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Protagonismo y liderazgo de las mujeres en la animación y coordinación de las comunidades paulinas

Publicado en

Amerindia

Introducción
Uno de los signos más contundentes de nuestra historia es sin duda la irrupción de lo femenino en el acontecer de nuestro mundo actual. Por una parte se puede constatar la persistencia dolorosa de la discriminación de las mujeres, como expresan estos poquísimos datos estadísticos:

• De los mil millones de pobres que existen en el mundo, el 60% esta constituido por mujeres, el 50% de las mujeres que viven en el campo viven en absoluta pobreza.
• Las mujeres representan dos tercios de los adultos analfabetas del mundo.
• Entre 3 y 4 millones de mujeres son golpeadas cada año en el mundo.
• De las casi 6 millones de personas victimas de la trata en el mundo, el 90% son mujeres y niñas.

Por otro lado es evidente el despertar de las mujeres, no solo desde la perspectiva de su emancipación sino también como sujeto de cambio que asume con responsabilidad y creatividad su protagonismo histórico.

Esta realidad de discriminación y exclusión lastimosamente se hace presente al interior de nuestras iglesias cristianas, se les ha ido excluyendo progresivamente del servicio de la animación y coordinación en las instancias de tomas de decisiones. Es por eso que como cristianas y cristianos estamos llamadas/os a buscar a la luz de la Sagradas Escrituras, alternativas de equidad, inclusión y respeto.

Es así, como muchas mujeres creyentes, se han dado a la tarea de recuperar el protagonismo de las mujeres a lo largo de la historia de la salvación tal como lo revela la biblia. Si bien es cierto que se fue invisivilizando y ocultando todo el aporte de las mujeres, no es imposible reconstruir, recuperar la experiencia del protagonismo femenino. Quiero introducirme a la reflexión con un panorama general en torno a la situación de las mujeres en la cultura y sociedad judía: Presentación mujeres en el antiguo Israel.

En los evangelios encontramos toda una propuesta alternativa de relación, Jesús se relaciona con las mujeres de un modo nuevo, original, libre y justo. (Defiende a la adultera (Jn 8, 1- 9) encuentro con la samaritana, (Jn 4, 1ss) sana a la mujer encorvada (Lc, 13, 10 -17) su amistad con Marta y María (Lc. 10, 38 – 42…). Jesús aprende de las mujeres, las escucha, las instruye, sana, libera y dignifica. En el movimiento de Jesús las mujeres se sienten valoradas, respetadas, encuentran en el su lugar.

Cartas De San Pablo

Los escritos de San Pablo también nos ponen en contacto con liderazgo de las mujeres en el trabajo misionero de aquellas primeras comunidades cristianas.

Para una mejor comprensión del liderazgo femenino en las comunidades de San Pablo hay que tener presente algunas cuestiones: La actividad misionera de Pablo, la evangelización era su derrotero, de ahí su interés por expandir el mensaje del evangelio por todas partes, la preocupación por que sea una propuesta alternativa nueva, diferente y a la vez que sea acogida por el mundo pagano.

La cuestión de la iglesia doméstica y las asociaciones locales. Estas eran nucleares en las primeras comunidades cristianas que se caracterizaban por su permanente movilidad y por el patrocinio de benefactores, las mujeres se distinguían en ambos espacios. Al parecer su estrategia era la conversión de un páter- familias, que luego pusiera a disposición su casa y toda la logística que requería la evangelización.

La iglesia doméstica era el espacio propio de las mujeres, por eso se desenvolvió sin mayores obstáculos su protagonismo, en esta iglesia convergen gente acaudalada, gente sencilla, pobres, mujeres y hombres.

Las cartas de San Pablo, específicamente las que son autenticas como Romanos, las dos de Corintios, Gálatas, Filipenses, Tesalonicenses y Filemón, mencionan diversas mujeres consideradas como colaboradoras, no se trata simplemente de ayudantes sino de compañeras, hermanas muy apreciadas, y respetadas por Pablo. En estos escritos se refiere a ellas con un trato muy especial, les llama “diakonos” (Febe), apóstol (Junia), hermana (Apfia). Vamos a acercarnos a algunos de los roles que indica este trato.

