«¡Si crees en tí, has ganado!»Pedro Pierre

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Enviado a la página web de Redes Cristianas

Hoy es difícil ubicarnos en este nuestro mundo tan desordeno, violento y sin
sentido. ¿Dónde está el camino, dónde está la salvación? Las informaciones y las mentiras nos inundan y terminan dispersándonos, confundiéndonos,
ahogándonos. Pasamos a ser las presas de quienes nos informan, porque la mayoría de los comunicadores tienen en su mente, consciente o inconscientemente, las orientaciones de un sistema que beneficia
sólo a unos pocos.

Este sistema se llama capitalismo neoliberal.
¿Cómo salir de esta maldición? El sabio nos contesta: “El camino está primero
en ti mismo” y va dibujando una espiral: “La espiral es uno de los símbolos más antiguo y duradero. Representa el viaje que debemos emprender para conocernos, amar de verdad y ser felices”. Sigamos esta sabiduría ancestral.

Tenemos que centrarnos primero en nosotros, no porque somos el centro del mundo, sino que somos el punto de partida para deslumbrar el camino, emprender la marcha y progresar.
Conoceremos a los demás y el mundo si nos conocemos bien a nosotros mismos: Esa es la base para construirnos, organizar nuestra vida y ordenar nuestras relaciones con los demás, la naturaleza y la divinidad que todo lo habita.

Los científicos nos dicen que somos “polvo de estrellas” porque, nos explican, todo el universo es una sola unidad de vida, de amor y de destino. No vamos hacia la destrucción, sino hacia la máxima expresión de este universo en marcha hacia un futuro mejor a pesar o en medio
de las catástofes y la maldad.

Los historiadores nos dicen que la vida, el amor y la belleza siempre han resurgido de las multiples destrucciones de nuestro planeta tierra: Nuestro destino es progresar y crecer. Los shamanes nos dicen que “somos una parcela de la divinidad”. La Biblia nos lo confirma: “Y creó Dios al ser humano; a imagen de él lo creó; varón y mujer lo creó”. Todos tenemos capacidades divinas, es decir, más grandes que nuestra materialidad, más allá de
nuestras limitaciones, más fuertes que nuestra maldad.

Entonces confiemos en nostros mismos, tengamos fe en nosotros mismos y continuemos el viaje.
La segunda etapa es que, si creemos en nosotros mismos, vamos a creer en los demás porque son un espejo nuestro y nuestros iguales. La sabiduría de los afros nos da la clave de cómo relacionarnos con los demás, según el principio del ‘ubuntu: “Soy yo si eres tú y si somos nosotros”.

Nos confirman el camino: Primero mirarnos a nosotros mismos, luego mirar a los demás individual y colectivamente. Si somos una sola unidad, no podemos caminar ni crecer ‘sin’ ellos, peor ‘contra’ ellos, sino ‘con’ ellos. La solución está en conformar comunidades de vida, de fe y de actividad, ‘juntos pero no revueltos’. La dimensión colectiva es indispensable; es difícil,
pero no imposible. Consiste en una construcción de relaciones favorables a uno y a los demás, relaciones diferenciadas y amorosas.

¡Sin la comunidad, “no hay paraíso”!: Eso es el gran desafío. La familia es la primera comunidad y la educación, en particular la educación escolar,
deben enseñarnos a vivir en comunidad, creando comunidades cada vez más amplias.

Muchas veces no logramos la dimensión comunitaria de la familia, de la vecindad ni de la ‘famosa’ comunidad nacional porque usamos mal dos herramientas a nuestra disposición: el poder y el dinero. A este propósito recordaré lo que me dijo mi padre cuando se me ordenó de
sacerdote: “Pedrito, ¡cuídate del poder y del dinero porque nos corrompen!”

No es que el poder y el dinero sean malos en sí, sino es cómo los utilizamos: ¿Para compartirlos o acumularlos ¿para dominar o para servir? ¿para nosotros individual y egoístamente o para los demás y la comunidad? Jesús de Nazaret decía: “¡Con ese maldito dinero, háganse amigos!” ‘Hacernos amigos será la segunda clave de nuestro viaje.

Tercera etapa: Profundicemos en la dimensión espiritual. Comencemos diciendo que la vida espiritual es un proceso… como son procesos también las religiones. Actualmente las religiones tienen dificultades para evolucionar y cambiar. Su reacción es conservar lo que han acumulado a lo largo de los siglos sin modificarlo… por eso se van muriendo. Recordemos el
canto: “En cosas que se mueren puse el corazón. ¡En cosas que se mueren me voy muriendo yo!”

Renovaremos o superaremos las religiones volviendo a sus raíces: las espiritualidades. Es la gran búsqueda de estos tiempos. Regresar al corazón de las religiones para redireccionar nuestro camino espiritual. De esta manera iremos encontrando a un Dios vivo en nosotros mismos, un
Dios cercano en la naturaleza, un Dios compañero en los demás, un Dios trascendente en el cosmos… pero siempre un “Dios-con-nosotros”, tal como es el sentido del segundo nombre de Jesús, ‘Enmanuel’.

Ahora tal vez nos preguntamos dónde encontrar fortalezas para no desanimarnos ni detenernos en este viaje. Les diré mi opinión personal, nacida de mi origen campesina pobre, fortalecida en el encuentro de Jesús de Nazaret, madurada en una opción de vida de 50 años. Mi ‘secreto’ es: “La fuerza de los pobres”. Con el paso de los años, descubrí la sabiduría de mis
padres y del medio campesino donde crecí. Luego me llamó la atención ‘la opción de Jesús por la pobreza y por los pobres y sus causas’. Finalmente, me lo confirmaron la compañía, la amistad y la tenacidad de los pobres latinoamericanos… de los cuáles trate de no soltarles la mano ni el
corazón.

El primer libro que leí cuando llegué a Guayaquil hace exactamente 50 años, fue el del ‘padre de la teología de la liberación’, Gustavo Gutiérrez -que han reeditado en Lima, Perú, el año pasado- “La fuerza de los pobres”. Era una recopilación de las conferencias que daba sobre las Comunidades Eclesiales de Base: su manera de leer la Biblia, entender la Iglesia, vivir la oración, los sacramentos y la religiosidad popular, unir fe y vida, contemplación y acción, comunión eclesial y compromiso político, etc.

Sí, puedo afirmar que los pobres me cambiaron la vida.
Allí está un itinerario de vida plena, comenzando por tu corazón, creyendo en ti, agarrando el corazón de los pobres para vivir de verdad y cambiar esta sociedad de desgracias programadas: “Habrás ganado” la batalla de la vida y de la fraternidad. ¡Buen viaje y adelante! …
Vas a salir muy bien.