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Que modelo de sociedad (y de Iglesia) defendemos a través de la familia? -- Roser Puig

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Moceop

La familia, base de la sociedad (y de la Iglesia). Como base de la sociedad, todos los poderes de los sectores que la conforman pretenden controlar la familia. El poder político a través de las leyes civiles, el religioso a través de la moral religiosa, y el poder económico a través de la mentalización mediática que incita al consumismo.
Todos ellos saben que, según sean los valores que predominen en la familia, esos serán los valores que predominarán en la sociedad, por lo que su sector puede salir beneficiado o perjudicado con ello. Por lo tanto, nos encontramos ante una pugna de poderes en el tema de la Familia.

En estos momentos, en España la disputa más evidente es la que está entablada entre el Gobierno y la Conferencia Episcopal. Ambos poderes intentan imponer su modelo familiar (igualitario o patriarcal) .El predominio de uno u otro, podría inclinar la balanza hacia un régimen democrático, o hacia otro autoritario. Los dos afirman “defender la familia.” . Está en peligro la familia? Encuestas realizadas en universidades españolas han dado como resultado que, por ahora, la institución más valorada por los jóvenes es la de la familia.

Ahora bien, no se especifica qué tipo de familia prefieren los jóvenes. Saber ese detalle sería importante porque en la ONU se reconocen una veintena de modelos de familia, legales en los distintos países integrados en ella. Por otra parte, en España estamos asistiendo a la llegada y asentamiento de una pluralidad de culturas, con sus correspondientes tradiciones y modelos familiares, todas ellas constitucionales, siempre y cuando respeten la legislación vigente en nuestro país.

“La familia importa”A raíz del cambio de signo político en España, algunos obispos españoles han incrementado su campaña “en defensa de la familia tradicional”. A ella se han sumado las asociaciones laicas de tendencia católico-conservadora. El lema que enarbolaban los obispos en junio del 2005, en su primera e inédita aparición al frente de una manifestación multitudinaria, era: “la familia importa”. Familias enteras que protestaban porque consideraban amenazados sus derechos civiles y morales, pues estaba en trámite una Ley que reconocía los de las parejas de hecho y los matrimonios entre personas del mismo sexo.

Ley que, finalmente, quedó aprobada en el siguiente mes de julio. ¿Todos aquellos manifestantes confundían la gimnasia con la magnesia, como vulgarmente se dice? Era evidente que alguien se había encargado de confundirlos y de espolear la homofobia, porque en nuestro país el que otros modelos de familia vean sus derechos legalmente reconocidos, no afecta para nada los de las familias tradicionales. Si la familia no está en peligro, y si la familia importa a todo el mundo ¿a santo de qué se echaron a la calle los obispos?

Intereses inconfesados Quienes encabezaban la manifestación no eran unos ignorantes, ni estaban confundidos. Sabían perfectamente que los derechos de todos los ciudadanos están garantizados por la Constitución Española. En esa y en sucesivas ocasiones, la defensa de la familia ha sido solo una excusa por parte de algunos obispos (y de las organizaciones laicas afines) para hacer una demostración de fuerza ante un Gobierno que está advirtiendo de la necesidad de revisar los acuerdos del Estado Español con la Santa Sede, que datan del año1979 y que han garantizado hasta ahora privilegios de la religión católica sobre las otras religiones en nuestro país.

A los obispos les interesaría conseguir que el actual Gobierno de izquierdas dejara de gobernar para que las cosas no cambien. Alegaban entonces, y siguen alegando ahora, motivos morales para organizar crispación a fin de desbancarlo. ¿Confían en que el partido político de derechas al que suelen apoyar, si recupera el poder, derogará no solo la ley contra la que se manifestaban entonces, sino otras leyes y proyectos de ley que resultan peligrosas para el monopolio moral que durante siglos había detentado la Iglesia Católica en España? Creo que los obispos no se hacen muchas ilusiones al respecto, dado que, cuando tuvo ocasión dicho partido político no lo hizo.

Por lo tanto, parece ser que el deseo real de los obispos es el de retrasar lo más posible la inevitable separación Religión-Estado, o laicidad, hacia la que se encamina toda la sociedad occidental. Por lo pronto los políticos de derechas ya han demostrado que pueden tener muy mala memoria respecto a la caducidad de los Acuerdos con la Santa Sede.

Qué modelo de familia? Los obispos defienden (a instancias del Papa Benedicto XVI y por la cuenta que les tiene) el modelo de familia tradicional llamado “cristiano”. O sea, defienden la familia formada a partir de una pareja heterosexual y casada canónicamente y, por lo tanto, indisoluble (siempre y cuando el Tribunal de la Rota no decida que ese matrimonio no ha existido jamás). Su lucha sería legítima, si fuera honesta ¿Porqué digo esto?