1. Mujeres “Diakonos”

“Os recomiendo a Febe, nuestra hermana diaconisa, de la Iglesia de Cencreas, recibidla en el Señor de manera digna de los santos, y asistidla en cualquier cosa que necesite de vosotros: por que también ella asistió a muchos y en particular a mi” Rm 16, 1-2

En la conclusión de la carta a los Romanos en su capitulo 16 nos encontramos con una larga lista de saludos a distintos miembros entre los aparecen hombres y mujeres que comparten en condición de iguales el arduo trabajo de difundir el evangelio en todas partes.

En la introducción al capítulo aparece nuestra diaconisa Febe. El termino Diakonos es de los primeros títulos que aparece con articulo femenino. La voz diaconía viene del latín Ministerium, no solo en el sentido específico de los diakonos sino como realidad de servicio, es un término extraído del lenguaje socio-cultural griego, con él se designaba a los funcionarios que actuaban y ejercían la autoridad en nombre de los gobernantes; posteriormente fue asumido con un sentido religioso. En el cristianismo el termino adquiere un sentido original la diaconía es servicio

El uso del término es complejo en los Hechos de los apóstoles designa a los hermanos elegidos para atender a las viudas, para que los apóstoles se dediquen a la diaconía de la Palabra y la oración por tanto también implica predicar. En otros textos, se utiliza el término aplicándolo a toda la comunidad sin distinción a hombres y mujeres. (1 Tm 3, 11 y Flp 1,1)

En la carta a los romanos, al referirse a Febe, Pablo la llama hermana indicando así su pertenencia a la comunidad. La llama Diakonos, con lo que expresa su ministerio dentro de la comunidad y la llama benefactora. Con esto se indica también una característica del sistema social de patronazgo, en el que las personas de elevada posición se convertían en patrones. Este es el caso de Febe de quien Pablo se expresa con afecto y agradecimiento.

La mayoría de autores que han estudiado el tema coinciden en que Febe era una cristiana reconocida por la comunidad y que tenia la responsabilidad de guiar, asistir a la comunidad, es recomendada como misionera, y representante oficial de su comunidad.

“Saludad a María que se ha afanado mucho por vosotros” Rm 16,6

Se utiliza el verbo kopiao que significa afanarse, trabajar, servía para indicar el trabajo apostólico que tenia autoridad dentro de la comunidad. Con estas expresiones se refiere Pablo a esta mujer en este mismo texto de Romanos, reconociendo y valorando el trabajo pastoral y evangelizador llevado a cabos por estas misioneras y misioneros.

De igual modo se refiere al autor a otras tres mujeres Trifosa y Trifene, y la amada Perside; de esta última Pablo agrega que “trabajó mucho por el Señor” No cabe duda que estas mujeres jugaron un papel determinante en la misión evangelizadora junto al apóstol.

2. Mujeres apóstoles y presbiteras

Pablo reconoce el trabajo de sus colaboradores y colaboradoras en clave de ministerios o
Servicios, el mismo ministerio apostólico recibe denominaciones como apóstoles, oikonomia, kopos, diakonia. Estos títulos como el anterior están sujetos a interpretaciones contextuales. En el caso de presbítero, viene del griego presbuteroi con el que se designaba “a los ancianos del pueblo “o ancianos de Israel. Aparecen asociados con Moisés en su relación con el pueblo”. Se afirma a menudo que en la iglesias de los gentiles el nombre de episkopos se usaba como sustituto de presbíteros teniendo por tanto el mismo significado en muchos de los casos”44

“Junia insigne apóstol”

“Saludad a Andronico y a Junia mis parientes y compañeros de prisión, ilustres entre los apóstoles, que llegaron a Cristo antes que yo.” (Rm 16,7)

En el movimiento de Jesús los discípulos/as eran enviados/as a predicar de dos en dos, de igual forma en la misión paulina nos encontramos con varios casos similares, solo que aquí al parecer se trata de parejas o matrimonios. Como el caso de Andronico y Junia de quienes Pablo dice en el texto citado “mis parientes y compañeros de prisión, ilustres entre los apóstoles, que llegaron a Cristo antes que yo”. En el caso de estos matrimonios sin embargo no se destaca la labor de éstas mujeres en cuanto esposas o compañeras de sus marido sino en tanto que apuestan su vida a la par de ellos en condición de iguales en la misión de llevar el evangelio por todas partes.

