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Reavivar fe y creencias 8: desideologizar fe y revelación -- Juan Masiá Clavel, teólogo

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La Comunidad

(Reproduzco en estos 8 posts extractos del epílogo de TEOLOGÍAS EN ENTREDICHO, publicación que recoge las ponencias de la Escuela de Teología K. Rhaner-H.U. Von Balthasar, organizada por la UIMP, sede de Santander, en agosto 2011)
Desideologizar fe y revelación
La sexta propuesta es desenmascarar la ideologización fundamentalista de fe y revelación como criterios heterónomos de ortodoxia al servicio de la religión institucionalizada.

La lectural bíblica literal fundamentalista; la caracterización de la religión judeo-cristiana como “única revelada”; la noción de fe como asentimiento a una revelación totalmente heterónoma; la exaltación del magisterio eclesiástico como instancia determinante del contenido de la revelación; y la absolutización de las formulaciones dogmáticas, han conducido a lo largo de la historia de la iglesia y de la teología, especialmente desde Trento hasta el Vaticano II, a consolidar la ideologización de la fe y la revelación al servicio de la institucionalización romana de la iglesia.

Cuando se afirmó en la Constitución Dei Verbum (n.10) que “el magisterio eclesiástico no está sobre la palabra de Dios, sino que la sirve”, se intentó dar un giro de 180 grados a la concepción tradicional estrecha de revelación. Pero la condescendencia obligada para la aprobación de esos documentos de compromiso entre la tendencia inmovilista y la reformadora llevó entonces a decir en el mismo párrafo que “el oficio de interpretar auténticamente la palabra de Dios escrita o transmitida ha sido confiado únicamente al Magisterio vivo de la Iglesia”.

Para más inri, la nota de pie de página remite nada menos que a la encíclica Humani generis (1950), de Pio XII, emblemática del rechazo romano a la renovación de la teología católica. Sin esta restricción, la citada afirmación habría supuesto “un cambio decisivo, alejándose de abstracciones ignorantes de la historia, como si Dios hubiese revelado una colección de proposiciones sin fecha temporal”. (John O’ Malley, What happened at Vatican II, Harvard University Press, Cambridge: Massachussets, 2008, p.227).

Es imposible desarrollar aquí este punto delicado y principal, atinadamente planteado por R. Haight en su explicación de la dinámica de la reflexión teológica. “La teología surge del encuentro actual comprometido del ser humano con la trascendencia divina, en el que fe y revelación, de hecho inseparablemente unidas, se constituyen mutuamente en la relación existencial de la desvelación divina y la respuesta humana… Fe no es conocimiento…

La experiencia del encuentro humano como conocer a Dios no puede construirse como si fuera un conocimiento sobre Dios… Lo que se comunica en ese encuentro no es información objetiva sobre Dios. La revelación no consiste en conocimiento objetivo sobre Dios. No hay en este sentido una teología que pueda llamarse revelada”. (Roger Haight, Dynamics of Theology, Maryknoll, New York, 1990, 2001, p. 218).

Ir más allá de Babel y Pentecostés

La séptima propuesta es superar la imagen de Babel como dispersión y la de Pentecostés como homogeneidad.

Con las reflexiones anteriores desembocamos en los puntos suspensivos aludidos al comienzo de estas palabras de clausura. La transformación de la teología, que era el tema del curso, queda como asignatura pendiente y tarea para las próximas décadas.¿Adónde nos conducirá la puesta en práctica de esa transformación? ¿Cómo se concretará una espiritualidad más allá de los límites de cada religión? ¿Será quizás un camino “de Babel a Pentecostés”, como se ha propuesto para el encuentro de las religiones? Podríamos describirlo así, pero modificando el título de la obra de Claude Geffré con signo de interrogación.

En esa obra el teólogo hermeneuta francés, cuatro décadas después de la declaración Nostra aetate del Concilio Vaticano II, replanteaba una teología interreligiosa que no se reduzca a un intento de estudio comparativo de historia de las religiones. Pretendía superar así los enfoques llamados en francés del “accomplisement”, en inglés del “fulfillment” y en castellano de la “consumación”: teologías proclives a la tentación etnocéntrica, homogeneizadora e inclusivista. La principal aportación de Geffré se muestra en el acento que pone en la fecundación mutua de las religiones mediante el diálogo interreligioso y en su planteamiento de una reflexión “intra-religiosa” capaz de reinterpretar la propia religión y transformar su teología.

