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Sin comuneros no hay comunidad, sin comunidad Chile no será posible… -- Gabriel Sánchez (Montevideo-Uruguay)

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La comunidad perdida
Chile tiene hoy una oportunidad histórica de enmendar el rumbo, reconociendo dos fracturas que han quedado en evidencia tras el terremoto. La primera es la fractura económico-social que provoca una desigualdad de la cual los mapuche y los pueblos originarios somos una muestra palpable si de índices de desarrollo económico se trata. La segunda fractura tiene relación con la propia identidad del país.
escrito por Wladimir Painemal

Arremete el mar, se abre la tierra, cunde la desesperación; se acerca la muerte a pasos ahogantes, el individuo corre tropezando buscando aire, vaciando sus pulmones a gritos. Nunca ha sentido esa sensación de soledad tan brutal, no sabe cómo pedir ayuda en medio de tanto desastre que lo rodea; no aprendió a saludar a su vecino, no sintió la enfermedad ajena, día a día alimentó solitariamente su ego de ganador. Sin embargo, ahora siente que necesita ayuda urgentemente, su mundo se derrumba y no sabe si pedirla a Dios o a esos desconocidos que corren esta madrugada junto a él en una maratón del “sálvese quien pueda”.

El emprendedor solitario no tiene un centavo en los bolsillos, todo quedó en su tarjeta de crédito, la misma que no puede cambiar por un pedazo de pan ni menos transformarla en una tabla salvadora. Su cuerpo palpitante de solidaridad va comprendiendo lentamente que jamás aprendió a compartir, nunca entendió eso que algunos llaman comunidad, siempre relacionó la palabra comunero con unos indios del sur, atrasados y prehistóricos, y no con el concepto de solidaridad. Mientras se ahoga en el amanecer piensa en las zapatillas de 100 lucas que no le sirvieron para correr a ningún lado y en el celular de 400 que no le sirvió para llamar a nadie.

Viendo las imágenes de televisión no podemos quedar indiferentes al sinnúmero de testimonios angustiantes. El dolor más grande pareciera no estar en lo material, sino en el abandono, en la falta de solidaridad, en la impotencia ante el pillaje del propio vecino. Sin embargo cabe preguntarse: ¿de qué nos extrañamos si durante 20 años los valores individuales han sido fomentados en Chile como una verdad casi incuestionable?

Ante la tragedia se asoma la añoranza de un país más solidario, se nota un dejo de nostalgia de los tiempos antiguos, tiempos de vecindad, de barrio, de comunidad, aquellos espacios que le brindaban soporte moral a la conducta de todos y cada uno; ¡si hasta los ladrones tenían entonces su moral! solo le robaban a los ricos, jamás a los suyos. Moral de ladrón, pero moral al fin y al cabo. ¿Existió esta comunidad alguna vez en Chile? Y si la hubo, ¿cuándo se perdió?

En un país impactado por la reacción de la gente frente a la catástrofe, donde el pillaje y la autodefensa de la “propiedad privada” marcaron la tónica, pareciera cobrar sentido la palabra “comunero/a”, aquel representante de lo que se conoce hoy como la comunidad mapuche rural. “Comunero”, el mismo que despierta los miedos más profundos de las empresas forestales del sur, aquel “sujeto-problema” de las instituciones públicas y objeto de persecución y estigma por parte de las instituciones policiales. Denostado por su naturaleza colectiva, el “comunero/a” es el objeto de la política pública que busca transformar a toda costa a los mapuche en “emprendedores individuales”. Política pública influenciada por un modelo económico neoliberal que prioriza la individualidad por sobre lo colectivo, al consumidor por sobre el ciudadano, la competencia por sobre la reciprocidad.

Chile tiene hoy una oportunidad histórica de enmendar el rumbo, reconociendo dos fracturas que han quedado en evidencia tras el terremoto. La primera es la fractura económico-social que provoca una desigualdad de la cual los mapuche y los pueblos originarios somos una muestra palpable si de índices de desarrollo económico se trata. La segunda fractura tiene relación con la propia identidad del país. Chile emerge en el siglo XIX como Estado.

La construcción de la “nación chilena” sería -y es hasta hoy- una tarea pendiente, inconclusa, con poco futuro si se sigue pensando a semejanza de Inglaterra y dando la espalda a su profunda identidad originaria. No se trata que los chilenos se transformen en mapuche o aymara. O que estos últimos se hagan finalmente chilenos. Más bien que unos y otros aprendamos a reconocernos y valorarnos en nuestra diferencia. Así se construye comunidad.

La actitud de la gente para interpretar el fenómeno también nos debe llamar la atención. Que Dios nos envíe estas calamidades tiene mucho sentido para el mundo religioso cristiano, pero en esta oportunidad se responsabilizó también a la naturaleza. Puede haber varias interpretaciones al respecto, solo me quiero referir a dos. Una de ellas es la que se define en términos de su individualidad social frente al mundo, pero también en su nula relación con los fenómenos de la naturaleza, como si las acciones del ser humano sobre ella no existieran, no importaran. La segunda interpretación es aquella que daba la líder pewenche Berta Quintreman, tan solo días antes del terremoto en un programa de televisión: el grave daño provocado por las represas en la zona del Alto Bio Bio tendría sus consecuencias. Lo advirtió la ñaña frente a la incredulidad -y las sonrisas- de todos.