Es sumamente reveladora la forma en que Pablo se expresa de estos compañeros, les llama “insignes apóstoles” sin hacer ninguna diferencia de género. Es más el autor da otro calificativo: han sido primeros en la fe, llegaron a Cristo antes que él. Se puede afirmar por tanto, que desde la perspectiva paulina queda claro el reconocimiento no sólo de la Misión y protagonismo de los varones, sino de ésta mujer que es llamada y considerada como apóstol en el mismo orden que su marido, lo que le da autoridad a su liderazgo.

Priscila, (1Cr 16,19; Rm 16, 3‐5)

“Saludad a Priscila y Aquila, mis colaboradores en Cristo Jesús. Ellos expusieron sus cabezas por salvarme. Y no soy yo sólo en agradecérselo, sino todas las iglesias de la gentilidad. Saludad también a la Iglesia que se reúne en su casa “(Rm 16:3‐5a).

Priscila o Prisca es otra de las mujeres que desde la perspectiva de la misión de San Pablo es considerada una apóstol. Al igual que Junia era judía helenista, junto a su marido Aquila
habìan sido expulsados de Roma por Claudio que por decreto había desterrado a los judíos allí residentes (Hch 18,2‐ 3), tenían con Pablo el mismo oficio, elaboraban tiendas de campañas.

Después de la fundación de la comunidad de Corintios en la que pablo pasa por dificultades con la comunidad judía, viaja hacia Éfeso y le acompañan Priscila y su marido. Allí se separan Pablo continúa su camino y ellos se dedican a la predicación del evangelio (Hch 18, 19), a ellos se les atribuye posteriormente la formación de Apolo (Hch 18, 24 – 26). Se deduce de este texto el rol de la enseñanza que puede haber desempeñado Priscila, rasgo importante del papel del apóstol.

De las varias veces que se le menciona tres de ellas es citada antes que al marido, lo que hace sospechar que ella era la de la iniciativa, es muy probable, si recordamos la importancia de la casa, que fuera la responsable de la comunidad, la encargada de la “casa”.

3. Protagonismo de las mujeres en el culto

“Todo varón que ora o profetiza con la cabeza cubierta, afrenta a su cabeza. Y toda mujer que ora o profetiza con la cabeza descubierta, afrenta a su cabeza, es como si estuviera rapada” (1 Co 11,4‐5).

El tema general de Co 11,3 ‐5 es el buen orden en las asambleas litúrgicas, el interés del apóstol aquí es el arreglo personal de mujeres y hombres para ejercer su rol en la animación de las celebraciones litúrgicas.

No se tienen nombres concretos de mujeres pero el dato indiscutible es que: algunas mujeres oran y profetizan en el culto como dirigentes oficiales (v.5). Para pablo esto es Evidente; el problema es que las mujeres se presentan con la cabeza descubierta. Queda
Claro en los textos la existencia de mujeres profetas y carismáticas en la comunidad de Corinto.

A propósito del culto, algunas contradicciones en 1 Co 11, 2 ‐16

La carta a los Corintios es el ejemplo claro de las tensiones que ocasionaba la confluencia de culturas diferentes en el cristianismo primitivo. Éste texto controversial de Corintios hay que situarlo en su contexto. Siguiendo el análisis de Irene Foulkes, en su estudio problemas pastorales de Corinto podemos comprender mejor la problemática que allí se expresa. Ella destaca tres problemas: el orden y presentación en la asambleas litúrgicas, la incoherencia que se da en las celebraciones eucarísticas, relaciones de inequidad entre los que tienen mucho y los que no tienen, y el ultimo, la cuestión de los dones espirituales que se han desvirtuado al no estar al servicio de la comunidad.

Aquí interesa situarnos en el primer problema, el orden o presentación personal de quienes dirigen y animan las celebraciones litúrgicas. En sus disposiciones, Pablo exige a los varones descubrirse la cabeza y a las mujeres cubrírsela y recogerse el cabello para orar y profetizar. Estas exigencias de Pablo sencillamente tienen su origen en las costumbres y circunstancias culturales de la época.

En el caso de las mujeres tanto de origen grecorromano como judías el soltarse el cabello era un gesto erótico, por lo que correspondía a la esfera de la intimidad en el matrimonio.
En el contexto judeocristiano el cabello suelto era signo de impureza (Nm 5,18), al parecer era una práctica conocida entre las prostitutas. A las mujeres que cometían adulterio se les
humillaba haciéndolas soltarse el cabello en público (Lv 13,45).

