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EL CRISTIANISMO ‘NO ALINEADO’. Daniel E. Benadava

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“ … La lucha contra la miseria, aunque es urgente y necesaria, es insuficiente. Se trata de construir un mundo en el que cada hombre, sin exclusión alguna por raza, religión o nacionalidad, pueda vivir una vida plenamente humana, liberada de las servidumbres debidas a los hombres o a una naturaleza insuficientemente dominada; un mundo, en el que la libertad no sea palabra vana y en donde el pobre Lázaro pueda sentarse a la mesa misma del rico … ” – Pablo VI, Populorum Progresio, 47 –

Desde hace mas de cincuenta años en el mundo existe un Movimiento de Países no Alineados – MNOAL – que, en líneas generales, se encuentra compuesto por naciones en vías de desarrollo – llamadas comúnmente del Tercer Mundo -, que tiene como propósito construir un sistema internacional basado en la paz, la justicia, la igualdad, la democracia y el pleno respeto de los derechos humanos.

En la actualidad, el MNOAL esta compuesto por 118 países de los cuales 53 pertenecen a Africa, 38 a Asia, 1 a Europa y 26 a América Latina y el Caribe. Ahora bien, un desglose de los principales posicionamientos políticos de este movimiento, nos podrá ayudar a descubrir que los mismos poseen grandes coincidencias con la doctrina cristiana.

En efecto, uno de los puntos principales que propone el MNOAL es el reconocimiento mundial de que todos los derechos humanos son universales, inalienables, indivisibles, interdependientes e interrelacionados y que la comunidad internacional debe tratarlos de manera global, justa, equitativa y con el mismo énfasis, respetando la importancia de las particularidades nacionales y regionales y los diversos antecedentes culturales y religiosos. En este mismo sentido se expresa el cristianismo, ya que con claridad en el mismo se plantea que “ … la igualdad entre los seres humanos en su dignidad, por ser creados a imagen y semejanza de Dios, se afianza y perfecciona en Cristo. Desde la Encarnación, al asumir el Verbo nuestra naturaleza y sobre todo su acción redentora en la cruz, muestra el valor de cada persona. Por lo mismo Cristo, Dios y hombre, es la fuente más profunda que garantiza la dignidad de la persona y de sus derechos. Toda violación de los derechos humanos contradice el Plan de Dios y es pecado … ” – Santo Domingo, 164 -.

Así mismo, otro de los pilares sobre los cuales se sostiene el MNOAL es su abierta condena a todas las acciones militares unilaterales, incluidas aquellas realizadas sin la autorización del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, así como a las amenazas de acciones militares contra la soberanía, integridad territorial e independencia de los países miembros del Movimiento, que constituyen actos de agresión y una violación manifiesta de los principios de la no intervención y de la no injerencia. De igual manera, el cristianismo reconoce en las guerras, el terrorismo, la miseria, las opresiones e injusticias, etc., el origen de todos los males individuales y colectivos que padecen las naciones del mundo, ya que a través de ellos el ser humano rompe la solidaridad con el prójimo y destruye la armonía de la naturaleza. De ahí que, al haber sido el hombre creado bueno, a imagen y semejanza de Dios, cuando realiza guerras, en las que mueren miles de inocentes, por razones egoístas, mezquinas y económicas, cae en una dramática situación de pecado y queda enemistado con el Señor – cf. Santo Domingo, 9 -.

En íntima relación con el tema anterior, el MNOAL plantea su compromiso con el proceso de desarme general y completo bajo estricta verificación internacional, abogando, en particular, por el logro del desarme nuclear. Los países no alineados defienden firmemente la idea de que la eliminación total de las armas nucleares es la única garantía absoluta contra el uso o amenaza de uso de las mismas. Esta postura también se encuentra en sintonía con los postulados cristianos, ya que fue en el Concilio Vaticano II donde con claridad se reconoce en la carrera armamentista la plaga mas grave que afecta a la humanidad ya que, por un lado, no solo no elimina las causas de conflicto entre naciones, sino que por el contrario, poco a poco, tiende a aumentarlas; y, por otro lado, los millones de dólares que se invierten en armamentos podrían ser utilizados para mitigar los padecimientos humanos. Por estos motivos, el cristianismo plantea que la humanidad debe pensar nuevos caminos para superar los conflictos existentes entre las naciones, y lograr establecer una verdadera, auténtica y segura paz entre los pueblos – cf. Constitución Gadium et spes, 81 -.

