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Los jefes de las naciones los tiranizan, pero entre vosotros que no sea así -- Francisco Javier Sánchez González, Párroco Sagrada Familia de Fuenlabrada y Capellán cárcel de Navalcarnero

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Es la sensación que tengo desde hace 48 horas, cuando el obispo de la diócesis me dijo que tenía que dejar la parroquia de la Sagrada Familia de Fuenlabrada, donde llevo trabajando 20 años. Años en los que ha existido un poco de todo pero que confieso han sido años de encuentro con Dios a través de todo lo que hacíamos; nuestra parroquia es una parroquia eminentemente comunitaria, llena de vida, una parroquia de acogida, donde todos nos sentimos responsables y parte de ella; una comunidad que llama la atención a quien viene de fuera precisamente porque desde el primer momento quien llega se siente como en casa; una comunidad donde sabemos que los aciertos y los errores dependen de todos, donde el cura no tiene la última palabra y donde tenemos una acogida especial a los más necesitados.

Y además desde hace 10 años tenemos la suerte de poder trabajar también con los presos de la cárcel de navalcarnero y sus familias, de tal modo que la parroquia se ha convertido en un centro de acogida para todos ellos, donde los presos son parte de nuestra comunidad y donde ellos participan también en todas las actividades que aquí tenemos; donde nos reunimos una vez al mes con las familias de los presos intentando que encuentren un espacio de comprensión y de acogida y donde pueden acudir los muchachos de la cárcel porque es su punto de referencia, incluso donde algunos se van ya incorporando, cuando salen en libertad, a los grupos y acciones pastorales; una parroquia, como siempre he dicho, con dos sedes: Navalcarnero y Fuenlabrada. En definitiva, una comunidad, donde los pobres tienen un espacio muy especial, y donde la economía está también al servicio de las personas necesitadas, tanto de aquí como de fuera de nuestro país. Una comunidad, con luces y con sombras, con aciertas y fracasos, pero sobre todo que intentamos TODOS hacer del Reino nuestro proyecto.

Me siento orgulloso de esta comunidad porque la hemos ido creando entre todos y porque efectivamente es de de todos. Pues bien hace dos días el obispo de la diócesis me llamó, como también lo ha hecho otros años por estas fechas. Y la conversación fue terriblemente dura y desde luego, a mi entender, poco evangélica. Intentaré transcribirla casi literalmente.

Comenzó diciéndome que me iba a decir una cosa que no me iba a gustar y es que tenía que dejar la parroquia, que llevaba ya muchos años y que hacia falta una renovación, es necesario un cambio decía. Te propongo que sigas en la cárcel de Navalcarnero y que cojas además la cárcel de Aranjuez, que aunque están muy lejos una de otra, mas de 60 km cojas las dos, como están muy lejos y gastarás mucha gasolina el obispado te paga lo que gastes, y diciendo además que el capellán de Navalcarnero quería dejar la cárcel y se quedaba sin nadie. De primeras, le dije que yo no quería dinero porque lo que me preocupaba en ese planteamiento no era la gasolina sino el que era imposible atender como se merece a las dos cárceles y que por respeto a los presos en primer lugar no podía aceptar lo que me decía, porque los presos se merecían una atención como la gente de cualquier parroquia que yo no podía darles. Pero además le intente fundamentar el porque no veía su propuesta por tres motivos:
Primero porque el trabajo que estábamos llevando a cabo desde la parroquia en unión con la cárcel era muy importante y todo se venia abajo ( dentro de veinte días por ejemplo nos vamos 10 presos de la cárcel y 17 de la parroquia como todos los años para hacer el Camino de Santiago, es nuestro quinto camino y la idea es integrar ambas realidades; que el centro acogedor de presos y familias que estaba siendo la parroquia se venia abajo. Y el solo me dijo que ya habría otra parroquia que lo hiciera.

Le dije además que yo no quería estar solo en la cárcel, que para mi era muy importante la comunidad parroquial como centro de referencia para mi, y que yo también necesitaba una comunidad para poder vivir todo lo que hacíamos en la cárcel. El me dijo que sin problema, que ya me buscaría otra parroquia.
Y en tercer lugar que estaba mi padre conmigo, un hombre de 86 años y que me parecía una barbaridad sacarle del barrio. Y él argumentó que eso no era problema, que justamente por respeto a mi padre, había pensado que nos quedáramos viviendo en el piso parroquial.

Ante su insistencia, yo le dije que lo pensaría, y que ya le diría, y sus palabras fueron lapidarias “ no hay nada que pensar, ya está pensado, te lo he dicho varias veces y tu no has querido así que ahora he decidido yo, el dia 1 de septiembre me das las llaves de la parroquia y ya está”. Me quedé perplejo ante sus palabras y solo se me ocurrió decirle que para qué me había llamado entonces, que “siempre que un jefe despide a su empleado le manda una carta de despido y ya está”, porque era mi jefe, y no mi obispo, el que me estaba diciendo aquello, “precisamente porque te respeto te he llamado para decírtelo, pero no para pedirte opinión, sino solo para informarte”.

