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Presentes y ausentes. Llorar y confiar -- Arnaldo Zenteno S.J.-Comunidades Eclesiales de Base

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Enviado a la página web de Redes Cristianas

ENFOQUE Y SUGERENCIAS PARA LAS CELEBRACIONES DE DIFUNTOS.
Queridos compañeros de Redes Cristianas:
Les comparto lo que acabo de escribir: Enfoques y Sugerencias para nuestras Celebraciones por y con los Difuntos.El título completo sería: Llorar, confiar y ser Solidarios: Enfoques y sugerencias…
fraternalmente
arnaldo zenteno s.j. Comunidades Eclesiales de Base(CEB)
Enfoque y Sugerencias para nuestras celebraciones con y por los Difuntos.
Yo soy la resurrección y la vida: el que cree en mí, aunque haya muerto, vivirá; y el que está vivo y cree en mí, no morirá para siempre. ¿crees esto? -Palabras de Jesús en el capítulo 11 del Evangelio según San Juan versículo 14.

Introducción
:
Todas y todos nosotros tenemos celebraciones por nuestras queridas personas difuntas, tanto de nuestra familia, amigas y amigos, como de las Comunidades y también de otras personas de nuestros Proyectos o simplemente de vecinas o personas que nos lo piden.
Estas sugerencias no son como los formularios que ya hay para las Misas o Celebraciones de Difuntos. Más bien quiero hacerles unas sugerencias y sobre todo presentarles el Enfoque que creo conviene tener en nuestras Celebraciones.
Enfoque y Sugerencias concretas-algunos Textos del Evangelio y de Pablo :

1.- Jesús, es la Resurrección y la Vida. En lo positivo, queremos decir que el Enfoque de nuestras celebraciones está centrado en Jesús, en su vida y en particular en su Muerte y Resurrección y es una invitación a confiar en la resurrección de las personas Difuntas. Obviamente en toda celebración de difuntos, partimos como Jesús mismo lo hizo, de sentir y conmovernos ante la muerte de los Seres Queridos, y como Jesús lloramos y acompañamos el llanto de las personas cercanas de éstos difuntos, pero siempre de cara al Don de Dios, la Resurrección.
Sugerencias: Sobre Jesús como Resurrección y la vida, está todo el pasaje de Juan 11, sobre la resurrección de Lázaro (que además nos muestra la plena humanidad de Jesús que tiene amigos más cercanos, que llora y se estremece antes su dolor). Está también Juan 14, 1-7 en que ante la proximidad de su muerte, Jesús nos dice que no estemos turbados, que confiemos en Dios nuestro Padre y también en Él, que va a prepararnos un lugar en la casa de su Padre y nuestro Padre, y que el último viaje no lo hacemos solo, sino que él nos lleva junto a Él para que estemos donde Él esta, y Él es el camino, la verdad y la vida.

Y sobre la fuerza de Dios que nos resucita y cambia nuestra frágil mortalidad en inmortalidad podemos detenernos en los textos de Pablo en la 1ª. Carta a los Corintios en el capítulo 15, y en especial en estos versículos:20-22, 35-39 ,52-57
2.- La misericordia de Dios. La costumbre más frecuente en las Velas de difuntos, es pedir perdón y casi parece que se quiere arrancar el perdón a Dios. Pero en el Evangelio encontramos más bien el generoso y misericordioso perdón de Dios. Y creo que esto hay que subrayar en todas nuestras celebraciones.

Sugerencia: Con respecto a la misericordia de Dios el texto clave es la parábola del Padre Generoso y del Hijo derrochador que nos muestra cómo se le estremece el corazón a Dios para darnos el perdón. Lucas 15, 1-31. Y cómo quiere que regresemos a la casa Paterna y que volvamos a la vida. Todo el Evangelio está lleno de pasajes que nos muestra la misericordia de Dios en Jesús y cómo se estremece su corazón ante el dolor, el sufrimiento humano y la muerte. Y son muchos los pasajes en que se nos muestra cómo perdona con amor. Podemos recordar el pasaje del fariseo y la Mujer llamada pecadora por el fariseo y a la que Jesús perdona con amor,y le dice al fariseo: esa Mujer, ama más que tú.(Lc 7 36-50- en especial 48)

Todo esto lo expresa muy bien Pablo al inicio de la 2ª Carta a los Corintios. 1, 1-5. Dios es el Padre siempre misericordioso, el Dios de todo consuelo, el que nos conforta en todas nuestras tribulaciones. Pero Pablo hace notar con toda razón que nos conforta y consuela no para encerrarnos en ello, sino para que nosotros también podamos confortar con consolar a todos los que están cualquier tribulación, comunicándoles el consuelo que Dios nos comunica a nosotros. Este pasaje es importante compartirlo especialmente en celebración de las muertes trágicas o repentinas, en que los parientes suelen afligirse más.

