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Raúl Vera: «La mayor parte del pueblo sirio quiere democracia, pero no una guerra civil» -- Jesús Bastante

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Religión Digital

«Francisco es un Papa muy bueno, pero necesita ayuda»
«La mujer ha de tener un lugar de decisión en la Iglesia. No podemos seguir prescindiendo de ella»
Es uno de los profetas de la Iglesia latinoamericana, que es la que ha de marcar el futuro de la institución. «Cada día la historia da la razón a los padres de la Iglesia latinoamericana», sostiene el obispo de Saltillo, Raúl Vera, que hoy participa en el Congreso de Teología de la Juan XXIII. Sin pelos en la lengua, denuncia la posible intervención militar en Siria, país que visitó en junio pasado, y aplaude «la reacción del Santo Padre, que está siendo excelente».

«Hace muchísimos años que se probó que no se puede considerar a la homosexualidad una enfermedad ni una deformación, moralmente tampoco», argumenta contra quienes le acusan de heterodoxo. «Ya no se pueden consentir interpretaciones cargadas de homofobia y sin una base seria «. Tampoco sobre la mujer: «En la Iglesia todo lo estamos decidiendo los varones: ¡Por amor de Dios, no podemos seguir prescindiendo de las mujeres!».

¿Cómo lleva usted lo de las jerarquías?

Mira, un día hice un análisis de cómo había vivido yo mi vida de fraile, de sacerdote y de obispo; y la verdad es que me di cuenta de que en lo que más me ha ayudado el servicio ha sido en el interés por el ser humano que poco a poco me han ido despertando la vocación de dominico y el sacerdocio ministerial. Después, con el ministerio de obispo, lo que siento que más se ha sedimentado en mí es también el humanismo. Y creo que lo que más cuenta en la vida es lo humano que uno llega a ser. Porque la capacidad que Dios nos ha dado para servir a los demás, es también la capacidad de ser humano. Estoy cada día más convencido de que si tengo alguna cualidad, y si he extraído alguna riqueza de mi historia personal, es por lo que he recibido de los demás. Y esto es lo que más me tranquiliza.

Recuerdo cuando era formador de novicios en los dominicos: Después de tener unos ocho grupos de novicios, pensé que ya había aprendido a ser maestro de novicios. Pero en cuanto me sentí maestro, fue cuando más errores cometí. Fue entonces cuando me di cuenta de que sería un aprendiz toda mi vida. Con el clero, con los grupos de laicos, con los grupos de la sociedad civil… Soy uno más, aunque siento una grave responsabilidad. Para mí ser el hombre que Dios espera que sea es lo más fundamental.

¿Qué estudió usted en la universidad?

Ingeniería química. Esa experiencia de conocimientos que adquirí en la universidad y que también pude poner en práctica siempre lo consideré como una riqueza que yo tenía que aportar, no como un plus sobre los demás. Cuando estuve ubicado en la vida entendí que yo no quería valer más, sino ser más para los otros.
Entré a ser dominico con una gran pasión por aprender y por servir al desarrollo de mi patria y a los cambios del mundo. No estudié en una universidad confesional, pero en la universidad nacional lo dominicos tenían una parroquia universitaria, y ellos fomentaron mi conciencia no sólo de estudiante, sino también de cristiano.
Yo sabía que para poder ayudar tenía que prepararme. ¡Y qué bien me prepararon en la universidad y en la parroquia, para que a los 21 años yo ya entendiera que los males de México y del mundo obedecían a una situación estructural, que había que modificar de alguna manera!

Como ingeniero tuve que trabajar precisamente con estructuras: estructuras dinámicas de producción, y además me di cuenta de que mi profesión formaba parte también de una gran estructura: una rueda en la que lo importante es conseguir el rendimiento óptimo para el industrial, a costa de la explotación de los obreros. Una estructura, también, de extracción de los recursos naturales (por parte de las multinacionales). Y por último, una estructura falsa en cuanto al desarrollo económico, que importaba una tecnología que no era la que México necesitaba.

Santo Tomás de Aquino fue la columna vertebral de mi formación teológica, en diálogo siempre con la teología contemporánea y con el Concilio, y me gusta mucho la frase de Pablo que dice que nos queda mucho trabajo… «hasta que alcancemos al hombre perfecto, que es Cristo».
Y el servicio que a mí me interesa no es el que espera reconocimiento, sino el que sirve asertivamente y busca lograr procesos de dignificación de la persona.

¿Está usted de visita en Madrid?

