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LOS «CAZAHERENCIAS» DEL OPUS DEI. Nacho Fernández

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Religión Digital

En la vida habitual se suele hablar de hombres que cazan todo: dotes,
recompensas, talentos. El Opus Dei reune una especialidad poco conocida, la de «cazaherencias», pues algunos de sus seguidores se dedican a sacar dinero de las personas con edades ya avanzadas y que desean destinar sus bienes a una actividad en beneficio de los más necesitados o de una obra social importante.

Todo consiste en transformar ese deseo en algo lucrativo para la
única prelatura personal que existe en la Iglesia Católica, eso sí, con el pretexto de unos fines muy buenos.

A lo largo de mis casi treinta y cuatro años de pertenecer al Opus Dei detecté algunos casos, gracias a haberme dedicado durante más de veinticinco años a la atención de supernumerarios mayores de 65 años. Se trataba de una dedicación que no complacía a muchos otros de la Obra. Yo lo hacía encantado, pues siempre me ha gustado la atención de las personas mayores.

El Opus Dei necesita mucho dinero para sus actividades. Raro es el año que, por lo menos una vez, no se hace una campaña para sablear a la gente. Igual que en una empresa que se precie se determinan unos objetivos y las personas pertenecientes a la institución deben ofrecer una lista de nombres de amigos a los que se pueden sacar elevadas sumas de dinero para destinar a obras corporativas. Incluso hay que especificar qué cifra se va a proponer a
la persona a la que se pretende abordar. Pienso que en los «cazaherencias» se debe producir una situación parecida. con metas concretas.

En el mismo centro de la Obra cercano al estadio Santiago Bernabéu de Madrid que citaba en mi artículo anterior sobre la situación de las mujeres que atienden la administración de los centros, viví una situación que siempre me dio que pensar. El director era una persona de origen humilde y profesor de universidad que alguna vez nos contó a los agregados ya mayores algunas de las actividades que realizaba, sacar dinero a personas para las actividades de la prelatura.

Tuve oportunidad de experimentarlo en mis propias carnes con un
supernumerario de 82 años, soltero, que vivía con dos hermanas solteras, en una vivienda propia en esa zona de nivel económico tan alto en Madrid, aunque él pertenecía a la clase media y fue funcionario de un ministerio.

Una noche, este supernumerario de 82 años se acostó y no volvió a levantarse. Falleció mientras dormía. Fue una sorpresa su muerte para todos, pues gozaba de buena salud. Nadie esperaba que V. (su nombre empezaba por esta letra) nos fuera a dejar tan pronto, pero así sucedió. Debo aclarar que llevaba un grupo de supernumerarios formado por unas 10 o 12 personas en el que raro era el año que no moría uno de ellos, todos mayores de 65 años, salvo muy rara excepción.

Llegó el día del funeral de V. La ceremonia se celebró en una parroquia cercana. Este supernumerario no era de los populares del centro, aunque el grupo que llevaba era uno de los que tenía una edad media más elevada. El director fue al acto litúrgico. No le di mayor importancia. Pensé que quería acompañar a la familia del fallecido, pero los hechos me demostraron que buscaba algo más.

Pues bien, al terminar la misa de funeral, el director del centro se me acercó y me preguntó quiénes eran las hermanas de V, a lo que yo le señalé dónde estaban. Yo pensé que todo se había quedado en aquella conversación de pésame, pero los hechos posteriores me confirmaron que mi estimación era falsa, pues el director del centro a lo que iba era a sacar una herencia de las hermanas de aquel supernumerario.

Pasados unos meses me encontré por la calle a una de las hermanas de V. Me dijo que se acababa de encontrar con el director del centro y que le había hablado de algo que medio a entender que no le gustaba. Se suele decir que el mundo es muy pequeño. Momentos antes me había encontrado a este hombre que un día nos había dado a entender que se dedicaba en los ratos libres a sacar dinero de personas mayores. La hermana de V. fue una de ellas. Posteriormente supe que se iba a respetar que las hermanas del supernumerario fallecido para que vivieran en su domicilio hasta su muerte. No se si al final cedieron el piso de V a la Obra, pero los tiros del cazaherencias iban por ahí.

Se también del caso de una adinerada familia madrileña que se enteró, a la muerte de su madre que ésta había cedido todos sus bienes a una obra corporativa del Opus Dei. Esto provocó un gran malestar entre los herederos.

Una de las cosas que se suele aconsejar a los numerarios y agregados del Opus Dei que van a hacer la incorporación definitiva que hagan testamento (es obligatorio) a favor de obras corporativas de la Prelatura. Incluso se ofrecen una lista de posible entidades beneficiarias y de albaceas (todos numerarios) que se encargarán de todo, una vez se produzca el fallecimiento del miembro de la institución.

Pero además no solo se aconseja hacer testamento a favor de una obra
corporativa. Los miembros que son designados herederos en testamento por sus padres, se les suele aconsejar que lo que han heredado lo cedan al Opus Dei.

Se de amigos míos que han sido generosos al ceder sus bienes mientras
pertenecían a la institución, pero que, al abandonarla, no se les ha
devuelto nada y han tenido problemas para salir adelante. En la Obra, se pide generosidad y «buen espíritu» (es una palabra que dentro se emplea según conviene) a los demás y ellos no son ni generosos ni pueden ser presentados como modelos en este campo.

Hay una fundación que se dedica a obtener dinero para subvencionar becas de seminaristas que quieren cursar sus estudios eclesiásticos en la universidad de Navarra. Siempre hay personas ilusionadas con ser
patrocinadores de una actividad tan digna. Cada uno que piense lo que
quiera.

Hace tiempo me llamó por teléfono un amigo mío. En algunos sitios de
Galicia había corrido el pánico, pues algunas personas del Opus Dei estaban acercándose a viudas y señoras mayores para conseguir que sus bienes los dejaran en testamento a las facultades de estudios eclesiásticos de la universidad de Navarra. Eran otros casos más de «cazaherencias» comno los que he descrito anteriormente. Debo aclarar una cosa. Poco después de dejar la Obra hace ocho años visité un notario e hice un nuevo testamento. No quise que el Opus Dei fuera el heredero de mis bienes.

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