Dos maneras de interpretar un mismo hecho. ¿Podrán reconciliarse ambas miradas?, ¿será capaz el mundo cristiano de comprender el valor del conocimiento cultural mapuche sobre la relación de los hombres con la naturaleza? Vale entonces preguntarse por la reconstrucción material, pero también por la reconstrucción social, cultural y política del país, mucho más profunda que cualquier reposición de infraestructura derrumbada. ¿Cómo se generan nuevas legitimidades, nuevos rumbos, en un país que no tiene clara su identidad, que no está reconciliado con su pasado y que reniega de su composición indígena?

El dolor del alma de Chile no se resolverá con Teletones ni con batallones de militares patrullando calles donde reina el descontrol. Se requiere una revisión crítica acerca de lo que es Chile, de su pasado, presente y futuro. Solo así, mapuches y chilenos, podremos enfrentar y compartir algún día nuestros dolores como pueblos hermanos.

* Su autor es antropólogo. Subdirector de Azkintuwe.

LINK: http://www.azkintuwe.org/marz098.htm

http://www.mapuche.info/?kat=1&sida=469———————————————–

SIN COMUNEROS NO HAY COMUNIDAD, SIN COMUNIDAD CHILE NO SERA POSIBLE…

Ante la tragedia se asoma la añoranza de un país más solidario, se nota un dejo de nostalgia de los tiempos antiguos, tiempos de vecindad, de barrio, de comunidad, aquellos espacios que le brindaban soporte moral a la conducta de todos Wladimir Painemal

Hemos pegado la reflexión que antecede porque nos parece una profundísima reflexión, no ya sobre la situación del pueblo Chileno, sino sobre la postura con que los seres humanos abordamos el tiempo por venir y nuestras vinculaciones, que tiene que ver que con la forma en que nos sentimos parte de la comunidad humana y de la creación toda y que define nuestra forma de ser…más que de hacer y en lugar de las definiciones absoluta del hombre que esta mucho antes de las concepciones filosóficas e ideológicas , más bien es un modo de SER, que predeterminan nuestras posturas filosóficas e ideológicas. Este integrarse con el universo nos tramite una intuición fundamental y hace a lo esencial de nuestra humanidad.-

Dice el compañero Wladimir Painemal y por su voz, habla la sabiduría ancestral de los hombres de la Tierra, “nunca entendió eso que algunos llaman comunidad, siempre relacionó la palabra comunero con unos indios del sur, atrasados y prehistóricos, y no con el concepto de solidaridad.”…La comunidad, comienza con la comunidad de nuestro cuerpo, con el agua y con la tierra, porque somos esencialmente eso, y si renegamos de aquello que nos constituye, renegaremos de nuestra humanidad…Esa comunidad esencial nos configura, en la vinculación comunitaria entre los hombres y con la creación toda… (desde las estrellas, hasta el pasto y los pequeños insectos)…

Tal vez si tomáramos la terrible tragedia humana que vivió Chile con el encrespamiento de la Tierra, desde esa descripción tan viva que nos hace el hermano Painemal, de gente corriendo desesperada, aferrada a sus celulares y sus zapatillas caras, como un dibujo patético de nuestra civilización occidental, aferrada a cosas que de nada sirven, la tarjeta de Visa-dorada (tarjeta de crédito), las monedas, la propiedad privada, la acumulación, podríamos esa descripción como un espejo mostrarnos nuestra realidad, realidad que podemos que debemos modificar …

Porque las cosas a la que nos aferramos, las cosas que nos dice que son las que valen en esta sociedad occidental de nada sirven para mantenernos a salvo y vivos en tiempos de sacudidas, sólo LA COMUNIÓN…LA COMUNIDAD…, NOS PERMITIRA CAMBIAR ESTE PRESENTE EN EL QUE SE DESPRECIA LO MEJOR DEL SER HUMANO Y SE ENTRONIZA LO PEOR…

Tal vez por eso los comuneros mapuches, tienen en si la potencialidad de un mensaje curativo para la humanidad toda, ese mensaje nos enseña que la propiedad debe ser “COMUNAL”…del compartir como forma de vida…en la antigua mística del Plato común o Misa, la relación de iguales que comen de un solo plato, unidos en lazos fuertes…porque son COMUNIDAD…esta vivencia es el único camino posible para que hoy comience a dar vuelta la noche (Wiñol Trekatuy Pun) y desde lo más oscuro…comiencen a nacer un tiempo nuevo (Wetripantu), un tiempo capaz de renovar la vida desde la Raíz…Pero eso no se hará, si el hombre se encierra en la cultura de la muerte ( Wekufu ) e intento ahogar y matar las fuerzas de la vida…( Ngenechen ).-

Por eso la sabiduría ancestral del Mapuche nos enseño un camino antiguo y escondido, en donde volver a desatar las fuerzas de la vida…esta casi perdida sabiduría ancestral será nuestra guía (Machi) rumbo a nuestra liberación…sabiduría que nos enseña a compartir las cargas y el alimento, los trabajos y sus frutos y a no adorar al ídolo de la propiedad privada, que desata las fuerzas de la muerte(Wekufu), sino aprender a ser comunidad, en la propiedad común…dejando fluir las fuerzas de la vida (Ngenechen)…las antiguas comunidades cristianas le llamaban koinonia-comunión, porque hermanados en el tiempo, los primeros cristianos también fueron como los dignos mapuches, comuneros perseguidos…

(Información recibida de la Red Mundial de Comunidades Eclesiales de Base)

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