Al oir estas palabras confieso que me sentí parte de la peor empresa, que mi jefe me estaba tratando como un simple asalariado, y asi se lo hice saber, a lo que el respondió con una sonrisa de sorna; recordé el pasaje de San Lucas, y me hizo reconocer que todos los jefes son iguales, que en el fondo el obispo de mi diócesis es un jefe más que no ha entendió el evangelio, ni lo que significa, la iglesia servidora, comunitaria y acogedora de la que habla nuestro papa no ha pasado por él,y sigue siendo “el típico señor feudal” que utiliza su poder para avasallar.

Le volví a decir que por qué me trataba asi, y le porque de su decisión, y me decía que la parroquia había que cambiarla como ya habían cambiado todas las de la diócesis, en la parroquia “quiero llevar a cabo una reforma doctrinal y litúrgica “, me dijo, “ y para eso tu tienes que salir de ahí”. YO le argumenté que me quedaba mal, pero que como era mi jefe tendría que obedecerle ( en ningún momento salió la palabra obispo, porque nunca le he sentido como tal durante estos años debido al trato que siempre me ha dado). Es curioso porque “mi jefe” cuando yo estaba en el seminario fue propuesto por el entonces rector de nuestro seminario, Juan Martín Velasco, como formador, y fue el entonces inefable Suquía el que dijo que no podía ser formador de los seminaristas, porque este jefe, hoy obispo, no era de fiar. Y nuestro rector, desde su habilidad y sencillez, nos le llevaba al seminario para darnos charlas, retiros o ejercicios, así que muchas de las “doctrinas herejes” que parece ser yo predico en la parroquia Sagrada Familia, me las enseño “mi jefe”… paradojas de la vida…

Después de eso le dije que si podía decirle algo, y me dijo que sí. “El capellán de Aranjuez, no dice lo que dices tu, entonces o bien miente él o bien mientes tu; el quiere estar en la cárcel, pero puesto que él ha dejado la congregación religiosa y tu le has acogido en la dióceiss te ha dicho que esta disponible para lo que tu le digas, y has sido tu el que le has dicho que deje la cárcel donde él se encuentra agusto, asi que alguien miente, tu o él, lo que pasa que si le has dicho como a mi que deje la cárcel y se lo has ordenado como jefe, evidentemente no puede negarse y mas dada la situación que él tiene de haber sido religioso y ahora quedarse sin nada”; él ante esto no me contesto.

Un detalle importante y que ya nos dijo el capellán de Aranjuez hace varios meses es que pensaba “dar la cárcel de Aranjuez”, y asi me lo dijo a mi. Me dijo el obispo que como la cárcel de Aranjuez estaba muy cerca de Toledo había pensado “decirle al obispo de Toledo que la diócesis de allí se quedara con la cárcel”; me lo repitió dos veces y yo seguía sin dar crédito a lo que estaba oyendo, y pensé si fuera un colegio que da dinero no se la querría quitar de encima, pero como son presos “pobres y malos” no los quiere; quizás tenga que oir al final de su vida las palabras de Mt 25 “apártate de mi Joaquin, porque estuve en la cárcel y no fuiste a verme, sino que me llevaste a otra diócesis”.

Le hable también yo de otros curas que llevaban tiempo, mas que yo incluso, en una parroquia, y con un cierto desprecio me hablo de un cura que tiene casi 80 años y que esta en una las parroquias mas grandes de la ciudad, Justo que esta que en la parroquia de Belén, y lo que dijo fue “Justo ya esta mayor y tiene un fuerte parkinson, el otro día etuve en una confirmación con él y apenas no podía, Justo se queda en su parroquia porque en el fondo el pobre esta ya muy mayor, pero todo esto desde su habitual prepotencia y con un cierto grado de humillación a nuestro Justo.

Cuando Sali de la conversación, estaba apesadumbrado y lleno de dolor, que luego se ha ido convirtiendo en rabia. Me sentí humillado, maltratado y vapuleado, quizás como se sienten muchos trabajadores de cualquier empresa, con la diferencia es que mi empresa se llama “Iglesia, comunidad”, y el que me lo estaba diciendo no era el jefe de personal de la empresa, sino supuestamente “mi pastor”.
Cuando llegue a casa no sabia que hacer, ni que pensar pero si estaba decidido a hacer lo que me decía, a entregarle las llaves de la parroquia, no en septiembre, sino cuando volviéramos de Santiago, de hacer el Camino, el 10 de julio. No dormí nada esa primera noche dando vueltas a todo y con el corazón un poco encogido, y eso sí a la vez orgulloso de lo que hacía y de cómo vivía mi ser cura y mi ser cristiano, orgulloso de algún modo de que “me echaran por ser como soy”, y me sentí solidario primero con muchas personas que son echadas de puesto de trabajo y de otras muchas personas de Iglesia que habían pasado por lo que estaba pasando yo.

