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Luis Ángel Rodríguez Patiño, el cura llamado al orden por denunciar la marginación de la mujer en la Iglesia -- José Manuel Vidal

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Religión Digital

“Si el celibato es una gracia que Dios da, no se puede imponer”. “La jerarquía tiene que bajar del pedestal, ganarse la confianza con humildad y reconociendo sus defectos”
“Si viniera Jesús de nuevo, seguro que nos echaría del templo, empezando por mí”

«No hay paridad en la Iglesia Católica, que usa un lenguaje machista». Lo dijo, hace unos días, Luis Ángel Rodríguez Patiño, un cura de pueblo gallego que atiende cinco parroquias de la diócesis de Ferrol. Un cura entregado, que lleva 28 años al pié del cañón. Un cura creativo, con numerosas iniciativas pastorales novedosas en el mundo rural gallego. Como la UNED senior. Y un cura libre, que dice lo que piensa.

Y por decirlo, el obispo de Mondoñedo-Ferrol, monseñor Sánchez Monje, lo acusó públicamente de «escándalo» y le instó a «adherirse al Magisterio de la Iglesia». Aunque la reacción de su obispo le «hizo daño», tampoco le da más importancia. Y sigue en sus trece. Advierte que «a la Iglesia se le pedirá cuentas por la flagrante marginación de la mujer» y asegura que «juega a la gallina ciega con el preservativo».

¿Su denuncia sobre la situación de marginación de la mujer en la Iglesia le salió del alma?
-Sí

¿Esperaba la reacción del obispo?
-No, aunque no me extraña

¿La reacción episcopal y la advertencia pública no le parecen desmedidas, dado que no atentó contra ningún dogma ni nada parecido y se limitó usted a decir algo obvio?
Me parece exagerada y me hizo mucho daño. No por mí, sino porque tengo que dar la razón a mucha gente que habla mal de la jerarquía eclesiástica. Y tienes que callar, porque tienen más razón que santos.

¿Qué va a contestar a su obispo, tras el comunicado público que hizo sobre sus declaraciones?
Espero lo que diga y veremos lo que pasa.

¿Las mujeres son las que sostienen a la Iglesia católica en estos momentos?
Claro que sí. Las mujeres son las que nos mantienen tanto en el número de las que acuden al templo, como en las que los cuidan y los arreglan. Sin ellas, sin su cariño y su asistencia, habría que cerrar muchas iglesias. Sobre todo, en los pueblos pequeños.

¿Se pedirá cuentas a la institución por esta flagrante discriminación de la mujer?

Espero que sí. Hay muchos colectivos empeñados ya en conseguir que la Iglesia católica no siga violando el art.14 de Constitución española en un Estado de derecho y democrático.

¿Es una herejía ser partidario del sacerdocio femenino, como lo es usted?
-Pienso que no. Pero, según la jerarquía eclesiástica, parece que sí.

28 años de cura de pueblo, de vocación y de permanencia, cuando todos escapan de las aldeas
-Es lo que más les joroba a algunos. Porque, a pesar de que pronto terminaré mi séptima carrera universitaria, sigo en las aldeas desde hace 28 años y, además, la gente me quiere y está a mi lado.

UNED senior, consello de ancianos y tantas otras iniciativas pastorales…Y, sin embargo, de arriba sólo te llueven palos.
-No me importa. Es como si lo llevaras en la sangre y no puedes parar ese fluido, porque de lo contrario, paralizaría mi propio corazón.

¿Qué le pareció la reciente visita del Papa a Santiago?
-Me pareció bien. Es necesario que el Papa salga de su sillón, pero no con tanta parafernalia

¿Sigue pensando que el celibato debería ser opcional?
Creo, desde hace tiempo, que el celibato debería ser opcional. Si es una gracia que Dios da, no se puede imponer. Y la jerarquía eclesiástica no puede manejar esa gracia divina. Lo único que pido es que se diga que el no casarse los curas es de derecho eclesiástico humano y no de derecho divino. Dicho esto, también digo que lo acato, porque es una norma de una organización y, si quieres pertenecer a ella, la tienes que aceptar.

Lo que no pueden hacer es estar mintiendo siempre a los fieles, diciéndoles que es Dios el que lo impuso. Todos sabemos que fue en el siglo IV, en el Concilio de Elvira, cuando se empezó a decir que los sacerdotes no se podían casar, ya que había un desmadre enorme. Y además, si admiten a los curas anglicanos casados y se les acepta en la Iglesia católica como casados, no tiene sentido que no se aplique la misma norma para todos.

