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Las comunidades eclesiales de base -- Alberto Moliner

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Comunidades de base2.jpgEste artículo es sólo un apartado de un artículo bastante más amplio (37 páginas) del mismo autor titulado :»Los procedimientos de la Teología de la Liberación» que nos envía desde Buenos Aires la Comunidad eclesial de base «Ana María Borda» (Redacción de R. C.)

La matriz histórica de la Teología de la Liberación (TL) se halla “en la vida del pueblo pobre, y en modo especial en la de las comunidades cristianas que surgen en el seno de la Iglesia presente en América Latina”[88]. Desde ahí la TL busca leer la Escritura y estar atenta a las interpretaciones siempre nuevas e inesperadas que la palabra de Dios formula al proceso histórico de ese pueblo, es lo que se ha llamado el círculo hermenéutico. Partiendo de la práctica cristiana, la TL busca ser un lenguaje sobre Dios. Se trata de una fe inseparable de las condiciones concretas en que vive la gran mayoría de los habitantes de América Latina.

“La TL surge de la confrontación entre la urgencia de anunciar la vida del Resucitado y la situación de muerte en que se encuentran los pobres de América latina”[89].
La eclesiología fue uno de los terrenos en los que el concilio Vaticano II llevó a cabo un avance notable al poner el acento en la índole comunitaria. Enlazando con esa perspectiva comunitaria, el nuevo paradigma teológico de América Latina se centra en torno a las comunidades eclesiales de base (CEBs).

La Comunidad Eclesial de Base, como comunidad integra familias, adultos y jóvenes en íntima relación interpersonal en la fe. Como eclesial, es comunidad de fe, esperanza y caridad; celebra la Palabra de Dios y se nutre con la Eucaristía, culmen de todos los sacramentos; realiza la Palabra de Dios en la vida, a través de la solidaridad y compromiso con el mandamiento nuevo del Señor y hace presente y actuante la misión eclesial y la comunión visible con los pastores, a través del servicio de coordinadores aprobados. Es de base, por estar constituida por pocos miembros, en forma permanente y a manera de célula de la gran comunidad.[90]

Mientras los episcopados de la Iglesia europea oponían todo tipo de resistencias al fenómeno de las comunidades de base, Medellín apostó por ellas[91]. En el mismo sentido se expresaba la asamblea de Puebla en la que los obispos del continente se comprometieron a promover, orientar y acompañar a estas comunidades[92]. Las CEBs potencian los ministerios laicales y recuperan las dimensiones carismáticas y diaconales de la Iglesia, jugando un importante papel crítico-profético y liberador. Conscientes de que las soluciones políticas a las que prestan su apoyo no tienen carácter absoluto enfatizan las mediaciones históricas. Estas comunidades son la presencia de la Iglesia en los movimientos populares de lucha reivindicativa, en los que se encuentra la conciencia de liberación[93].

En síntesis, se puede decir que el hecho de haber privilegiado el Vaticano II la categoría de pueblo de Dios ha posibilitado el nacimiento y desarrollo de las CEBs. Éstas se mueven dentro del mismo paradigma eclesial conciliar, pero aportando la originalidad propia de la experiencia religiosa y política del continente latinoamericano. Las CEBs suponen la configuración concreta de una Iglesia estructurada desde la perspectiva del pobre.

Estas comunidades han nacido entre los más pobres de los pobres y están formadas por aquellos sectores creyentes de la población que carecen de poder religioso, económico y social. Son comunidades martiriales que comparten la vida y las luchas del pueblo, sufren persecución por defender la justicia y llegan hasta dar la vida por los hermanos.[94]
En las CEBs los creyentes trabajan por conseguir un nuevo tipo de sociedad superando las situaciones injustas mediante la participación directa de sus miembros[95].

Fue la TL la que creó el espacio teórico que permitió el nacimiento de las CEBs, y éstas, a su vez, mantienen viva y en continuo desarrollo a la propia TL[96]. De esta manera, en las CEBs, se hace una teología que no sólo brota de la vida sino que brota de una forma determinada de vivir la vida: la vida de los pobres[97]. Esta teología que “surge a partir de la experiencia y la conciencia de los pobres, es una teología sorprendente y subversiva para quienes viven integrados en el sistema, y desde el sistema, están acostumbrados a pensar en Dios y a interpretar a Dios”[98].

En definitiva, las CEBs continúan aportando una manera nueva de ver y entender a Dios, una manera distinta de leer el Evangelio, y una nueva comprensión del método teológico, el cual empieza aclarando el lugar desde el que se hace teología y cuestiona el (des-)orden social reinante[99]. La TL continúa concibiendo “la imperiosa necesidad de que la Iglesia crezca desde la base y tenga en su centro a los pobres como elemento configurador e inspirador”[100].

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