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Decálogo del homosexual -- Xavier Pikaza

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Al comienzo del verano recibí, con mi esposa, el premio Arco-Iris de la Comunidad de Homosexuales Cristianos de Madrid y me honro desde entonces del título que tuvieron a bien concedernos: somos Amigos de los Homosexuales. Pues bien, ahora que el verano empieza a terminar, recojo y publico el texto que alguien me mandó por entonces: un decálogo del homosexual, con veinte artículos. No sé ya quien me lo mandó, no voy a averiguarlo. Tengo la impresión de que el texto andaba por ahí y de que él lo había recogido de algún sitio que tampoco recordaba. Así lo envío y ofrezco a todos los amigos del blog, como un bien común. Me gustaría que se comentara de un modo abierto, incluyendo también a los heterosexuales y a todos los tipos de personas.

Introducción. Un obispo homosexual «convertido»

Me he ocupado alguna vez del tema de la homosexualidad como problema de la sociedad y de la Iglesia y, sobre todo, como posibilidad humana de amar. En algún lugar he dicho que los homosexuales están llamados a ser buenas personas (buenos cristianos, buenos religiosos, buenos ministros de la Iglesia) no «a pesar» de su homosexualidad, sino a través del camino de la homosexualidad

Estos días me ha dolido especialmente el tema a través de la triste historia del Obispo anterior de Santiago del Estero, al que tuve ocasión de saludar hace bastantes años… Era un hombre que me pareció muy bueno. Trabajaba por la diócesis… pero era molesto y tenía un «defecto»: ser homosexual (y manifestarlo a veces).

Quizá fue «imprudente» en la forma de manifestarlo, le tendieron una trampa y le «cazaron» (poniendo cámaras en un lugar privado, en contra de todas las leyes, en contra de todos los principios de la intimidad). Evidentemente, la Iglesia Católica no está madura para un obispo que se diga homosexual. Parece normal que tuviera que dimitir (una vez hecho público el caso, en este momento de la vida de la Iglesia católica)… pero tendrían que haber dimitido con más razón los que le tendieron la trampa y filmaron su vida privada (militares, civiles o eclesiásticos); de ellos era el mayor pecado, con diferencia (imaginaos a los presbíteros de Jn 8 mirando por el agujero de la ventana a la adúltera).
No se trata de pederastía, no se trata de violación, no se trata de ningún tipo de imposición, sino del despliegue afectivo entre dos personas mayores. Hay cientos (miles) de obispos homosexuales en la Iglesia católica, pero no les han «cazado»… hay miles y miles y miles de presbíteros homosexuales y la inmensa mayoría son buenas personas.

La historia no acaba aquí. El obispo de Santiago del Estero dimitió… Pienso que le tenían que haber dicho: «Mirá, si quieres vivir en pareja con un hombre, en público, deja el ministerio… y sé feliz y busca otros espacios para realizar tu misión… Mirá, si esto es sólo algo menos central en tu vida buscamos otro sitio para que ejerzas tu ministerio… Pero lo que importa es que seas feliz y hagas felices a los demás. Lo demás se nos dará por añadidura».
No fue así. Si mis contactos no fallan, el ex-obispo de Santiago del E. fue enviado a una clínica para «recuperación» de homosexuales… y tengo rumores de que ha aceptado el castigo y está diciendo por ahí que Dios le está «convirtiendo»… No puedo juzgar su caso, no puedo entrar en su persona. Pero me da una pena inmensa.
Como he dicho antes, como más de una vez he publicado, un homosexual no tiene que dejar de ser homosexual para ser buen cristiano…, sino todo lo contrario. Si es de verdad homosexual habrá que pedirle que lo sea «bueno»: que sea buen cristiano siendo buen homosexual, hombre (o mujer) de palabra, de ternura, de caridad, de tolerancia… es decir, como Cristo.

Es muy posible que en nuestras circunstancias, con esta ley concreta del celibato y con el tipo de Iglesia que existe, el obispo de S. del Estero tuviera que dimitir… aunque sabiendo que el «pecado» mayor, el verdadero pecado, no fue el suyo sino el aquellos que le «cazaron» (¡ellos tenían que dimitir, si tuvieran vergüenza humana, no digo caridad cristiana!)… Pero quiero que dentro de unos años pueda haber presbíteros y obispos que no sólo sean homosexuales (como en la actualidad), sino que lo puedan decir y lo digan y lo vivan en público…, con su pareja, aceptada por la Iglesia.

Me hubiera gustado que Mons. Maccarone pudiera seguir siendo obispo de Santiago o de San Pablo Extramuros…, como buen homosexual, con su pareja, viviendo el evangelio, de un modo distinto (y no en una clínica-trampa de recuperación de homosexuales) (¿No hay en esto algo que sigue sonando a métodos estalinistas?).
Pero dejo el tema triste. Paso al decálogo del homosexual. Gracias a M (acabo de recordar el nombre). por habérmelo enviado.

Decálogo del Homosexual

1. Soy homosexual desde siempre y nada puedo hacer para cambiarlo. Quien diga que puede es un mentiroso, un iluso, un ignorante o quizás sus miedos lo hacen pensar que si.

2. No me rechaces por ser como soy. Mi homosexualidad no es un deseo de ofender ni de lastimar: es mi orientación sexual natural y constituye un rasgo fundamental de mi personalidad. Es la manera que tengo de entregar mi afecto y de ejercer mi sexualidad y tengo tanto derecho a mi sexualidad como tú a la tuya.

