InicioRevista de prensalgtbPASTORAL PENITENCIARIA. INGENERACIÓN. EL OJO DE LA AGUJA. Leonardo Belderrain (Argentina)

PASTORAL PENITENCIARIA. INGENERACIÓN. EL OJO DE LA AGUJA. Leonardo Belderrain (Argentina)

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Introducción
Yo lo escribí ¿Quién? ¿Un niño o un viejo, un letrado o un ignorante, un rico o un pobre, un hombre o una mujer? Yo soy eterno, eternamente pelotudo, idéntico a mi mismo sin poder salir del lugar en donde fui generado. La máquina aristotélica de la generación produce la inmovilidad de mi ser, sin dejarme escuchar ningún llamado como el de Jesús a Lázaro. Supongamos este fragmento evangélico (irremediablemente apócrifo):

-Maestro

-¿Quién sos…?

-Yo

-¿Quien?

-Lazaro

-Escuchame, dejalo todo: tu dinero, tus riquezas, TU YO y seguime

Lo demás ya lo conocemos por los Evangelios canónigos. Es más fácil pasar por el ojo de una aguja (retornamos a la versión apócrifa) que yo entre al Reino de los Cielos. Como dice Michel De Certau: “Creer es ‘venir’ o ‘seguir’ (gesto marcado por una separación), salir de su lugar, estar desarmado por ese exilio fuera de identidad y del contrato, renunciar así a la posesión y a la herencia, para ser librado a la voz del otro y ser dependiente de su venida o su respuesta” (De Certau, 2006: 300).

Un gay o un travesti, no es un degenerado al que se debe de regenerar; es un ingenerado que hizo un suspenso en la máquina aristotélica de generar lo mismo. Elige el exilio, el ojo de la aguja. De modo reactivo, sí está bajo la condición de arresto, se lo introduce en la máquina aristotélica para su regeneración (pulsando el control de centrifugado) cuando es incluido en el mismo pabellón de los violadores.

En ese sentido regenerar es un nombre del daño moral, más aun, dice sobre la esencia dañina de la moral: la obscenidad del superyo exigiendo gozar.

En el borde del agujero de la aguja, que a sazón separa los dos capítulos de este artículo, yo (Leonardo Belderrain) y yo (Diego Zerba) pretendo ingenerar el límite de una escritura.

1. La prevención del daño moral en las cárceles.

¿A quien le sirve poner en el mismo pabellón a travestis, homosexuales y violadores?

Por un pedido especial del Jefe de Unidad, he visitado, en estas últimas semanas, el pabellón de travestis, homosexuales y violadores de nuestra unidad.

Constato, en mi visita, en la población en general, un particular clima de depresión distinto al de otros pabellones de la unidad, que me ha hecho valorar enormemente la intuición del jefe de unidad, para intentar sumar luz a estos internos tan marcados por la oscuridad y el taedium vitae.

El sentimiento común de estos internos es que allí no llegan los “beneficios”, que nadie los mira con buenos ojos, que injustamente fueron apartados de la escuela (ellos relatan un hecho, que por encontrarse dos de “ellas” eróticamente con dos internos heterosexuales, fueron castigadas todas las compañeras del pabellón, privándoselas de asistir a la escuela). Se le pregunto al jefe de tratamiento, si eran fundados estos reclamos, y nos manifestó que no había intenciones explicitas de discriminar a los homosexuales de la actividad escolar del penal, que iba revisar si hubo contraordenes en su ausencia. Por mi parte, creo que puedo comprender que aumente el nivel de estrés algunos hechos, de nuestros escasos agentes penitenciarios, pero que este sentimiento o fobia debería, tratarse, de comprobarse y trabajarse con nuestros psicólogos. De no revertirse el estatus quo escolar, se complica todo intento de rectificar la conciencia de indignidad de estos internos. Sobre todo en cárceles como las nuestras, momentáneamente desmanteladas para el trabajo.