Por otra parte en los cultos extáticos orientales a las diferentes divinidades las mujeres solían soltarse los cabellos y despeinárselo, “este frenesí extático era en los cultos orientales el fenómeno espiritual más deseado y signo de verdadera profecía… en el culto a Cibeles y a Dionisio era necesaria una mujer que llevara los cabellos sueltos para que produjera un encantamiento mágico”.50 Lo que preocupaba posiblemente a Pablo era la impresión que causaba en los iniciados cualquier indicio de éstas experiencias paganas en las celebraciones litúrgicas ya fuera por la comprensión judaica o grecorromana.

En el caso del varón era otra la cuestión. “algunos varones oran y profetizan con algo sobre la cabeza” (4a y7a). Era costumbre de la clase gobernante romana en las celebraciones cívico religiosas que los hombres llevaran cubierta la cabeza, por lo que éste gesto se había convertido en signo de poder, de superioridad. De este modo los pocos hombres pudientes o nobles que se congregaban encontrarían en ésta costumbre la oportunidad de ostentar su status superior ante los hermanos más humildes”.51 Esto es lo que Pablo quiere corregir con firmeza, saliendo en defensa de los pobres y rechazando cualquier tipo de marginación o discriminación.

4. Otros textos problemáticos (Cartas pastorales)

“Que las ancianas asimismo sean en su porte cual convienen a los santos…enseñen a las jóvenes a ser amantes de su maridos y de sus hijos, a ser sensatas, castas, hacendosas, bondadosas, sumisas a su marido, para que no sea injuriada la Palabra de Dios…que los esclavos estén sometidos en todo a sus dueños, sean complacientes y no les contradigan” (Tt 2, 4‐5. 9).

Las cartas pastorales llamadas deuteropaulinas o postpaulinas fueron escritas en nombre de Pablo por algunos de los discípulos de su escuela, datan del siglo I, por lo que su contenido refleja una situación eclesial posterior a la de las comunidades en tiempos de San Pablo. A diferencia de las cartas autenticas en las que su autor se dirigía a toda la comunidad cristiana, las Cartas Pastorales son dirigidas a sus líderes individuales.

Hay que empezar diciendo que el centro de interés en las Cartas no es tanto la misión, sino como su nombre lo indica es la cuestión pastoral, el cuidado y defensa de la doctrina, puesto que se estaban dando situaciones de confusión, habían aparecido falsos maestros que distorsionaban el mensaje cristiano. El objetivo es la continuidad y la unidad de las comunidades. Para ello se quería crear un liderazgo de autoridad en torno al cual se pueda lograr la unidad y la estructuración de la comunidad.

El modelo para ésta estrategia es el familiar patriarcal (la casa), un modelo jerárquico cuyo marco de referencia será el de los códigos domésticos. Estos determinaban el tipo de relaciones que se establecía en la sociedad grecorromana. Existían tres tipos de relación de sometimiento: la mujer al varón, el esclavo al dueño, los hijos al padre como lo expresa claramente el cap.2, 4ss, de la carta de Tito.

Es en este contexto de patriarcalizaciòn, se pueden entender los textos que han servido de fundamento para la exclusión y marginación de las mujeres en el seno de las iglesias cristianas. Para comprender mejor lo problemático que resultan estos pasajes bíblicos se pueden citar los más conflictivos.

“La mujer oiga la instrucción en silencio, con toda sumisión. No permito que la mujer enseñe, ni que domine al hombre, que se mantenga en silencio” 1 Tm 2, 11‐12.

Se trata del famoso y ambiguo texto tan explotado para justificar y legitimar la superioridad masculina en la iglesia. Manda silenciar a las mujeres, en contradicción con el reconocimiento por parte de Pablo de la misión de profetizar y orar que desempeñaban las mujeres en el culto, como lo hemos visto anteriormente. Se les prohíbe a si mismo enseñar, lo que obviamente es incongruente con la práctica Paulina. Las mujeres no deben enseñar en la iglesia, sin embargo las ancianas si pueden instruir a las jóvenes en los valores domésticos tradicionales como el ser “amantes de sus maridos y de sus hijos…para que no sea injuriada la Palabra de Dios.” (Tt 2, 3‐5).

