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Testimonio de un jesuita español del SJR desde Goma

Publicado en

Madrid, 31 de octubre de 2008
El jesuita español Juanjo Aguado lleva desde el mes de agosto en Goma (República Democrática del Congo) a donde llegó para formar parte de una nueva comunidad del Servicio Jesuita a Refugiados (SJR, www.jrs.net), que iba a estar encargada de un proyecto de educación, apoyado por la ONG jesuita española Entreculturas (www.entreculturas.org).

Desde que llegó nos ha estado transmitiendo sus vivencias; las de los últimos días, tras haber tenido que dejar Goma y desplazarse a Gisenyi (Rwanda) por el rebrote del conflicto, son de preocupación por la gente que se ha quedado en la ciudad. Por su interés, os enviamos varios testimonios de este joven sacerdote, al que la gente va conociendo como el «Padiri» («cura» o «padre» en swahili). No quieren ser sólo testimonios negativos del conflicto; sino también un reflejo de lo positivo del país y de sus gentes, de los proyectos que estaban en marcha y que confían puedan concluirse.

30 de octubre de 2008: “No puedo ocultar que anoche me sentaba en un escalón del patio de la parroquia de Gisenyi (Ruanda) y lloraba por dentro viendo al fondo los destellos de cañones y escuchando las ráfagas de balas. Me sentí como nunca, deshecho y desamparado, como un «shitting» (chabola) de uno de los campos de desplazados…” ¿Consuelo? Al menos, ya sabía que habían evacuado a María (María Presentación López Vivar), la religiosa española de Rubare, en estado grave pero estable, hacia Pretoria (Sudáfrica) y que Lucien (mi asistente de proyecto, congolés) estaba bien y durmiendo en la base de la MONUC (los cascos azules de la ONU en el Congo) en Rutshuru…” (…)

“Salí ayer (29 de octubre) por la tarde de Goma, pues estábamos preparados para este indeseable presente, y ahora escribo desde el pueblo de al lado… Nunca he sentido tanto el tremendo poder de las fronteras. ¿Sabéis? Le llaman la «Grande barrière», al puesto fronterizo que une (o separa) Goma (R.D. Congo) y Gisenyi (Rwanda). Cuando la crucé por primera vez el 7 de agosto, me pareció ridículo, pues se trata de un paso protegido por dos vallas que no serían homologables ni en un estadio de 3ª División regional.

Y sin embargo, al atravesarla, uno entra o sale de una realidad a otra. De la paz a la guerra, de la seguridad al caos, del porvenir de una «mini-potencia» africana a una reproducción del colonialismo, del pasado… o viceversa. Pues bien, ayer esa barrera me parece que refleja bien la que separa nuestro propio interés e indiferencia del sufrimiento y abandono de las víctimas de un mundo que no «funciona» bien, no sólo en lo financiero, sino en lo más básico: en lo fraterno”.

“Mientras, estuve (y estoy) siguiendo por teléfono móvil, al otro lado de la «inmensa» barrera, las noticias que me llegan de Rutshuru (70 km. al norte de Goma). Hablo con unos y otros. Por este fantástico invento, pudimos ayudar a evacuar a la Hmna María, contactar con el Hospital, con el puesto-base del MONUC allí, con los helicópteros que fueron a evacuarla… Al mismo tiempo de otros móviles salieron órdenes precisas y eficaces para enviar auxilio urgente desde la embajada de España, el Nuncio en Kinshasa, etc… Y entre medias, llamadas a la gente sencilla que conozco y que me contaban las dificultades en su huida hacia el norte…

Ahora, parece que allá ya se decantaron las cosas, al menos para los próximos días. Las tropas del CNDP ocupan y controlan la ciudad. Los campos de desplazados donde estaba trabajando con las escuelas, se han vaciado y la gente ha huido hacia la sabana-selva (…) Creo que no va a ser fácil hacer llegar una pronta ayuda humanitaria. Lo intentaremos. Hay mucha gente buena y organismos comprometidos que lo van (vamos) a intentar… “

Dos días antes, el 28 de octubre, este jesuita describía la situación como “una nueva tragedia humanitaria”, pues, contaba, que al menos 100.000 personas habían dejado sus casas “desde la mañana del domingo hasta el mediodía de hoy”.

Pero desde semanas atrás se empezaban a vislumbrar los problemas:

6 de octubre de 2008: 6 de octubre: “El martes fue especial, pues el gobernador de la región decretó un día de oración por la paz. De 8 a 12h no hubo actividad y cada ciudadano/a estaba invitado a ir a su iglesia (o mezquita o templo) para rezar por la paz. En Rutshuru, en la parroquia, nos juntamos más de 4.000 personas. La misa duró 2 horas, pero no se hacen largas cuando todo el mundo está metido, activo y cada parte tiene un canto largo y con palmas o baile (…) Lo que no se produjo todavía es el milagro de la paz.

