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Los símbolos religiosos en los espacios públicos -- Iglesia de Base de Madrid. Comisión de Laicidad

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Este breve documento intenta resumir los debates de la Comisión de Laicidad de los Cristianos de Base de Madrid, en torno a los símbolos de diferentes creencias, ideologías, etc. y su uso en los espacios públicos, con especial referencia a los símbolos propios de la religión católica, dominante “oficialmente” en nuestro país. Se estructura en tres apartados:

Los símbolos religiosos y de otras corrientes ideológicas y/o políticas y su uso en los espacios públicos.

Razones que avalan nuestra denuncia y juicio que nos merece la situación actual en relación con el uso y abuso de los mismos

Tareas de los cristianos de base hoy

1.-Los símbolos religiosos y de otras corrientes ideológicas y/o políticas y su uso en los espacios públicos.

Entendemos por Símbolo “la representación sensorial perceptible de una realidad, en virtud de rasgos que se asocian con ella por una convención socialmente aceptada”. (DRAE). Dicho con otras palabras, son símbolos aquellos objetos o imágenes que remiten de manera automática e indiscutible a otras realidades por ellos representadas, que nos trasladan a significados que todo el mundo entiende e interpreta de la misma manera.

El Símbolo es, desde siempre, parte importante en la comunicación humana. El lenguaje cotidiano está lleno de símbolos y signos, que enriquecen la comunicación y el lenguaje. A menudo los vemos en nuestras calles, en nuestros edificios, y nos ayudan a estar informados y a saber cómo conducirnos: Cuando en el bosque vemos una placa con una hoguera tachada por un aspa, interpretamos enseguida que está prohibido hacer fuego, porque hay peligro de incendio. Podrían ponerse miles de ejemplos en este y otros sentidos.

Pero nos interesa referirnos a los símbolos religiosos, aquellos que identifican o representan creencias religiosas con las que no se identifican toda la población, sino solo algunos grupos de personas, sean estos más o menos numerosos. Son símbolos que, en una sociedad plural no constituyen elementos esenciales para la convivencia ciudadana, como pueden ser, por ej., las señales que ordenan el tráfico.

Los ejemplos de este tipo de símbolos son numerosos: entre los símbolos religiosos, por ejemplo, el crucifijo o la biblia, remiten a Cristo y los cristianos; el muecín, al Islam; la estrella de David, a los Judíos y a Israel; Las imágenes escultóricas, pictóricas, dibujadas, grabadas, fotografiadas, de personajes públicos de notoria significación religiosa o ideológico-política, como por ejemplo: vírgenes, santos, líderes religiosos como los papas, los imanes, Mahoma, los logos de asociaciones notoriamente significadas, etc. son igualmente símbolos que representan diferentes opciones religiosas o ideológicas

A los efectos de nuestra reflexión, el problema no son los símbolos sino el uso que se hace de aquellos símbolos que no son universales, que no representan lo mismo para todos los ciudadanos y que por tanto no son fáciles de compartir en espacios públicos que sí comparten todo tipo de ciudadanos y ciudadanas, tengan las creencias que tengan.

Cuando, por ejemplo en la Escuela Pública a la que acuden todos los niños y niñas de un pueblo o un barrio cuyas familias pertenecen a diferentes culturas y religiones, aparecen tantos Crucifijos en las aulas, en los pasillos, en las salas de reunión,…etc. se está imponiendo un mundo de significados que algunos ciudadanos legítimamente no comparten, se está vulnerando la igualdad de trato a todos los alumnos, independientemente de sus credos, se está rompiendo la neutralidad del Estado ante el hecho religioso, se puede estar ofendiendo la sensibilidad de algunos o de muchos de esos ciudadanos. Para cumplir la finalidad educadora a la que está destinada constitucionalmente, la Escuela Pública ha de ser un espacio libre de este tipo de símbolos, que no son compartidos por todos.

Espacios públicos en los que sería exigible la neutralidad y ausencia de símbolos representativos de religiones, credos o concepciones filosóficas:

Escuelas, centros de enseñanza profesional, Institutos o centros de Enseñanza secundaria, sean todos ellos públicos o concertados

Universidades públicas o financiadas en parte con fondos públicos

Ministerios y sus dependencias, a todos los niveles, y Organismos dependientes de las Administraciones Públicas: Central, Autonómica y Local.

