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Repensar la teología del Espíritu (del ego capitalista a la revolución del presente) -- Leonardo Belderrain (Argentina)

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“Tres cosas pide tu dios que vivas con piedad que practiques la justicia y que camines humildemente con tu dios” (Habacuc)
“La vida es la danza eterna de la conciencia que se manifiesta como un intercambio dinámico de impulsos de inteligencia entre el microcosmos y el macrocosmos, entre el cuerpo humano y el cuerpo universal entre la mente humana y la mente cósmica. Cuando aprendemos a dar aquello que buscamos, activamos esa danza y su coreografía con un movimiento exquisito ,enérgico y vital, que constituye el palpitar eterno de la vida. En este proceso de circulación se entra solo cuando se hace carne el existir para dar y se concreta con cada persona que encontramos.”
( Deepak Chopra)

En la confrontación de culturas que se dio en Hispanoamérica ¿quien eran los exquisitos enérgicos y vitales ¿ los españoles? ¿los pueblos originarios? Están algunos teólogos europeos como Hortelano que señalaron que el indígena no soporto en su pachorra la lucidez, la capacidad de trabajo y la intrepidez del hombre español y teólogos mas proindigenistas que decían que los nativos eran menos neuróticos y sanos que los que se trasladaron del viejo mundo y que el único poder de estos últimos era la pólvora. Buscando no construir otra leyenda rosa y decontruir las negras que siempre victimizan a los excluidos nos preguntamos hoy en esta nueva cultura que es caminar en cada momento presente con exquisitez energía y vitalidad.

En los países neocapitalistas está surgiendo un espiritualismo edulcorado sin memoria. Cómo estar bien uno y resistir a las terribles injusticias sin involucrarnos en los conflictos sociales y que se nos mueva un pelo. Preguntaron a Patch Adams qué le había parecido la interpretación suya que había hecho Robert William y respondió: -cordial, educada y centrada en la risa como valor terapéutico. El comediante no descubrió el valor revolucionario y terapéutico del amor. Además cobro 23 millones de dólares por la película y no me dió nada, sabiendo que tengo un hospital para indigentes. Yo, si hubiera sido al revés, le hubiera dado todo. Somos muy distintos y tenemos experiencias de lo que en serio enriquece, francamente distintas.

En Patch, y en un cristianismo auténtico, la motivación última es la loca gratuidad del amor que constituye -paradójicamente- «la máxima perfección y la mínima obligación». De todas maneras dice Ravi Shancar La gente que piensa que es demasiado buena es más infeliz que aquellos que se sienten malos. Ser tan bueno», alardeando bondad, pone triste y miserable. Afirmar nuestras virtudes enoja. Dice guruyi -sé bueno pero no alardees de tu bondad. Deja que los demás hablen sobre ello; no toques tu propia trompeta. Sé generoso y no demuestres tu generosidad. El Dador no se cansa de dar. Nunca está cansado

Esta liberación de la moral, esa dádiva, sólo es posible a través de la experiencia de ser amados efectivamente, que envuelve a la vida en una amabilidad primordial. En esta experiencia somos justificados gratuitamente y liberados de la maldición de la ley y la lógica de la medida y la retribución, de esa loca pretensión de medirnos por el fruto de nuestras acciones. Esta es la buena noticia, la liberación del evangelio cristiano. Sin una experiencia tangible de este tipo en el seno mismo de la opresión, de la miseria y de todo género de condiciones sociales no hay cristianismo posible.

Evidentemente esta acción liberadora no es privativa de los cristianos. A veces se da, incluso, sin que lo sepan los actores, pero es lo más propio de la experiencia de un cristianismo que se recibió sanamente. El cristianismo no es una religión de justos sino de agradecidos, de personas que se saben aceptadas, independientemente de todo cuanto se haya podido hacer.

La cultura del desencanto, la desesperación y el pesimismo, representan una arrogancia disimulada; es como si dijéramos: he visto el futuro. No es bueno obligamos a militar en el desencanto. Por eso quizás Pablo Sexto insto a las iglesias a invocar a aquel, como el lo llamaba ”el eterno desconocido” el Espíritu Santo para vivir en aquella incandescencia de los encantados de la vida, que pueden disfrutar como enseño la teología clásica de los siete dones.

