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PREPARATIVOS DEL IX ASAMBLEA DEL CONSEJO MUNDIAL DE IGLESIAS (CMI). K. M. George

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Todavía hay camino por andar, pero oramos con fervor… y juntos
Adital
La carpa para el culto simbolizará el objetivo declarado del CMI de ser un espacio en el que las iglesias se llamen a la unidad visible en una fe y en una comunión de amor.

La gran carpa de culto de la IX Asamblea del Consejo Mundial de Iglesias (CMI) en Porto Alegre será un espacio único y elemento esencial de la vida de la Asamblea. Unos 3.700 participantes procedentes de iglesias de todo el mundo se reunirán dos veces por día bajo su blanco techo para celebrar su fe, su esperanza y su comunión en Jesucristo y para orar por una mayor unidad.

La Asamblea del CMI, la reunión más grande y más representativa de las iglesias cristianas de todo el mundo, será una Asamblea de oración. Su propio tema es un ruego: «Dios, en tu gracia, transforma el mundo». Sus deliberaciones y debates, sus decisiones políticas y sobre programas estarán pautadas por el espíritu de oración al Dios trino, Creador, Sostenedor y Salvador de todos.

La carpa para el culto simbolizará el objetivo declarado del CMI de ser un espacio en el que las iglesias se llamen unas a otras a la unidad visible en una fe y en una comunión de amor para adorar el misterio trino del Padre, el Hijo y el Espíritu Santo.

Y sin embargo, los cristianos que se reúnan allí recordarán con pesar que siguen divididos por motivos de historia, creencia, prácticas culturales y estructuras institucionales. Todos serán conscientes de que no pueden todavía tener una celebración eucarística común ni culto sacramental alguno, ni siquiera una «liturgia ecuménica». Pero esto no les impedirá expresar su ferviente esperanza de unidad en Cristo su Salvador y afirmar su fe y confianza común en el poder del Espíritu Santo que nos conduce a la verdad.

Cuando los participantes en la Asamblea de Porto Alegre se unan para compartir sencillos y alegres actos de oración y canto, algunas preguntas tendrán un lugar predominante en sus pensamientos:

– ¿Qué es lo que nos impide a los cristianos perfeccionar y celebrar nuestra fe y comunión en Cristo nuestro común Señor?

– ¿Cuáles son los obstáculos doctrinales e históricos que mantienen divididas a nuestras iglesias?

– ¿Qué deberíamos hacer ahora para -como cuerpo unido de Cristo- dar testimonio de Cristo crucificado y resucitado?

Para tratar de responder esas preguntas, la Asamblea buscará comprensión e inspiración en esos momentos de oración y culto en común.

La belleza de la diversidad

La gran diversidad de culturas y tradiciones espirituales representadas en los cultos cotidianos sin duda causarán asombro entre quienes participan por primera vez en un acontecimiento mundial semejante.

La diversidad es un don de Dios a la humanidad, y la Asamblea del CMI y el culto que se celebrará en ella están pensados para poner de manifiesto de muchas maneras la belleza que aquélla encierra. Oraciones e himnos, signos y símbolos, ritos y rituales sacados de diferentes tradiciones cristianas encontrarán su debido lugar en la vida de culto.

Sin embargo, se pondrá cuidado en no mezclarlas de una manera que enmascare la identidad particular de una tradición o que ofenda la sensibilidad de alguna iglesia miembro del CMI y, en la medida de lo posible, cada tradición estará representada íntegramente.

Con este fin, el Comité de Culto de la Asamblea ha tenido muy en cuenta las reflexiones de la Comisión Especial sobre la Participación Ortodoxa en el CMI. Siguiendo las recomendaciones de la Comisión, la vida de culto de la Asamblea se ha organizado como servicios confesionales o interconfesionales.

Mientras que el culto en común interconfesional de las mañanas utilizará recursos litúrgicos de varias confesiones y tradiciones, los servicios de la tarde tendrán principalmente la forma de lo que la Comisión Especial describe como culto en común confesional, preparado por una tradición o familia confesional para la Asamblea en su conjunto.

Sin embargo, una familia confesional puede invitar a otra a conducir un servicio confesional conjuntamente si ambas están en una situación que se los permite. Este sería el caso, por ejemplo, de el culto vespertino preparado por la Federación Luterana Mundial (FLM), que ha invitado a la Alianza Reformada Mundial (ARM) a participar en él.

«Al invitar a nuestros hermanos reformados a conducir con nosotros este culto vespertino, preparado según la liturgia luterana, quisimos dar una expresión tangible de nuestro testimonio ecuménico más amplio y de nuestro compromiso con el movimiento ecuménico», dice el pastor Dr. Ishmael Noko, secretario general de la FLM.

Arrepentimiento y acción de gracias
La comunidad de la Asamblea en oración es concebida en un marco amplio de arrepentimiento, celebración y compartir. Las oraciones de intercesión del culto diario serán sin duda una experiencia conmovedora para muchos. Fiel a la vocación de la iglesia, la Asamblea llevará en su oración al mundo entero con su dolor y su sufrimiento, su esperanza y su alegría. Éste será un acto de espiritualidad, por el que se ofrecerá la creación entera a su Creador en arrepentimiento y en gozosa acción de gracias, para que el mundo pueda ser transformado.

La transformación de las personas, de las estructuras sociopolíticas, de nuestras propias iglesias e instituciones con miras al Reino de Dios es central para el tema de la Asamblea y para el movimiento ecuménico. La Asamblea orará al unísono por el Reino de Dios en la vida diaria de nuestro mundo.

De muchas maneras, el culto de la Asamblea será una anticipación de nuestra esperanza en la unidad esencial del mundo de Dios a pesar de las divisiones y divergencias actuales. La unidad de los cristianos a la que aspiran las iglesias miembros del CMI no es para exclusivo beneficio del Consejo, ni siquiera del movimiento ecuménico, sino de toda la humanidad y de la creación.

Los presentes en Porto Alegre escucharán juntos la Palabra de Dios que recrea el mundo, y juntos se ofrecerán al poder del Espíritu Santo que transforma nuestras vidas.

K. M. George es sacerdote de la Iglesia Ortodoxa Siria de Malankara/India, moderador del Comité de Programas del CMI (1998-2006), director del Seminario Teológico Ortodoxo de Kerala/India.

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