Pero la pregunta aún sin responder y la tarea que hoy tenemos pendiente, como vengo repitiendo insistentemente, es precisamente cómo llevar a cabo esa transformación y con qué herramientas de pensamiento y lenguaje articularla de manera que sea comunicable en medio del triple desafío de la diversidad por parte de: a) el pluralismo intraeclesial, b) el pluralismo interreligioso, y c) el pluralismo de la sociedad secular y laica en la actualidad. Por esa razón, aunque el lema de Geffré sirve de inspiración, conviene ponerlo entre signos interrogativos.

Babel y Pentecostés han sido objeto de muchas relecturas y reinterpretaciones. La confusión de lenguas de Babel se ha visto como desgracia, a causa de la incomunicación; pero también se ha percibido como bendición por garantizar la pervivencia de la diversidad. Se ha visto también Babel como castigo contra la pretensión de unificar homogeneizando a las culturas dominadas bajo el lenguaje único del poder dominante.

Se ha idealizado también la catolicidad o universalidad de Pentecostés por contraste con Babel, pero cayendo a veces en el mismo peligro de los constructores de la torre altiva: homogeneizar la pluralidad a las órdenes de un único símbolo (llámese lengua latina, atalaya pontifical o catecismo romano). En este último caso, bajo apariencia de Pentecostés, el sermón petrino se habría convertido en arenga babilónica. La exégesis bíblica más crítica puntualizará que, en la narración de Pentecostés, es decisivo que “cada uno entienda en su propia lengua”( Act 2, 6 y 8), no que Pedro hable una especie de esperanto aséptico o que le proporcionen una traducción simultánea automática los servicios de Google.

En todo caso, la cuestión no es la disyuntiva entre Babel o Pentecostés, ni el tránsito fácil y optimista desde la tercera vía o vía media “de Babel a Pentecostés” o “entre Babel y Pentecostés”, sino la pregunta por una cuarta vía más allá de Babel y Pentecostés. Por eso, los signos de interrogación y la pregunta por la tarea pendiente que tanto ponentes como alumnado se llevan, nos llevamos, a casa al concluir el curso: ¿Cómo llevar a cabo la transformación de la teología en la situación actual?

No estamos ante un problema de traducción simultánea, sino de reinterpretación. No es cuestión de revestir contenidos de ayer con trajes de hoy, ni de traducir literalmente a lenguajes diferentes un mensaje único emitido de una vez para siempre, sino de introducirse mutuamente en los lenguajes de los interlocutores para recrear el mensaje mediante la fecundación mutua. Es una tarea difícil porque, como al enchufar los aparatos electrónicos en otro tipo de corriente, necesitamos adaptadores.

Tropezamos con esta dificultad de conexión y comunicación en las tres áreas recién mencionadas: a) en el campo de la comunicación intraeclesial, dentro de la pluralidad de sensibilidades en el interior de la propia confesionalidad; b) en el campo de los encuentros interreligiosos, que incluye también el pluralismo en el seno de cada religión; y c) en el campo del pluralismo cultural de la sociedad secular, que incluye el pluralismo de actitudes en la relación entre ésta y las religiones.

¿Cómo se supera esta dificultad? Comenzará por sentarse a comer juntos como Pedro y Cornelio (Hechos 10 y 11). Esos dos capítulos de los Hechos son el esquema de la transformación mutua, más allá de todo prejuicio y discriminación dentro y fuera de las iglesias, religiones o cosmovisiones. Pedro y Cornelio se sientan a comer juntos para poder conversar de sobremesa, pero dejando que el compartir mesa y conversación conlleve el dejarse transformar mutuamente.

La teología necesita hoy más que nunca sentarse a esa mesa del pan y la palabra transformadores. Pero después habrá que conversar despacio de sobremesa y surgirán las dificultades. ¿Reconoceremos que nos puede unir la espiritualidad en la diversidad de religiones y que puede coexistir la convergencia en la fe con la diversidad de teologías interpretadoras de las creencias?

Claude Geffre, De Babel a Pentecôte, ed. Du Cerf, 2006

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