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Los movimientos sociales y el Alba -- François Houtart

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La reunión de los Movimientos sociales del ALBA, en la escuela Floristan Fernandes del Movimiento de los Sin Tierras en Brasil, ofrece la oportunidad de reflexionar sobre el sentido del ALBA en el contexto actual de la reestructuración del capital mundial, sobre los nuevos regímenes de América Latina y de iniciar también una discusión sobre el pensamiento, el papel y las líneas de acción de los movimientos sociales. Por eso, abordaremos primero lo que significa el ALBA en el contexto actual. En segundo lugar, se tratará de loas relaciones entre los movimientos sociales en el campo político, y finalmente de lo que los movimientos pueden aportar al ALBA.

El ALBA y su contexto

No vamos a hacer aquí la descripción de las tareas ni de las estructuras del ALBA, lo que se puede encontrar en muchos otros documentos. Recordamos solamente que se trata de un proyecto de integración latinoamericana que va mucho más allá que una perspectiva económica y que tiene también dimensiones sociales y culturales. La lectura que hace el ALBA de la realidad latinoamericana es de una totalidad con muchas facetas y su proyecto se define como superación del capitalismo.

1) Características del ALBA, importantes para los movimientos sociales

Tres rasgos deben ser recordados en este tema. El primero es que el ALBA es un órgano político destinado, por ende, a obtener resultados concretos en un plazo relativamente corto. Eso va a plantear la cuestión de las relaciones entre movimientos sociales y campo político, con las posibles tensiones entre los dos, tema que tocaremos más adelante.

El segundo es la aparición de una nueva filosofía poscapitalista. Ese es el carácter innovador del ALBA, que no encontramos en otras iniciativas. De hecho, organizar la economía sobre la base de la complementariedad y de la solidaridad es todo lo contrario de hacerlo en función de la competitividad, y este principio implica también las otras dimensiones de la integración, sociales y culturales. Es la diferencia, por ejemplo, con el MERCOSUR, que todavía se organiza dentro de una lógica capitalista, tal vez de tipo neokeynesiano y con gobiernos socialdemócratas, pero como un “mercado común”. En verdad, la integración de MERCOSUR permite incluir varios asuntos, como la migración, el género, los derechos humanos, la educación, etc., pero dentro de una lógica que no cambia los principios de la economía dominante. No hay duda que el MERCOSUR es un paso adelante frente a un mundo unipolar bajo la dominación económica del Norte (la tríada: Estados Unidos, Europa, Japón) pero sin cambio de orientación fundamental.

Las otras instituciones de integración, como UNASUR y últimamente la CELAC, son de orden más político. Son importantes porque contradicen la OEA, con sede en Washington (el Ministerio de Colonias de los Estados Unidos). También estas instituciones nuevas se preocupan de aspectos económicos y sociales. Pero suponen el acuerdo del conjunto de los miembros, que abarca todos los países de América del Sur (UNASUR) o del subcontinente (CELAC) sean neoliberales o socialistas. Aún si pueden realizar propuestas positivas, en las circunstancias actuales, nunca podrían ponerse de acuerdo sobre un proyecto poscapitalista.

Si vamos más allá que el continente latinoamericano, encontramos los BRICS (Brasil, India, China, África del Sur) o “los países emergentes” que también inician una cooperación entre ellos. De hecho se trata de una alianza entre las burguesías de estos países, para un desarrollo que sigue las reglas del mercado capitalista, con todas sus consecuencias sobre el entorno natural y el incremento de las brechas sociales. Entran en competencia con el Norte, constituyendo un nuevo polo, pero dentro de la línea capitalista. Podemos decir que el ALBA quiere andar exactamente en una dirección opuesta.

