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25 AÑOS DE CiJ: LA JUSTICIA QUE BROTA DE LA FE. Araceli Caballero

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Cristianisme i Justícia (CiJ) nació en septiembre del 81 con un nombre sin concesiones a la metáfora. Fue una respuesta a la llamada de la Congregación General 32 (Roma, 1975), convocada por el padre Arrupe, con el impulso del Vaticano II y queriendo ser fieles a este concilio. «Esa congregación –explica Francesc Riera, actual director de CiJ- pide a los jesuitas que miren todos sus ministerios, todo lo que hacen, desde el punto focal de la justicia».

En Cataluña, el provincial del momento, Ignasi Salvat, aprovecha una serie de coyunturas para convocar a los jesuitas preocupados por las ciencias sociales, economía, derecho, gente vinculada al Intermón de aquellos tiempos, a curas obreros, y por otro lado a teólogos que empezaban a sintonizar con la que apuntaba teología de la liberación. Reúne a 30 jesuitas y les dice: ‘a ver si montamos una institución preocupada por el debate intelectual entre los temas de fe y de justicia’.

Ignasi Salvat, José Ignacio González Faus y Juan Nepomuceno García Nieto –»unas personas excelentes»- son quienes ponen en marcha el centro, que al principio consiste en un grupo de jesuitas que se reúnen en seminarios internos. En seguida, los temas que se debaten se convierten en publicaciones: el primer libro se titula La justicia brota de la fe y el segundo, lo mismo pero al revés: El secuestro de la verdad, «porque, en frase de S. Pablo, la verdad es secuestrada por la injusticia», explica Riera.

También surgen seminarios de tipo social, a los que pronto se invita a amigos no jesuitas. «Si los seminarios teológicos los movía González Faus y su equipo, los sociales está liderados por Nepo [García Nieto], un jesuita muerto antes de tiempo». El primero (mediados los años 80) fue sobre el paro, que convoca a gente del centro y a especialistas, a sindicalistas. «Estuvimos todo un año hablando y reflexionando sobre el paro como cambio de época, como cambio de paradigma, de modo que cuando se publicaron las conclusiones en los nacientes Cuadernos CiJ, el título fue Paro, trabajo, planificación de futuro, y es el pilar del área social. También tiene una segunda parte: el paro está aquí, el trabajo será escaso, por tanto, hay que planificar el futuro de otra forma, teniendo en cuanta esto: hay que repensar la retribución del ciudadano: el salario ciudadano».

Cada año hay dos o tres seminarios internos fuertes, y otros tantos menores, que suelen convertirse luego en publicaciones (libros o Cuadernos). Acaban de salir los libros de sendos seminarios del curso pasado: Mundo dividido, mundo globalizado y Maestros de la sospecha, críticos de la fe. El seminario teológico actual analiza el último libro de Ratzinger, su etapa final como teólogo, mientras que el área social se ocupa de la pluriculturalidad, «que es un tema fortísimo que nos interesa mucho y del que contamos con dos grandes especialistas: Jaume Flaqué y Javier Melloni».

El centro Cristianisme i Justícia ofrece, además, un amplio y variado programa de actividades, atractivo para cualquier persona interesada en el compromiso social y político, la cultura o la fe, o todo ello a la vez.

Francesc se refiere con especial orgullo a quienes llevan a cabo tal oferta, «un voluntariado intelectual que significa una riqueza, una libertad, una gratuidad enorme, porque todo el mundo aporta desde el gozo de la gratuidad.» Un repaso por los nombres da una idea bastante ajustada de la calidad y el talante de CiJ: además de los ya citados, Fernando Cardenal, Luis de Sebastián, Jon Sobrino, Ildefonso Camacho, Leonardo Boff, Mª Dolors Oller, Carlos Taibo, Rafael Díaz-Salazar, Joaquín García-Roca, José Mª Castillo, Salima Ghezali, Toni Comín, Marta Arias, Adela Cortina, Lourdes Zambrana, entre otros muchos.

Unos Cuadernos donde se aprende mucho

Todos esas personas, y muchas más, aparecen en la lista de autores de los Cuadernos CiJ, tan útiles y tan leídos. El primero, fechado en mayo del 82 y firmado por Eduardo Rojo Torrecilla, fue «El sindicalismo en la década de los ochenta». La novedad editorial (diciembre 2006) es «El derecho de acceso a la vivienda», de E. Bartlett Castellà. Reflexionar sobre el presente desde la perspectiva de cristianismo y justicia ha sido desde el principio un camino sin interrupciones. Es difícil consultar la lista del centenar y medio de títulos y no encontrar al menos un puñado que responda a los propios intereses.