Sobre la Tristeza por la muerte de los seres queridos podemos compartir cómo es iluminada por la Esperanza de la Resurrección 1Tesalonicenses 4,13-14.18
Podemos también rezar el Salmo 23, El Señor es mi Pastor…aunque pase por cañadas obscuras (como la enfermedad y la muerte) nada temo porque Tú estás conmigo, tu vara y tu bastón me sostienen

3.- Acción de Gracias. Otro punto importante en el Enfoque, es que no se trata solo de pedir por los difuntos, sino también y muy especialmente de dar gracias a Dios por su vida, por la presencia de Dios en su vida, por todo el amor de su corazón, por todo el amor y cariño que recibieron y dieron y por la presencia amorosa de Dios en su vida.

Sugerencias: Por su misma naturaleza, la Eucaristía en sí misma es Acción de Gracias. En el Evangelio Jesús nos enseña a ser agradecidos y nos pone el ejemplo del Samaritano, antes leproso y que al ser curado, regresa a dar gracias y Jesús pregunta dónde están los otros 9 que no regresaron a dar gracias (Lc 17,11-19 ),y Jesús mismo se nos muestra dando gracias al Padre con alegría porque se revela a los pequeños(Lc 10,21-22)). Y en la Última Cena, da gracias como parte inicial de sus palabras consacratorias del Pan y del Vino. Y podemos retomar el capítulo 15 del evangelio de Jesús según Sn.Juan y recordar que Jesús nos llama a dar frutos y en abundancia, y en la Celebración conviene dar gracias por los frutos de la persona fallecida y ofrecer los buenos frutos de su vida.

4.- Ausencia y Presencia. Con toda razón cuando mueren especialmente las personas queridas sentimos mucha tristeza y dolor y sentimos mucho su ausencia. Jesús mismo se estremeció ante la muerte de Lázaro. Pero junto con la ausencia, hay que sentir la presencia de nuestros difuntos. a) Sentimos su presencia porque están vivos en Dios, como lo dice Jesús, Dios es Dios de vivos y ellos están vivos en Dios. b) Sentimos su presencia por el amor que les tenemos y que está vivo. c) Sentimos su presencia en todo lo positivo que sembraron en nuestras vidas y que está vivo en nosotros y en otras personas, y está dando frutos. d) Sentimos su presencia porque ellos, ellas, nos siguen amando en Dios en ese sentido de mucha mejor manera que antes.

Sugerencias. Un texto clave es cuando Jesús, rechazando la postura de los saduceos que no creían en la Resurrección, les dice claramente que Dios es Dios de vivos, y que están vivos nuestros difuntos-como lo están los patriarcas que murieron tanto tiempo antes(Mt 22,23-32).y Jesús afirma esto con insistencia en su diálogo con Marta y María ante su reclamo por la muerte de Lázaro su hermano: Yo soy la Resurrección y la Vida. El que cree en mí, aunque muera vivirá. El que vive por la fe en mí, no morirá para siempre (Jn 11,25).

Y en Juan 14,ante la proximidad de su muerte,Jesús les dice a los discípulos que no se turben, que crean en El, que en la casa de mi Padre, hay muchas mansiones y va a prepararles un lugar… para que donde Yo estoy, estén también ustedes.(Jn14,1-3)
Permitan decirles dos cosas personales. A veces me preguntan ¿cómo se llamaba tu papá? Y les digo porque dicen se llamaba como si hubiera desaparecido. Se llama Alfonso porque está vivo en Dios. Mi mamá Aurora murió cuando yo tenía 9 años, y más tarde le hice un poema que casi al final decía así: “La muerte//muy temprano// te arrancó de mi//, pero tu ausencia ha acompañado// toda mi vida”. Tiempo después cambié el último verso y quedó así: “pero tu ausencia y tu presencia// han acompañado toda mi vida”

5.- Dialogando con nuestros difuntos. Y si están vivos en Dios, ¿por qué no sólo rezar por ellos, sino encomendarnos a ellos y orar y dialogar con ellos? Ojalá pudiéramos hacer esto.
Sugerencia: en ésta línea va el segundo documento que les comparto en éste escrito y que está tomado de J, A Pagola al hablarnos de la resurrección de Lázaro.Les sugiero meditarlo y compartirlo en la celebración del Difunto o la Difunta, o en alguno de los Rosarios del Novenario.

