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PERIODISTAS, A MERCED DEL AZAR. Livia Díaz

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Cimac

Hace 12 años, cuando se integró la Red Nacional de Periodistas, una sindicalista especializada en asuntos laborales nos informó, después de realizar una encuesta a las 36 mujeres reporteras provenientes de todo México reunidas, que los reporteros somos el peor gremio del país. “Nunca había encontrado un grupo de trabajo humano con tal consciencia del riesgo y tan poca seguridad”, dijo.

De todo el grupo, solo un puñadito de “privilegiadas” tenía seguro social; es decir asegurada su vejez, antigüedad y seguro médico; dos tenían seguro de vida; menos de la mitad salario base -y este no correspondía en todos los casos al salario mínimo profesional del reportero;- prestaciones, ni soñarlo, pero todas anotamos riesgos en y por el trabajo:

“Estrés, gastritis, úlcera, migrañas, várices, cansancio crónico, trastornos del sueño; padecer accidentes en y por el tránsito, violencia física, lesiones, robo, asesinato”, entre otras cosas.

Con esto advertí, ya en aquel entonces, que la violencia viene desde adentro, que esta indiferencia ante nuestra situación laboral causa que los reporteros estemos a merced del azar.

A esto se agregaron las coincidencias. Anotar que esto ocurre en todo el país, desde Tijuana hasta Mérida. Aprender que a todas nos afectaba la competencia, a veces desleal, entre compañeros; la discriminación, ya que a los hombres no les pagaban tan mal; la selectividad de las fuentes para con las mujeres, las más jóvenes y bonitas en sociales y comercialización; los problemas para acceder a mejores puestos, y para ascender. La misoginia presente en la selección de materiales a ser publicados, dando preferencia a los de los varones.

Todo esto no es tema del pasado. Y sin embargo a pesar de los despidos forzados por el embarazo, renuencia a inscribir a los integrantes de la redacción al Seguro Social, o a otro servicio médico; vivienda; jornales de trabajo determinados; dotar de equipo de trabajo apropiado, desde identificación, acreditación; telefonía y radio, viáticos, máquina para escribir o computadora, cámara, grabadora, “todas hacemos hasta lo imposible por hacer bien el trabajo, y sacar adelante la chamba.”

Esta banda de incongruentes, amantes de este trabajo, consigue todo lo necesario cada día para realizarlo. Tener todo el equipo, transmitir la información, sacar dinero para sostenerse, sostener al medio y además vender publicidad; crear sus credenciales, su red de informantes, atender a los clientes, aprender rápidamente, nutrirse del colectivo, hacer de fotógrafo, reportero, corrector, editor, redactor, analista y comentarista; y hasta a veces, formar a las fuentes, orientarlas, instruirlas, comunicarlas, crearles discursos y marcos políticos, legales, administrativos y educativos.

Actualmente, además hay que canalizar, ser pedagogo, catalizador, gestor, defensor de los derechos humanos, legales y privados; asistente de la sociedad, orientador o deformador, material de consulta, fuente de información ambulante, y todo ello mediante las palabras.

Quién sabe cómo le hace pero saca adelante su chamba. ¿Quienes hacen de esta vida su oficio? ¿Con qué elementos cuentan? Hay de todo. Y sin embargo cada uno cumple una función social, desde el que hace la hojita mensajera, hasta el elemento de la empresa multimedia, tiene que emplear todo su ingenio y talento para hacer bien su trabajo y sacar adelante su chamba, además de hacer dinero.

De las mujeres de aquel grupo, apenas 4 eran casadas, la mitad divorciadas, separadas, o en pareja. La tercera parte es el sostén económico de su familia, con al menos dos hijos que mantener, sin hogar propio, ni otras propiedades. Y solo unas cuantas eran dueñas de su medio informativo, de poco tiraje, reducido, sin apoyos ni estímulos. A su actividad cotidiana en al menos 2 medios se agregaba por lo menos una corresponsalía y varias colaboraciones eventuales, de las que por lo general no se obtiene ningún ingreso. O bien, otro empleo base o venta de productos como Avon, Fuller; tiendita o changarrito, entre otras chambitas “para completar.”

Las soluciones no saltaron a la vista. El sueño irrealizable del periodista, incluido el de escritorio, enfrenta unilateralmente a las empresas, que saben que somos dispensables, y saben que el estímulo intelectual en esta actividad, que es un arte personal, por razones obvias no tiene tintes colectivos.

Tan concienzuda ha de ser la labor del que escribe de salud, como la del que hace análisis financiero. Tan importante es la palabra del que imprime un comentario, como la del que va contra el tiempo en una agencia.

A todo esto se suman los requerimientos, cada vez más exigentes de posicionar la información, que inclina la balanza hacia temas del día, desde políticos hasta policíacos, que han de diferenciarse y demostrar el talento del reportero reflejándose en el medio de uno u otro para posicionar la noticia, y demostrarle al lector su avanzada estrategia en la obtención de las notas, de primera mano, y de más y mejor contenido.

Ambas cosas impiden disponer del tiempo, la coincidencia y la efectividad para una organización y para consolidar acuerdos. Es evidente también que interviene otro factor, como es el hacerlo a sabiendas de represión y represalias, por los propios empleadores, por el propio gremio –en ocasiones manipulado en contra de las iniciativas por los intereses,- y la inseguridad.

A la represalia, al golpe, al asesinato, al despido surge la pregunta necesaria ¿cuántos de éstos y estas mexicanas, trabajadoras de los medios de comunicación e información tenían garantizado su trabajo?, ¿pensión, vivienda, servicios de salud a sus hijos?

Esto es síntoma y reflejo de la violencia ejercida desde la propia sociedad. Ha sido permisible devaluar y desvirtuar el esfuerzo de los reporteros. Anular, reprimir, hostigar, negar, reprobar, satanizar, y criminalizar al individuo hasta victimizarlo, consintiendo que sea blanco de ataques. Lo cual indiscutiblemente repercute en el que hace hasta lo imposible por sacar adelante su chamba y hacer bien su trabajo.

(*) Livia Díaz es Periodista, corresponsal de Cimacnoticias en Veracruz.

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