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Tiempos para los grandes sueños. Reflexión sobre Isaías en tiempos de adviento. -- Yamil Rìos Acuaña

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Sicsal

El mes de Diciembre está cargado de fiestas, devociones, tradiciones. Los aires de festivos y las costumbres navideñas son tan variadas como los colores del arco iris. Tanto en oriente como en occidente es celebrado Diciembre.

Pero entristece mi corazón el ver al mundo, cristianos y no cristianos englobados en la comercialización de éstas fiestas. En este tiempo muchos se desbordan por compras y regalos para los suyos; encadenados por el frenesí de las festividades, comienzan con sus compras desde mediados de Noviembre. Con esto no quiero decir que no podemos salir a comprar algo para los nuestros. Lo que me entristece es ver a muchos preocupados y embriagados por las apariencias externas consumistas en que la “navidad” les envuelve. Realmente es un “viernes negro”.

En este tiempo de adviento he recorrido con mucho cuidado las lecturas de los domingos que se nos propone en el calendario litúrgico del ciclo A para prepararnos para la Natividad de Jesús, pero de manera especial me han llamado la atención y han hecho mucho eco en mí las lecturas del profeta Isaías. Quiero compartir con ustedes algunas de las reflexiones que hemos compartido en gran medida en mi Comunidad de Base.

Isaías 2, 1-5.

En esta lectura, Isaías manifiesta una visión de lo que ve como la esperanza mesiánica. Hace una revelación con un tono positivo, esperanzador y optimista. Dios reunirá a los pueblos en su monte santo para la reconciliación universal. Encontramos una escatología de rasgos universales donde los clamores de justicia son escuchados; esa justicia será administrada por medio del desarme de los pueblos. La paz universal será forjada dejando a un lado los esfuerzos bélicos y comenzarán todas las energías humanas a enfocarse en la producción de alimentos para todos y todas.

Este nuevo proceso histórico salvífico es para Isaías el plan de Dios para su pueblo. Es la ilusión de un nuevo orden global donde las espadas son convertidas en arados y las lanzas son cambiadas por hoces para la cosecha. ¡Qué imágenes las de Isaías!

Llegará la luz para disipar las sombras. Llegará la paz a las personas. Llegará la tranquilidad a nuestra madre tierra. Llegará el amor a poblar las soledades. Llegarán ilusiones de un mundo más justo y solidario, donde todas y todos trabajemos por el bien común.

Nosotros podemos preguntarnos: ¿Qué nos ilusiona? Y podemos aventurarnos en imágenes como la del profeta, donde las balas sean pan, donde las murallas de fronteras se conviertan en abrazos para los migrantes, donde los golpes y maltratos a mujeres se conviertan en relaciones justas entre todas y todos, donde la xenofobia por cuestiones religiosas, preferencias sexuales y de razas sean cambiadas por el sentimiento del Buen Vivir. En definitiva; “donde no se adiestrarán para las guerras”.

La paz y la justicia quedan así consagradas para la venida del Salvador.

Isaías 11, 1-10.

En este texto, Isaías anuncia al Mesías. El profeta nos sigue describiendo de manera majestuosa los tiempos futuros ideales y su vinculación con el enuncio mesiánico.

El Mesías tendrá el espíritu de Yahveh. La rúaj es el soplo que actúa a través de la historia. Ese soplo que es identificado con Dios en cuanto se compromete con el pueblo y da fuerzas al que no la tiene para cambiar el mundo injusto en que se vive; Abraham, Moisés, David, etc. Todos ellos han participado del mismo soplo divino y se convierten en instrumentos de Dios al servicio del pueblo.

Los dones descritos en esta lectura son cualidades del ser humano que son puestos para el bien común y no para la perfección ególatra de las personas.

El espíritu que reposa sobre el Mesías será para impartir justicia a los débiles y defender los derechos de los pobres. Anotamos que la justicia es para los pobres y que derribará al opresor. Aquí encontramos una clara opción del reino por los pobres y débiles. Este reino anunciado por el Mesías no se dejará llevar por las apariencias ni por lo que se dice. Será un reino de Justicia.

Isaías nos muestra de forma muy gráfica cómo será ese reino de justicia que nos vincula a todos en la creación, donde el lobo y el cordero estarán juntos sentados. Donde el niño chiquito cuidará del León y al ternero. Donde los fuertes y débiles convivirán juntos y donde habrá una armonía de la creación entera. Este anhelo de felicidad refleja una exigencia y necesidad humana frente a una sociedad de consumo manejada por “una mano invisible” depredadora de la naturaleza y de la sociedad..

La justicia ejercida por el Mesías será firme. Nadie violentará a nadie. Los pueblos estarán en armonía con la madre tierra y el buen vivir será realidad.