Ciertamente, cuando vemos la lista de los países miembros del ALBA, podríamos decir que pocos, si no ninguno, siguen internamente una línea realmente poscapitalista. En varios ámbitos son posneoliberales pero no realmente poscapitalistas. Las razones pueden ser diversas y no vamos a discutir de eso en detalle en este texto. Puede ser la concepción del desarrollo de sus líderes, todavía formados en un modelo desarrollista. Tal vez es la fuerza del sistema globalizado que no permite a un solo país independizarse de la lógica dominante. Tal vez los pueblos (que votan) no están dispuestos para aceptar una fórmula socialista. Podemos pensar también que sea una combinación de motivos la que esté detra´s de esta situación.

Sin embargo, existe también una realidad sociológica que interviene en el caso del ALBA: es el hecho de que un ente, superior a sus partes, tiene la posibilidad de desarrollar ideas y políticas más avanzadas que sus componentes. Así, el ALBA puede ser más progresista que cada uno de los países miembros. Tal vez eso se explica porque la institución no está sometida, en la misma medida, a las presiones de los intereses nacionales o de las clases dominantes locales, o porque algunos líderes políticos han sido capaces de desarrollar ideas más avanzadas. Cualquiera sea la razón, es lo que podemos notar. Sin embargo, como se trata de una coalición de naciones, la orientación puede cambiar bajo la influencia de cambios políticos. Por eso, vamos a subrayar en la última parte de este trabajo, el papel de los movimientos sociales.

Finalmente el ALBA tiene una concepción pluridimensional del poder. Está el Consejo de Jefes de Estado para definir las grandes líneas políticas; el Consejo de Ministros según los asuntos particulares (agricultura, industria, cultura, etc.) y el Consejo de los Movimientos sociales. Este último debe todavía concretarse. Es la primera vez que se formula una semejante participación, significando una nueva relación entre el campo político y los movimientos sociales como sujeto colectivo. Sin embargo, esta redefinición del ejercicio del poder puede tener varias interpretaciones: desde la participación en una nueva dinámica orientada hacia la búsqueda común de un nuevo paradigma (orientación fundamental), hasta la simple instrumentalización de los movimientos para fines definidos por las instancias políticas. Es lo que discutiremos adelante.

2) El contexto económico y social

De manera muy breve queremos recordar lo que ya se ha dicho en otras ocasiones, por varios autores.[1] El contexto mundial es la expresión de la reestructuración del capital, a través de las ciencias de vanguardia y la lucha de este último para reproducir su hegemonía, como siempre con una mezcla de ideología y de fuerza. En la crisis múltiple y universal que sufre el capitalismo (crisis de sistema y no coyuntural) sus reacciones serán cada vez más violentas.[2] Eso exige, de parte de los movimientos sociales, el desarrollo de una actitud ofensiva, con un pensamiento original y nuevas propuestas. No pueden solamente adoptar estrategias defensivas, y la participación del ALBA es una oportunidad de definir objetivos innovadores.

Al mismo tiempo, al nivel mundial, se inicia una nueva polarización, donde el Norte pierde su hegemonía y el Sur gana espacios[3]. La vía que será seguida en estos últimos va a depender también de la acción de los movimientos sociales.

En tercer lugar, en el Sur y en América Latina en particular, fuera de los países que siguen una línea neoliberal y de los regímenes de orientación socialdemócrata, que aceptan el capitalismo como modelo de crecimiento económico, los dos polos de acción que se desarrollan actualmente son el neodesarrollismo y el ecosocialismo. Por supuesto, ningún régimen político nuevo de los últimos 15 años en el continente, acabó con el capitalismo. Es una evidencia. En ambos casos, la cuestión central es saber cómo se define una transición posneoliberal, es decir, de tipo neodesarrollista, con una acentuación a corto plazo de la reprimarización de la economía para apoyar políticas sociales (en gran parte asistenciales), un reforzamiento del Estado y la recuperación de servicios públicos; o de tipo ecosocialista, como búsqueda de un nuevo paradigma de desarrollo respetuoso con los derechos de la naturaleza, redistribuyendo la riqueza estructuralmente y atento tanto a un proceso democrático generalizado, como a la interculturalidad.