Con igual contundencia, el MNOAL expresa su ferviente lucha por la democratización del orden económico-comercial y político internacional actual, que permita a los países en desarrollo participar en pie de igualdad en ambas esferas a nivel internacional; y la condena a la continua aplicación unilateral, por parte de algunas potencias, de medidas económicas coercitivas y otras, que incluyen la aplicación de leyes extraterritoriales, contra determinados países en desarrollo, con miras a evitar que estos países ejerzan el derecho a escoger libremente sus propios sistemas políticos, económicos y sociales. En vinculación con este punto, fue el Episcopado Latinoamericano quién planteó que contra la paz mundial atentan las diferentes tensiones internacionales – neocolonialismo exterior – que promueven una dependencia económica de los pueblos mas pobres, que dominados por políticas económicas y comerciales inspiradas en el lucro sin freno, conducen a la dictadura económica y al imperialismo internacional condenado por Pio XI en la Quadragesimo anno y por Pablo VI en la Populorum Progressio – cf. Medellín, Paz, 8, 9 -.

Y por último, el MNOAL adopta una enérgica defensa del derecho inalienable de los pueblos de los territorios no autónomos y bajo dominación colonial a la autodeterminación y la independencia. En relación a esta cuestión que en líneas generales se asocia con el respeto al derecho de libertad de las personas y los pueblos, fue el Episcopado Latinoamericano quién denunció las graves consecuencias se desprenden de las acciones que realiza el imperialismo, en forma directa o indirecta, en los países mas pobres – cf. Medellín, Paz, 10 -, provocando que éstos no sean dueños de sus territorios y bienes y que, así mismo, no posean la libertad necesaria para llevar adelante, con independencia y soberanía, políticas económicas que contradigan las estrategias de un sistema que beneficia a unos pocos y condena a la miseria a millones de seres humanos.

Ahora bien, estos posibles puntos de encuentro entre los posicionamientos políticos planteados por el MNOAL y la doctrina cristiana, no deberían ser utilizados para adoptar una actitud de condenación hacia las naciones del Primer Mundo. Si, por el contrario, estas coincidencias pueden ser útiles para » recordarles » a los países mas ricos del mundo, sobre todo a aquellos que resultan ser tan hipócritas como los fariseos, ya que con la palabra proclaman ser cristianos pero en la práctica sumergen en el lodo de la indigencia a continentes enteros – cf. Mc. 7, 6 – 7 -, que las riquezas del mundo no deben ser acumuladas, de manera egoísta, por algunas naciones, sino que por el contrario, deben ser puestas solidariamente al servicio de los pueblos mas necesitados, para lograr promover su plena y digna realización – cf. Puebla, 492 -. De ahí que, teniendo en cuenta que el lujo que ostentan y despilfarran los países mas ricos del mundo, constituye un insulto contra la miseria de las grandes masas, es su obligación cristiana utilizar el avance económico por ellos logrados para desarraigar la extrema pobreza que muchas veces ellos mismos han originado.

En última instancia, los puntos desarrollados en los párrafos anteriores pueden ser ilustrativos para que, desde una actitud humilde, caritativa, solidaria y cristiana, los integrantes del Pueblo de Dios, por un lado, reconozcamos que en los principales posicionamientos políticos del MNOAL existen significativos puntos de encuentro con los planteamientos elaborados – a lo largo del siglo pasado – por el Papa Pablo VI – entre otros – y el Episcopado Latinoamericano; y, por otro lado, caigamos en la cuenta que, en reiteradas ocasiones, las políticas económicas e internacionales que ponen en práctica los países del primer mundo contradicen la doctrina cristiana, ya que siembran sobre la faz de la tierra los gérmenes que favorecen la reproducción de escenarios de pecado y desolación en los que miles de hombres y mujeres padecen cotidianamente.

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