¿Cómo viven este tema sus feligreses?
Me preocupa más la gente que la jerarquía. Puedes ser el mejor cura del mundo que, como te vean con una chica, ya sales en las revistas del corazón del cotilleo local. Por eso en mi parroquia, organicé, hace ya años, un encuentro de curas casados. Para decirles que los necesitamos. En el encuentro, estuvimos acompañados por el Consejo de Ancianos en pleno, que siempre ha apoyado este tipo de iniciativas.

¿Qué opina del gallego y todopoderoso cardenal Rouco Varela?
El cardenal Rouco no me preocupa lo más mínimo. Me pilla muy lejos, en todos los sentidos. Él es un canonista y no tiene preocupación pastoral. Es fruto de monseñor Suquía, el arzobispo de Santiago que, cuando le pedí la incardinación en su diócesis, me dijo que no podía ordenarme, porque estaba estudiando medicina. Fue Monseñor Araujo, un prelado siempre activo pastoralmente, el que me aceptó y me incardinó por encima de toda presión.

¿Cómo puede recuperar su credibilidad social perdida la Iglesia católica española?
La Iglesia española tiene que limpiar con alcohol la suciedad de la herida que levantó en los cristianos que quieren ser fieles al evangelio en este mundo y con sus circunstancias. Esto supone reconocer que ha sido un aparato ideológico, reconocer que tiene que estar al servicio del pueblo y que Dios sigue hablándonos a través de la historia de cada uno y del pueblo en general. La Iglesia jerárquica tiene que asumir la realidad en que vivimos y no ser ajena a ella, estando en las nubes y en su pedestal, y ganarse la confianza con humildad y reconociendo sus defectos, sin abandonar su brújula que es Cristo y su Evangelio.

A pie de obra pastoral, ¿cómo se ve y se vive la polémica del preservativo y el Papa?
La gente no entiende la cerrazón de la jerarquía ante el condón. La gente no quiere la perversión sexual, pero ve lo que pasa en África, ve la explotación sexual de niñas (muchas veces por parte de católicos apostólicos y romanos) y se da cuenta de que la Iglesia juega a la gallinita ciega. Nadie quiere el aborto, pero es mejor prevenir que lamentar. Un día le dije a un cura cerrado que viera el dolor de esas niñas que fueron violadas. Y continuó con su no, no y no. Después, tuvo problemas con su sobrina y la cosa ya era distinta. Somos unos hipócritas.

En la Iglesia católica se puede encontrar lo mejor y lo peor. ¿Eso la salva?
La Iglesia tiene un 90 por ciento de cosas muy buenas, pero como siempre la manzana podrida mancha más y contamina más. Como me decía el otro día un alcalde socialista, gracias al cristianismo somos libres. Valoraba, y mucho, el papel de la Iglesia. Hay, en general, una valoración muy positiva de los agentes pastorales que luchan por los más pobres y necesitados y se juegan día tras día la vida. Aprovechemos ese don maravilloso que Dios nos dio y hagamos realidad el reino de justicia, paz y verdad aquí ya y ahora. Pero, cuando en la Iglesia institucional pueden más sus normas que el Evangelio y que las personas humanas, pierde toda credibilidad. Incluso del Derecho Canónico, repleto de artículos, normas y penas, dice: «….Todo por la salvación de las almas». Lo demás es secundario.

¿El «tinglado» vaticano le pilla lejos y no le quita el sueño, ni siquiera cuando aparece como un gran poder?
Me queda muy lejos el Vaticano, pero claro es lo más visible. Y, hoy más que nunca, ante tanta pobreza e incluso miseria, destaca todavía más su pompa. Pero lo veo normal. Somos seres humanos y vivimos en una sociedad que está montada así. Lo único que nos queda es ser coherentes y mostrar ese otro lado de una Iglesia al servicio de los más necesitados. Si viniera Jesús de nuevo, seguro que nos echaría del templo, empezando por mí.

¿Qué consejos le daría a los curas de pueblo (o de ciudad) desilusionados?
Que la gente nos necesita. Necesita seres humanos que le digan que la vida es muy bonita y que vale la pena vivirla a fondo y hasta el final. Que Cristo tuvo muchas dificultades en su aldea y estuvo allí. Tenemos que aplicarnos lo que me decía mi bisabuelo canteiro: ‘meu neniño, de frente non vayas, que te rompes a cabeza. E de lado ten cuidado, que ainda asi saltan chispas’. Tenemos que ser conscientes de la realidad y de nuestra gente. En general, para ellos somos los mejores curas del mundo siempre que les guste, pero, si un día metes la pata o actúas por el bien común, ya lo jorobaste. Eso o lo asumimos o nos destruimos interiormente.

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