De igual manera se puede señalar otro texto: Col 3, 18; 4,1.” Mujeres sean sumisas a sus maridos, como conviene en el Señor…Hijos obedezcan en todo a vuestros padres… esclavos obedeced en todo a vuestros amos en este mundo” Este texto constituye un autentico código doméstico, indica los tres tipos de relaciones que estructuran la casa: mujeres / hombres, hijos/ padres, esclavos /amos.

Según varios autores, se trata de una modificación de la formula bautismal de Gal 3, 28; precisamente porque cualquier transgresión del orden social que establecía la Subordinación de las mujeres al varón, resultaba peligroso y amenazante para el status quo. Es posible que los excesos por parte de las mujeres fuera uno de los conflictos en la Iglesia de Corinto.

El problema de estos textos, es que resultan ser una disonancia dentro de todo el cuerpo paulino. Por eso incluso en el caso de 1 de Co 11, 2 ‐16 varios autores hablan de interpolación; se intuye que fue insertado posteriormente en este capítulo. La conflictividad de los mismos resulta precisamente de su ambigüedad en relación al pensamiento paulino. Al acercarse a los orígenes de estos escritos, situándolos en su contexto, se ponen en evidencia los condicionamientos e incidencia socio‐cultural, que les separa hasta cierto punto del espíritu genuino del cristianismo..

Gal 3, 27‐28

“En efecto, todos los bautizados en Cristo, os habéis revestido de Cristo; ya no hay judío ni griego; ni esclavo ni libre; ni hombre ni mujer, ya que todos vosotros sois uno en Cristo Jesús”

Éste pasaje que se ubica en el contexto de la iniciación cristiana es decir en el bautismo, parece recoger la conciencia que tenían las comunidades de ser una nueva propuesta de convivencia, de relaciones, de ser y existir respecto a los demás. El texto aun cuando se le considera una fórmula bautismal sin duda nace de la experiencia conflictiva que se origina en las diferentes comprensiones de los seres humanos, del mundo, de Dios o de la práctica religiosa en el seno del cristianismo primitivo.

Pablo en el texto no trata el tema de la equidad mujer‐varón más bien su preocupación es la relación judío‐ griego (más adelante trata el tema de la circuncisión). El tema de la carta parece ser la cuestión de la justificación no por la ley, sino por la experiencia del amor misericordioso y gratuito de Dios revelado en Jesús crucificado.

Por otra parte ésta declaración de Gálatas aparece también en 1 Co 12, 13 y en Col 3,10‐11 si bien es cierto que en Corintios no menciona la relación mujer ‐ varón se circunscribe al contexto del bautismo, la referencia al Espíritu indica el origen más profundo de la nueva condición humana en Cristo.

Con el Bautismo el griego, el esclavo, la mujer recupera su dignidad. Todos/as por igual han sido convertidos en Hijos e Hijas de Dios. Este sí parece ser un principio no negociable en la reflexión paulina. Desde ésta perspectiva Pablo se sitúa en el centro mismo de la práctica y Espíritu de Jesús crucificado y resucitado. La interpretación del pensamiento paulino desde la óptica feminista nos abre un significativo horizonte para la comprensión actual del liderazgo de las mujeres en la Iglesia a la vez desmonta los falsos argumentos para justificar el antifeminismo eclesial de ayer y de hoy.

CONCLUSION

Se puede afirmar con toda certeza que las iglesias paulinas reconocieron en su seno el Liderazgo de las mujeres en la extensión, en la animación y coordinación de las comunidades en misión. Muchas de ellas eran de posición adinerada y abrieron sus casas, para dar hospitalidad a los hermanos y hermanas misioneros/as, pero también para que en ellas la comunidad se reuniera en torno a la Palabra, a la oración y a la Eucaristía.

Este hecho favoreció el que se les reconociera como dirigentes dentro de una dinámica de relación y servicio igualitario e inclusivo. Su protagonismo activo y arriesgado en laexpansión y consolidación del movimiento cristiano es innegable, como se puede constatar en las cartas de Pablo. Fueron misioneras, predicadoras y maestras, como ha quedado reflejado en los títulos que les adjudicaban: hermana, apóstol, colaboradora, diaconisa, hubo también profetisas y animadoras de la liturgia. Estas mujeres, habiendo creído en ellas mismas, fueron capaces de recrear algunas prácticas sociales y religiosas y de asumir con responsabilidad su liderazgo en servicio a la misión y a la animación comunitaria.

