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NUEVA DECLARACIÓN SOBRE LA LEY ORGÁNICA DE EDUCACIÓN (LOE) Y SUS DESARROLLOS:PROFESORES DE RELIGIÓN Y «CIUDADANÍA». Comisión Permanente de la Conferencia Episcopal

Publicado en

Conferencia Episcopal

Incomprensiblemente los obispos siguen empeñados en plantar otra batalla contra las leyes del Gobierno. Ahora sacan toda su artillería pesada para animar a la objección de conciencia a los padres contra la nueva asignatura. Da la impresión que ellos quisieran imponer a todos los ciudadanos su «Moral Catolica», sin tener en cuenta que estamos en una Sociedad laica donde coexisten religiones diversas y personas no religiosas y donde el Estado, animado por las recomendaciones de la Unión Europea para todos los estados miembros, deben procurar educar en valores universales para todos, sin diferencias de religión ni de cultura. (Redacción de R. C.)

1. El pasado 28 de febrero esta Comisión Permanente hizo pública una Declaración
titulada La Ley Orgánica de Educación (LOE), los Reales Decretos que la desarrollan y los
derechos fundamentales de padres y escuelas. Allí manifestábamos y explicábamos por
qué esta nueva legislación no regula la enseñanza de la Religión de modo que queden a
salvo los derechos de todos y, también, por qué los derechos que asisten a los padres en la
educación de sus hijos resultan vulnerados tanto en el campo de la determinación de la
educación moral que desean para ellos, como en el de la libre elección de centro educativo.
Dicha Declaración conserva plenamente su vigencia.

2. Acontecimientos recientes nos exigen volver a hablar sobre algunos asuntos
tratados ya el 28 de febrero, en concreto, sobre el nuevo estatuto laboral de los profesores
de Religión y sobre la asignatura de nueva implantación llamada “Educación para la
ciudadanía”.

I. El estatuto laboral de los profesores de Religión católica
3. El 9 de junio de 2007 se publicó el Real Decreto de 1 de junio por el que se regula
la relación laboral de los profesores de religión. Las preocupaciones que manifestábamos al
respecto en nuestra Declaración de febrero se han mostrado, por desgracia, fundadas.
Como sucedía ya con la LOE, el Real Decreto, que ahora conocemos, “asimila la situación
laboral de los profesores de Religión en las escuelas estatales –según decíamos entonces
de la Ley– a las formas contractuales generales reguladas por el Estatuto de los
Trabajadores, sin reconocer satisfactoriamente el carácter específico de su trabajo, derivado
de la misión canónica que les encomienda la enseñanza de la religión y moral católica”.

4. El Real Decreto introduce tres elementos nuevos que exigen una valoración
diferenciada. En primer lugar, establece que el contrato laboral de los profesores será de
duración indefinida. En segundo lugar, prevé como causa de extinción del contrato “la
revocación ajustada a derecho de la acreditación o de la idoneidad para impartir clases de
religión por parte de la Confesión religiosa que la otorgó”. En tercer lugar, el acceso al
destino concreto –colegio o escuela– queda en manos de la Administración, según los
criterios estimados por ella como adecuados.

5. Es positivo que el contrato laboral de los profesores de religión sea de duración
indefinida. Los beneficios laborales que ello comporta hacen justicia a su labor y contribuyen
a dignificar su importante misión, que es misión de la Iglesia. Desde hace muchos años la
Conferencia Episcopal, en diálogo con las diversas Administraciones, no ha escatimado
esfuerzos para mejorar el estatuto laboral y económico de los profesores de religión. Los
obispos seguirán interesándose vivamente por todo ello.

6. La dignidad del trabajo del profesor de religión, además de unas condiciones
laborales justas, exige también las garantías legales de su perfil específico, es decir: el de
una docencia que imparte la religión y moral católica a quienes han solicitado libremente
estas enseñanzas. Sin tales garantías legales, el trabajo del profesor de religión perdería su
identidad y quedaría expuesto a riesgos de todo tipo, incluido el de su eventual
desaparición. Por eso, hemos de manifestar nuestra disconformidad con las otras dos
novedades que introduce el Real Decreto.

7. Primero, el Real Decreto no ignora del todo que la autoridad de la Iglesia católica
–como, en su caso, la de la Confesión que corresponda– sea la instancia competente para
garantizar la idoneidad de los profesores de religión y moral católica. Sin embargo, tal
autoridad no es reconocida de manera suficiente para que le sea posible ejercer sus
competencias de modo seguro.

La mera invocación de una “revocación ajustada a derecho”
(art. 7) –sin aclarar a qué derecho se refiere– puede restringir indebidamente la
competencia del Obispo para retirar la idoneidad cuando tenga que hacerlo en virtud de las
previsiones del ordenamiento jurídico de la Iglesia (véase el canon 804). La Constitución
declara que “los tratados internacionales válidamente celebrados, una vez publicados
oficialmente en España, formarán parte del ordenamiento interno” (art. 96). Por tanto,
podremos seguir actuando según los Acuerdos entre la Santa Sede y el Estado español,
que no ceden ante un Real Decreto ni ante una ley ordinaria, como la correspondiente
Disposición adicional de la LOE.

8. Hay que recordar, en concreto, que, en conformidad con el Acuerdo sobre
Enseñanza (véase artículo VI), y según la doctrina del Tribunal Constitucional, “la
apreciación del Ordinario acerca de si un profesor imparte o no recta doctrina y si da o no
testimonio de vida cristiana es inmune, en su núcleo, al control de los Tribunales”
(Sentencia de 15 de febrero de 2007). En un ordenamiento inspirado por el principio de
libertad religiosa, los motivos de índole religiosa por los que un profesor puede perder su
idoneidad como docente de la religión y moral católica no son susceptibles de evaluación
por las leyes y por los tribunales civiles. Además, el Acuerdo establece que la designación
de estos profesores ha de realizarse, de entre los propuestos por el Ordinario, “para cada
año escolar” (Art. III). Este mandato legal es compatible con un contrato laboral de duración
indefinida, y permite al Obispo garantizar la idoneidad del profesorado en cada momento.
Por eso, los obispos seguirán haciendo la preceptiva propuesta de los profesores que
consideran idóneos para cada año escolar.