Curiosamente, estas internas que han desarrollado algo más que nosotros su femenino, dicen que solo realizan tareas de limpieza. Reproducimos de esta manera, nosotros los penitenciarios, el mismo trato de pronóstico infausto que da la sociedad e incluso algunas iglesias, a las mujeres pobres. Se recomienda al respecto, que intentemos jugar desde nuestra capellanía y nuestro gabinete psicológico, con tareas creativas en las que nuestras internas se sientan orgullosas de lo que producen. Otro aspecto grave de lo que esta sucediendo, es que algunas internas dicen que hace más de un año no pueden saber su estatus inmunológico, y que no han tenido respuestas.

Es consabido que la mayoría de estas internas ha ejercido la prostitución, muchas de ellas sin cuidarse, lo que las mantiene en una agónica vigilia, sin saber si tendrían que estar recibiendo la medicación y la debida dieta alimentaria. Se le pregunto al jefe de tratamiento por esta anormalidad que genera tanto daño moral, y señalo que quienes son los victimarios de tal atropello, son los infectologos de la Unidad aledaña, que según el oficial “no hacen nada”, y que, a mi entender, si se constatara dicha desidia, creo que seria pertinente denunciarlos a jefatura por eutanasia activa encubierta (homicidio simple cuando si no llegamos a tiempo y se concreta el óbito). Por ultimo y no menos elocuente, no se sabe desde que tradición, el pabellón que visitara en estas semanas, dice en su entrada: “Delitos contra la honestidad”.

En esto se observa que alguna filosofía penitenciaria, a mi modo decadente, se alinea con alguna teología también decadente, que piensa que los únicos pecados graves que merecen el apartheid son los del sexto mandamiento, vinculado con “el sexo o la carne”, y que todo el resto no merece ni siquiera ser revisado, ni significarlo.

Hoy se sabe que aquella teología y pedagogía poco judía y muy neoplatónica, es mentirosa y encubridora de los verdaderos delitos contra la honestidad, que pasan por el simple hecho de mentir y tapar lo único que se nos ha dado por vivir, que es la realidad. Se sugiere sacar el cartel que dice en la entrada del Pabellón Dos, “delitos contra la honestidad”, o poner en la entrada del penal un cartel que señale que “estamos todos aquí» con lo que, por vocación o señalamiento de la sociedad, se nos concede la hermosa posibilidad de iluminarnos trabajando sobre nuestra «honestidad”, y ser una usina de luz en sociedades que parecen optar, incluso estructuralmente, por la doble moral. Se agradece al Jefe de Unidad, su intuición al prestar atención al Pabellón Dos; creo que su iniciativa, incluso nos sirve, ecuménicamente, a las iglesias que creen que, solo nos unimos con nuestras distintas tradiciones cuando nos ponemos al servicio de los más pobres.

2. Delitos contra la honestidad.

Partiendo de su etimología latina honestias, se entiende por honestidad la virtud por la cual se aprecia en la persona una congruencia entre sus ideales y su conducta. Por ejemplo el Pbro. von Wernich sería honesto si admitiera ser un genocida. Ellas que han pasado por el agujero de la aguja, no tienen que reparar en ninguna congruencia que legitime la identidad a la que renunciaron. Deben estar a la altura de haber respondido al llamado que desoyó Lázaro, rectificando su conciencia de indignad. Si reparamos en nuestra tradición de judíos (“hermanos mayores en la fé”, según Juan Pablo II) y no en el neoplatonismo (admirador de las rectas euclideanas), la recta en un espacio curvo se encuentra consigo en el infinito para dar el salto a otro comienzo.

Ellas tienen que encontrase con el llamado original, al que respondían los profetas sin medir los costos (Jeremías, por ejemplo, fue a parar al fondo de un aljibe): donde eran dejando de ser. El orgullo LGBT (gay, lesbiana, transexual y bisexual), es el otro comienzo que rectifica la conciencia de indignidad. No para ir derechito al estrellato (régimen que no ofrece otra cosa que la colisión), sino para encontrase con un modo singular en el que se dejó de ser idéntico a sí mismo.

