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ZAGREB: VIVIR LA FE EN MEDIO DE LOS DESAFÍOS DE NUESTRO TIEMPO

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ZagrebTaizé

Entre los días 28 de diciembre y 1 de enero se celebrará, como cada año, el Encuentro Europeo de Jóvenes, organizado por la comunidad de Taizé. La ciudad elegida para ello en esta ocasión ha sido la capital croata, Zagreb. Pasar cinco días con miles de jóvenes de toda Europa y de otros lugares, redescubrir la Iglesia como fermento de reconciliación en la familia humana, ser acogido por las familias y las parroquias de Zagreb y de la región, disponerse a buscar un sentido a la vida y a vivir la fe en medio de los desafíos de nuestro tiempo, descubrir un pueblo y una cultura a través de encuentros personales, rezar juntos a través del canto y del silencio, abrirse a la belleza de una vida interior y de una comunión con Dios… son algunos de los objetivos de la convocatoria. La revista croata Krscanska sadasnjost ha publicado una entrevista a Monseñor Vlado Košić, obispo auxiliar de Zagreb, a propósito del Encuentro.

¿Cómo fue escogida la ciudad de Zagreb para el encuentro europeo?

Nuestro arzobispo, el cardenal Josip Bozanić, invitó a la Comunidad de Taizé a organizar el encuentro europeo de este año en Zagreb. Envió una carta de invitación en 2004, -así pues, todavía al hermano Roger, el fundador de la Comunidad-, pero en ese momento ya se había decido que el encuentro de 2005 se haría en Milán, así que a continuación le llegó el turno a Zagreb. Si nuestro arzobispo le dirigió esta invitación a los hermanos de Taizé, es porque Taizé es un lugar al que los jóvenes croatas van muy a gusto en peregrinación desde hace una treintena de años y porque un gran número de jóvenes de nuestro país participan en cada encuentro europeo organizado cada fin de año en una ciudad europea.

Usted mismo ha participado con jóvenes de Croacia a algunos de estos encuentros europeos ¿Cuáles son vuestras impresiones?

Estos encuentros siempre han supuesto para mi una frescura espiritual, una experiencia de oración y de comunión en la fe. Cuando puedes rezar y cantar con miles de jóvenes de toda Europa y del mundo, es verdaderamente una experiencia inolvidable. Cada vez he vuelto enriquecido, llevado por la alegría y una fuerza nueva. He visto a tantos jóvenes compartir esta experiencia, que por eso siempre he animado a los jóvenes a ir a Taizé o a un encuentro de fin de año, pues los jóvenes tienen una gran necesidad de tales experiencias, que suponen un ánimo en la fe y una motivación para nuevas búsquedas espirituales. Una cosa que me agrada mucho es que en Taizé nada es impuesto: las oraciones, los encuentros, el comportamiento, la manera de vivir de la Comunidad y a su alrededor están marcados por la sencillez, la modestia, la acogida.

Usted participa a menudo ahora en las oraciones diarias en la iglesia de Santa María de Dolac ¿Qué significan estas oraciones para usted?

Los hermanos forman una comunidad monástica que se ha comprometido a rezar tres veces al día. En Taizé, los jóvenes peregrinos participan en las oraciones de la mañana, el mediodía y la noche; así ocurre en los encuentros europeos de fin de año y así será en Zagreb este año. Pero, unos meses antes del encuentro, los hermanos animan una oración por la tarde, cada día, de lunes a viernes, a las 17 horas, y el sábado a las 13 horas, en la iglesia de Santa María. Yo participo cuando puedo, pues me gusta esta manera de rezar, cantando algunos versículos de un salmo, u otra oración, en varias lenguas, haciendo una breve lectura de la Escritura santa, lo más frecuente del Evangelio, rezando en silencio e intercediendo por las necesidades del mundo y de la iglesia. Cada vez son más numerosos los jóvenes que vienen a estas oraciones. Lo propio de cada oración cristiana, de toda oración, es le encuentro con Jesucristo, el encuentro con Dios. Este encuentro es multiforme porque es misterioso. Dios es misterio. Nosotros sólo podemos presentirlo, pero su amor lo podemos tocar, es lo que él nos quiere dar. No se trata de un bello sentimiento, sino de toda una actitud, una convicción, una confianza, un abandono, diría que un oasis del que todos tienen necesidad, particularmente los hombres de hoy cada vez más estresados y apresurados; un oasis donde encontrar la paz del alma, y en esta paz encontrar igualmente la alegría y el sentido de la vida, tanto más rico cuando es vivido en comunión. Pienso en la comunión con Dios, pero también en la comunión con los otros cristianos, mediante la cual Dios se revela y se da.