Pérdida del status de igualdad de las mujeres

La progresiva pérdida de status de igualdad de la mujer se debe a diferentes factores. No se puede atribuir solamente a una actitud puramente contraria a las mujeres, sino que se trata de un proceso de distanciamiento, incluso de pérdida de sentido generalizado de la
comunidad de iguales instituida por Jesús y proclamada por Pablo. La situación generalizada en la iglesia de ese tiempo es la desaparición del profetismo del movimiento cristiano. Estos cambios están relacionados con los conflictos de las autoridades, que comienzan a surgir a finales del primer siglo.

Los siglos II y III se caracterizaron por la confrontación del ministerio profético y el ministerio local para asegurarse la autoridad en la iglesia y por otra parte es un momento en el que proliferan las herejías. Se dan dos concepciones sobre la continuidad de la iglesia: la de Lucas en el libro de los Hechos que apuesta por una iglesia pneumatológica, dirigida y animada por el Espíritu para su continuidad, mientras que en las cartas pastorales la preocupación es la unidad para lograr la continuidad. Esta unidad necesita de una autoridad institucionalizada.

Es así como se inicia el proceso de patriarcalización e institucionalización a finales del primer siglo en el que se asume la ética social que correspondía a la mentalidad de la sociedadjudío‐helenista, especialmente con la incidencia de los códigos domésticos (reflejados en las cartas pastorales) se va dando la exclusión y marginación de las mujeres y su invisibilidad. Una práctica que se va separando del espíritu evangélico originario de las comunidades
cristianas.

Factores que legitiman la exclusión de las mujeres en la actualidad

– Una lectura sesgada de la Sagrada Escritura, descontextualizada, superficial, al margen de los actuales estudios lingüísticos, con prejuicios inconscientes de género.

– Una fuerte influencia del pensamiento griego que persiste hasta nuestros días, sobre todo en la reflexión teológica (En la formación teológica‐doctrinal de los seminarios y algunos centros de estudios).

– La fundamentación e interpretación acrítica y fuera de contexto de la Tradición que se gestó precisamente en el proceso de patriarcalización e institucionalización.

– El otro asunto en cuestión que es determinante en esa realidad de exclusión de las mujeres, es que la organización estructural jerárquica de la Iglesia está ligada al orden sacerdotal. Un orden que, según las autoridades eclesiásticas, fue y debe ser
masculino ya que Jesús no incluyó mujeres dentro del círculo de los doce. Un argumento insostenible, porque no se puede argumentar, sin más, un principio teológico en lo que Jesús no hizo.

Desafíos Imprescindibles

– Seguir en la búsqueda de un liderazgo participativo incluyente, frente a una ministerialidad exclusivamente clerical y monopolizadora. Hay que superar la oposición clero‐laico.

– Es necesario tomar conciencia de la validación de todos los ministerios por sencillos que sean. Evitando el fomento de rangos y privilegios. Hay que considerar que todos los dones y carismas pueden ser convertidos en ministerios.

– El protagonismo de las mujeres debe tener como centro a Jesús, la comunidad y los empobrecidos/as. Es la comunidad la que es ministerial y la que sirve.

– Responder hoy a las nuevas necesidades del pueblo de Dios con la creación de nuevos ministerios, según los diferentes aspectos de la vida de los pueblos (la política, la economía, la cultura).

– Todo ministro o ministra ha de tener conciencia de que su servicio consiste básicamente en asumir la condición de siervo/a para lavar los pies de sus hermanos y hermanas de la comunidad.

El liderazgo femenino se construye y se propone desde una dinámica de conversión permanente personal, comunitaria y eclesial, el volver a los orígenes supone refrescar y recuperar las intuiciones evangélicas con olor a Reino, entrar en conexión profunda con el
Espíritu de Jesús pero también con el espíritu de las antepasadas que abrieron brechas de inclusión e igualdad. De este modo las mujeres siguen hoy asumiendo como imperativo, la propuesta alternativa de equidad y dignificación de los /as hijos/as de Dios.

(Información recibida de la Red Mundial de Comunidades Eclesiales de Base)

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