6.- Eucaristía por todos los Difuntos. Pero la Misa no sólo es por un difunto, sino por todos los difuntos. Cuando Jesús entrega su vida, como nos dice en la Última Cena, su Cuerpo y su Sangre, su vida entera es entregada por la salvación de toda la humanidad (Mc 14,22-24). Y Jesús, como vemos en el Evangelio, se preocupó especialmente por los más excluidos en la Mesa de la vida, y por aquellos-que hipócritamente-los fariseos tachaban de impuros o pecadores-pecadoras. Con ellas y ellos comió en su Mesa en esta vida, y come con ellas y ellos en la Mesa de la vida plena.

Sugerencia. En la Misa es bueno orar especial y solidariamente por aquellos que han muerto más solos, más abandonados o más discriminados. Y en estos casos, como la Celebración de ayer por una trabajadora sexual asesinada, la Eucaristía es también un clamor por Justicia. Y también por aquellos que han muerto en situaciones trágicas o muy dolorosas por el tipo de enfermedad o por la temprana edad en que murieron. No podemos encerrarnos solamente en orar por “nuestros” difuntos, sino que tenemos que abrir nuestro corazón con Jesús a todos los difuntos, y por lo mismo junto con orar por este difunto concreto y su familia, podemos orar, por ejemplo, por los Migrantes muertos en su travesía, por los muertos en la guerra en Siria. Y sin duda en estos casos y otros semejantes la Eucaristía es también un Grito y Clamor Profético por la Justicia.

7.- La Misa o celebración también es por los vivos. Y precisamente el estar ante un hermano difunto y su familia, al mismo tiempo es un llamado para nosotros, para pensar en nuestra vida. No para verla con temor, pues confiamos mucho en el amor misericordioso de nuestro buen Padre Dios, pero sí tenemos que pensar y reflexionar en cómo estamos viviendo nuestra vida, cómo estamos aprovechando ésta oportunidad de vivir y si estamos dando los frutos abundantes que Jesús espera de nosotros.
Sugerencia: En ese sentido es bueno tomar como primera lectura o Juan 15 en que nos habla Jesús de los frutos abundantes que nosotros tenemos que dar o Romanos 12, 9-19, en que Pablo nos habla de la vida cristiana: El amor y lo que esto implica en la vida concreta. Y durante la Celebración conviene de cara a la muerte , invitarnos a reflexionar en cómo estamos viviendo el amor.

MATERIAL DE APOYO:
Para ahondar en nuestra Reflexión personal y comunitaria, y en nuestros comentarios al Evangelio durante la celebración de Difuntos, les comparto dos pasajes del libro de Pagola. Un Camino abierto por Jesús. Juan. Estos dos pasajes son parte del comentario que hace Pagola a lo que Jesús nos dice y cómo actúa ante la muerte de Lázaro su amigo y el dolor de sus también muy queridas hermanas Marta y María.

El primer texto se centra en lo que Jesús nos proclama: nuestros muertos están vivos. Y en el segundo texto nos habla de nuestra relación con nuestros seres queridos difuntos. Ellos nos aman de una manera más plena. Nosotros podemos seguirlos amando y comunicándonos con ellos. No están ausentes, sino que están presentes en nuestra vida de una manera más plena. Es lo que yo les decía en el enfoque: no sentir solo su ausencia, no sentirlos como desaparecidos de nuestra vida o que solo quedan en el recuerdo, sino sentirlos como en realidad están presentes en nuestra vida, de un modo nuevo, admirable y muy pleno.

Cada uno de estos dos textos, nos puede servir como una primera lectura en nuestras Celebraciones o como un comentario del Evangelio, pero sobre todo nos pueden servir para nuestra reflexión personal y comunitaria para que empapados de su profundo y esperanzador sentido evangélico hagamos más plenas nuestras celebraciones de Difuntos.

1.- Nuestros muertos viven. No solo al final de los tiempos en la Resurrección general de los Muertos, sino ya desde ahora nuestros muertos están vivos en Dios. Dios infunde vida a los que nosotros hemos enterrado con tanto dolor.
“El adiós definitivo a un ser muy querido nos hunde inevitablemente en el dolor y la impotencia. Es como si la vida entera quedara destruida. No hay palabras ni argumentos que nos puedan consolar. ¿En qué se puede esperar?