Éste será un encuentro ecuménico ¿Cómo va la preparación en lo que concierne a la Iglesia Católica? ¿Hay una colaboración con las otras Iglesia cristianas en Zagreb y en Croacia?

Sí, ellas participarán a su manera, según sus posibilidades, con los otros cristianos de Zagreb o de Croacia. Sin embargo, los católicos somos los más numerosos y por tanto los más responsables de cara a este encuentro. El encuentro nos puede ayudar a comprender mejor la necesidad de comunión y de colaboración con los otros cristianos –pienso en particular en cristianos ortodoxos y protestantes-. Todos vivimos de Cristo y del Evangelio, y la búsqueda de la unidad de los cristianos debe ser una prioridad de nuestra fe. Cuando ves con cuánto amor y con qué fe se apegan a Cristo otros cristianos, desearías tú mismo llegar a ser un mejor católico. Ser católico significa estar abierto a todos, pues la Iglesia es “katholikê”, universal, global. Jesús no vino solamente para unos pocos, para tal o cual grupo, sino para todos, para todo ser humano. Estos encuentros pueden ayudar a ensanchar los horizontes, y ello a través de la experiencia. Es particularmente importante para los jóvenes cristianos que, en nuestros días, deben hacer frente a numerosos desafíos. La dimensión ecuménica es esencial a la identidad católica. Nos abre a otros, a los que son diferentes pero que creen en el mismo Señor Jesucristo. Cómo no ser excluyente sino al contrario, abierto a todos, cómo mostrar el amor al prójimo con hechos, cómo acoger las diferencias, esto es lo que este encuentro puede enseñarnos. Imagina solamente que dos o tres jóvenes de Suecia, de Polonia, de Hungría, de Alemania, o de Montenegro llegan a tu apartamento. Hospedarles es abrirles, no sólo la puerta de tu casa o de tu apartamento, sino también la puerta de tu corazón.

¿Qué frutos puede aportar este encuentro a la Iglesia en Croacia y a nuestro pueblo, y cuánto puede contribuir a la paz en el mundo?

Los jóvenes de las parroquias que acogerán a los jóvenes peregrinos de otro país –se trata de alrededor de 150 parroquias de la ciudad de Zagreb y de los alrededores- recogerán frutos abundantes de este encuentro. Todos pueden contribuir con algo: los mayores ofreciendo una bella hospitalidad a los jóvenes peregrinos –los hermanos han venido con un mensaje asombroso: dos metros cuadrados de vuestro apartamento son suficientes para acoger a un joven peregrino, pues los jóvenes vienen con su saco de dormir y sólo necesitan el calor de una casa en la que puedan extender su saco en el suelo-. Pero los jóvenes de aquí deberán organizar todo eso, invitar a las familias a que acojan, y, si es necesario, incluso visitar las casas, y también organizar ellos mismos los encuentros con los jóvenes europeos que se quedarán en sus parroquias. Los sacerdotes son invitados a abrir las iglesias y los centros pastorales para que los jóvenes puedan reunirse por las mañanas para la oración y los encuentros. Un poco más tarde, sobre las 11 horas, se dirigirán hacia el Parque de Exposiciones, donde cada día recibirán la comida, participarán en la oración de mediodía y en los talleres de por la tarde, recibirán la cena y participarán en la oración de la noche. Las celebraciones del domingo 31 de diciembre y las del 1 de enero deberán ser especialmente bellas, pues serán “celebraciones internacionales”. Un gran número de jóvenes de varios países participarán en ellas y habrá cantos y oraciones en varias lenguas. Después de estas jornadas verdaderamente se sentirá este espíritu de comunión, y pienso que el deseo de rezar crecerá particularmente en las comunidades de jóvenes.

¿De qué clase de confianza se trata cuando se llama el encuentro europeo de jóvenes “Peregrinación de confianza sobre la tierra”?

