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Saludo del Año Nuevo del Presidente de la Asamblea General de la ONU -- Miguel d’Escoto Brockmann

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Reflexión y Liberación

Mi nombre es Miguel d’Escoto Brockmann. Soy el Presidente de la Asamblea General de las Naciones Unidas, el órgano más representativo de esta Organización mundial que tiene su sede en Nueva York, desde donde, con todo cariño les estoy enviando este saludo de año nuevo.

Les deseo mucho amor, fuerza y perseverancia en la lucha por hacer de este mundo tan lleno de miserias, hambre, odio, egoísmo, pobreza y guerras, un mundo más humano. Para sobrevivir, el mundo tiene que humanizarse. Tenemos que convertirlo en un mundo más compasivo, más justo y más solidario. Un mundo liberado del egoísmo demencial y suicida que nos está destruyendo a todos y a todas.

Aunque sea difícil, les deseo -queridas hermanas y hermanos- que mantengan la fe y la esperanza en que otro mundo es posible. Un mundo en el que el ser humano -y no la codicia y el egoísmo- ocupe el lugar central en todos nuestros quehaceres, incluyendo por supuesto el económico y el comercial.

Todos los problemas más serios que actualmente están causando tanto dolor a tanta gente en África, Asia, América Latina y el Caribe, Europa y Oceanía, son problemas causados por el hombre y, principalmente, por los países materialmente más desarrollados.

En aras de un desarrollo mal entendido, y sin importarles las nefastas consecuencias de éste sobre los países más pobres del planeta, o sobre el medio ambiente, los países ricos han llegado a poner en peligro la continuación incluso de la propia especie humana.

Los estragos que está ocasionando el cambio climático también son consecuencia de la codicia de los poderosos que, por décadas, han hecho oído sordo a las advertencias sobre el daño que su tipo de desarrollo estaba causando al medio ambiente y sobre la necesidad de desarrollar fuentes alternativas de energía.

Pero -en el fondo de todo este desastre- está el hecho de que las decisiones sobre el gobierno de este mundo las ha venido tomando un grupito de países económicamente y militarmente poderosos, excluyendo a los países pobres que son los que pagan las consecuencias de esas decisiones viciadas por el egoísmo y el afán de lucro.

Las Naciones Unidas es la Organización más importante del mundo para dar respuesta a los múltiples problemas convergentes que están amenazando a la humanidad y a nuestra Madre Tierra.

Pero para lograr este cometido las Naciones Unidas tienen que dejar de ser Naciones sometidas bajo la dictadura de las élites del mundo que, aunque duela tener que decirlo, y sin ánimo de ofender a nadie, se han venido comportando como que fueran dueños y señores de esta Tierra que Dios hizo para todos y no sólo para ellos.

Hemos venido traicionando los valores más profundos de todas nuestras creencias religiosas y tradiciones éticas. Nos hemos olvidado de que la verdad más importante en este mundo es el hecho de que todos somos hermanos y hermanas y que debemos comportarnos como tal.

Sí, mis queridos hermanos y hermanas, otro mundo es posible. La lucha constante por lograrlo es lo que debe dar sentido a nuestra vida.

Para nosotros aquí eso significa luchar por democratizar a las Naciones Unidas; por que se respete la autoridad suprema del G-192: es decir, de los 192 países miembros que componen la Asamblea General, que es el único foro que nos representa a todos sin excepción.

Gracias a Dios contamos con el apoyo decidido de la inmensa mayoría de los Estados Miembros y el de la Secretaría General, con el Secretario-General a la cabeza. Quisiera también poder contar con el apoyo de todos y todas ustedes y con sus oraciones.

En este año 2009 que Naciones Unidas ha declarado el Año de la Reconciliación, llenemos nuestros corazones de perdón para quienes pueden habernos hecho daño y de mucha esperanza para el futuro que todos juntos debemos construir.

No olvidemos nunca que otro mundo es posible. Un mundo sin guerras, sin bloqueos criminales, sin hambre, sin pobreza extrema, sin usura, sin Guantánamos, sin armas nucleares, sin sueños ni actitudes imperiales, sin el egoísmo demencial y suicida en que nos encontramos. Un mundo con trabajo justamente remunerado, con techo, salud, educación, alimentos y agua limpia al alcance de todos y todas, es un mundo que podremos lograr si nos lo proponemos seriamente. Con la ayuda de Dios lo lograremos mediante una inclaudicable lucha no violenta a todos los niveles.

La elección del nuevo Presidente de los Estados Unidos nos llena de alegría y hacemos votos por que el cambio prometido se vuelva realidad.

Les deseo, entrañables hermanos y hermanas, un año lleno de esperanza y de éxito en la lucha por un mundo mejor. Esa lucha es la razón de ser de las Naciones Unidas.

Miguel d´Escoto Brockmann

Sede de las Naciones Unidas, Nueva York.

25 de diciembre de 2008

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