Se nota una resistencia creciente a las soluciones neodesarrollistas, porque ellas tienen un carácter bastante tecnócrata, no suficientemente atento a la naturaleza, a los pueblos indígenas, y basadas sobre una concepción fuertemente elitista de la sociedad y favoreciendo el nacimiento de nuevos polos capitalistas internos. No son, como algunos dicen, neoliberales, pero sí constituyen una manera de adaptar el capitalismo a nuevas circunstancias, teniendo en cuenta una demanda social y ecológica fuerte y con resultados que no se pueden despreciar (disminución de la pobreza y mejor acceso a los servicios públicos de salud y de educación).

3) Las nuevas formas de luchas de clases

Desde el punto de vista metodológico, en una reflexión sobre la tarea de los movimientos sociales, no se puede abandonar el análisis en términos de clases. Sin duda, la situación actual cambia los medios de explotación y de desapropiación utilizados por el capital (la financiarización de la economía, por ejemplo). Ciertamente se debe tomar en cuenta realidades e intereses específicos (pueblos indígenas, mujeres, estudiantes, afro descendientes, etc.) pero cada uno de estos grupos está también atravesado por pertenencias de clase, que orientan la diversidad de las posiciones sociales, políticas e ideológicas de sus miembros. Existe una burguesía femenina, estudiantil, nacional e incipientemente indígena, con instituciones correspondientes. Eso nos hace recordar que la sociedad civil no es una realidad homogénea, hay la sociedad civil de arriba y la de abajo.

Es bien conocido que la burguesía capitalista instrumentaliza todo para reproducir su hegemonía: la ecología, la cultura, los medios de comunicación de masa, la democracia, el consumo, la cultura, la religión. Hoy en día, en Colombia, hasta el proceso de paz sirve para reconstruir un consenso alrededor de su proyecto de sociedad. Sin negar la importancia de cada uno de estos campos, no podemos ignorar las estrategias que las clases dominantes utilizan. La tarea de los movimientos sociales antisistémicos es de llevar luchas antihegemónicas[4] y de construir la integración desde abajo.

La extensión de lo que las instituciones internacionales llaman la “clase media”, utilizando un criterio de consumo, más que de producción, es también importante. Según cálculos de la CIA en su informe al presidente de los Estados Unidos, ella representará a escala mundial en 2030, 3 mil millones de personas. Precisamente, porque tiene un cierto acceso al consumo, esta clase, que aumentó mucho en los últimos años en el continente latinoamericano, se acerca más a la ideología de la burguesía que a las clases subalternas. Sin embargo, son muy vulnerables (se ve en Europa) y tienen intereses objetivos opuestos a los de la burguesía. Ganar esta clase a un proyecto de emancipación es también un desafío para los movimientos sociales, sin excluir tampoco elementos progresistas de la burguesía misma.

2. Dos lógicas: movimientos sociales e instancias políticas

Nadie puede negar la necesidad de cada elemento, movimientos sociales y partidos políticos y gobiernos, para los cambios de sociedad. Los movimientos sociales luchan por transformar las estructuras de la sociedad y enriquecer la consciencia de los actores sociales. Los partidos y gobiernos buscan el ejercicio del poder para traducir en políticas concretas los cambios deseados. Eso significa dos lógicas de funcionamiento y de acción, que debemos recordar para entender la función de los movimientos sociales frente al modelo de producción, a su justificación ideológica, al Estado y a la concepción de integración continental.

1) Los movimientos sociales

Recordamos primero que los movimientos sociales se distinguen de las protestas por su organización; de las ONG por la calidad social especifica de sus miembros; de las instancias éticas (Iglesias, organismos de defensa de los derechos humanos) por su meta de acción; de las asociaciones, por sus reivindicaciones sociales; de los movimientos políticos, por sus objetivos. Ciertamente a veces las fronteras entre estas categorías son permeables.