El relato de Juan no tiene solo como objetivo narrar la resurrección de Lázaro, sino, sobre todo, despertar la fe, no para que creamos en la resurrección como un hecho lejano que ocurrirá al fin del mundo, sino para que “veamos” desde ahora que Dios está infundiendo vida a los que nosotros hemos enterrado.
Jesús llega “sollozando” hasta el sepulcro de su amigo Lázaro. El evangelista dice que “está cubierto de una losa”, Esa losa nos cierra el paso. No sabemos nada de nuestros amigos muertos. Una losa separa el mundo de los vivos y de los muertos. Solo nos queda esperar el día final para ver si sucede algo.

Esta es la fe judía de Marta: “Sé que mi hermano resucitará en la resurrección del último día”. A Jesús no le basta. “Quitad la losa”. Vamos a ver qué es lo que sucede con el que habéis enterrado. Marta pide a Jesús que sea realista. El muerto ha empezado a descomponerse y “huele mal”. Jesús le responde: “Si crees, verás la gloria de Dios”. Si en Marta se despierta la fe, podrá “ver” que Dios está dando vida a su hermano.

“Quitan la losa” y Jesús “levanta los ojos a lo alto”, invitando a tos a elevar la mirada hasta Dios, antes de penetrar con fe en el misterio de la muerte. He dejado de sollozar. “Da gracias” al padre porque “siempre lo escucha”. Lo que quiere es que quienes lo rodean “crean” que es el Enviado por el Padre para introducir en el mundo una nueva esperanza.
Luego “grita con voz potente”: “Lázaro, sal afuera”. Quiere que salga para mostrar a todos que está vivo. La escena es impactante.

Lázaro tiene “los pues y las manos atados con vendas” y “la cara envuelta en un sudario”. Lleva los signos y ataduras de la muerte. Sin embargo, “el muerto sale” por sí mismo ¡Está vivo!
Esta es la fe de quienes creemos en Jesús: los que nosotros enterramos y abandonamos en la muerte viven. Dios no los ha abandonado. Apartemos la losa con fe. ¡Nuestros muertos están vivos!”

2.-Más queridos que nunca
“Por lo general no sabemos cómo relacionarnos con los seres queridos que se nos han muerto. Durante tiempo vivimos con corazón apenado, llorando el vacio que han dejado en nuestra vida. Luego los vamos olvidando poco a poco. Llega un día en que apenas significan algo en nuestra experiencia.

Está muy extendida la idea de que los difuntos son seres etéreos, despersonalizados, con la identidad vaga y difusa, aislados en su mundo misterios. Ajenos a nuestro cariño. A veces se diría que pensamos como los antiguos judíos, cuando hablaban de la existencia de los muertos en el sheol, separados del Dios de la vida.
Sin embargo, para un Cristiano morir no es perderse en el vacío, lejos del Creador. Es precisamente entrar en la salvación de Dios, compartir su vida eterna, vivir transformados por su amor insondable. Nuestros difuntos no están muertos viven en la plenitud de Dios, que lo llena todo.

Al morir nos hemos quedado privados de su presencia física, pero, al vivir actualmente en Dios, han penetrado de forma más real en nuestra existencia. No podemos disfrutar de su mirada, ni escuchar su voz, ni sentir su abrazo. Pero podemos vivir sabiendo que nos aman más que nunca, pues nos aman desde Dios.
Su vida es incomparablemente más intensa que la nuestra. Su gozo no tiene fin. Su capacidad de amar no conoce límites ni fronteras. No viven separados de nosotros, sino más dentro que nunca de nuestro ser. Su presencia transfigura y su cariño nos acompañan siempre.

No es una ficción piadosa vivir una relación personal con nuestros seres queridos que viven ya en Dios. Podemos caminar envueltos por su presencia, sentirnos acompañados por su amor, gozar con felicidad, contar con su cariño y apoyo, e incluso comunicarnos con ellos en silencio o con palabras, en ese lenguaje no siempre fácil pero hondo y entrañable que es el lenguaje de la fe.
Nuestros difuntos ya no viven entre nosotros, pero no los hemos perdido. No han desaparecido en la nada. Los podemos querer más que nunca, pues viven en Dios. Es Jesús el que sostiene nuestra fe: “Yo soy la resurrección y la vida: el que cree en mí, aunque haya muerto, vivirá”. Un día, todos juntos resucitaremos con Cristo para siempre.” Texto tomado del libro “El Camino Abierto por Jesús. Juan” (José Antonio Pagola) págs. 163-164,166-167 .