Al dia siguiente llamé a Miguel, otro cura que va también a la cárcel de Navalcarnero. Miguel es un hombre jubilado, de 77 años y que aun sigue con los muchachos presos y le quieren a rabiar; cuando nos conocimos me dijo que si podía venir un dia a celebrar la Eucaristía a mi parroquia y yo le dije que encantado, y viene una vez a la semana desde Aluche donde vive, hasta Fuenlabrada a decir la misa; es un hombre que estuvo en misiones en Argentina y que además fue cura obrero, con un taxi, por tanto lo que avala a Miguel es su vida, y esta lejos de ser sospechoso de nada.

Pues bien, después de la indignación primera, sus palabras al oírme fueron: “no tienes que irte, porque la comunidad es la que tiene que decidir esas cosas; reúne a la comunidad preguntale que piensa y si ella no ve que tengas que marcharte habrá que decirle al obispo que la comunidad ha decidido que no te marches y que por tanto no vas a marcharte.”, que además había que hacer algo para evitar todo aquello. Y confieso que al oir sus palabras me llenaron de entusiasmo y de esperanza, porque me hicieron ver que efectivamente no debía marcharme sin mas y que la comunidad tenia mucho que decir. Las palabras de Miguel me dieron luz y por eso propuse a los consejos parroquia y económico que nos reuniéramos para ver que se podía hacer (el obispo ya me había dicho que no organizara nada en la parroquia y que saliera tranquilo, que sabia que iban a ir la gente de la parroquia a verlo pero bueno que ya contaba con ello). Y asi lo hemos hecho, esta tarde, dos días después nos hemos reunido en la parroquia no solo los consejos sino todo los que han podido de la comunidad. Reconozco que para mi ha sido un apoyo fuerte el verles, y ver no solo su cariño hacia mi sino también su apoyo a un tipo de Iglesia. Yo les he contado todo y luego les he dicho que la protesta tenia que ser a un nivel no de valorarme a mi, sino de decir que estábamos y teníamos un tipo de eclesiología distinto al suyo y que por eso nos preocupaba que “me echaran asi”.

Las muestras de solidaridad que ya se habían dado durante la tarde a través de mensajes al móvil, se han aumentado con la presencia de tanta gente allí, y tanto gente que me apoyaba y que me decía que no estaba solo, y que merecía la pena luchar por lo que nos parecía muy importante, nuestra comunidad y otro tipo de Iglesia diferente. Estando en la reunión, ha llegado al Fernando, un muchacho de la cárcel que vive en el barrio, y que ha salido hoy de permiso, y como siempre “lo primero que he hecho al salir de la cárcel es venir a la parroquia para veros”, y entre lágrimas de emoción, he ido a darle un abrazo porque justo esto es lo que juntos hemos creado en esta comunidad … sin duda esto “mi jefe” no lo entiende, porque él solo entiende de poderes, de ritos y de “doctrinas” pero no entiende de evangelio y de vida, y he pensado “él se lo pierde”.

Confieso que ha sido un rato bonito por el apoyo que he sentido en ellos, por sus palabras, por su cariño y y porque efectivamente defendían un tipo de efectivamente defendían una iglesia y una comunidad distinta.
Han sido dos días duros pero yo creo que dos días de sentir también la presencia cercana de Dios y de muchas personas. Esta en juego no el echar a un cura de su parroquia, sino el demostrar si la Iglesia es o no evangélica, y si el obispo se cree lo del servicio como pastor o lo que hace es lo que todos los jefes ·oprimir, tiranizar”, sin importarle el daño que puede estar haciendo.

Bueno esto es hasta ahora toda la historia, estoy cansado y con la corazón un poco revuelto por todo lo sucedió; recuerdo el texto de Jn 13, “el primero entre vosotros, sea vuestro servidor”, no dice para nada “humillar a los que teneis cerca, sed sus jefes y tratadlos mal.
No se qué pasara, sigo pensado que quizás el obispo pueda rectificar ( aunque ya se que en la iglesia nunca hay marcha atrás), pero suceda lo que suceda tengo que decir que es un orgullo poder seguir pensando y viviendo como pienso y vivo, y experimentar como una gracia de Dios poder trabajar con los presos y poder tener una comunidad acogedora y fraterna. Gracias a todos por la solidaridad, la entrega, el apoyo, y sobre todo por hacerme creer que otra Iglesia es posible y que estamos llamados a hacerla juntos.

Fuenlabrada 9 de Junio de 2016

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