Sí. Esta mañana estuve concelebrando misa con los dominicos de Atocha, y leíamos el Evangelio de Lucas que narra la primera pesca milagrosa de Jesús con los Apóstoles. Cuando Jesús le dice a Pedro: «A partir de ahora serás pescador de hombres».
Y yo pensaba en la importancia de esto… ¡Si ahora pudiéramos pescar a todas esas personas que en este momento están haciendo lo que están haciendo en Siria…! ¿Cuántas cosas nos evitaríamos?

Eso es pescar al hombre: salvarlo. Pero salvarlo aquí, no «después del techo», como creíamos antes del Concilio. El Concilio nos vino a hacer ese favor.
Salvar a un hombre es «pescarlo» para el bien… Cuánto bien podría hacer la Iglesia si fuera un fermento más vivo.

¿Estuvo hace poco en Siria?

Sí, con una misión internacional, a principios del mes de junio.

¿Cómo vio la situación entonces, y cómo la ve ahora, a las puertas de una intervención militar?

En Siria hay un conflicto protagonizado por una familia, que se ha convertido casi en una familia «noble», con poder hereditario… Y la gente quiere verdadera democracia, eso es cierto. Lo que no es cierto es que sean muchos los que quieren que esa democracia se alcance por medio de la lucha interna, de una guerra civil. Es decir, que la mayor parte del pueblo sirio quiere democracia, sí; pero no quiere guerra civil.

Y las intervenciones externas lo complican todo mucho más. El hecho de que haya un conflicto interno ha abierto grandes ambiciones para las grandes potencias.
No tanto el petróleo: creo que el mayor botín que representa Siria es su posición geopolítica. Realmente de lo que quieren apoderarse es de su situación estratégica. Y para eso sirven las intervenciones extranjeras.


¿Ya se hablaba de armas químicas en el momento en que usted visitó Siria?

Algo se oía, había algunas acusaciones… pero no parecían alarmantes. Y nuestra misión no vio nada. Lo que sí que comprobamos fue la cantidad de armas que llegan de fuera, los mercenarios, y los distintos frentes que ya entonces había. No es que haya una coalición firme de países extranjeros, no señor. Cada quien trabaja para su propio amo.

El Gobierno se quejaba muchísimo y ponía todo su énfasis para que nos lleváramos la impresión de que ellos son la víctima. Pero lo que realmente pasa en Siria es que hay un conflicto de intereses terrible, y un botín que se va buscando.
Algo que me impresionó mucho fue ver que el pueblo sabía perfectamente que estaba en riesgo. Los muchachos sirios sabían que se podían quedar sin patria.
En el momento en que nosotros fuimos, una tercera parte de la población ya estaba desplazada, y un 75% de ellos como refugiados. Según información de la ONU, el 80% de la economía siria estaba destruida, y habían conocido casos de gente comiendo pasto.


¿Y la situación de los cristianos?

Visitamos a unos refugiados cristianos que estaban acogidos en un convento de una de las iglesias orientales. Ellos nos dijeron que tuvieron que salir, porque todos los cristianos orientales estaban en riesgo. Un representante del Vaticano les había ido a ver, y el gran mufti de los musulmanes sunnitas, que me parece un gran tipo, expresó su deseo de hablar con el Santo Padre (que era todavía Benedicto), para pedir que los cristianos se queden, o que no se los lleven definitivamente. Porque lo que él sospechaba es que en Siria se quiere hacer un Estado confesional, y eso sería terrible.

En definitiva, la experiencia que extraje fue que la mayor parte del pueblo sirio quiere la paz, no quiere guerra civil, quiere democracia, pero no quiere derramamiento de sangre. No quieren más muertos.
Una de las personas que estaba conmigo en la misión era el griego que encabezó la flotilla que fue a Gaza a llevar medicinas y alimentos, otro tipo genial. Y en la misión había otros activistas, defensores de derechos humanos, comunicadores, académicos… Muchos de ellos ya habían hecho gestiones, habían hablado con personas del Gobierno sirio, habían visitado Turquía y otros países de la zona… Y asociado a la misión estaba también Pérez Esquivel, que entonces no pudo venir a Siria con nosotros por razones médicas, pero que ahora acaba de mandarle una carta a Obama. En ese momento nosotros habíamos propuesto una conversación en Austria entre los dos frentes opuestos, sólo que la hemos tenido que retrasar a noviembre porque ahora mismo está todo paralizado. Pero de lo que estamos convencidos es de que los que tienen que ser los principales actores son los miembros de la sociedad civil. Porque en la sociedad civil fue donde encontramos la mejor disposición para que haya un arreglo pacífico y un diálogo político.


