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Una intifada en femenino contra Israel -- Sal Emergui

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Ramala (Cisjordania)
Son jóvenes, hartas de las estériles negociaciones con Israel y, según sus palabras, decididas a «ayudar a los valientes contra los soldados israelíes». Universitarias que alternan las aulas con los choques en la violenta escalada que ayer selló su tercera semana. Nacidas en los esperanzadores años de los Acuerdos de Oslo, su generación no sueña con la paz. Como muchos israelíes de su edad, lo ven como fruta imposible.
Cubiertas o no con los tradicionales pañuelos palestinos, dan un paso al frente y participan activamente en «la lucha contra la ocupación», como cuentan a EL MUNDO en un encuentro en Cisjordania. Horas antes, habían estado en nuevos disturbios.

«¿Miedo? Nadie de los que vamos allí tiene miedo a morir. Queremos que nos devuelvan nuestras tierras», sentencia Aya Fowad Hijazi Shobaki (21 años), estudiante de Comunicación y Ciencias Políticas de la Universidad Al Quds (Jerusalén). Cuando le insinuamos que enfrentarse a soldados del ‘checkpoint’ de Bet El, cerca de Ramala, no le traerá tierras sino heridos y quizá muertos, contesta: «Lo sé, pero no tenemos otra opción. Las negociaciones no funcionan. Cada vez, ellos cambian los motivos y la situación empeora».
Una chica que pide no ser fotografiada ni identificada revela: «Tiro piedras y lo que tenga en mano para hacer daño a los israelíes». Aya tiene una función más «modesta». «Yo no estoy en la primera línea del frente, sino más atrás recogiendo piedras, rocas y todo lo que encontremos para dárselo a los chicos», relata.
No temen convertirse en Shahida (mártir). Algunas de las mujeres que este mes han atacado a israelíes dejaron escrito su deseo de ser Shahida.

«Mis hermanos están muy preocupados, pero es algo que llevo en mi interior. Ellos saben que no puedo evitarlo. Tengo que ayudar a mi pueblo y siento que debo hacerlo por mi padre», añade mientras observa el retrato de un hombre con barba y mirada perdida. Es su padre, un veterano de Al Fatah que lleva 10 años en la cárcel israelí por su relación con el envío de armas de Irán al presidente palestino Yasir Arafat en la Segunda Intifada.
Sobre los apuñalamientos de jóvenes palestinos a israelíes en octubre, no tiene dudas: «Está muy bien, porque no tienen otras armas y lo hacen siempre como respuesta a los ataques israelíes».
Mientras Aya apoya la solución de dos Estados, Asma Mizher (22) se opone. «Estas tierras son nuestras. Los judíos tienen que irse de aquí y regresar de donde vinieron desde 1920», exige esta estudiante de Informática nacida en Ramala.

Una juventud sin confianza en el futuro

El 70% de los habitantes de Cisjordania y Gaza tiene menos de 30 años. Ven que el futuro no les espera. Se enfrentan a Israel y se enfadan con los divididos grupos palestinos. «Desde que nací, sólo conozco la ocupación. En las redes vi lo que sucede y decidí salir por los mártires. He participado en manifestaciones, aunque creo que tengo que hacer mucho más», confiesa Asma, de Al Fatah y coordinadora de ‘Las Hermanas de Dalal Mugrabi’. Se trata de una asociación universitaria en honor a la integrante del comando palestino que, el 11 de marzo del 78, secuestró un autobús en el norte de Tel Aviv. El ataque acabó con el asesinato de 35 israelíes.

Para Israel, Mugrabi es una terrorista. Para Asma y muchos otros en Palestina, «una mártir». He aquí una de las claves: la diferencia abismal entre las narrativas de los dos pueblos. Ya sea en la descripción de los acciones de hoy o, si abrimos el foco, en las raíces del conflicto. Los medios israelíes y palestinos presentan enfrentados guiones que acaban sembrando la semilla de un futuro de hostilidad y desconfianza. Las redes sociales aceleran y encienden el proceso.

«Los israelíes piensan que todos somos terroristas, pero no es verdad. Luchamos para acabar con la ocupación», apunta Asma, que defiende los ataques: «Todas las acciones son una respuesta. Es nuestro turno después de que los soldados y colonos nos atacan siempre, incluso en manifestaciones pacíficas».
Religiosa y siempre con velo, enfatiza que «desde la época del profeta Mahoma, el Islam defiende que las mujeres luchen». Las chicas -bien maquilladas y con una potente retórica- causan mayor interés mediático que sus compañeros. «Lo llevan muy bien. Agradecen nuestra ayuda. No están celosos», cuenta Aya con una media sonrisa antes de apuntar dos motores de una nueva Intifada: «La ocupación y los cambios de Israel en Al Aqsa». En una medida impopular en este descampado palestino, decimos a estas chicas que Israel insiste que no hay cambio de status quo en un recinto sagrado también llamado «Monte del Templo».
La respuesta de Asma es rotunda como serena es su voz: «No es un lugar sagrado para los judíos. No tienen ningún lugar santo en Jerusalén. Nunca leí algo que les relacionara con esta tierra. Son colonos. Esto pertenece sólo a los musulmanes».

fuente: El Mundo (Madrid)

Fuente: Red Mundial de Comunidades Eclesiales

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