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Recuerdo de Fina Martí -- Deme Orte

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Moceop

El día 8 de Marzo, Día de la Mujer Trabajadora, despedimos a Fina Martí, la mujer de nuestro compañero Faustino Pérez Larrea. Un rápido y doloroso cáncer de huesos fue deteriorando su salud. Además del dolor físico, le pesaba el no poder valerse por sí misma y tener que dejarse cuidar, ella que siempre había sido tan servicial y activa. Faustino, recién jubilado, estuvo todo este tiempo completamente dedicado a atenderla, a ella y a Marta, la hija, que ha acompañado con cariño y madurez el proceso de su madre.

Compañeros y compañeras del trabajo de Fina, así como la familia, amigos y amigas de ambos han tenido ocasión de demostrar estos meses el cariño y la amistad que Fina y Faustino han sabido ganarse por el cariño y la amistad que ellos han venido demostrando siempre. Y de ello puedo dar humildemente fe porque puedo considerarlos unos de mis mejores amigos. Fina siempre estaba atenta a interesarse por nuestros problemas y a echar una mano en lo que hiciera falta.

El año pasado celebramos en Valencia el encuentro de primavera de Moceop. Faustino y Fina estuvieron muy implicados en la preparación y en el desarrollo, recibieron en su casa a los compañeros malagueños y participaron en las reuniones del sábado y del domingo. Fina, que no era muy de reuniones y «rollos», era en cambio un encanto de servicialidad y amistad. ¡Cuántas reuniones moceoperas hemos celebrado en su chalet de Calicanto, donde ella se desvivía por atendernos con mimo!

Se nos ha ido Fina con el dolor de la enfermedad y de la separación, pero con la lucidez de afrontar la vida y la muerte de cara. Según veía que su enfermedad no se superaba, afrontó la posibilidad de la muerte sin miedo. «Pensar en la muerte te da fuerzas para vivir», decía. Y vivió con lucidez su enfermedad y su muerte. Enfermedad y muerte que han sido ocasión de poner a prueba el amor y la fidelidad de su marido, Faustino, su hija Marta, y toda la pléyade de familiares y amigos y amigas que han creado a su alrededor por su amor y servicialidad.

Fina ha dado amor, ha sembrado amor a su alrededor. El mundo es un poco mejor por la aportación de Fina, porque sólo con amor se transforma el mundo. Lo demás son rollos macabeos. De ella nos queda no sólo el recuerdo dolorido y cariñoso, sino esa herencia sencilla y comprometedora que concretó en el encargo de que seamos «buena gente». Y se fue dando gracias a la vida y a la gente de su alrededor. Las gracias se las damos a ella por la lección de humanidad que nos ha dado. Tú sí que has sido «buena gente». Por tu recuerdo nos sentimos en obligación de serlo. Gracias, Fina.

LEY DE VIDA

Hoy, víspera del cinco de noviembre de 2008, aniversario de 31 años de convivencia con Faustino, en plenas facultades mentales y viviendo en pleno apogeo la «enfermedad», sólo tengo palabras de agradecimiento y sentimientos de felicidad por vuestro comportamiento.
En mi despedida física, que será… cuando Dios quiera, y alguno que otro ya me habrá precedido, me gustaría que se leyesen estas líneas.

No quiero que nadie hable de mi en la Iglesia, ya todos me conocéis por Fina, Finita, Josefina.
Todos habéis demostrado en vida, el querer y el cariño, «habéis hecho lo que os tocaba», ahora me toca a mí el gritar con fuerzas GRACIAS.

Os diré que pensar en la muerte no es malo, te da fuerzas para vivir y os recomiendo que alguna vez lo hagáis. En este momento no tengo miedo a la muerte, todos tenemos una hora. Sí que me da tristeza la separación de las personas queridas.

Sí que tengo miedo a la postración en cama, depender para todo de los demás, y claro está… al dolor que a veces los medicamentos no pueden controlar.
Aunque me haga un poco pesada, me gustaría enumerar algunas cosillas que me han servido de ayuda y consuelo en este proceso.

GRACIAS

– A Faustino y Marta, Marta y Faustino por su paciencia y permanente atención noche y día y a esas joticas que me cantaba Marta al llegar de la facultad.
– A la familia por su constante apoyo y deseos de que estuviera «mejorcica»
– A la asistencia sanitaria, que ha llegado donde podía.

– A los «papeles», especialmente a la «Baja» que he encontrado puntualmente.
– A la compañía y taxistas incondicionales de la «quimio»
– Al taca-taca que ha sido mis piernas.
– Al sillón relax que me obedecía al momento.

– A las comidas que estaban riquísimas y variadas, en fin, hemos comido de lujo.
– A las oraciones y aguas benditas del Jordán y Lourdes.
– A los tocados y pañuelos que adornaban mi cabeza.
– A la costurera «todo terreno» que siempre tenía algo que arreglar.
– Al cable extensor del teléfono, aunque a veces no contestaba, porque no tenía ganas de hablar.
– A la planta bonita que llegó desde Iglesuela.

– A tantas y tantas horas de compañía, de llamadas, de mensajes, de visitas que han quedado pendientes porque no estaba en condiciones de recibir.
Todo esto y mucho más habéis hecho los amigos.

Finalizaré diciendo:
Salud para todos.
Que sigáis trabajando con responsabilidad.
Que continuéis siendo «buena gente».
Gracias a todos, especialmente a Marta y a Faustino.
Josefina.

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