También existen diferencias entre ellos. Hay movimientos que tienen su origen en la estructura de clases (obreros, campesinos, comerciantes, empresarios) y otros en categorías sociales (mujeres, indígenas, estudiantes). Algunos se dedican a objetivos específicos (movimientos ecológicos, religiosos).[5] Últimamente se asistió a la creación de nuevos movimientos (Indignados, Occupy Wall Street, Primavera árabe) poco estructurados, sin líderes bien determinados, utilizando los nuevos medios de comunicación social (facebook, twitter, celulares) y muy visibles en los medios. No disponen de mucho análisis de la realidad y carecen de proyección política.[6] Por sus filosofías posmodernas se acercan más a la protesta, pero al mismo tiempo constituyen un proceso que puede transformarse en una fuerza social.

Todos los movimientos sociales no son antisistémicos o contrahegemónicos (buscando alternativas al capitalismo). Algunos pertenecen al sistema mismo y otros sirven a la adaptación del sistema capitalista frente a nuevas circunstancias o nuevas demandas ecológicas o sociales. Dentro del ALBA, la lógica consiste en reunir los movimientos buscando alternativas al capitalismo, en el sentido amplio de la palabra, es decir, no solamente como sistema económico, sino también social y cultural. Se trata de construir un sujeto colectivo, con todos los grupos afectados por la lógica del mercado capitalista: el ALBA, siendo un lugar de convergencia, similar a lo que se constituyó en la batalla contra el ALCA, pero esta vez sobre una base más institucional. No se trata de una “multitud” en el sentido de Hardt y Negri, sino de actores trabajando en conjunción. Cada uno guarda su identidad, pero se lucha por objetivos comunes.

En este proceso, la visión a largo plazo de los movimientos es particularmente útil. Pueden completar la lógica política que exige resultados a menudo a corto plazo. La multiplicidad no importa, al contrario, si hay mecanismos de convergencia. La representatividad es una cuestión secundaria, si los objetivos son claros. En un momento donde la estrategia del capitalismo ha reducido la fuerza de los movimientos, los más significativos, la convergencia es esencial.

2) Los movimientos políticos

Para realizar cambios de sociedad, la dimensión política es indispensable. Si los movimientos sociales se ubican en sectores específicos (campesinos, obreros, indígenas, mujeres, etc.), los partidos políticos deben enfocar la totalidad del proyecto social y también pueden desarrollar metas a largo plazo, pero una vez en el poder en tanto que gobierno, son necesariamente orientados por los resultados inmediatos. Además, como dependen de elecciones, el corto plazo tiende a imponerse, en particular cuando se trata de comicios presidenciales. Ya vemos que las lógicas son diferentes con las perspectivas de los movimientos sociales, incluso si son complementarias. En los nuevos regímenes políticos latinoamericanos, podemos decir que los gobiernos son los gestionaros de la transición, evidentemente en función de la definición que cada uno da a este concepto (neodesarrollista, social demócrata, ecosocialista). Una tal transición exige medidas concretas visibles y factibles en los cuatro o cinco años del ejercicio del poder.

Se discutió mucho los últimos tiempos del concepto de vanguardia. Por una parte están los que dicen que sin una “vanguardia política”, es decir una instancia política dinámica que puede realizar los proyectos estratégicos y organizar la resistencia contra la lógica del capitalismo y del imperialismo, no se puede transformar una sociedad.[7] Es evidente que se necesita una dirección al nivel nacional para iniciar una reforma agraria, para recuperar la propiedad de los recursos naturales, para establecer la soberanía alimentaria y energética y obtener muchos otros logros sociales y culturales. Tal dirección puede ejercerse en el cuadro de una organización política mayoritaria o con alianzas entre varios partidos. Nunca será el resultado de revueltas sin objetivos, ni de una simple acumulación de iniciativas locales. En este sentido, el posmodernismo, que niega la existencia de estructuras y de sistemas, es la mejor ideología para el neoliberalismo, en un momento en el que el capitalismo ha podido establecer, con las nuevas tecnologías de información y de comunicación, las bases materiales de su hegemonía mundial.[8]

Sin embargo, afirmar que estas vanguardias son “las que pueden conducir y orientar los diferentes movimientos sociales con una plataforma estratégica de emancipación de la humanidad”,[9] parece discutible, especialmente a la luz de la historia reciente. A menudo, las vanguardias se transformaron en detentores del monopolio de la verdad, imponiendo un pensamiento único, con la negativa de los procesos democráticos y la instrumentalización de los movimientos sociales; en burocracias paralizantes. Fue en gran parte el caso del “socialismo real” del siglo XX. En otras circunstancias se volvieron en máquinas electorales, destinadas a acumular votos, a veces a cualquier precio. Es por eso que la idea misma de “vanguardia” fue rechazada por muchos.