Pues porque, además de desinformar a las familias sobre sus verdaderas razones para lanzarse a la calle, en la campaña 2004-2005, los obispos, con la intención de influir en las conciencias de los fieles, afirmaban en una nota de la Subcomisión Episcopal de Familia y Defensa de la Vida, (difundida en todas las parroquias y centros católicos del país) que la familia mixta fue “instituida” por Dios en el instante de la Creación(“Hombre y mujer los creó”Gen. 1,27) El Catecismo de la Iglesia Católica siempre nos había enseñado que “los sacramentos fueron instituidos por Jesucristo”.

Ahora , con la evidente intención de descalificar moralmente la unión de personas homosexuales, resulta que La Conferencia Episcopal Española, mas papista que el Papa, dice que fue el mismo Dios quién “instituyó” el sacramento del matrimonio. (Jornada de Familia y Vida, 2- .”La verdad del matrimonio: hombre y mujer”) Esto, indudablemente, debió espolear la homofobia entre los que decidieron asistir a la mencionada manifestación en contra de las uniones homosexuales.

Menos mal que la cita bíblica no seguía en dichos folletos porque de seguir leyendo la narración., por la misma regla de tres, hubieran “probado” también que Dios “instituyó” el incesto en el instante de la Creación (“y les bendijo Dios y les dijo: fructificad y multiplicaos”, 28) porque ¿como se entiende sino que pudieran haberse ”multiplicado” las primeras generaciones de seres humanos, partiendo de dos únicos ejemplares ,como dice la Biblia, si no hubiera sido a base de sucesivos incestos? No, aprovecharse del analfabetismo bíblico-religioso de la mayoría de los fieles, no me parece honesto. .

¿Es cristiana la llamada “familia cristiana”? Me hago esta pregunta a tenor de que, quienes la defienden con más ahínco, son aquellos que defienden las prerrogativas del “cabeza de familia” por encima de la igualdad en dignidad, libertad y derechos del resto de los miembros de la familia. Y, ante algo tan alejado del mensaje central de igualdad fraterna del Evangelio de Jesús de Nazaret, no tengo más remedio que expresar perplejidad por el empeño, por parte de la Jerarquía católica, en llamar “cristiano”al modelo determinado que ellos defienden.

¿Es que un régimen familiar donde existe diferencia de dignidades (todos los miembros de la familia supeditados al “cabeza”, y las mujeres por debajo de los varones) carencia de libertad (el “cabeza” la concentra toda) amén de la desigualdad en derechos y oportunidades entre sus componentes, puede ser fruto de una fe cristiana? ¿Acaso la palabra “cristiano” no identifica a un discípulo de Cristo? ¿Es que Cristo no es el mismo Jesús del Evangelio que nos reveló que Dios es Padre de todos los seres humanos por igual?

Pienso que se está utilizando con demasiada ligereza el apellido de “cristiano” aplicándolo indiscriminadamente a todo lo que proviene de la Iglesia Católica. Y, si somos sinceros con nosotros mismos, deberemos reconocer que no todo lo que provenga de normas y leyes católicas puede ser considerado fruto del Espíritu Fraterno del Evangelio. Recordemos las excomuniones por no obedecer al Papa sumisamente, los anatemas por atreverse a pensar diferente, las discriminaciones por razón de sexo, el atender más a la grandeza de la Institución que al bien de las personas, el aliarse descaradamente con los magnates de un sistema socio-económico-político- globalizado- neoliberal que está matando (con guerras y de hambre) a las personas, expoliando pueblos, deshumanizando a las generaciones, destruyendo la Naturaleza etc.

¿Puede la familia patriarcal transmitir valores de solidaridad? Pero volviendo a la familia ¿puede una familia, en donde los miembros sometidos se ven abocados a competir entre sí para obtener el beneplácito del “cabeza” familiar, desarrollar y crecer en valores de solidaridad? La envidia y la rivalidad entre hermanos por esta causa está presente ya desde los inicios de la Historia, todo a lo largo del Antiguo Testamento, cuando el Patriarcado se consideraba poco menos que Ley Divina.

A partir del Nuevo Testamento, la solidaridad con todos los seres humanos es la característica reveladora de lo que es o no es “cristiano”. Solo por este “detalle”, podríamos afirmar que la familia de filosofía patriarcal “no es cristiana” (independientemente de la calidad moral de cada uno de sus miembros, claro está)

¿Porque la defiende con uñas y dientes la Jerarquía católica? El hecho de que sean precisamente unos señores célibes y (supuestamente) sin hijos quienes defienden con más tesón la familia tradicional de raíces patriarcales, no deja de ser curioso aunque, en mi opinión, tiene una explicación:

Una familia estructurada patriarcalmente, es un calco de la actual estructura eclesiástica católica. Es decir, la Iglesia oficial está estructurada de forma piramidal, con un “cabeza” a quien el resto de los miembros están supeditados, y el cual tiene el poder de conceder privilegios a quienes considere más idóneos, sin que nadie se lo discuta.