Se trata de la confianza en Dios y en los humanos. No hay fe sin confianza, como no hay amor ni ninguna otra buena relación humana sin confianza. Incluso las relaciones internacionales dependen en gran medida de la confianza o la desconfianza que habita a los miembros de los diferentes pueblos. Por ejemplo ¡cuánta desconfianza queda en los corazones humanos después de las guerras! Cuando se han conocido las injusticias, las masacres, las destrucciones, es difícil reconstruir puentes de confianza hacia los otros, hacia los otros pueblos, hacia los que pertenecen a otras confesiones o comunidades. Pero ello no solamente es posibles: para nosotros los cristianos, debe ser una de las prioridades.

¿Qué es posible hacer aún al nivel del ecumenismo y del deseo de Jesús “que todos sean uno”, por la unidad de los cristianos?

Ante todo hay que rezar que todos sean uno, como el Señor Jesús lo ha hecho. A continuación hay que construir la confianza entre los cristianos, y también entre todos los humanos. El primer milenio fue, a pesar de numerosos conflictos y tensiones internas, el tiempo de la unidad de la Iglesia, mientras que el segundo milenio condujo a muchas separaciones y divisiones entre los cristianos. Creo que el tercer milenio es el milenio para buscar y reencontrar la unidad de los cristianos.

¿Se podría comparar la comunidad ecuménica de Taizé con las nuevas comunidades y movimientos que nacen en la Iglesia?

Se podría llegar a esta conclusión viendo el gran número de creyentes, particularmente de jóvenes que participan en Taizé y en los encuentros que esta comunidad organiza. Sin embargo, los hermanos de Taizé no quieren formar un movimiento, pues no crean ninguna estructura propia, como lo hacen los nuevos movimientos eclesiales. La Comunidad de Taizé es una comunidad monástica de hermanos que viven y rezan juntos, a la manera de la vida monástica benedictina, siendo particularmente sensibles a la sencillez, la modestia y la hospitalidad. Los hermanos subrayan sin cesar que desean que los jóvenes que les visitan o que se encuentran en las ciudades europeas en los encuentros de Año Nuevo, vuelvan a sus parroquias para ser en ellas fieles comprometidos. No los quieren para ellos mismos, sino que buscan ayudarlos a ser creyentes más dinámicos.

Usted tuvo la posibilidad de encontrarse con el hermano Roger ¿podría decirnos alguna palabra?

Sí, yo me encontré con el hermano Roger dos veces en Taizé. Primero fue un encuentro en agosto de 2001. El hermano Roger me invitó entonces, con mis amigos de Zagreb, a la mesa de la comunidad después de la misa. Recuerdo que el hermano Roger me saludó recordando al cardenal Franjo Šeper, arzobispo de Zagreb y posteriormente prefecto de la doctrina de la fe en Roma, pues el cardenal Šeper era un gran amigo de la Comunidad de Taizé. Supe entonces que el hermano Roger vino a recogerse ante su tumba cuando estuvo en 1987 en un encuentro en Ljubljana. Era como si el hermano Roger nos viera a todos los croatas a través del cardenal Šeper. Me impresionó su sencillez y su serenidad. Era un hombre de Dios. La segunda vez le saludé brevemente después de la oración de la noche durante una breve visita en el verano de 2003. En mi corazón está grabado muy particularmente este pensamiento del hermano Roger, que es también el contenido de uno de los cantos: Dios no es más que amor, la ternura incluso, y perdón.

¿Qué recomienda y propone para que todos nosotros, en Zagreb y en los otros lugares de nuestra archidiócesis que acogerán, participemos lo más y mejor posible a la organización del encuentro?

Abramos nuestro corazón para el encuentro. Me gustaría que todos viviéramos algo bonito, que todos nosotros hagamos algo bonito por Dios, como a la beata Madre Teresa le gustaba decir. Cuando el corazón está dispuesto y se abre, numerosas puertas aún cerradas se abrirán también. El encuentro es la condición de la bondad, como decía el profesor Ivan Golub, pues, en croata, la palabra “bondad” (sreća) viene de “encontrar” (sresti). Todo creyente sincero y todo hombre de buena voluntad puede siempre hacer algo. No hace falta que sea algo grande, pero todo lo que se hace con amor siempre es grande a los ojos de Dios.

Texto traducido y adaptado a partir de una entrevista aparecida en la revista mensual Kana, n° 11/404, noviembre 2006, publicado por Krscanska sadasnjost, Zagreb

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