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Argentina: Reclusión perpetua para el capellán Von Wenich -- Carlos Iaquinandi

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Adital

Tres meses duró el juicio oral, y en el exterior del recinto en la capital bonaerense, cientos de personas aguardaban expectantes el fallo. El capellán castrense Christian Von Wernich mantenía su rostro impávido, como ocurrió cuando tuvo que escuchar los dramáticos testimonios de víctimas de la represión que lo responsabilizaban por su presencia durante torturas, y sus intervenciones en procura de que los detenidos «hablaran» a cambio de que cesaran los martirios.

La defensa pidió su absolución, alegando que el sacerdote había cumplido su «misión pastoral». La querella, la fiscalía y las organizaciones de derechos humanos habían reclamado la máxima condena. Finalmente, el Tribunal Oral Federal Número 1 de La Plata, falló reclusión perpetua para Von Wernich por su participación en los hechos represivos ocurridos entre 1976 y 1983 durante la dictadura argentina. Se le asigna responsabilidad en al menos siete homicidios y se le considera partícipe necesario en 42 privaciones ilegítimas de libertad agravada y el delito de torturas en 32 casos. Madres de desaparecidos, familiares y amigos de víctimas de la represión no podían contener las lágrimas por la emoción del momento.

El sacerdote que durante la dictadura fue compinche activo de los torturadores, se había escondido en Chile en 1996, donde seguía dando misa en un pueblo de Valparaíso con el nombre de Christian González. De allí lo trajeron en el 2003 para que hiciera frente a los cargos que se habían acumulado en su contra.

El proceso judicial derivó en este juicio oral que determinó la responsabilidad de Von Wernich en gravísimos delitos contra decenas de personas que habían sido previamente secuestradas y «desaparecidas» por las fuerzas represivas.

También se aportaron testimonios del perverso «peaje» que impuso a algunos familiares que acudieron a él para saber de sus esposos, hijos o hermanos desaparecidos. El capellán policial solicitaba sumas de dinero para costear supuestos viajes al exterior de los «retenidos», como calificaba él a los desaparecidos, admitiendo tácitamente su condición de secuestrados.

Algunos medios destacaron que éste era el primer miembro de la Iglesia que resulta condenado por su complicidad con la represión. Es cierto. Por eso es importante recordar que es el primero pero no el único ni el de más alta jerarquía.

El comunicado emitido por el Episcopado, despacha el tema en 20 líneas el gravísimo caso, y con la particular habilidad que tienen las jerarquías eclesiales en estas ocasiones, combina ambigüedad con frases por la reconciliación, dejando la sensación de que Von Wernich es algo ajeno a la Iglesia y que ellos siempre están «por el bien». De hecho, ni siquiera mencionan por su nombre al capellán policial. ¿ Habrán sido también ajenos a la «movilidad geográfica» que llevó a Von Wernich a ejercer de capellán en el pueblo chileno de El Quisco cuando intentó eludir a la justicia?

Algo similar sucedió con su inmediato superior, el Obispo de Nueve de Julio, quien al parecer no ha tomado todavía ninguna decisión sobre Von Wernich. «Oportunamente se habrá de resolver, conforme a las disposiciones del Derecho Canónico, acerca de la situación» dice refiriéndose al sacerdote condenado. Será interesante conocer cuándo se producirá y cuál será la resolución sobre «la oveja descarriada» .

Muchos creyentes siguen esperando una actitud de profunda revisión de la cúpula de la Iglesia Católica Argentina. Uno de los miembros del Tribunal Oral Federal de La Plata, Norberto Lorenzo calificó la sentencia como «un precedente importante» porque por vez primera se juzgó a un integrante de la Iglesia Católica. Y a continuación añadía que a nivel personal consideraba que «la Iglesia necesita hacer una autocrítica, en serio, profunda, realista, frente a la sociedad sobre como actuaron durante la dictadura.».

El analista Washington Uranga, en una nota publicada en el diario argentino «Página 12», afirma que la condena impuesta a Von Wernich «no puede leerse apenas como una sanción de la sociedad contra un ministro religioso, pretendiendo que el ex capellán de la Policía Bonaerense actuó en forma totalmente aislada y con desconocimiento de sus superiores eclesiásticos»; añadiendo que: «tampoco sería justo englobar en la sentencia a toda la institución eclesiástica, en cuyo seno también se cobijan algunas de las víctimas del cura represor, de los policías y militares». Más adelante, en esa misma crónica expresa el periodista: » Lejos de cumplir la misión religiosa que le fue encomendada como capellán, Von Wernich actuó como parte integral de las fuerzas de represión comandadas por el general Ramón Camps. La condena del sacerdote Von Wernich por genocidio constituye probablemente la más grave mancha de Iglesia Católica argentina en toda su historia. Pero de poco servirá si los responsables eclesiásticos no ven esto como una enseñanza dirigida a la institución.»

Por último, apuntemos que el sociólogo Fortunato Mallimacci citado por la agencia Ecupress, se refirió al alegato final del acusado en estos términos: «El sacerdote Von Wernich al final habló. La Iglesia católica al final habló. Confiado, seguro, soberbio, altanero, miró al tribunal, miró a la cámara y pidió diez minutos. Miró también fijo al crucifijo que presidía la sala (¿hasta cuándo será un salón sacro un tribunal de Justicia?) y habló, explícito, en su condición de sacerdote católico». Más adelante, «No era alguien que se preguntaba sobre su pasado o que ponía en duda su accionar. Por el contrario, seguro de sí mismo, reafirmaba con voz potente y manos que lo acompañaban, que había hecho lo que tenía que hacer. Dios y la Iglesia se lo habían pedido y ordenado. El cumplía». «Y para que no quedaran dudas de que hablaba un sacerdote, la Iglesia Católica por su intermedio, utilizó todos los símbolos católicos disponibles. Jesús, Cristo, la Biblia, Dios, María, el Demonio, el pecado, la confesión, los sacramentos y los 2000 años de historia de la Iglesia de la cual él forma parte, nos dijo, nos recordó y nos amenazó, lo estaban en ese momento acompañando».

En la sala del juicio oral, se escucharon las hipócritas palabras de Von Wernich. Pero también se escucharon los valientes y conmovedores testimonios de quienes fueron víctimas del terror implementado por los organismos represivos y sus colaboradores civiles. Y también las palabras del sacerdote Rubén Capitanio, que fue testigo en este juicio, cuando afirmó : «La Iglesia no mató, pero no salvó. Debimos estar al lado de los crucificados y no tan cerca de los crucificadores». Pero la frase se queda corta. Nuestra memoria siempre recordará que algunos no solo estuvieron cerca, estuvieron juntos, ocultaron, mintieron, negaron, toleraron. Fueron cómplices en su intento de absolver con su presencia y su palabra a quienes secuestraron, torturaron y asesinaron.
La condena de Von Wernich es un paso importante, trascendente. Pero queda mucho camino por delante. Y hay que recorrerlo.

* Servicio de Prensa Aleternativa

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