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UN CLERO QUE SE SIRVE, NO SIRVE. Franz Wieser (Perú)

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“Introitus” de la revista mensual “Imprimatur” (1-2007), traducido por Franz Wieser.
Cuando la “Cortina de Hierra” estuvo todavía herméticamente cerrada e impedía cualquier visión de oeste a este, circulaba la fama de un “mundo sano” respecto a la Iglesia católica polaca.

Un visitante que de paso visitó un templo cualquier día laboral de la semana o los domingos, lo encontró copado de gente, en general, una religiosidad floreciente. Visitantes de una parroquia polaca quedaron sorprendidos de la cantidad de capellanes bajo el mando patriarcal de un párroco.

Con frecuencia se citaron a obispos que expresaban su horror ante la posibilidad de que la cortina de hierro algún día pudiese caer. La secularización en el mundo occidental y la supuesta decadencia de la Iglesia al otro lado supondría una amenaza para la propia. Un temor, además, justificado. Basta constatar, como allí, católicos provenientes de Polonia, que inicialmente frecuentaron fielmente las misas, dejaron muy pronto de hacerlo. Al encontrarlos más tarde, se pudo constatar en cuan corto tiempo se adaptaron al comportamiento eclesial de su entorno, dejando atrás su ser practicante.

Gracias al Papa polaco que seguía largos años gobernando, Polonia consiguió a la vista del hombre accidental una nueva posición privilegiada. Seguían allí las prácticas religiosas y, ante todo una fidelidad al Papa hasta los últimos rincones. Igualmente el rol predominante de los obispos seguía su curso.

De acuerdo a los recientes informes se aclara cada vez más, que tal “iglesia sana” era una quimera, desde la cabeza hasta los pies. Elementos ambiciosos entre el clero, en el afán de hacer carrera a golpe dentro del engranaje jerárquico, buscaron en un número asombroso la colaboración con la Stasi. El padre Isakowicz-Zaleski rastrea estas huellas y – encuentra. A despecho de las fuertes críticas por parte de obispos, lleva a la luz a colegas del clero que se involucraron a este juego traicionero. Los motivos, según él: ambiciones por hacer carrera, adicción al alcoholismo, tratos con mujeres, casos de pedifilia asociados al temor que se hagan públicos. El padre tiene programado de publicarlo en un libro.

Estos hechos cobraron un tono aún más particular, cuando recientemente el mismo obispo Stanislaw Wielgus llegó a la punta de mira. Este había programado su carrera con la ayuda del servicio secreto aceptando el estudio a base de una beca para Munich. Su cálculo cuadró: Alcanzó en calidad de “colaborador secreto” el puesto de obispo en una ciudad provincial. Pero, esto no era todo. El Papa lo nombró Arzobispo de Varsovia. El nombrado lo aceptó ansioso de llegar así al cardenalicio a pesar del creciente malestar y las críticas entre los católicos por sus lazos secretos con el servicio estatal, cada vez más publicitadas. Finalmente era el Papa que cortó el asunto por lo sano. Desde Roma se notifica: “En el momento de su nombramiento en noviembre 06, no sabíamos nada sobre su colaboración con el servicio secreto”. El obispo, tan empeñado por su carrera, tenía que declarar delante la asamblea festiva en el Domo de Varsovia: “Renuncio”. Luego de “una consideración profunda y la evaluación de mi situación personal, devuelvo mi nombramiento como arzobispo de Varsovia a los manos del Papa.” No faltaron feligreses cegados en la ceremonia que levantaron voces de protesta contra esta declaración con lo que quisieron animar al recién nombrado para que asuma de todos modos el cargo. Hasta el Primado y Cardenal emérito de Varsovia, Glemp no parecía entender y defendía a Wielgus. El sector crítico de la Iglesia polaca en cambio agradeció al Papa romano, que, sin dudas, había al fin de cuentas solicitado esta renuncia de Wielgus.

A la Iglesia polaca le esperarán ciertamente otras revelaciones más sobre implicaciones con el servicio secreto. No es que nos cause gracia. Sería deseable si dentro de la Iglesia, también de la polaca, se sepa que existen clérigos que hacen carrera con motivaciones reprochables, sirviéndose a si mismos en vez de servir como lo sugiere la Biblia: servir a los hombres a los que Cristo ha encomendado a la Iglesia su mensaje libertador y animador.

El obispo de Limburg, emerito debido a la edad límite, conversó con la revista “Publik-Forum” sobre el asunto (No.2/07)

PF: En vista de estos hechos entiendo ahora sus expresiones en que se refería a esta creciente tendencia en la Iglesia papal de ponerse en escena pomposa y como los medios le hacen eco ilustrándolo al gusto de la gente. Dijo usted que no lo encuentra en todo correcto.

CK: No es mi mundo, verdad. Tampoco juzgo al respecto. Lo hagan otros, Solo me pregunto siempre: ¿Cómo se presentaría Jesús hoy? Y no puedo imaginarme que intentaría de cambiar a la gente e invitarla para que le sigua, exhibiéndose a lo grande. Pienso más bien, que apostaría por grupos pequeños y abarcables que admita comunicarse, ayudarse y apoyarse mutuamente de persona a persona.

Es obvio que acá habla otro espíritu, diferente al de los carreristas en la Iglesia que no se exhiben y se atribuyen dominio, solamente en Polonia.
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P.S.

Al leer y traducir este artículo, no pude evitar que se me asocie algo semejante sucedido en el Perú. Pensé en el abucheo que se concebía en la Plaza Mayor de Lima donde un flamante cardenal quise ostentar a todo el mundo su promoción con una misa solemne. Su colaboración con el Fuji-Montesinismo era hartamente conocido. La carrera vertical y acelerada del tardíamente llegado al Seminario, era, para decir poco, sospechosa. Hablaba de “mi catedral” y a Bambarén echaba en cara que él “era obispo auxiliar de Ayacucho, arzobispo de Ayacucho, arzobispo de Lima y, ahora, cardenal de la Iglesia católica”. Con su pesado ornamento y sobredimensionada mitra subrayan la alteza del Primado de la Iglesia peruana. En “El Camino” del fundador del Opus Dei espera de sus súbditos, los sacerdotes, le presten obediencia “a modo de una herramienta en manos del artista”, si no quieren ser aplazados de sus puestos.

Personalmente tendría que dudar seriamente sobre la autenticidad del NT, si hubiese una contradicción en él en lo que concierne a la fraternidad sin paternalismo, sin pretensiones tutelares y de infalibilidad por par de entes, supuestamente superiores. A base del espíritu del Evangelio, nadie entre los humanos puede atribuirse la autoridad de dictarle al Espíritu de Dios cuántas y qué talentos, carismas me ha confiado, o bajo que condiciones y de que forma tendría que hacerlos efectivos en servicio de los demás. Son estos responsabilidades personales de cada discípulo de Jesús y solo a Dios tendrá que rendir cuentas sobre su empleo en bien de todos. Los frutos lo dirán.

Esa es la libertad propia a los hijos de Dios: dejarse llevar por su Espíritu, sin someterse al afán de dominio y al hambre de poder y tenencia de nadie. El evangelio del domingo sobre las tentaciones de Jesús no advierte cuáles son las tentaciones capitales que desvían de Reino de Dios: El culto exagerado del cuerpo descuidando el espíritu, el culto de personas y la sumisión ciega a caudillos.

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