Eso fue el caso del Foro Social Mundial, que impidió la participación formal de los partidos políticos en sus actividades, temiendo precisamente los efectos colaterales del fenómeno de “vanguardia”. Felizmente no impidieron una cierta presencia política, pero sin protagonismo. No hay duda que la primera reacción “antipolítica” de los Foros fue a veces excesiva, pero no sin razones. Con los años, se reconoció que la función de los Foros sociales no era la acción política, sino la elaboración de una consciencia común antisistémica y la creación de redes. En consecuencia se llegó también a la conclusión que se necesitaban iniciativas nuevas al nivel internacional para afrontar el capitalismo como sistema mundial y poner en marcha una transición hacia otro paradigma de la vida humana colectiva en el planeta.

3) Tensiones y contradicciones y sus soluciones

No se trata aquí de las contradicciones entre la lógica de la acumulación capitalista y los movimientos sociales antisistémicos, sino de las tensiones o contradicciones que existen entre el campo político y los movimientos sociales en un proceso de salida del neoliberalismo.

Álvaro García Linera, el vicepresidente de Bolivia, indicó claramente cuatro dominios de tensiones, que llama constructivas.[10] (1) Entre un Estado que monopoliza y concentra las decisiones y movimientos sociales que utilizan procesos democráticos (tienen el tiempo). (2) Entre el “núcleo revolucionario” (vanguardia) que en Bolivia son los movimientos indígenas populares y las otras clases sociales: el proceso no se consolida si no está promovido por una mayoría y el “núcleo” no puede debilitar su proyecto. (3) Entre intereses generales, representados por el Estado e intereses particulares de grupos sociales (salarios o pensiones de los mineros frente a otros gastos sociales). (4) Entre desarrollo para cubrir las necesidades materiales básicas de todos y los derechos de la naturaleza (extractivismo como fuente de ingresos para el Estado).

Estas tensiones pueden convertirse en contradicciones y provocar conflictos. Es lo que notamos en los regímenes neodesarrollistas (neokeynesianos) y socialdemócratas, claramente posneoliberales y de orientación social. Un cierto consenso interclasista se establece, aún con una parte de la burguesía que se aprovecha mucho del modelo (se disminuye la pobreza, pero no las distancias sociales). Sin embargo, ellos no cambian fundamentalmente la estructura social, fruto de la lógica de la acumulación del capitalismo, y entran en conflicto con los movimientos antisistémicos o que subrayan las “externalidades” del desarrollo económico , es decir, los daños ecológicos y sociales. Al contrario, cuando el “socialismo del siglo XXI” toma un contenido más concreto (poder popular, ecosocialismo) la burguesía reacciona, a veces con violencia y es capaz de convencer una parte de las clases medias.

Lo que hemos querido subrayar aquí es la diferencia de lógica que existe, de todas maneras, entre las instancias políticas y los movimientos sociales, lo que significa que no se pueden confundir. Cuando un movimiento social se transforma en movimiento político, pierde su modalidad de largo plazo para entrar en una lógica electoral, que es generalmente de corto plazo y tiene que hacer alianzas políticas no siempre deseables, pero necesarias para ganar votos. Si sus resultados no son positivos, el movimiento será acusado de no ser representativo y corre el riesgo de perder su peso moral. Eso no significa que un movimiento no puede tener opciones políticas, a favor de partidos afines a sus objetivos o incluso de apoyar a un candidato determinado.

