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«Riqueza que empobrece» -- Comisión Diocesana de Justicia y Paz- Cádiz

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En un mundo donde hay tantas riquezas, tantos recursos para dar de comer a todos, es imposible entender que haya tantos niños que pasan hambre, tantos niños sin educación, tantos pobres. La pobreza hoy es un grito (Papa Francisco)
La riqueza no es un problema; sí lo es su acaparamiento en pocas manos, porque esto es lo que genera pobreza.

En la base de esto está el egoísmo más exacerbado que no le importa hacer negocios aunque implique el sufrimiento de los otros o atentar contra los derechos humanos.
En efecto, hacer un negocio de derechos básicos esenciales como la sanidad, la educación, la destrucción del medioambiente, la expoliación de los países en desarrollo….., son las consecuencias de una auténtica crisis de valores en donde el ser humano ha sido desplazado por el dios de la economía y el beneficio.

“Vivimos las consecuencias de una decisión mundial, de un sistema económico que lleva a esta tragedia. Un sistema económico que tiene en el centro un ídolo que se llama dinero. Pero Dios ha querido que en el centro del mundo estén el hombre y la mujer y lleven adelante el mundo con su trabajo “. (Papa Francisco)
La expoliación es arrebatar a otros lo que les corresponde por medio de injusticias o violencia. Los países empobrecidos continúan siendo sangrantemente expoliados en pleno siglo XXI porque los países desarrollados sustentan sus economías en la competitividad y la consecución del máximo beneficio. Para conseguir sus objetivos los poderosos del “primer mundo”, no tienen el menor escrúpulo en promover y sustentar gobiernos criminales en aquellos países, en explotar a los más débiles como esclavos y en adquirir sus recursos a precios de hambre y muerte.

En las últimas décadas los países desarrollados han acaparado millones de hectáreas de países empobrecido para destinarlos a monocultivos que se consumen en los países ricos. Los alimentos cotizan en bolsa o se usa para combustibles, mientras, millones de personas no tienen acceso a sus propios alimentos y padecen hambre y mueren.
Es cuestión de justicia que los países empobrecidos se beneficien de sus propios recursos naturales, en vez de ser expoliados. La pobreza y la desesperación es la causa real de la mayoría de los conflictos bélicos y de las emigraciones.

Cuando la miseria aprieta, no hay muro capaz de contenerla. Ningún muro puede frenar la inmigración cuando la vida no vale nada en los países de procedencia. La única forma de luchar contra la inmigración es haciendo posible una sociedad más justa que permita el desarrollo de los últimos de la tierra.

«No compartir con los pobres los propios bienes es robarles y quitarles sus vidas. No son nuestros bienes, sino suyos». (Papa Francisco)

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