Arrojadas a la arena del circo carcelario para que se las coja un violador, no se hace otra cosa que restaurar la máquina aristotélica de generar lo mismo. En ese sentido el abusador es un gendarme de la homogenización, que quiere restaurar el género con la abolición de la diferencia. Dijo yo en otro texto: Una psicóloga (…) me señaló que en su unidad un violador pidió contención psicológica en el año dos mil y todavía no se ha dado respuesta. Se aduce que su angustia era ficticia (Belderrarin, 2007). ¿Y sí el irritativo argumento rozara alguna verdad?

La realidad es lo único que se nos ha dado vivir y tiene estructura de ficción. Donde era puedo dejar de ser lo que soy, o sea que la ficción puede dejar de ser lo que es, en tanto me encuentro con un más allá desde donde soy llamado. Lo Real que vive en mí, irrumpe infinitamente sino es aplastado por la máquina aristotélica. De modo opuesto la angustia del violador roza lo Real de un goce, cuando la diferencia del llamado en el Otro no le permite a él seguir siendo el mismo. O sea que la imagen devuelta desde la alteridad no le confirma la identidad de su yo. Tal vez sea la resonancia de algún llamado aquello que lo lleva a pedir “contención psicológica”, pero esta máquina del goce le contesta con idéntico grito: ¡Sos el mismo!

Volviendo al texto citado encontramos lo siguiente: “El National Catholic Reporter, ofrece los contenidos de varios informes realizados por las religiosas María O’Donohue y Maura McDonald, quienes denuncian la violación de cientos de monjas en 23 países, así como embarazos, abortos y un sin fin de tropelías sexuales, ha puesto de nuevo sobre la mesa la espinosa cuestión de la vida sexual del clero católico” (Belderrain, 2007).

¿Habrán pedido contención psicológica los clérigos implicados en esos hechos, como se pidiera oportunamente la autopsia de Juan Pablo I? El inmovilismo tomista (versión helénica neoaristotélica) es el auténtico responsable intelectual de lo que yo di en llamar maquinaria aristotélica de generación. En su actual versión de la modernidad terminal, es una receta anacrónica para resolver la diseminación catastrófica de toda identidad. Lo único congruente con la oscuridad: en el fin de los tiempos, el anacronismo.

Pero ¡atenti, ojo con el piojo! Entre las sombras de una cancha mal iluminada, una camiseta con el Nº 10 hace precalentamiento.

Para concluir, otro comienzo

Antes de ir a los penales queda esta cita del artículo que yo escribí (referido a lo largo del capítulo anterior), y que yo suscribo: “Es probable que en la Iglesia de “Asís, primero”, o del Vaticano Tercero, los nuevos sacerdotes sean los “presbíteros”(ancianos sabios) casados o solteros, seleccionados por la propia comunidad, como en los inicios, que no manipulen, castos, con reconocida calidad afectiva, que no van de flor en flor y que se entregan sin histeria y permisividad a la ternura evangélica, y que por eso han hecho la experiencia espiritual que en nuestro camino lo más sagrado es el prójimo” (Belderrain, 2007).

BIBLIOGRAFÍA

Belderrain, L. (2007): Cuando la Iglesia quiere salir del limbo, Inédito.

Daneri, C. – Zerba, D. (2007): De la razón del género, a la locura de las especies, poesíactual.com.

De Certeau, M. (2006): La debilidad de creer, Buenos Aires, Katz.

Heidegger, M. (2006): Aportes a la filosofía. Acerca del Evento, Buenos Aires, Biblioteca Internacional Martín Heidegger – Biblos.

Zerba, D. (2007): Aldea Panóptica, Buenos Aires, JVE.

(*) Padre Dr. Leonardo Belderrain, Bioeticista, Capellán unidad 32

Capilla Santa Elena, Parque Pereyra Iraola.

Leonardobelderrain@ciudad.com.ar

Teléfono 0221-15-4-208-913 0221-4731674

Diócesis de Quilmes.

Lic. Diego Zerba. Psicólogo, Psicoanalista, Prof. Adjunto de Psicoanálisis Freud y docente en Psicoanálisis Escuela Inglesa en la Facultad de Psicología / UBA, Prof. Adjunto de Psicología en el Ciclo Básico Común de la UBA. Director del Centro Asistencial FUBA XXII.

dzerba@fibertel.com.ar

Teléfono 011 – 4582 – 5152

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