9. Segundo, es necesario aclarar que el destino de los profesores a un puesto
determinado forma parte de la misión de enseñar religión católica, misión que el Obispo no
da en abstracto o de modo genérico, sino teniendo en cuenta las circunstancias concretas
de lugar y personas. Ésa ha sido la praxis constante en la interpretación de los Acuerdos,
que ha sido corroborada por el Tribunal Supremo (véase la Sentencia de 29 de septiembre
de 2004).

10. En suma, pensamos que el Real Decreto de 1 de junio de 2007, publicado el 9
de junio, regulador de la relación laboral de los profesores de religión, no cumple el Acuerdo
sobre Enseñanza entre el Estado Español y la Santa Sede, por el que se hace efectivo para
los católicos en este campo el derecho de libertad religiosa reconocido de modo genérico
por la Constitución Española, y no se ajusta a la jurisprudencia establecida al respecto por
el Tribunal Supremo y por el Tribunal Constitucional. No podemos excluir que sea necesario
ejercer las acciones legales oportunas para que sea respetado el ordenamiento jurídico
vigente, que tutela los derechos de todos.

II. “Educación para la ciudadanía”

11. La LOE ha introducido en el sistema educativo español una nueva asignatura
obligatoria, conocida como “Educación para la ciudadanía”, cuyo objetivo, tal como resulta
articulada en los Reales Decretos, es la formación de la conciencia moral de los alumnos.
La publicación de las correspondientes disposiciones de las Comunidades autónomas y de
algunos manuales de la materia ha venido a confirmar que ése es el objetivo de la nueva
asignatura. En nuestra Declaración del 28 de febrero expusimos los motivos por los que tal
disposición implica una lesión grave del derecho originario e inalienable de los padres y de
la escuela, en colaboración con ellos, a elegir la formación moral que deseen para sus hijos.

Se trata de un derecho reconocido por la Constitución Española (art. 27, 3). El Estado no
puede suplantar a la sociedad como educador de la conciencia moral, sino que su
obligación es promover y garantizar el ejercicio del derecho a la educación por aquellos
sujetos a quienes les corresponde tal función, en el marco de un ordenamiento democrático
respetuoso de la libertad de conciencia y del pluralismo social. En cambio, con la
introducción de la “Educación para la ciudadanía” de la LOE –tal como está planteada en
los Reales Decretos– el Estado se arroga un papel de educador moral que no es propio de
un Estado democrático de Derecho.

Hablamos de esta “Educación para la ciudadanía”. Otra
diferente, que no hubiera invadido el campo de la formación de la conciencia y se hubiera
atenido, por ejemplo, a la explicación del ordenamiento constitucional y de las declaraciones
universales de los derechos humanos, hubiera sido aceptable e incluso, tal vez, deseable.

12. Las disposiciones de la LOE y de sus desarrollos sobre “Educación para la
ciudadanía” han causado una creciente y comprensible preocupación en los padres de
alumnos. También han puesto en dificultades a los centros educativos. Por un lado, los
centros católicos o inspirados en la doctrina católica se verían obligados por la Ley a
introducir en su programación una asignatura que no resulta coherente con su ideario,
puesto que –según el actual currículo– no es conforme con la Doctrina Social de la Iglesia,
tanto por su carácter de formación estatal obligatoria de las conciencias como por sus
contenidos.

Por otro lado, los centros educativos del Estado, perdiendo su obligada
neutralidad ideológica, impondrán a quienes han optado por la religión y moral católica otra
formación moral no elegida por ellos, sin que éstos puedan gozar de la protección que el
carácter propio otorga a quienes estudian en centros de iniciativa social católica. En los
centros estatales estudian la mayor parte de los hijos de padres católicos. En cualquier
caso, todos los alumnos, católicos o no, quedan afectados en sus derechos, ya que a
ninguno se le puede imponer una formación moral no elegida por él o por sus padres: “ni
una supuestamente mayoritaria, ni la católica, ni ninguna otra” (Declaración de 28 febrero).
13. En esta situación, se han planteado muchas dudas acerca del modo adecuado
de responder a tal desafío. En nuestra Declaración de febrero hemos exhortado a todos a
actuar de modo responsable y comprometido ante una asignatura inaceptable tanto en la
forma como en el fondo. Los medios concretos de actuación de los que disponen los padres
y los centros educativos son diversos.

No hemos querido ni queremos mencionar ninguno
en particular. Deseamos, en cambio, recordar que la gravedad de la situación no permite
posturas pasivas ni acomodaticias. Se puede recurrir a todos los medios legítimos para
defender la libertad de conciencia y de enseñanza, que es lo que está en juego. Los padres
harán uso de unos medios y los centros, de otros. Ninguno de tales medios legítimos puede
ser excluido justamente en ninguno de los centros en los que se plantea este nuevo
desafío: ni en los centros estatales ni en los de iniciativa social.
Cuando está en cuestión un derecho tan fundamental, como el de la libertad de
conciencia y de enseñanza, todos –y los católicos, en particular– debemos mostrarnos
unidos en su defensa.

Confiamos de nuevo a María, Madre de la Iglesia, la tarea de todos los educadores,
en particular de los padres y de las escuelas.

Madrid, 20 de junio de 2007

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