Por otra parte, los movimientos políticos no pueden instrumentalizar los movimientos sociales, como si ellos sirviesen solamente a ganar votos en tiempos de elecciones y, una vez en el poder, como si fuesen puras correas de transmisión de sus objetivos.[11] La solución es el reconocimiento mutuo de la autonomía de cada uno en sus tareas específicas. Los movimientos sociales no pueden despreciar los partidos políticos, a pesar de experiencias negativos en el pasado, y deben entender la vocación que tienen de desarrollar perspectivas de conjunto y de actores de la transición. Las instancias políticas deben respetar la función de los movimientos sociales, que a veces puede ser crítica y que por el hecho de no ser sometidos a procesos electorales externos, pueden también tener visiones a más largo plazo. En una situación de búsqueda de un nuevo paradigma frente a una crisis de sistema, como la del capitalismo actual, la colaboración mutua es esencial. En este sentido, el ALBA es una instancia donde nuevas experiencias son posibles.

3. Los movimientos sociales en el ALBA

1) Una organización democrática y objetivos claros

– La participación de los movimientos

Los movimientos que participarán en el Consejo del ALBA deben compartir los objetivos de esta iniciativa, que, como lo hemos dicho, se afirma como poscapitalista. Eso significa que, de una manera u otra, la posición de estos movimientos debe ser clara. La carta mayor del Foro Social Mundial también afirma que se reúnen en los Foros, los que buscan una alternativa al capitalismo. Ciertamente, esta perspectiva no ha sido siempre bastante explicita para todos. Por su parte, la Asamblea de los Movimientos Sociales, que se reúne a la ocasión de los Foros Sociales, es más precisa en este aspecto.[12] Los movimientos sociales latinoamericanos que participan en el Consejo del ALBA podrían ser la rama continental de la Asamblea Mundial. No se puede limitar la participación de los movimientos a los que están de acuerdo con sus gobiernos. El criterio debe ser : compartir los objetivos del ALBA. Un fondo colectivo tendrá de ser constituido para ayudar la participación de los movimientos más débiles y la utilización de medios electrónicos de comunicación podría facilitar los contactos.

– Grandes temas

Para las categorías de temas a desarrollar, se podría prever diferentes campos de acción: la relación con la naturaleza; las relaciones de producción de la base material de la vida y la economía popular; la organización colectiva social y política democrática y la defensa de los derechos, y la cultura.

1) En el primer caso, se trata de pasar de la explotación de la naturaleza como base de ganancia del capital a su respeto como fuente de toda vida, física, cultural y espiritual. Reconocer los derechos de la naturaleza y la responsabilidad humana de su destrucción es fundamental. Ya Carlos Marx había escrito que el capitalismo es el origen del desequilibrio del metabolismo (intercambio de material) entre el hombre y la naturaleza, porque la lógica de la reproducción del capital, que se impone en la organización del mundo, es diferente de la reproducción de la naturaleza, lo que, según él, podría tener efectos graves. Para él, solamente el socialismo puede restablecer ese equilibrio. Desafortunadamente este pensamiento no fue retenido por la mayoría de los pensadores marxistas y los países socialistas no fueron modelos de respeto a la naturaleza. En el marco del ALBA se puede proponer medidas comunes, como la prohibición de la propiedad privada de de las riquezas naturales y de la mercantilización de los bienes esenciales para la vida como el agua o las semillas.

2) En el segundo caso, que incluye el modelo de producción y de consumo, se trataría de privilegiar el valor de uso sobre el valor de cambio, el único reconocido por el capitalismo, porque constituye la base de su ganancia y acumulación. En otras palabras, se trata de producir para la utilidad de los seres humanos y no para el beneficio del capital, con relaciones sociales de producción que no permiten la absorción del sobreproducto por el capital y al contrario aseguran su repartición social. Eso significa, entre otros, poner fin a la dominación del capital financiero (creación del sucre como moneda de intercambio, abolición de los paraísos fiscales, del secreto bancario, que todas son armas de lucha de clases en mano de los detentores del capital que a pesar de la crisis amplían sus ingresos).