¿Cree honestamente que es posible parar la intervención militar en Siria?

Lo veo muy difícil, pero creo que sí es posible. Somos muchas personas y muchas naciones las que queremos la paz.


¿Considera importante que Francisco esté capitaneando la defensa de la paz?

La reacción del Santo Padre está siendo formidable, sí. Excelente. Este sábado es la jornada de oración y yo espero que el mufti pueda estar.

Sería la primera vez que un líder musulmán rezara en el Vaticano

Sí, pero es que el mufti tiene de veras espíritu ecuménico. Es un hombre extraordinario, convencido de que puede haber democracia en Siria. Me conmovió su madurez política y su agudeza de análisis.
Durante la guerra de Independencia de México hubo un sacerdote que era estratega militar, del que Napoleón llegó a decir: «Denme 10 hombres como él, y conquisto el mundo». De igual modo, yo pienso que con el mufti, con el sindicato demócrata de Siria y con el partido más de izquierdas de su parlamento, hay salida a la situación actual del país. Por eso no debemos desistir, aunque venga la intervención militar. No podemos dejar de buscar salidas para ese pueblo, no es justo.

Vivimos en un mundo globalizado en el que, paradójicamente, no son muchos los personajes mundialmente conocidos. Dos de ellos son, seguro, el presidente Obama (Premio Nobel de la Paz) y el Papa Francisco. ¿Qué papel desempeñan en esta crisis?

La tradición de la reflexión latinoamericana de la opción por los pobres, de los que sufren, de los pequeños… es la riqueza que tiene Francisco. Es un Papa muy bueno, pero necesita ayuda. Quienes creemos en un mundo diferente, y quienes vemos con toda claridad que la Iglesia tiene que entender que la construcción del Reino se hace en medio de la sociedad; somos los que tenemos que ayudarle. La Iglesia tiene que atravesar los muros de sus templos, y entender que en medio de los pobres, de los perseguidos, de la gente amenazada de muerte… es donde tiene que estar.
Ya somos muchos los que creo que hemos entendido, a raíz del Concilio y gracias a los padres de la Iglesia latinoamericana (obispos, pastores, teólogos y teólogas, catequistas…). Ya hay mucha sangre vertida, hay un caudal con mucha fuerza. Francisco no llega solo: detrás de Francisco hay mucha sangre derramada de quienes han dado su vida por una Iglesia diferente.

¿Como en el caso del Concilio, que no fue inspiración tan sólo de Juan XXIII, sino que hubo muchas personas que ya antes habían «preparado el terreno»?

Claro, muchos pastores, obispos, sacerdotes… El Espíritu Santo no trabaja de golpe y porrazo. La Historia de la Revelación, la historia del Pueblo de Israel, es otro ejemplo de esto. Se trata de una evolución muy seria. Los teólogos en especial fueron fundamentales para la apertura de la Iglesia que se daría con el Concilio.

Los que no vivimos el Concilio en cierto modo nos acostumbramos a vivir una Iglesia «cuesta abajo»: No llegamos a vivir misas en latín, ni iglesias sin participación de laicos… Y sin embargo, hemos visto cómo en estos últimos años todo eso se iba subsumiendo. ¿Cree que las reformas que hay que emprender tienen que ir encaminadas a recuperar los principios del Concilio?

La Teología de la Liberación en Europa no fue conocida: fue interpretada y castigada, precisamente por una cúpula eclesiástica demasiado europea. A lo mejor a alguno le parece fundamentalista lo que voy a decir, pero a mí me da la impresión de que la reforma conciliar en Europa la centraron mucho en la liturgia. Se quiso acabar con la piedad popular, desmitificar ciertas cosas…
Cuando los obispos latinoamericanos se reunieron en Medellín, completaron el Concilio. Pidieron que la Iglesia hiciera una revisión de su renovación (de su aggiornamento), desde los pobres. Ésa fue la propuesta latinoamericana, que no fue asumida. Porque en Europa había habido guerra, pero no había tantos pobres. Por eso la reforma del Concilio se centró en la eclesiología de comunión (que no estuvo mal), pero no en los pobres.

Sin embargo, el Espíritu Santo hizo su trabajito, y cuando los obispos latinoamericanos (que son los únicos que tienen magisterio propio) se reunieron en sus conferencias generales, hicieron una reflexión del Concilio desde los pobres. Y ése fue «el escándalo»: la apertura de la Iglesia a la injusticia, a la explotación, al manejo del dinero y a las complicidades que provocaron tantos muertos en Centroamérica. El escándalo no fueron las reformas litúrgicas del Concilio, sino esta apertura de Medellín. Y entonces comenzó la carga. Ésa fue la Guerra Fría de la Iglesia.

