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Nuestra deuda climática -- 15M Ronda

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ECOLOGÍALos pueblos del mundo nos sublevamos contra un sistema capitalista que promueve los negocios ambientales, la mercantilización y la privatización de las funciones ambientales de la naturaleza, que son y deben seguir siendo un bien común de los pueblos. Nos sublevamos contra el capitalismo que es la causa estructural del cambio climático y que pretende someter los ciclos vitales de la Madre Tierra a las reglas del mercado bajo el dominio de la tecnología capitalista, porque conduce a la humanidad hacia un horizonte de destrucción que sentencia a muerte a la naturaleza y a la vida misma.

En la XXI Conferencia Internacional sobre Cambio Climático (COP-21) de las Naciones Unidas realizada desde el 30 de noviembre hasta el 11 de diciembre en París, en una primera gran conclusión se determina que, si bien lo logrado es significativo comparado con los fracasos anteriores, resulta muy poco o definiti-vamente nada con lo que este reto global demanda.

Desde los grandes exportadores de petróleo a las corporaciones globales, todos ellos, terminaron aplaudiendo el acuerdo parisino. Si esos actores celebran el convenio, es que sin duda no se están poniendo límites a la civilización petrolera. Igual cosa podríamos plantear desde la aceptación de los países exportadores de petróleo o desde sus mayores consu-midores, como China y Estados Unidos, que también se hallan en el coro de aplaudidores.
No se ha reconocido la deuda climática (prefieren mejor hablar de deuda ecológica) que tienen históricamente los países industrializados con el mundo subdesarrollado; más aún, las grandes poten-cias, Estados Unidos y la Unión Europea, no solo desconocen esa deuda, sino que hacen todo lo posi-ble para no aceptar sus responsabilidades pasadas y actuales en la desaparición de glaciares, la subida del nivel marino y los eventos climáticos extremos.
No se cuestiona “la religión” del crecimiento econó-mico, en ningún punto se pone en entredicho el sistema del comercio mundial. No se cuestionó para nada la perversidad del crecimiento ilimitado cuando ya son evidentes y feroces sus consecuencias socio-ambientales sobre la Madre Tierra.

Se establece un fondo de 100.000 millones de dólares anuales a partir de 2020. Esa cantidad es menor a la que han recibido los bancos en sus estafas recientes.

Frente a los continuados fracasos de los grupos de poder, que realmente no tienen interés en encontrar las respuestas adecuadas a los problemas provocados por el cambio climático -es decir por ellos mismos.
Actualmente, 650.000 millones de dólares se van anualmente a subvencionar el petróleo, el carbón y el gas a nivel global. Esto significa que dinero sacado de nuestros impuestos se invierte en la muerte de nuestros hijos y nuestros nietos.

Desde hace dos años, la sociedad civil construye un espacio para denunciar e incluso sancionar éticamen-te los crímenes que se cometen en contra de la Tierra y de sus hijos e hijas. Este Tribunal Ético Permanente por Derechos de la Naturaleza se reunió también en París en forma paralela a la COP 21. En este espacio se analizan y juzgan las agresiones contra la Naturaleza, considerando que ésta es la mayor guerra de agresión y terror que se lleva a cabo en el mundo.

Quienes conformamos este Tribunal Ético Permanente por los Derechos de la Naturaleza, invitamos a detener el cambio climático y las agresiones a la Naturaleza, pues, exceden el marco de las cumbres gubernamentales y requiere del movimiento social global más poderoso de la historia que conecte las distintas luchas de justicia ambientales, económicas, feministas, indígenas, urbanas, obreras. Esto implica coordinar acciones anti-coloniales, anti-racistas, anti-patriarcales y anti-capitalistas, construyendo alterna-tivas civilizatorias. En eso estamos, hacía allá vamos.
La lucha por la Naturaleza y la vida digna de los seres humanos es posible sólo si vivimos en armonía con nuestra Madre Tierra.

La Naturaleza explotada, contaminada, militarizada, es la causa profunda de muchas violencias. Y lo son también las enormes y crecientes brechas entre ricos y pobres en todo el planeta. Esta realidad provoca miedo e incertidumbre por el futuro. Estas son las verdaderas fuerzas destructoras que impiden las condiciones materiales y existenciales necesarias para la realización de la vida digna para todos los habitantes del planeta. En la tierra no habrá Paz, si no establecemos la Paz con la Naturaleza.
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EN POCAS PALABRAS

¿EN MANOS DE QUIÉNES ESTAMOS?
15-M RONDA http://www.facebook.com/15MRonda DICIEMBRE 2015 Nº 25

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