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Una enferma de parkinson responde a Jiménez Losantos

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nodo50/tortuga

Soy una de las más de 150.000 personas que están diagnosticadas de enfermedad de Parkinson en España, cifra que se multiplica considerablemente si hablamos de afectados, ya que con nosotros la padecen – día a día – nuestras familias y las personas que nos quieren. A los señores Jaime Bayly y Jiménez Losantos poco se les puede decir. Sus propias palabras describen que talla tienen y hasta donde pueden alcanzar. De ellas, también se desprende que inteligentes son: ¡ que conocimiento tienen de la enfermedad! y que sensibilidad tienen: ¡parece que sienten lo mismo que el enfermo!

Sr. Jiménez Losantos, la crueldad de su deseo de que otros enfermen – por muy dictadores o mala gente que sean – no deja de ser una cobardía y la sola idea, de que una cosa cruel pueda ser útil, ¿no es ya de por sí inmoral? Seguramente Usted pudo haber hecho mención a cualquier enfermedad y no me duele su comentario sobre el Parkinson, Me duele el concepto de enfermedad que transmite y el uso que haría de ella si pudiera utilizarla.

No se si conoce la enfermedad, ni se si conoce a los enfermos. Se cuentan por cientos de miles los afectados que tienen que luchar todos los días del año para convivir con la enfermedad y no podemos consentir comentarios como los que usted hace y no vamos a permitir que “personas” que tienen sus entrañas carcomidas por el odio y por cuyas venas no circula más que el hedor de pensamientos putrefactos añadan más dolor a nuestra situación. Ningún enfermo – tenga el diagnóstico que tenga – merece esa falta de respeto y no estaría mal que parte de lo que cuestan esos espectáculos televisivos (como la entrevista) o los radiofónicos (como los que emite todos los días en la radio) se emplearan en la investigación, en el tratamiento y en la prevención de casos como el suyo, que muestran la ruindad a la que pueden llegar algunos seres “humanos”.

No escogí ser enferma de Parkinson pero si puedo escoger la forma de vivir con esta enfermedad neurodegenerativa, crónica, progresiva, discapacitante, invalidante pero nunca DEGRADANTE, ni de uso para humillar al enemigo o al que piensa diferente.

Tengo la enfermedad de Parkinson y como consecuencia dificultad para moverme, pero tengo libertad para decidir y escoger, y Usted no la tiene por estar encadenado al odio que lleva dentro.

Tengo la enfermedad de Parkinson que me causa rigidez muscular pero me siento con capacidad de querer, de hacer todo lo necesario por los demás, y por mí. Pero escuchándole se nota que Usted no puede hacer lo mismo por tener el corazón disecado por el rencor.

Tengo la enfermedad de Parkinson y a veces me falta el equilibrio para mantenerme en pie o para levantarme de una silla, pero me siento querida y respetada por lo que soy, una persona afectada por una enfermedad degenerativa. Y. hasta hoy, nunca me falto una mano amiga que me prestara la ayuda que necesité en cada momento. Usted lo único que merece – es mucha lástima, mucha compasión y mucha ayuda para recuperar un mínimo de la dignidad que debe tener una persona.

Tengo la enfermedad de Parkinson y estoy muy triste, pero no es el Parkinson el que me deprime. Me duele ver que estamos amenazados, pero no solo por personas como Usted o su entrevistador, sino por todos aquellos que permiten que la maldad circule, aunque sea de palabra, por los medios de comunicación. Y en su caso, aquellos que permiten y amplifican las barbaridades que dice ante el micrófono. Pero tengo la seguridad, de que por muchos “Jiménez Losantos” que haya, no nos faltara la fe en las personas , la esperanza de ver cada vez menos acémilas entre nosotros y la caridad necesaria para pedir que se tenga mucha misericordia con Usted y con los que le consienten sus excesos.

Tenemos que dotarnos de todos los instrumentos necesarios que nos permitan que palabras como las que dijo y gestos como los que hizo no se repitan, ni con los enfermos, ni con cualquier colectivo o persona. Ejercí bastantes años con orgullo mi profesión de enfermera y ahora soy enferma. Conviví y convivo y vivo con la enfermedad y nunca encontré a nadie enfermo de odio y si pudiera darle alguna recomendación, lo único que le diría es que acudiese a un Psiquiatra. Y a pesar del asco que sentí con esa entrevista, quiero acabar esta carta abierta con el deseo sincero y de todo corazón de que disfrute de toda la salud mientras viva, … , y que si llega a viejo que no sufra “esas cosas que pasan con la edad” y lo hago extensivo a todos los que pueda “querer” y a todos los que le aplauden .

Ninguna enfermedad es DEGRADANTE. Pero el que ve todo lo que sucede a su alrededor solo con las lentillas de odio y de rencor es un degradado.

Mª Amada Pérez Rodríguez enferma de Parkinson.

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