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Siete Aguas, en guerra contra su párroco

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Religión Digital

(RD/Europa Press).-La práctica totalidad del pueblo valenciano de Siete Aguas está que trina con su párroco. Le acusan de «prepotente» y «soberbio» y de no escuchar a nadie, y la gente, poco a poco, ha ido abandonando la iglesia. Dicen que ha llegado a tirar a gente del templo, que ha «deshecho» las cofradías, que ha celebrado un bautizo y un entierro conjuntamente, o que ha abandonado una procesión para hablar por el móvil.

«En el pueblo no lo queremos, y si se fuera mañana, mejor que pasado», comentó Teresa Gómez, una vecina de la localidad. Los vecinos han recogido firmas y han mostrado sus quejas al Arzobispado, que según dicen les «apoya», pero continúan con el mismo cura.

Los vecinos no entienden el porqué de la actitud de este párroco, un joven de unos 35 años de edad. «Para mí que no está bien, que debería ir a un médico» pues las cosas que hace «son de chiquillo». «Se ríe en tu cara, no puedes hablar con él», indicó Vicente Zahonero, quien ha renunciado a su cargo de tesorero en la Cofradía del Cristo por culpa del sacerdote.

En Siete Aguas tienen una larga lista de actos del cura con los que están descontentos y afirman que los «problemas» vienen de lejos. Desde que está al frente de la parroquia, la cofradía «del Corazón de Jesús se ha deshecho, la Virgen de Agosto no funciona, la Sociedad Musical no funciona y en la Cofradía del Cristo no hemos podido funcionar».

«De cinco asociaciones que hay, ninguna funciona. Se puede ver quién es el bueno y quién el malo», comentó al respecto el presidente de la Cofradía del Cristo, José María Zanón.

Afirman que el cura «ha llegado a tirar a gente» del templo y de negarse a introducir sillas de plástico en la Iglesia para que se siente la gente. En este sentido, Zanón explicó que en la fiesta grande y con el templo lleno a rebosar, una mujer decidió meter sillas de plástico para que se sentara la gente mayor, y el cura con «gran soberbia» mandó las sillas «a la calle». Sin embargo, en otra festividad organizada «por sus amigos», el párroco sí dejó entrar sillas, según comentó Zahonero.

Echar a un bebé que llora

Hay gente que tiene sin bautizar a los niños, o bien porque no quieren que lo haga este cura o porque el sacerdote se ha negado a hacerlo porque los padres no estaban casados. En una ocasión, celebró conjuntamente un bautizo y un entierro, y en otra, hizo sacar a la calle a un bebé al que iba a bautizar porque lloraba. «Dijo que hasta que no parara de llorar que no entrara porque no lo bautizaba», comentó Francisco Gómez, otro vecino.

Otra de los actos del cura que no agradó al pueblo fue que «abandonara» una procesión para hablar con su teléfono móvil y los asistentes tuvieran que esperarle un buen rato. «Creo que es una falta de respeto para los fieles», indicó Zahonero.

Las relaciones del cura con la Cofradía del Cristo, según sus miembros, «es nula». De hecho, indican que el día grande de las fiestas, el 6 de agosto, «se puso a poner orden en la procesión y nombró a todos menos a la cofradía». Además, reservó bancos para la corporación y la pastoral, pero no para la cofradía en su día grande, aseguró.

Desde el Ayuntamiento también tienen problemas con el párroco. Así, el concejal de Fiestas, Vicente Valero, comentó que el Consistorio le envía cartas y él afirma que no tiene que ir al Ayuntamiento «para nada». Además, desde el Consistorio tienen que soportar las quejas del pueblo. «Se nos tira la gente encima para que tiremos al cura del pueblo», señaló.

También critican que el cura se deshiciera de una pila bautismal con dos siglos en la restauración de la Iglesia, «que negó»; que se negara a abrir la puerta principal del templo en una de las celebraciones, o que haya negado un bajo, «que es del pueblo», a la Cofradía del Cristo.

‘Repugnancia’

La actitud del cura está haciendo que la gente deje la Iglesia. Así, el edil comentó que en verano puede haber 30 ó 40 personas en misa, pero que en invierno «tiene a dos o tres todas las tardes». En este sentido, Teresa Gómez comentó que es creyente, pero que ir con este hombre le da «repugnancia».

Los vecinos critican la «prepotencia» del cura y su falta de diálogo. «Tiene que ser lo que él diga», comentó una vecina; es «ordeno y mando», indicó otra. «Tiene un genio un poco fuerte, soberbio y se hace lo que él dice, o no se hace», comentó Zanón.

El párroco, que declinó hacer declaraciones, no se inmuta cuando la gente le muestra su descontento, según afirman los vecinos. «Él reacciona en un plan personal, grotesco. Es un prepotente, no se achica; se cree que tiene la razón y que él manda. Manda en la Iglesia y quiere mandar en todos los sitios», indicó uno de los vecinos.

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