¿Cuál va a ser el monte santo de Dios sino que su creación misma? Es aquí, en este mundo donde tenemos que poner en práctica ese llamado de reconciliación universal. Es justo ese momento, cuando el reino de Dios estará cerca.

Isaías 35, 1-6. 10.

En este nuevo texto que se nos presentó en el tercer domingo de adviento se nos manifiesta la alegría y esperanza que da el anuncio de la liberación. Donde los ciegos ven y florece el desierto. Dios será quien vendrá a salvar a los pueblos. El mensaje es la alegría salvadora del redentor.

Esta lectura nos levanta el ánimo para que sigamos nuestra misión. Se trata de animarnos. Isaías anuncia una señal. La esperanza en el reino, sociedad hecha reino. EI profeta realiza su don de consolación; animar la fe y el entusiasmo de los que, por las circunstancias adversas, han caído.

Nosotros y nosotras estamos llamados a anunciar la esperanza del reino. Nos llega el tiempo de la espera y la esperanza. El tiempo de preparar caminos. La esperanza consiste en esa confianza en que Dios sigue viniendo; que enciende esa luz que rompe tinieblas, noches, sombras y que ilumina los rincones más oscuros. Y esa espera da deseo de luchar, de soñar, de vivir.

Para acceder al núcleo de la esperanza, es preciso sintonizar con un estilo de vida según los criterios de Dios. O dicho de otro modo: todo deseo de esperanza lleva consigo un deseo de conversión.

En nuestro mundo lleno de injusticias es necesario ser luz, para anunciar los deseos de Dios: Los que tienen hambre están comiendo, los que migran están llegando a sus casas, los maltratados son ahora consolados. Son bienaventuranzas hechas realidad en nuestra sociedad. Es un anhelo urgente que invita a trasformar el mundo en que vivimos en una aldea global donde todas y todos sepamos vivir en común-unión. Estas bienaventuranzas son la alternativa que proponen los pueblos ante la iniciativa global de seguir bajo el yugo opresor del capitalismo

En definitiva, esta lectura nos invita a leer los signos de los tiempos para descubrir en ellos la enseñanza salvadora que contiene el proceso histórico, de Dios y de la humanidad. Es nuestra historia, aunque llena de desiertos, la que alimenta la fe de que otro mundo, otro modo de sociedad es posible. En otras palabras: ¡estén alegres, que la hora ha llegado, la hora de Dios!

Isaías 7, 10-14.

Nuestra ultima lectura de Isaías se le llama al Mesías, “Emmanuel = Dios con nosotros”. Yahvéh dará una señal aunque nadie se la pida. Esta señal será el advenimiento de Emmanuel.

Este niño que viene no sólo da regalos ni bendiciones. Él, en su persona, Dios se hace presente en la historia del pueblo. La salvación se da en la historia, de la cual Dios es partícipe. Es una sola historia. La divina y humana a la vez. No la platónica que es del “más allá”. La salvación es un proceso histórico que culminará con la buena nueva de Dios con nosotros y nosotras.

Y podemos preguntarnos aquí ¿Qué significa “Dios con nosotros” en este contexto en que vive la humanidad? A ella le podemos dar una diversidad de respuestas. No significará mayor consumismo, individualidad, jugar al gordo de la lotería. Más bien, es hacer una sociedad mejor, una familia distinta, una comunidad que dé testimonio de que Dios sí está con nosotros y nosotras y que su reino es una realidad.

Este oráculo que Isaías anuncia está articulado en el sentido histórico de la salvación = liberación de todo aquello que impida la realización de justicia, como condición necesaria para el desarrollo del hombre nuevo y la mujer nueva del reino de Dios. Este reino es para los oprimidos, explotados y excluidos.

Podemos inferir de estas cuatro lecturas una muy buena preparación para el advenimiento de Jesús. Nos despierta a los cristianos un deseo inmenso de liberación de un mundo mejor. Encontramos en Isaías ese poder tranquilo e inquebrantable del que está poseído por el Espíritu que anuncia, sin otra alternativa y como pesándole lo que le dicta el Señor.

Isaías llega a la situación presente, histórica, y la remedia luchando. Vemos a Isaías como un enviado de su Dios al que ha visto cara a cara. Presenta a un Dios que se le conoce por sus obras que, ante todo, es la justicia. Para restablecerla, Yahvéh interviene continuamente en la marcha del mundo.

Ojalá nosotros y nosotras seamos instrumentos para que “Dios con nosotros” este en nuestras familias y en nuestra sociedad.

Yamil Ríos Acuña
CEB “San Pablo Apóstol”
Managua.
21/12/2010
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