En ese sentido, el Concilio Vaticano II en América Latina hizo un camino mucho más incisivo y más lógico, viendo las desigualdades del mundo, las contradicciones que son cada vez más agudas y más fuertes, los abusos que se cometen contra las personas… Cada día la historia da la razón a esos padres de la Iglesia latinoamericana. Y Bergoglio está formado en esta teología.

Es curioso que en la Iglesia se suela rehabilitar a personajes que antes han sido condenados, cuando se demuestra que buena parte de sus ideas o su teología no eran tan «pecaminosas» como parecían…

Hay que tomar en cuenta que hay personas geniales que ven cosas antes de tiempo. San Alberto Magno, doctor de la Iglesia, dominico y maestro de Santo Tomás de Aquino, dijo que no contaría todo lo que había observado en la naturaleza (él era filósofo y especialista en botánica), porque lo considerarían brujo y lo condenarían. Y es cierto, porque en su tiempo él comprobó más cosas científicas de las que a lo mejor podía soportar la gente.
Así, al mismo tiempo que nuestra teología latinoamericana sigue madurando, aparece un obispo de Roma con una carga muy fuerte, forjado en una escuela de mucho dolor, con espíritu martirial… Y eso es una bendición.

¿Cree que veremos pronto la beatificación de Romero, de Ellacuría o de otros de los mártires a los que usted se refería?

Espero que sí, que se abra camino.

Usted ha hecho declaraciones sobre la homosexualidad a raíz de las palabras del Papa Francisco s su vuelta de Río de Janeiro…

Sí, y antes de hacerlas me he asesorado, y he hablado con científicos que aseguran que no se puede considerar a la homosexualidad una enfermedad ni una deformación. Moralmente tampoco. Y esto lleva ya muchísimos años probado, desde la segunda mitad del siglo XX. Así que ya no se puede consentir que se hagan interpretaciones sin una base seria, y además cargadas de homofobia. El Papa Francisco dijo: «¿Quién soy yo para condenar…?», pero precisamente, condena y rechazo es lo que había por parte de la Iglesia. Tenemos que avanzar en el diálogo con la comunidad homosexual del mundo. ¡Por amor de Dios!

Nosotros comenzamos a trabajar con la comunidad homosexual de Saltillo a raíz de los casos de muchos muchachos que son echados de su casa por sus propios padres, llenos de ira. A una madre le tuve que decir: «Ya, mijita, deje en paz a su hijo».

¿Cuál es el papel que debe tener la mujer en la Iglesia?

Un lugar de decisión. Todo lo estamos decidiendo los varones. ¡Por amor de Dios, tenemos que ver los signos de los tiempos! Ya lo dijo Juan XXIII en los años 60: no podemos seguir prescindiendo de las mujeres. Yo lo veo en las pobres hermanas religiosas, las monjas de clausura: son las más marcadas por nuestro machismo.


¿Cree posible el sacerdocio de la mujer?

Sinceramente, no estiraría el tema hasta ahí porque entonces vamos a acabar tronando, y eso puede retrasar más años aún la presencia de la mujer en la Iglesia. Pero de alguna otra manera hay que resolver ese problema ya, que la mujer deje de aguantarnos y soportarnos mientras nosotros tenemos el poder de decisión porque tenemos el «orden sagrado». Eso no es ningún argumento para estar aplastando de esa forma a las mujeres.


Va a participar este fin de semana en un congreso organizado por la Fundación Juan XXIII en el que hablará de Teología de la Liberación. Hacía mucho tiempo que un obispo en ejercicio no acude a este congreso…

La Teología de la Liberación fue el comienzo de la Teología latinoamericana. Pero quienes se asustan de la Teología de la Liberación a estas alturas, ven fantasmas.
La Teología latinoamericana trabaja con los pobres, para hacerles sujetos de su propia historia, pero es el Evangelio el que es liberador, es Jesucristo el que dijo «vengo a liberar a los oprimidos». Las lecturas que se hicieron contrarias a esto las hicieron las dictaduras militares, por miedo a la revolución y a los comunistas.
En su momento hubo diversas corrientes, pero ahora hablamos de una teología que ya ha madurado, que tiene conclusiones muy firmes y que las expone con toda la libertad del mundo.

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