¡) La Sabiduría
Proviene del latín “sapere”, que significa gustar, saborear. El sabio es el que gusta de las cosas de la vida. El que ha aprendido a reconocer lo que es bueno. El que siente gusto por las cosas del espíritu. El que puede moverse con soltura y disfrutar de lo bello en cualquier circunstancia. Alguien que se droga, por ejemplo, puede escaparse de la realidad porque no ha descubierto su belleza, no ha aprendido a gustarla desde su crudeza. Necesita mucha sal porque no descubre la exquisitez de la sal de los propios alimentos.

Sabio es el que aprendió a vivir, el que comprendió el significado de la libertad, el que vive la alegría de ser él mismo.
Sabio es el que convoca y promueve lo mejor del otro, el que sabe llegar al fondo del corazón.
Sabio es aquél que, aun sin ver con claridad total, se lanza al desafío de la vida creyendo que en las dificultades hay oportunidades de obtener beneficios mayores.

Los ojos del sabio reflejan misericordia porque han aprendido a mirar al otro con los cristales de Dios. Sabio es el que no pone mucha vehemencia en defenderse, que jamás levanta el tono de voz para defender su punto de vista porque no tiene la necesidad de convencer o persuadir a los demás para que acepten su punto de vista.

2) El Entendimiento

El que tiene el entendimiento tiene la luz. Se puede alcanzar el conocimiento por el estudio y la meditación, pero para entender en profundidad se necesita la luz del Espíritu Santo.
Entender es ver con claridad, darse cuenta de lo importante. Jesús muchas veces se quejaba porque sus discípulos no entendían sus parábolas; les faltaba la luz del Espíritu para llegar a lo profundo del mensaje.

Entender es contemplar con los ojos del Espíritu toda la realidad; descubrir lo simple en la complejidad de las cosas; ver que lo esencial, lo realmente importante, está allí: en la vida cotidiana. Implica el poder entrar en las opciones de la vida abierto a experimentar todas la emociones probables manteniendo todo el campo abierto para experimentar el regocijo el misterio la aventura que significa vivir.

3) El Consejo

El que ha descubierto el “gusto” por la vida (Sabiduría) y puede ver con “claridad” (Entendimiento) puede dar consejo.
El consejo es sabiduría en acción. A veces aconsejar es simplemente escuchar para que el otro se aclare mientras habla. Escuchar es un gran servicio que podemos prestar a los demás. Aconsejar no es dar recetas, es ayudar al otro a ver con claridad, para que pueda tomar las mejores decisiones.
No se puede dar consejo si no se está firmemente unido al Amor. Para aconsejar es necesario creer en el Amor, confiar en Él, escucharlo y amarlo.

4) La Fortaleza

Una vez que se ha visto con claridad y se ha decidido cuál es el mejor camino a seguir, es necesario perseverar, y para ello se necesita la fortaleza que viene del Espíritu Santo, porque somos débiles. Necesitamos valor y constancia para concretar nuestros objetivos. Los grandes valores son de por vida, por eso exigen persistencia.

El verdadero obstáculo no es la debilidad sino el no admitirla. Para obtener el don de Fortaleza es necesario asumir los propios límites y dejar actuar a Dios, Él es el que todo lo puede. La fuerza divina se despliega de muchas maneras.

El niño y el joven se autoafirman por la fortaleza; el adulto, en cambio, por la fortaleza sabe anonadarse. El don de la fortaleza implica la certeza que cuando se entra en la ley del dar se recibe lo que se dio y se hace ligero en dicha plenitud si se dio abundantemente el desapego. El desapego muestra la fortaleza y el convencimiento interior que un individuo tiene de la ley del dar.

Lo contrario a la fortaleza es apegarse a algo, así se congela el deseo, nos alejamos de la fluidez del espíritu, y nos suministramos mas rigidez a todo el cuerpo. Forzar soluciones a los problemas habla de tozudez, no de fortaleza; ésta opta no por algo ficticio, sino por una meta superior, más emocionante

5) La Ciencia

El don de ciencia nos permite juzgar rectamente sobre las cosas creadas. En el mito Adán, Dios le encomendó la tarea de poner nombre a las cosas, de aprender cómo funcionan para poder ser el rey de la Creación. El hombre indagador, el que se pregunta por las cosas de la naturaleza, se acerca a Dios. El que hace ciencia hace de la incertidumbre un elemento fundamental de su experiencia, confiando que las soluciones emergerán espontáneamente del caos. Así hace teología desde los infiernos, y con su estudio se desarrolla la actitud contemplativa.

