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Un exobispo acaba con los 60 años de poder ‘colorado’ en Paraguay -- Abel Gilbert

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El Periódico

2.008 Pulso en los comicios presidenciales del país suramericano
El candidato opositor aventajaba en ocho puntos a la candidata oficialista con el 46% escrutado
El temor a un fraude si el resultado electoral es ajustado se extiende entre los ciudadanos
La gracia divina acompañaba ayer al exobispo Fernando Lugo en su sorprendente ascenso a la presidencia de Paraguay. Con el 46% de las mesas escrutadas, los cómputos oficiales le daban una ventaja de más de ocho puntos respecto de la candidata del Partido Colorado, Blanca Ovelar (39,9% contra 31,6%).

«Hay que contar voto por voto. Existe un empate técnico», declaró ayer Ovelar como si hablara de otras elecciones y de otro país. Así, los colorados hicieron detonar bombas de estruendo. Sonaron desafiantes mientras los simpatizantes de Lugo salían a las calles a festejar el triunfo electoral. Se temió lo peor, pero no sucedió nada. «Cuidado con el Tribunal Supremo de Justicia Electoral (TSJE): son bandidos de la peor especie», advirtió, no obstante, Hernán Rafael Saguir, apoderado de Acción Patriótica Para el Cambio (APC), la alianza de Lugo. «Que se respete el resultado», reclamó el presidente de la Conferencia Episcopal, monseñor Ignacio Gogorza. El Gobierno de Nicanor Duarte, por el contrario, se mantuvo en un absoluto silencio.

«OBISPO DE LOS POBRES»
«¿Será que Dios es paraguayo?», se preguntaba en el cuartel electoral de Lugo una señora a la que le faltaba casi toda la dentadura y que llevaba puesta una camiseta con el rostro del «obispo de los pobres». Le costaba imaginar que el coloradismo pudiera abandonar el poder después de seis décadas de un manejo feudal y clientelista del Estado. Cuando vio aparecer a Lugo, se largó a llorar. El candidato de la APC saludó sonriente. «Hoy podemos afirmar que los pequeños también están capacitados para vencer», dijo, evitando autoproclamarse ganador.
Más de 12.000 policías custodiaron ayer los comicios electorales paraguayos que han estado trufados de denuncias de fraude. Además del presidente y vicepresidente, cerca de 2,8 millones de personas eligieron a los nuevos integrantes del desprestigiado Congreso bicameral, y unos 700 cargos municipales de este país, el único bilingüe de la región.

LA ENCRUCIJADA
«Ña trampeata (habrá trampa de todos modos)», aventuró en lengua guaraní Óscar B., apoderado del Partido Colorado en el céntrico colegio María Auxiliadora. Camisa amarilla, barriga prominente y pulsera de oro, Óscar B. resumió a EL PERIÓDICO la encrucijada: «Lugo debe vencer por goleada para que le entreguen el poder. De lo contrario, pierde. ¿Sabe lo que sucederá si la diferencia con Ovelar es pequeña? El TSJE se va a tomar 90 días para contar los votos. Ya no habrá observadores internacionales y, entonces, dirán que fue derrotado».

LAS EXIGENCIAS DE LA OEA
Pero la misión de la Organización de Estados Americanos (OEA) no solo presionó ayer para que se entregaran de inmediato los primeros cómputos oficiales. También le exigió al TSJE la máxima celeridad en su veredicto. «La brecha entre Lugo y Ovelar no deja mucho margen para maniobras oscuras», dijo un observador internacional a este enviado especial.
Los colorados llegaron a estas elecciones legislativas y municipales por primera vez con miedo. «La gente está cansada. Los perros (jóvenes) quieren comer y estudiar. Hasta yo votaré por Lugo», reconoció el mismo Oscar B.

El exobispo Lugo no las tendrá fáciles en el futuro Gobierno. Está al frente de una coalición demasiado heterogénea, con independientes de clase media, con grupos de izquierda de todos los matices ideológicos y con el histórico Partido Liberal Radical Auténtico (PLRA), el único que le puede dar gobernabilidad y que, por su matriz conservadora, nunca apoyará la reforma agraria que propone la APC. El exobispo deberá coexistir además con un poder legislativo dominado por los colorados y los seguidores del general Lino Oviedo. Y tendrá que negociar con ellos.

UN PAÍS DESTROZADO

Paraguay duele, golpea, con sus cifras macroeconómicas. Su producto interior bruto (PIB) apenas supera los 9.000 millones de dólares. El 80% de las tierras están en manos del 2% de la población. Diez niños mueren a diario por enfermedades que en un 70% son curables. Lugo recibe un país destrozado, donde la ley es el imperio de la ilegalidad. Le exigirán milagros más osados que el reparto caritativo de los panes y peces.

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