Instituciones políticas representativas: Congreso de los Diputados, Senado, Asambleas autonómicas, Plenos de los Ayuntamientos, etc.

Sedes diplomáticas y legaciones, Oficinas consulares…, de España en el extranjero

Hospitales, ambulatorios, consultorios y centros del Sistema Público de Salud o cualesquiera privados con los que el sistema público de salud se concierte para la prestación de servicios sanitarios

Centros penitenciarios

Cuarteles del Ejército o de las fuerzas de seguridad del Estado y cualesquiera otros establecimientos militares, comisarías, etc.

Órganos del poder judicial, judicaturas, tribunales de Justicia, Salas de juicios, etc. Oficinas de los juzgados, despachos de jueces y procuradores de los tribunales…

2.- Razones que avalan nuestra denuncia y juicio que nos merece la situación actual en relación con el uso y abuso de los símbolos

Los símbolos religiosos y otros símbolos de corrientes no religiosas, pueden usarse más allá de su función evocadora o comunicativa, para manipular conciencias, para perseguir la supuesta heterodoxia y el libre pensamiento y como instrumento político de dominación al servicio de los gobiernos de turno.

Analicemos dos ejemplos de símbolos en el contexto actual:

La Cruz o el Crucifijo. Por una parte, y esa es su fuerza de símbolo, evoca en todos cuantos lo ven, al Cristianismo y a la Iglesia Católica. Para unos, solo eso; para otros, representa al Hijo de Dios que murió para salvar a la humanidad; para los menos, a un profeta que, en su lucha por una sociedad más justa, se enfrentó a los poderes de su tiempo, Roma y el Templo, y por eso lo persiguieron y lo ajusticiaron.

Las corrientes dominantes, la Iglesia Oficial al frente, tienen mucho cuidado en ocultar la última de las significaciones. Cada cual argumenta según sus intereses.

La Biblia. Es el libro sagrado que contiene la “palabra de Dios” para los cristianos y en el que se plasma lo que la teología ha denominado “la historia de la salvación”.

Pero su interpretación es privativa del Magisterio de la Iglesia. Ninguna interpretación es válida, fuera de ese magisterio. Todos los exegetas que practican la libre interpretación, todas las investigaciones arqueológicas, lingüísticas, etc. de los biblistas no valen nada si no ratifican la interpretación oficial, canónica. Esto hace de la Biblia también un instrumento de manipulación, de opresión, de persecución, en manos de la Iglesia Católica.

Además, la Biblia se viene utilizando desde tiempo inmemorial en tomas de posesión de cargos públicos para que éstos juren, sobre ella y por ella, cumplir con sus obligaciones

Son ejemplos concretos de cómo los símbolos religiosos, sacados de su contexto original, son recursos útiles para imponer mentalidades, suscitar sumisiones, reprimir libertades…etc. Lo que, en cualquier sociedad que aspire a consolidar un modelo democrático de convivencia, exige consensuar un sistema de símbolos que representen valores comúnmente compartidos por todos los ciudadanos y debidamente actualizados.

Es ésta nuestra situación? Nuestra respuesta sólo puede ser negativa. La profusión con que, todavía hoy se usa y se abusa de la simbología religiosa católica en los espacios públicos de nuestro país nos hace constatar que continuamos manteniendo prácticas, símbolos y costumbres propias de un Nacionalcatolicismo pre-democrático. ¿Cómo entender, por ej., que ministros, jueces y parlamentarios sigan poniendo a Dios por testigo, ante el Crucifijo, de su hipotética fidelidad a la nación, cuando muchos de ellos son personas no creyentes?

¿Cómo justificar la celebración de la Eucaristía cristiana para rendir honores de Estado en los funerales de soldados pertenecientes a otras religiones y culturas? ¿Con qué argumentos se puede justificar que las aulas de miles de Colegios públicos sigan ‘presididas’ por el crucifijo o imágenes de la virgen, en un estado que se proclama constitucionalmente aconfesional? ¿Cómo admitir pasivamente que esos mismos símbolos cristianos presidan ostentosamente las Salas de Plenos de tantos Ayuntamientos como si viviéramos bajo el franquismo victorioso de la ‘cruzada nacional’’.