Otro tanto ocurre en la familia de inspiración patriarcal. En la familia patriarcal, el “cabeza” tiene poder absoluto para censurar y castigar arbitrariamente. Es el temor a la autoridad lo que la mantiene unida. En la Iglesia Católica ocurre otro tanto. Por otra parte, siendo la familia la posible cantera de nuevos miembros para el clero, hace falta que ellos estén educados en la línea de la obediencia ciega a la autoridad única, y que la asuman como”designio divino”(al igual como ocurre en la familia de filosofía patriarcal).

De lo contrario, si estuvieran educados en la igualdad y la libertad, pondrían en peligro la jerarquización absolutista- piramidal y los privilegios (de casta y de género) de que han disfrutado, durante tantos siglos, quienes se han auto-adjudicado el derecho a ejercer el poder en la Iglesia.

¿Cuales son los valores éticos que reivindica la Jerarquía en nombre de la familia? Los valores que enarbolan quienes en España se resisten a revisar los acuerdos con la Santa Sede, giran en torno a la conducta sexual de los fieles. Exigen que, lo que la Doctrina Católica cataloga como “pecado”, sea declarado “delito” por las leyes civiles.(divorcio, aborto, unión de homosexuales, investigación biogenética) La misoginia y la homofobia, además del afán de poder y de diferenciarse como clase social, quedan evidentes en sus actuaciones y manifestaciones.

Una actitud reveladora de los valores del modelo de sociedad que defiende la Iglesia Católica oficial, es la no-ratificación por parte del Estado Vaticano de la Declaración Universal de los Derechos Humanos. Y, por parte de la Conferencia Episcopal Española, la campaña en favor de la objeción a la asignatura de Educación para la Ciudadanía. Asignatura que incluye el estudio de dichos Derechos Humanos en las escuelas. Que“la Iglesia no puede ser una Democracia, porque es una Teocracia”, se lo oímos decir a Juan Pablo II, y se lo hemos oído también a otros miembros de la Jerarquía.

Sin embargo, algunos jerarcas españoles en diciembre pasado, durante otro encuentro de familias en la plaza de Colon de Madrid, afirmaron (sin sonrojarse) que la actuación del actual Gobierno “amenaza” los Derechos Humanos y la Democracia, como si ellos fueran acérrimos defensores de los unos y la otra.

Por otra parte, es evidente que la igualdad no es el valor más apreciado por los padres católicos conservadores que objetan la asignatura de Educación para la Ciudadanía. Dichos padres suelen llevar a sus hijos a colegios segregados en los que se imparte una educación específica para cada sexo. En el I Congreso Internacional de Educación Católica para el siglo XXI celebrado en Valencia en abril pasado, el Arzobispo García Gasco reclamó subvenciones para dichos colegios privados, los cuales no pueden ser homologados como concertados por no cumplir la Ley de Igualdad: “El Estado no puede limitarse a tolerar las escuelas de iniciativa social porque prestan un servicio público y tienen, por consiguiente, el derecho a ser ayudadas económicamente», dijo.

En nombre de la moral, unos y otros se oponen a que los jóvenes reciban información sexual científica y laica en la escuela, lo que revela irresponsabilidad por parte de los padres, dada la libertad de costumbres de los jóvenes hoy en día. Y, por parte de quienes han renunciado voluntariamente a las relaciones sexuales, además de a las responsabilidades familiares, el deseo de controlar el como, el con quien y el cuando de las relaciones sexuales de los demás. ¿ No se dan cuenta que, a excepción de algún grupo fundamentalista, prácticamente nadie les hace caso en cuanto a la pecaminosidad del uso de los preservativos y anticonceptivos?.

Pero la Jerarquía, en lugar de recapacitar de lo absurdo de sus prohibiciones en esta materia, insiste en mostrarse víctima del “laicismo galopante extremista”.Y en lugar de reconocer la pluralidad de la sociedad española, insiste en recibir un trato de favor especial .No acepta un Estado laico en el que ninguna religión imponga sus esquemas éticos en la sociedad civil Conclusión: según sean los valores del modelo de familia que se adopte, será el modelo o concepto de sociedad (y de Iglesia) que se defienda: igualitario o totalitario.

(Artículo facilitado por Juan Hernández)

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