcopado (para que le apoye en la “comunión con Roma” y el de alumnos y de sus padres por el temor de que puedan perder sus títulos si el Rectorado persiste en su actitud (¡Y qué importancia tiene un título, sobre todo en Latinoamérica!). A mí se me ocurre sólo hacer un par de preguntas, para concluir este punto:

¿Por qué la intervención de la Santa Sede no ha sido a través de un Decreto de la Sagrada Congregación para la Educación, que habría sido el cauce normal, sino por el atajo de la Secretaría de Estado?
¿Acaso tendrá que ver con el declarado objetivo del actual Secretario de Estado por hacerse con el control directo de Hospitales y Universidades (claves en futuro mundo de privatizaciones que diseña el neoliberalismo), como bien se manifiesta en los documentos del Vatileaks [Véase Sua Santità de Gianluigi Nuzzi, pp. 163-179] sobre sus presiones en el caso de la Universidad Católica de Milán, el Hospital-universidad de San Rafael y otras instituciones?

La carta del prestigioso obispo Luis Bambarén llamando a la responsabilidad de los obispos

No es normal que un obispo jubilado, por mucho que sea su prestigio por haber sido elegido presidente del episcopado varias veces, escriba un documento como este que reproducimos y que vuelve a dejar abierta la cuestión. Pero muy grave debe ver la situación cuando se ha atrevido a escribir esta carta que reproducimos. Quien quiera ahorrarse la lectura de todo lo anterior, podrá ver aquí el corazón del grave asunto:

CARTA DE MONSEÑOR LUIS BAMBARÉN

Lima, 15 de agosto de 2012

Excelentísimo Monseñor
SALVADOR PIÑEIRO GARCÍA-CALDERÓN
Presidente de la Conferencia Episcopal
Presente.-

Muy apreciado Hermano y Amigo:

Estando en Pariacoto del 7 al 10 de agosto para la celebración del Vigésimo Primer Aniversario del Martirio de nuestros Misioneros Franciscanos Conventuales Miguel y Zbigniew, tuvimos una profunda pena al conocer el lamentable comunicado del Consejo Permanente.

No solo es lamentable y penoso en su contenido, sino que nos duele por el daño que se hace a miles y miles de jóvenes y fieles que se sienten decepcionados de sus Obispos y afectados en su pertenencia a la Iglesia. Ustedes no solo han hecho causa común con el Arzobispo de Lima, sino que han asumido su problema y sus intereses como propios de la CEP

No han valorado el daño que ya está hecho a una numerosa porción de la grey del Señor, que se sienten hoy como “ovejas sin pastor”.

Obediencia y fidelidad plena al Vicario de Cristo y a nuestra Iglesia, SÍ. ¡Yo por esto daría la vida! Pero fidelidad al Gran Canciller y sometimiento de toda nuestra Conferencia a su conducción en el caso de la PUCP, NO.

Repito: lo que era un problema local entre Arzobispo y PUCP, ha pasado a ser de la Iglesia, que antes fue marginada y ahora es instrumentalizada en daño del pueblo de Dios. Estamos perdiendo la mejor Universidad del Perú.

El caso lo reducen ustedes al ámbito canónico y legal, pero se olvidan de su repercusión pastoral. NO SOMOS LEGISLADORES, SINO PASTORES. ¡Gran responsabilidad!

Muchos nos preguntamos ¿era necesario el “comunicado”, no hubiera sido mejor y suficiente una reunión de la Presidencia de la CEP con el Rectorado de la PUCP?

Nuestras comunidades y parroquias se están desangrando no solo por esto, sino porque muchos sacerdotes han perdido el celo apostólico, se instalan en sus despachos con horarios de atención, pero están lejos del pueblo de Dios. En cambio, las sectas están activas, van casa por casa robando las ovejas de Jesús. Crece la indiferencia religiosa. Los jóvenes se alejan. Cada día son menos los que frecuentan en sus parroquias la Misa dominical, etc., etc. Conozco parroquias en que el 50% ha dejado la Iglesia. Una profesora me contaba que a comienzo de año pidió a sus alumnos que levantaran el brazo los que eran católicos. ¡De 28 solo 2! En muchos colegios casi la mitad de los niños y adolescentes ya no son católicos.

Esto es lo prioritario y debe dolernos y preocuparnos a los Obispos.

Parece que nada de esto se ha tenido presente para sopesar las repercusiones pastorales del comunicado. Más que la Universidad, pierde nuestra Iglesia.

¡Qué pena! ¡Me siento decepcionado!

Te ruego comunicar esta carta a los miembros del Consejo Permanente y a los demás Obispos. Esta carta no es RESERVADA como sí fue la que envié a Su Eminencia el Sr. Cardenal Tarcisio Bertone.

Solo me queda orar, orar, orar.

Que Dios les perdone, les ilumine y les acompañe.

Hermano en Cristo Jesús,
Firmado el original
Luis A. Bambarén Gastelumendi S.J.
Obispo emérito de Chimbote

¿Qué es lo que está en juego?

Nada menos que la continuación de todo el espíritu del Vaticano II y de Medellín en las diócesis de Latinoamérica. Así de claro y con esa universalidad. No es un asunto sólo de Perú y de la PUCP.

La estrategia vaticana, orientada seguramente por el Opus Dei, es hacer de la Iglesia Católica un fuerte baluarte, con grandes instituciones de educación y sanidad, totalmente en manos de la jerarquía, la elegida y dirigida por la Sante Sede, por títulos de propiedad y de derecho canónico, que marquen la identidad católica no en el seguimiento de Jesús y el servicio al pueblo sino en la inquebrantable obediencia al Papa y en la defensa de los “principios innegociables” en materia de vida, familia y educación. En el fondo esta estrategia defiende un gran pacto de la Iglesia con el sistema neoliberal: “nosotros nos ocupamos sólo de cosas de fe y de ética privada, rechazando en la iglesia cualquier veleidad socializante como la teología de la liberación o el activismo por los derechos humanos como los de Galareta o Solalinde y vosotros nos seguís reconociendo exenciones, privilegios y fondos económicos para defender nuestras instituciones católicas a pesar de las crisis”.

Y así están las cosas. ¿Se saldrán Bertone y Cipriani con la suya? Cuando hace algunas décadas algunos europeos nos interesábamos por las relaciones de poder en el Vaticano, los amigos latinoamericanos nos decías que esas cuestiones no les interesaban, porque allí estaba ya bien arraigada la iglesia de base y los episcopados estaban más atentos a los problemas del pueblo que a Roma. ¿No se empieza a ver al menos el gran poder imperial que mantiene laRoma eterna?

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