«Los Cuadernos –subraya Francesc- son un milagro. En estos momentos andamos entre los 55.000 y los 65.000, y los mandamos gratuitamente a todos los obispos, a los políticos del Parlamento español, los autonómicos y el de Estrasburgo, intelectuales, gente de la prensa, etc., y a quienes los piden. [También están disponibles en la web de CiJ]. Una vez al año escribimos una carta diciendo que somos una fundación que nos sostenemos con colaboraciones; si usted quiere colaborar, bienvenido; si no, no por eso dejaremos de enviárselos. El milagro es que vamos funcionando. O sea, que esto se sostiene en dos milagros: un voluntariado intelectual de unas 80 personas, y el económico. »

Todo ello pone de manifiesto la riqueza fundamental de CiJ: encontrarse gente de disciplinas diversas juntos por una misma causa, que es reflexionar en una Iglesia «que no siempre nos gusta como funciona».

Mística de los ojos abiertos

Veinte años tal vez no es nada, pero los 25 transcurridos desde que nació CiJ han dado mucho de sí en lo que a momento eclesial se refiere «Muy diferentes, son muy diferentes los contextos de entonces y de ahora», insiste Francesc. «Aquellos –continúa- eran momentos de un gran optimismo eclesial; nos parecía que el Reino ya llega.

Ahora los vientos soplan en otras direcciones, que Riera analiza. «Tal vez fuimos un poco ingenuos. El Evangelio de S. Marcos tiene como tema muy central el secreto mesiánico: sólo se sabrá que Jesús es el Mesías, el Hijo de Dios cuando sea todo lo contrario: atado en casa de Pilatos, en casa de Herodes, o cadáver en la cruz. Nosotros vivimos ahora un momento de estos.

A mí me gusta mucho un artículo del poeta Joan Maragall («L’esglèsia cremada»), cuando la Semana trágica de Barcelona, tras la quema de conventos y de iglesias, en el que describe poéticamente una misa en la iglesia quemada. Hace ver cómo esta iglesia quemada es la iglesia abierta, donde el sol brilla, donde entra todo el mundo, la gente pobre, los impresentables para la sociedad. La iglesia quemada ¿es una desgracia o una oportunidad? Maragall termina diciendo: ‘no reconstruyáis la iglesia’.

Cristianismo i Justicia queremos situarnos en estos momentos –tal vez no lo hicimos en otros- en esta teología de la cruz; por tanto, para nosotros es muy importante ir allí donde está la cruz de Cristo, o sea, donde están los pobres, los desclasados, los últimos. Ese es el lugar teológico donde se manifestará la resurrección, no sea que andemos intentando restauracionismos de épocas anteriores cuando lo que tendríamos que hacer es cambiar el lugar de acceso a Dios, a lo Sagrado, y ese lugar de acceso es la cruz: cuando Jesús muere, el velo del templo de rasga porque lo Sagrado ha emigrado a las cruces de nuestro mundo. Por tanto, queremos que nuestra palabra sea desde los pobres, desde los últimos; aquello que llamaba Metz la mística de los ojos abiertos. El mundo es secular, pues muy bien: la Iglesia ya nos la han quemado, ya somos libres para poder hablar. A lo que no podemos dedicarnos es a restaurar la Iglesia».

Las perspectivas para los siguientes 25 años son, según el actual director, «muy buenas. Pronto me sucederá Llorenç Vallés, y tenemos un capital humano magnífico. Creo que hemos aprendido en estos 25 años («Hoy sabemos de otra manera lo que ya pensábamos ayer» dicen en el manifiesto del 25 cumpleaños). Ahora estamos en ver qué significaba justicia entonces y lo que significa hoy. Dicho de otra forma, dónde estaban los lugares rotos hace 25 años, y dónde están ahora, porque tal vez no coinciden del todo, porque hay lugares nuevos que no podemos olvidar.»

Dolores Alexandre, en la celebración del cumpleaños, animaba a las gentes de CiJ a mantenerse «despierto a medianoche, donde se escucha el clamor de Dios ante la injusticia». Ahí parece que siguen. Per molts anys!

Interlocutores en estos años

«Fuera del equipo, un gran interlocutor ha sido América Latina, tanto Bolivia, como Centroamérica, la UCA y el Centro Monseñor Romero, fundamentalmente. Por otra parte, África, el continente olvidado, de modo que hemos tenido un seminario cada año sobre África. En Cataluña, en los primeros tiempos, los colectivos de misión obrera, el sindicalismo, García Nieto, los curas obreros. Nos ha hecho un bien inmenso la relación intensa con Arrels: algunos somos o hemos sido voluntarios allí, algunas personas de Arrels, como Lourdes Zambrana, son miembros de nuestro equipo. Y el mundo de las migraciones.»

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