El miércoles hubo un ataque del grupo rebelde CNDP a un campo militar de las Fuerzas armadas de la RD. Congo (FARDC) en Rumangabo (entre Goma y Rutshuru). El día fue un poco tenso, pues la gente temía que fuera el comienzo de nuevo de la guerra abierta… Afortunadamente, no fue más que una «erupción» más de esta guerra en stand-by que sacude esta región del Este del Congo, y el viernes la tranquilidad volvía a reinar en las actividades cotidianas… Pero en medio de esta situación muchas personas que vivían en la zona han pasado a ser nuevos desplazados (son casi un millón en esta zona de Nord Kivu, y unos 80.000 en el territorio de Rutshuru). Nosotros también tuvimos que «desplazarnos» y el jueves volvimos a Goma, en espera de ver cómo evolucionaban las cosas. Mungu akubariki (que el Señor os bendiga)”.

4 de septiembre: “Otro problema en la zona está siendo el rebrote de los combates entre el CNDP (uno de los grupos rebeldes, apoyado por el gobierno ruandés, y de carácter tutsi) y las fuerzas armadas congoleñas. Entre medias, está la MONUC, los cascos azules de la ONU en el Congo, (algunos son «turbantes azules», pues son tropas de la India y de Pakistán…), que intenta garantizar el «status quo», pero que no tiene autoridad para desarmar a los que traspasen sus zonas de protección… Así que de vez en cuando se hacen «visitas» unos a otros y entonces toda la población comienza de nuevo a replegarse en los grandes pueblos, dejando los campos sin cultivar y vuelta a pasar hambre y a dormir al raso o en el campo de desplazados…”

El SJR en República Democrática del Congo
Desde hace apenas 3 meses se ha abierta una oficina y comunidad del SJR en Goma (el SJR cuenta con proyectos en otras zonas del país). Forman parte de ella, ahora mismo, 5 personas: 3 de ellas españolas (uno es este jesuita), más un jesuita irlandés y un asistente congoleño. El proyecto de educación del SJR, con el apoyo de la ONG Entreculturas del que se está encargando este equipo se establece en la zona rural de Rutshuru, a 75 Km. de Goma. Pretende dos cosas: 1) Aumentar la capacidad de acogida de niños y niñas desplazados en las escuelas de los alrededores; 2) Aumentar la calidad de enseñanza en esas escuelas que hacen el esfuerzo de acogida.

En total, se espera beneficiar a unos 8.000-10.000 menores. Esto supone en primer lugar, la formación de los docentes (y, sobre todo, la motivación, pues trabajan sin apenas ganar nada y pasan más tiempo cultivando su campito o vendiendo algo en el mercado que corrigiendo ejercicios). En segundo lugar, la rehabilitación y/o construcción de nuevas salas de clase. Y por último, la aportación de libros y material pedagógico para alumnado y profesorado. Tener un libro propio es un lujo.

Para Juanjo Aguado SJ: “En esta situación de conflicto, la escuela es aún más imprescindible que nunca. Porque no sólo sirve para aprender a leer y escribir, socializarse en un grupo humano, integrarse en la sociedad, etc. Es el lugar en el que se pueden ‘curar’ las heridas de la guerra. En la escuela es donde se puede sembrar algo de dignidad y esperanza (que no se encuentra en la pobreza del campo de desplazados). La escuela es no sólo ‘espejo’ de la sociedad y sus gentes, sino también el lugar donde se ‘cuece y crece’ la sociedad”.

La Educación en la RDC
En la República Democrático del Congo, la escolarización de los niños entre 6-12 años (primaria) es de aproximadamente el 50%. En el Kivu, y en concreto en Rutshuru, no llega al 45%. La verdad es que los niños quieren ir al colegio y se ha hecho mucho en la concienciación de los padres de la necesidad de escolarizar a los niños, pero el problema es que no tienen dinero para pagarlo. En teoría la escuela tendría que ser gratuita según la ley, pero el gobierno no puede pagar el profesorado. El Estado sólo paga un 40% de los profesores y profesoras (unos 60$/mes, es decir 40 euros). El resto, para comer tiene que apañarse con el dinero que la escuela pide a los padres (entre 1$ y 3$ al mes por niño, según los casos). Y luego están los que, aunque quisieran llevar a sus hijos al colegio, no tienen una escuela cerca… Y entre las familias desplazadas, las que han tenido que dejar su casa y su campito por causa de la guerra, la dificultad para pagar es aún mayor y sólo un 25% de los niños de los campos de desplazados de Rutshuru estuvieron escolarizados el curso pasado.

El SJR es una organización católica internacional (www.jrs.net), perteneciente a la Compañía de Jesús. Fue creada por el jesuita Padre Arrupe en 1980 cuando era el Superior General de la Compañía de Jesús. Su misión es: acompañar, servir y defender la causa de los refugiados y desplazados, mientras haga falta. El mundo cuenta con casi 40 millones de desplazados forzosos, de los cuales, cerca de 15 viven en África. El SJR trabaja en más de 50 países de los cinco continentes, desempeñando su labor a nivel regional y nacional con el apoyo de una oficina internacional situada en Roma.

Da prioridad a aquellos desplazados cuya situación es más urgente y no es atendida por otros, ofrece un servicio humano y pastoral a los refugiados y a las comunidades que los acogen a través de una amplia gama de actividades de ayuda humanitaria y rehabilitación que incluyen programas de atención pastoral, educación de niños y adultos, servicios sociales y de asesoría y cuidados médicos.

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