Naim -- Juan García Muñoz

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Huelva buenas noticias

Naim fue creado en 1.991, por iniciativa de dos sacerdotes, José García y Paco Echevarría, para dar respuesta a la problemática de adicción a las drogas.
Algunos sabéis que desde hace unos años ofrezco en mi blog un comentario sobre las lecturas del domingo. Preparando el evangelio del domingo 9 de junio sobre el hijo muerto de la viuda de Naim, reflexiono sobre otro Naim que tenemos bien cerca y que muchos no conocéis. Permitidme que os lo presente.

Naim fue creado en 1.991, por iniciativa de dos sacerdotes, José García y Paco Echevarría, para dar respuesta a la problemática de adicción a las drogas que incidía de manera especial en la población de Punta Umbría, como en el resto de las poblaciones costeras de la provincia. Es una Obra Social de las Parroquias de Punta Umbría. Se ubica en una finca de Aljaraque.

La Comunidad Terapéutica Naim se incluye en la línea libre de drogas, esto quiere decir que no suministra a los residentes ningún tipo de sustitutivos o antagonistas a las drogas. No es el primer objetivo, pero sí la primera tarea: que la persona supere la dependencia física al tóxico, o sea, la superación del síndrome de abstinencia y, por tanto, la adaptación a la vida en comunidad con sus derechos y deberes. A partir de aquí se plantea el primero de los objetivos globales, que será lograr que el residente consiga crecer como persona, desarrollarse conociendo sus potencialidades y debilidades para saber afrontar su vida con libertad, entendida como la toma de conciencia sobre sí mismo, de sus decisiones, las consecuencias de éstas y afrontar las diferentes situaciones con realismo.

El segundo de los objetivos generales del programa es que el joven alcance la madurez y el equilibrio necesarios para vivir plenamente su condición de ser humano, dado que la droga ha frustrado su proyecto de vida, se trata de ofrecerle la oportunidad de retomar el control de su existencia y de vivir la experiencia de su propia regeneración. Naim no se limita, por tanto, a ayudar al joven a salir de la droga sin más, sino que le ofrece un programa educativo en orden a alcanzar su pleno desarrollo como ser humano. Al mismo tiempo, es un programa terapéutico, ya que se trata de personas que cuentan con una fuerte experiencia negativa cuyas secuelas hay que contrarrestar.

No se trata de curar una enfermedad, sino de hacer un hombre nuevo, es decir, de ofrecer la oportunidad de nacer de nuevo a quienes, a causa de la droga, han abandonado todo proyecto de vida y todo ideal.

Desde que se fundó pueden haber pasado por el Centro más de 1.500 chicos. Entre ingresos y reingresos, al año pueden ser entre 80 y 90. El año pasado hubo 35 altas terapéuticas de la fase residencial, que suele durar un año. Solo un 20 % abandona. Casados y con hijos ahora son un 60%. Hace unos años era del 90%. Los recursos principales son las colectas de las parroquias de Punta en verano, aportaciones de particulares y las familias de los residentes. Nada de subvenciones.

El domingo pasado (26 de mayo) recibieron la graduación siete chicos después de tres años de haber hecho el programa. Casi todos con sus familias (padres, mujeres e hijos) y su vida rehecha. Las madres decían lo mismo que el relato evangélico: aquí mi hijo vino como muerto, hecho un trapo, y me lo habéis devuelto a la vida.

Fue un acto donde se revivió la misma escena del Evangelio. El saber ver, desde el corazón, a los chicos tirados y rotos, como muertos en vida por la droga, por parte de los dos sacerdotes. El sentir compasión (que me duela el dolor ajeno) y el actuar de manera eficaz y humanizadora. Es el mismo proceso que hizo Jesús durante su vida y que nos enseña con el buen samaritano.

Cada uno habló de su experiencia, de los esfuerzos y luchas por conquistar una persona nueva y libre, de agradecimientos a los monitores y a Paco Echevarría, por sus enseñanzas y testimonios, del apoyo de sus familias, y de esa nueva familia que es la casa de Naim. Todos salimos reconfortados porque una vez más el evangelio se pone en práctica en nuestras vidas.

Y como nos viene bien a todos en estos tiempos de carencia, no solo económica sino también de valores, os sintetizo los valores que inspira el programa y que tratan de transmitir a los residentes:

1º) El amor responsable. El amor responsable es el alma y el soporte de la vida comunitaria. Sin él la convivencia es imposible. Se trata de amar rectamente al otro. Esto significa que se desea para él el bien que necesita, aunque no lo quiera; que se le priva del mal que le destruye, aunque lo desee. El amor responsable es el amor con límites. Se contrapone al amor de la calle, donde se confunde amor con pactos y alianzas.

2º) La responsabilidad. Lo que depende de ti es cosa tuya. No esperes a que venga un salvador que aligere tu carga ni busques un culpable de tu vida. Estás solo frente a ti mismo. Cada mañana, al abrir los ojos, te enfrentas con la oportunidad única de coger las riendas de tu vida o de ser tan sólo un muñeco movido por hilos invisibles.

3º) El dominio de sí mismo. Se trata de conseguir el control de la propia existencia. Es lo mismo que decir “¡Aprende a ser libre!”. El autocontrol es el complemento natural de la responsabilidad. Durante mucho tiempo otro ha sido tu dueño y ha marcado tu vida, tus sentimientos, tu conducta diaria.

4º) La honestidad. Es tanto como decir amor a la verdad, sinceridad consigo mismo y con los demás. La verdad, incluso cuando es dolorosa, hace a los hombres libres. La mentira es la esclavitud del corazón. Sé honesto contigo mismo y con los demás. No temas herir o que te hieran si la espada de la verdad sirve para arrancar de cuajo lo podrido.

5º) La solidaridad. Su otro nombre es unidad y se muestra en la colaboración. Nadie es autosuficiente. Cada hombre es a la vez necesario y necesitado, por eso es indispensable la labor de equipo. No es humillante pedir ayuda. Ni es humano negarla a quien la pide. La colaboración es fundamental en la vida de grupo.

6º) La sociabilidad. No es otra cosa que ser capaz de vivir con los demás. Los hombres no son islas, sino racimos. No son hilos, sino redes. Necesitamos a los otros para sentirnos nosotros mismos. Hay que ser capaz de crear un clima de fraternidad, de verdadera amistad, de comunicación respetuosa. Esto sólo es posible si uno ha descubierto que los otros no son desconocidos, competidores o adversarios, sino semejantes, compañeros de viaje, hermanos.

Creo que es una buena noticia la que os estoy dando. Y sólo me queda ofreceros un número de contacto para pedir información y ayuda si la necesitáis: 691 306 101; y un número de cuenta: la Caixa 21007171892100066768, por si queréis aportar.

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