Conclusión. Llorar y Confiar. Así titula Pagola este capítulo, y en esas dos palabras sintetiza muy bien su mensaje y lo que he querido compartirles. Nuestro Pueblo tiene mucha veneración y devoción a nuestros Difuntos y son muy importantes para nuestro Pueblo las Velas de los difuntos, las Celebraciones de cuerpo presente, el acompañar al Cementerio, el novenario y las celebraciones de los Aniversarios. Esto es muy bueno y es parte de la Religiosidad y Cultura de nuestro Pueblo que debemos apreciar y acompañar. Pero junto con lo positivo, hay aspectos negativos, como el orar queriendo arrancar a Dios el perdón de sus pecados, y también es negativo sentir mucho la muerte como separación definitiva y el no explicitar más la Misericordia de Dios y nuestra Fe en la Resurrección y en que nuestros difuntos están ya vivos en Dios.

Estas páginas que les he compartido, quieren ser un apoyo para que nuestras celebraciones partiendo del sincero acompañamiento al dolor y lágrimas por los seres queridos difuntos, estén más empapadas del Evangelio, del Mensaje Esperanzador y Misericordioso de Jesús que es la Resurrección y la Vida. El mismo experimento y muy dolorosamente el misterio de la muerte con su dolor, soledad, y en su caso también abandono, pero con la plena confianza en su Padre y nuestro Padre Dios, y por eso mismo sus últimas palabras son Padre, Abba, Padre querido en tus manos encomiendo mi espíritu, mi vida toda y te la entrego.

Jesús murió y Resucitó, y en vísperas de su pasión nos dice: Me voy,y voy a prepararles un lugar. Volveré y los llevaré conmigo para que donde estoy yo, estén también ustedes en la Casa de mi Padre… y para ir a donde voy, ya conocen el Camino…yo soy el Camino, la Verdad y la Vida (Jn 14,1-6).

Arnaldo Zenteno
S.J. Comunidades Eclesiales de Base (CEB) Nicaragua. Septiembre 2013

Más queridos que nunca
Por lo general no sabemos cómo relacionarnos con los seres queridos que se nos han muerto. Durante tiempo vivimos con corazón apenado, llorando el vacio que han dejado en nuestra vida. Luego los vamos olvidando poco a poco. Llega un día en que apenas significan algo en nuestra experiencia.

Está muy extendida la idea de que los difuntos son seres etéreos, despersonalizados, con la identidad vaga y difusa, aislados en su mundo misterios. Ajenos a nuestro cariño. A veces se diría que pensamos como los antiguos judíos, cuando hablaban de la existencia de los muertos en el sheol, separados del Dios de la vida.
Sin embargo, para un Cristiano morir no es perderse en el vacío, lejos del Creador. Es precisamente entrar en la salvación de Dios, compartir su vida eterna, vivir transformados por su amor insondable. Nuestros difuntos no están muertos viven en la plenitud de Dios, que lo llena todo.

Al morir nos hemos quedado privados de su presencia física, pero, al vivir actualmente en Dios, han penetrado de forma más real en nuestra existencia. No podemos disfrutar de su mirada, ni escuchar su voz, ni sentir su abrazo. Pero podemos vivir sabiendo que nos aman más que nunca, pues nos aman desde Dios.
Su vida es incomparablemente más intensa que la nuestra. Su gozo no tiene fin. Su capacidad de amar no conoce límites ni fronteras. No viven separados de nosotros, sino más dentro que nunca de nuestro ser. Su presencia transfigura y su cariño nos acompañan siempre.

No es una ficción piadosa vivir una relación personal con nuestros seres queridos que viven ya en Dios. Podemos caminar envueltos por su presencia, sentirnos acompañados por su amor, gozar con felicidad, contar con su cariño y apoyo, e incluso comunicarnos con ellos en silencio o con palabras, en ese lenguaje no siempre fácil pero hondo y entrañable que es el lenguaje de la fe.
Nuestros difuntos ya no viven entre nosotros, pero no los hemos perdido. No han desaparecido en la nada. Los podemos querer más que nunca, pues viven en Dios. Es Jesús el que sostiene nuestra fe: “Yo soy la resurrección y la vida: el que cree en mí, aunque haya muerto, vivirá”. Un día, todos juntos resucitaremos con Cristo para siempre.

Texto tomado del libro “El Camino Abierto por Jesús – JUAN” (José Antonio Pagola) págs.: 159, 163,164,166,167 .

Fuente: Red Mundial de Comunidades Eclesiales

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