3) Los procesos democráticos, tercer elemento, son esenciales en la construcción del sujeto, es decir, del ser humano como actor social y no solamente objeto de políticas sociales y así cliente. Eso vale especialmente en el plano político y en particular en la concepción del Estado. Este último no es una realidad neutral, sino el resultado de una relación entre fuerzas sociales. El Estado neoliberal ha reducido las funciones reguladoras del sistema económico, pero no el aparato jurídico, ni los instrumentos represivos que favorecen su reproducción. Los Estados nuevos en América Latina han restablecido medidas de regulación, reorganizado los servicios públicos, desarrollado infraestructuras, redistribuido una parte del sobreproducto; todas iniciativas rechazadas por un capitalismo neoliberal y por las oligarquías tradicionales, pero que pueden ser aceptadas por un capitalismo moderno, consciente de las nuevas exigencias ecológicas y sociales para su permanencia y su desarrollo futuro.

El ALBA, al contrario, como organismo de integración que sobrepasa los Estados, ha definido una nueva orientación, que va más allá de la lógica del capitalismo. Evidentemente nada tiene un carácter definitivo y la fidelidad a este principio será el objeto de luchas, en las cuales los movimientos sociales pueden jugar un papel importante. La razón es que el ALBA puede ser también recuperada por corrientes reguladores del sistema, que ven solamente algunos intereses inmediatos (acuerdos petroleros, por ejemplo) y no la filosofía de base de la iniciativa de integración. Debemos analizar el ALBA con los mismos criterios que el Estado, es decir, como el resultado de relaciones sociales, que pueden resultar como el menor denominador común, entre varias tendencias, pero también como una institución capaz de superar sus componentes y de proponer una perspectiva innovadora.

4) Finalmente, como cuarto elemento, tenemos la cultura, definida como la capacidad de leer la realidad y de definir la ética de su construcción social. Esta lectura es plural, según los grupos sociales, las filosofías, los saberes, las lenguas. El modelo dominante actual es la cultura “occidental” , impuesta por el sistema económico globalizado que elimina o marginaliza las otras. De ahí la necesidad de promover una interculturalidad real, que establece puentes en la diversidad.

La combinación de estos cuatro elementos, que son esenciales para la construcción de cualquier sociedad, permite la elaboración de un nuevo paradigma poscapitalista, de conjunto (holístico), que no es una ilusión, porque se apoya sobre millares de experiencias en el mundo en cada uno de los cuatro ejes y que puede llevar varios nombres, según las culturas y las experiencias: Bien Común de la Humanidad,[13] Sumak Kawzai, Suma Camaña (Buen Vivir)[14], Socialismo del Siglo XXI, etc. Lo importante es el desarrollo de una visión de conjunto que permite empezar las transiciones necesarias hacia un paradigma poscapitalista realmente revolucionario, para salvar el planeta y la humanidad.

2) Funciones campos concretos

Dentro del ALBA los movimientos deben definir sus funciones. Se trata de defender las metas de la institución, de profundizar y concretizar los objetivos, de apoyar las medidas adecuadas, de proponer nuevos campos y nuevas iniciativas, de consolidar los logros, de criticar las posibles desviaciones. Por eso, los movimientos necesitan el reconocimiento de su autonomía, al mismo tiempo que ellos tienen también que reconocer la autonomía de los órganos políticos.

Los campos concretos de la acción de los movimientos pueden ser numerosos, desde las políticas extractivitas (¿cómo orientar las alternativas? ¿Cómo prever una política de transición con reglas ecológicas estrictas? ¿Cómo adaptar la actividad minera a las necesidades reales y no a la ganancia del capital?), hasta el alto a la deforestación, los derechos de los pueblos indígenas, la organización de los trabajadores del sector informal, el apoyo a la agricultura campesina, etc.

Conclusiones

El papel de los movimientos sociales en el ALBA puede ser innovador. No se trata solamente de defender logros, sino de proponer metas. No es un papel exclusivo, sino complementario al rol de los movimientos políticos. La condición, sin embargo, es el desarrollo de una visión de conjunto de la realidad social, para proponer las etapas de realización de un paradigma poscapitalista, lo que exigirá una redefinición constante de los objetivos y de los medios. Cada uno podrá hacerlo partiendo de sus experiencias, pero en convergencia. Es una tarea que vale la pena perseguir y que los movimientos sociales del ALBA tienen la vocación de realizar.