3. Si a veces he deseado ser heterosexual o he actuado como si lo fuera, no es porque mi homosexualidad me haga infeliz sino porque creí que era la única manera de sobrevivir en medio del prejuicio y del odio generales. Me daña muy gravemente que los demás se sientan con derecho a hacerme objeto de su desprecio, burla y agresiones tan sólo porque soy diferente de ellos.

4. El asco, desprecio, horror y desconfianza hacia los homosexuales se llama homofobia. Una fobia es un rechazo irracional y, por lo mismo, una perturbación mental. Ya es tiempo de que sanes de ella.

5. No soy un bicho raro: soy una persona como cualquiera otra. En la medida en que me rechaces, me iré alejando de ti. Si soy tu familiar o amigo, no me conviertas en un extraño.

6. Habemos homosexuales de todos tipos, edades, razas, nacionalidades y clases: nos encontrarás en el gobierno, las fuerzas armadas, la iglesia, las instituciones de enseñanza, las empresas públicas y privadas y en todas las profesiones y actividades. Aunque no lo creas, aproximadamente la quinta parte de la humanidad somos homosexuales.

7. Si todos y todas las homosexuales desapareciéramos del planeta, te sentirías muy mal: desaparecerían muchas de las personas que quieres o admiras y muchos de tus amigos y familiares. Es posible, incluso, que no hubieras nacido: muchos homosexuales han tenido hijos.

8. Si alguna vez me has dicho que me amas, demuéstramelo: ya era homosexual cuando me lo dijiste y yo te correspondí con mi cariño. No me entusiasma que me menciones lo mucho que me querrías ‘si yo fuera diferente’. No tienes ningún derecho a exigirme ser como tú para que me consideres valioso o digno de tu afecto: eso se llama discriminación y es un delito.

9. No digas necedades como que me preferirías alcohólico, asesino o violador. Si en tu familia deseas asesinos, alcohólicos o violadores, no me consideres pariente tuyo. Yo aspiro a ser una persona productiva y útil, digna de confianza y de respeto. Tus comparaciones me ofenden y me agreden.

10. Si quieres que te respete, tú también tendrás que respetarme. El respeto es la capacidad de considerar el valor de los demás y no tiene importancia cuando no es mutuo.

11. Yo sé que la iglesia católica -y muchas otras que se dicen cristianas o cualquier otra confesión religiosa- condenan las relaciones homosexuales. También condenan las relaciones prematrimoniales, el adulterio, el sexo oral, la masturbación, la literatura erótica y, en general, todo lo relacionado con el sexo. Igualmente prohíben la ordenación sacerdotal de las mujeres, el uso de los condones, el aborto, los anticonceptivos y la evasión de impuestos, entre muchas otras cosas. En cambio, permiten y aprueban la guerra y la pena de muerte. Si realmente quieres seguir las enseñanzas de Dios, no confundas su mensaje con las necedades de aquellos que pretenden hablar en su nombre.

12.Muy pocos médicos, psicólogos y psiquiatras están capacitados para entender y valorar la sexualidad humana, ya que sus programas de estudio no la incluyen. No me pidas ponerme en manos de ignorantes. Si quieres entender mi homosexualidad, acude tú con un sexólogo.

13. Hay muchas teorías que tratan de ‘explicar’ el origen de la homosexualidad. Ninguna ha logrado acertar porque los científicos que las formulan parten de la idea de que es una alteración de la conducta, de la biología o la falta de algo. No soy una enfermedad ni un defecto: soy una persona. ¿Tú porqué eres heterosexual? ¿Te lo has preguntado alguna vez?.

14. Antes de usar términos como ‘aberrante’, ‘desviado’, ‘anormal’ o ‘depravado’, consulta el diccionario. No hagas gala de tu ignorancia.

15. Nadie es ‘culpable’ de que yo sea homosexual. Yo no ‘me volví’ homosexual porque alguien ‘me pegara’ sus mañas. Si las preferencias sexuales fueran contagiosas, todos seríamos heterosexuales porque ustedes son mayoría. Ni tú ni nadie se volverá homosexual por convivir conmigo.

16. Las historias que has oído o leído acerca de que los homosexuales somos violadores de niños son falsas. Más del 80% de los violadores de menores de edad son heterosexuales y te lo pueden comprobar en cualquier oficina de defensa de derechos humanos o en cualquier juzgado penal.

17. No soy homosexual porque aún no haya encontrado a la ‘persona adecuada’ del otro sexo. No me atrae ni me interesa tener relaciones sexuales con personas de sexo diferente al mío, así como a ti no te atrae el tenerlas con alguien de tu mismo sexo. Tampoco ando persiguiendo heterosexuales: prefiero relacionarme emotiva y sexualmente con una persona homosexual de mi mismo sexo.

18. No tengas temor de preguntarme lo que sea acerca de mi vida sentimental o sexual, y en general, de mis aspiraciones como persona. Yo estoy deseando que me conozcas mejor y, comunicándonos, te sorprenderás de lo parecidos que somos.

19. No estoy pidiéndote que me entiendas y me toleres, sino que me comprendas y me aceptes. Tolerar es indigno porque la tolerancia es un repudio disfrazado de buena voluntad.

20. Finalmente, no dudes de mi afecto por ti… y no me hagas dudar del tuyo convirtiéndome en tu enemigo. Mi vida es buena y valiosa y tengo que vivirla tal cual es, incluso a pesar de ti.
Porque de artistas, de Santos y de locos; de todos tenemos un poco.

Xavier Pikaza Ibarrondo

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