Don de ciencia es descubrir que todas las cosas tienen un secreto escondido, esperando ser revelado. Es sacar a la luz la riqueza de todo lo creado, que se oculta a los ojos que miran sin interés y sin amor. Es aprender a escuchar la palabra dicha por Alguien que se esconde en cada “realidad” (carácter verbal de las cosas, según Pascal). Es tomar conciencia de que las cosas hablan y nos remiten a algo más grande que ellas mismas. Tener el don de ciencia es guardar una actitud de reverencia ante todo lo creado, sentirse parte de un universo cargado de sentido. Es recuperar el propio carácter de criatura, hija de Dios, en un mundo hecho para el que todos sean uno .

6) La Piedad

Tener el don de piedad es sentirse hijo de Dios, amado y protegido por Él. Es sentirse heredero de todo lo bueno que Él nos da. La piedad es la virtud de la familia. Es sentir intimidad en la sociedad y en el mundo. Las acepciones de la palabra piedad, como misericordia o fervor religioso, también son correctas, pero más restringidas. Piedad es saberse hijo de Dios, hermano de todos los hombres y sentir todo el universo como nuestra casa. También es reconocerse como parte de ese “coro invisible” del que habla George Eliot en su poema:

Ojalá pueda unirme al invisible coro
de esos muertos inmortales que reviven
en mentes mejoradas por su presencia,
en pulsos donde late la generosidad,
en actos de osada rectitud, en el desdén
por objetivos mezquinos y egoístas,
en ideas sublimes que surcan la noche como astros
y con dulce exhortación instan a los hombres
a buscar metas más vastas…

Ojalá alcance
ese cielo purísimo, y sea para otras almas
cáliz de vigor en medio del dolor,
aliente esfuerzos generosos, amor puro,
engendre sonrisas donde no haya crueldad,
sea dulce presencia de amor que se difunde
y en esa difusión es más intenso.

Así me sumaré al invisible coro
cuya música es satisfacción del mundo.

Tener el don de piedad es sentir confianza en Dios, descansar en Él, estar colmado por Él, y por eso es darle valor a los sueños y poder proyectar el servir a los demás.
La piedad lleva a hacer cosas de las que uno pueda enorgullecerse y que por tanto disfrute al hacerlas. Ofrece un placer mucho más pleno que la diversión o el entretenimiento. Las mayores alegrías pueden suscitarse a partir de nuestro propio trabajo. Desde la piedad no hay tareas indignas, sólo actitudes indignas.

7) el Temor de Dios

El temor de Dios es el único temor que puede ser don, pues es temor a fallar, a ofender a Dios, y sólo tiene sentido si se ha conquistado el don de la piedad, del amor. Es el miedo a salirse del camino del amor sumergiéndonos en lo regresivo, en lo que el corazón vio como alineación como cristalización de una relacion que por lo inadecuada había que correrse. Es lo que acaba con todos los miedos por la sujeción a una Majestad Absoluta. Es el temor a entristecer y dañar a los otros, por tener conciencia de la propia fragilidad. Temor de Dios es también respeto y adoración, acatamiento y reverencia. Implica no gastar energía para sostener nuestra importancia el temor a salirnos del rayo del amor de Dios implica miedo a quedar bajo la sombra de los que viven atados a su fama o a presuntas formas de grandeza.

El que tiene temor de Dios actúa con amor y por eso vive en presencia de Dios; trata de agradarle en cada momento, confía en Él y sabe que Él siempre está. En un estadio del conocimiento de Dios señala Chopra “Comenzaremos a experimentar la vida como una expresión milagrosa de Dios –no ocasionalmente- sino a toda hora conoceremos la alegría verdadera, el significado real de la prosperidad, el éxtasis y el jubilo de nuestro propio Espíritu. A mi entender en esto consiste vivir lo mas humanamente posible y no resignadamente.

Preguntas para trabajar en comunidad

¿En qué fase de su vida aspira a la plenitud del Espíritu? ¿en la económica, en la erótica, en la política?
¿En que fase se ve más resignado y con una fe de “bajo voltaje”? ¿Que dones del Espíritu ve en ud. y en los que le rodean en su presente usted admira alguien a quien ve lleno del Espíritu que estructura social usted la ve llena de gracias a cual la ve llena de desgracia? ¿La pasión de la iglesia por la construcción de la humanidad nueva es la de su comunidad local, es la suya?

Parque Pereyra Iraola

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