Texto presentado en la reunión de los Movimientos Sociales del ALBA, en la Escuela Floristan Fernandes, el 17.05.13.

[1] Jorge Benstein, El largo crepúsculo del Capitalismo, ed. Cartago, Buenos-Aires, 2009

[2] Claudio Katz, Bajo el imperio del Capital, Ed. Espacio crítico, Bogotá, 2011.

[3] Ignacio Ramonet cita el informe que cada cuatro años, el National Intelligence Council, la oficina de análisis y de anticipación geopolítica y económica de la CIA presenta al presidente de los Estados Unidos y que dice que la parte de los países occidentales en la economía mundial pasara del 56 % hoy, a un 25 % en 2030 (Le Monde Diplomatique, Ed. castellana, N° 211 (mayo 2013).

[4] Francisco Hidalgo Flor, Contra-hegemonía y Buen Vivir en la fase neo-liberal, in Francisco Hidalgo Flor y Álvaro Márquez Fernández (ed.) Contra-hegemonía y Buen Vivir, Universidad Central del Ecuador y Universidad del Zulia (Venezuela), Quito y Maracaibo, 2013, p. 89-114.

[5] Bernard Duterme, Quels Mouvements sociaux dans les démocraties latino-américaines ¿Centro tricontinental, Lovaina-la-Nueva (cetri@cetri.be, 11.12.2012).

[6] François Houtart, Nuevos Movimientos sociales, Enfoques, N° 06 (Febrero 2013), Faculdad de Jurisprudenci, Ciencias políticas y Sociales de la universidad Central del Ecuador, p. 32-34.

[7] Emilson Costa, Os Movimentos sociais e os procesos revolucionarios na América latina: uma crítica aos pos-modenistas, 18.12.12 (manuscrito).

[8] Es una perspectiva que hemos desarrollado en El camino a la Utopía desde un mundo de incertidumbre, Ruth Casa Editorial, Panamá y El Perro y la Rana, Caracas, 2010, p. 19-25.

[9] Ibidem.

[10] Álvaro García Linera, las Tensiones creativas de la Revolución, Vicepresidencia del Estado plurinacional, La Paz, 2010.

[11] Al nivel nacional, varios procesos se encuentran entre los Gobiernos a propósito de las relaciones con los movimientos sociales: colaboración con negociaciones, cooptación, creación de nuevos movimientos afines, instrumentalización, criminalización de las protestas, represión. Para los movimientos sociales, es la autonomía que se debe defender, lo que no excluye una colaboración, un diálogo, la utilización de los espacios abiertos, excluyendo, sin embargo, la integración, la cooptación, la instrumentalización. Se trata de adoptar una posición crítica, que no significa necesariamente la disidencia, pero que incluye la defensa de las víctimas y el recuerdo de un proyecto radical (revolucionario) de un cambio de paradigma.

[12] Ver en particular la Declaración de la Asamblea de los Movimientos Sociales en el Foro Mundial de Tunes (2013).

[13] François Houtart, De los Bienes Comunes al bien Común de la Humanidad, Ruth Casa Editorial, Panamá, 2012.

[14] Alberto Acosta et alía, El Buen vivir, Una vía para el desarrollo, Ed. Abya Yala, Quito, 2009; Fernando Huanacuni Mamani, Vivir Bien/Buen vivir, Filosofía, políticas, estrategias y experiencia regionales, CAOI (Coordinadora Andina de organizaciones indígenas) La Paz, Lima, 2010; Irene León (coord.), Sumak kawsai/ Buen vivir y cambios civilizatorios, Fedaeps, Quito, 2010.

Publicado en Política | Etiquetado ALBA, America Latina, Integración latinoamericana,Movimientos sociales

Fuente: Red Mundial de Comuniades Eclesiales

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