Estos son algunos ejemplos del ingente imaginario católico-doctrinario que reina todavía en nuestro país, a pesar de que la Constitución y otras leyes proclamen el respeto por la libertad religiosa y la naturaleza democrática de un Estado que se declara aconfesional, pero que no actúa como tal, presionado por la Iglesia Católica oficial. No en vano Benedicto XVI lo denunciaba así cuando en el reciente viaje a España arremetía contra las actitudes laicistas y se quejaba de lo que él considera “marginación de la religión y en particular del Cristianismo, ante los intentos de suprimir de la vida pública fiestas y símbolos cristianos en nombre del respeto de quienes pertenecen a otras religiones o, simplemente no creen en Dios”.

En una sociedad tan plural como la nuestra, en la que, las cifras son cada vez más elocuentes de las tendencias secularizadoras, con sólo el 9% de los jóvenes que se declaran católicos, un descenso claro en el número de bautizos (165.000 en toda España en 2010), con un porcentaje de alumnos de bachillerato apuntados a las clases de religión católica que no llega al 45%, y sólo un 32% de contribuyentes partidarios de la x en la casilla de la Iglesia C., sumado todo ello al porcentaje creciente de población emigrante de otras culturas y de otras religiones, no cabe ya apelar al argumento de que los católicos somos mayoría para mantener la presencia de símbolos religiosos en el espacio público. . Incluso en términos estadísticos, tal vez los menos importantes, la tradicional hegemonía de lo católico en nuestro país ha perdido legitimidad y supone un trato discriminatorio a una mayoría de ciudadanos, que los poderes públicos toleran en nombre de una falsa uniformidad religiosa española.

Diferente valoración merecen los símbolos religiosos de uso personal, por entender que el derecho fundamental a la libertad de conciencia de cada persona incluye la libre expresión de su fe religiosa, siempre que no colisione con principios básicos de la Ética social basada en los Derechos Humanos y los principios constitucionales del país.

Un cristianismo coherente no puede ser condescendiente con la falta de respeto a la diversidad de creencias y culturas que en una sociedad multicultural, como ya lo es la española, coexisten, ni puede ser insensible al profundo proceso de secularización que ha arraigado ya en nuestro país. Desde la propia fe cristiana no podemos compartir los intentos de coacción moral y adoctrinamiento católico integrista que determinados sectores protagonizan antidemocráticamente.

En conclusión, denunciamos la presencia ostentosa de símbolos religiosos en el espacio público por entender que representan una falta de respeto y un trato discriminatorio a muchos ciudadanos y solicitamos un debate público en torno a los nuevos símbolos que los valores democráticos requieren.

3.- Tareas de los cristianos de base hoy:

Si queremos contribuir a una sociedad más pacífica y justa, habremos de defender que los símbolos que dominen el espacio público representen a toda la ciudadanía y a los valores democráticos que cohesionan a la sociedad entera, no mostrar únicamente las creencias y sensibilidades de una parte de esa sociedad. Y sólo con un Estado laico es posible avanzar seriamente en esa dirección.

Para caminar hacia ese Estado laico, respetuoso e igualitario, los cristianos hemos de actuar, tanto con nuestros votos como con la praxis cotidiana. En estos momentos señalamos, dos áreas estratégicas en las que incidir a corto plazo:

La ley de libertad de conciencia, cuyo proyecto ha sido retirado tristemente de la agenda política del Gobierno, a pesar de que formaba parte de su programa electoral. Denunciamos esa claudicación del Gobierno ante los poderes fácticos más retrógrados e interesados y rechazamos el argumento de que ‘no existe suficiente consenso social’ para sacar adelante esta ley. Pues eso no puede saberse mientras no se plantee la discusión. Nunca habrá consenso si se elimina el debate.

El avance en la retirada de símbolos religiosos de la Escuela.

Las Aulas de los Centros públicos y concertados no pueden ser lugares de adoctrinamiento religioso, sino espacios de educación en valores democráticos, de fomento en los alumnos de un espíritu crítico y de iniciación al conocimiento científico. Es ésta una materia que viene exigida por nuestros fundamentos constitucionales, y ratificada por diversas sentencias de los tribunales españoles y tomas de posición del propio Parlamento Europeo.

Consideramos que la retirada de los símbolos religiosos de todos los centros docentes, públicos y concertados, sería un importante paso adelante en el tratamiento igualitario de todas las confesiones religiosas, tanto en los espacios públicos, como en el ámbito de la política, que debería tener su correlato en la esfera jurídica y que debería ser regulado con rango de Ley en el futuro texto de Ley de libertad religiosa y Libertad de conciencia.

Madrid, 19 de marzo 2011

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