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La verdad del amor humano en la familia celestial -- Nicolás Puente

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Dehesas

La conferencia Episcopal Española, presentó el documento salido de Asamblea Plenaria: «La verdad del amor humano. Orientaciones sobre el amor conyugal, la ideología de género y la legislación familiar». El texto se presentó el 4 de julio después de que lo revisara la Permanente.

Si algo tiene este documento de interesante es el descubrirnos cuáles son las preocupaciones más importante que laten en el corazón y la cabeza de nuestros obispos. Y su desvelos principales tienen como causa la situación jurídica y valoración social que está padeciendo en estos momentos la familia. No se trata de la familia concreta, esa que sufre, esa que tiene a sus miembros todos en paro, esas que no llega al fin de mes, ni esas a las que dejan en la calle después de embargar su casa.

Tampoco de esas a las que ahora le obligarán al copago de los medicamentos ni a esas a las que el gobierno les subirá los impuestos, ni a esas otras que no pueden llegar a familia, porque los jóvenes que desean casarse tienen que seguir viviendo en casa de sus padres. Se trata de unas familias a las que hay que hablarle de amor, de leyes morales, de formación de conciencia, de la belleza del amor humano.

En el número cuatro dicen nuestros obispos: “Estas luces, sin embargo, no pueden hacernos olvidar las sombras que se extienden sobre nuestra sociedad. Las prácticas abortivas, las rupturas matrimoniales, la explotación de los débiles y de los empobrecidos –especialmente niños y mujeres–, la anticoncepción y las esterilizaciones, las relaciones sexuales prematrimoniales, la degradación de las relaciones interpersonales, la prostitución, la violencia en el ámbito de la convivencia doméstica, las adicciones a la pornografía, a las drogas, al alcohol, al juego y a Internet, etc., han aumentado de tal manera que no parece exagerado afirmar que la nuestra es una sociedad enferma” (El subrayado es mío). Tengo mis dudas. Pienso que nuestra conferencia Episcopal vive en otro país o por lo menos padece miopía.

Un poco de estadística para ver lo que los Obispos no son capaces de ver:

Embargos: 25.943 en 2007, 58.686 en 2008, 93.319 en 2009, 93.622 en 2010, más de 118.000 en 2011 en 2012 no se conoce la cifra exacta, pero se sabe que aumentó. Y tengamos en cuenta que el embargo no afecta al cabeza de familia, sino que el proceso deja en la calle a todos los miembros.

Parados: El INE cifra en 5.273.600 el número de parados a finales de 2011. La juventud está sufriendo la mayor tasa de paro de la historia: entre 16 y 19 años 69,3%, del 44,4% entre 20 y 24 años; la tasa de desempleo es del 28,01% entre 25 y 29 años; y del 23,10% entre 30 y 34 años. Algunos dicen que a finales de año llegaremos a 6.000.000.

Si a esto se une que durante la bonanza del ladrillo, la mayoría de los jóvenes no superaron la educación secundaria y no accedieron a la educación superior podemos ver que la situación es mucho más grave.

Entre los mayores la situación no es mejor: La tasa de paro entre 50 y 54 años es del 17,1%; del 17,5% entre 55 y 59 años; y del 14% entre 60 y 64 años.

El problema se amplía si nos damos cuenta que muchos parados han dejado de contabilizar como tales al perder la esperanza de encontrar un empleo y dejar de buscarlo. Algunos han comenzado otro tipo de estudios y otros se han ido al extranjero. Esto nos indica de forma clara que la cifra es muy superior.

Familias en las que ningún miembro trabaja: Hay 578.400 hogares en los que ningún miembro tiene ingresos.

Sin posibilidad de montar un negocio: España perdió 101.200 autónomos en 2011 ¿Quién se arriesga a fundar una empresa?

El extranjero como salida: El año pasado se marcharon de vuelta a sus países 445.130 extranjeros y 62.611 españoles a se fueron al extranjero.

Descenso de la natalidad: la media de hijos por mujer ha descendido de un 1,38 en 2010 a 1,35 en 2011.

Los jóvenes retrasan la salida del hogar. Al carecer de trabajo y sin perspectivas de obtenerlo permanecen más tiempo con sus padres y se casan más tarde. Esto supone que la media de edad para tener hijos ha aumentado en media en casi un año. Esto lo reconocen hasta los obispos: “El descenso de la nupcialidad y el retraso cada vez mayor de la celebración del matrimonio (la edad media del primer matrimonio es de 33,4 años en los varones y 31,2 años en las mujeres) están exigiendo un replanteamiento a fondo de la pastoral prematrimonial” (130).

Con razón se preguntan muchos que ¿cómo se puede ignorar a los cientos de personas que cada día son desalojados de sus viviendas, de sus trabajos, de una educación igualitaria…? ¿Esas personas, esas familias no están siendo degradas, aniquiladas, y llevadas directamente a la pobreza?

Cualquiera con dos dedos de frente se daría cuenta de que:

Estas estadísticas hablan del fracaso de un país que es incapaz de defender uno de los derechos fundamentales de las personas: el derecho al trabajo, a ganar el pan con el sudor de la frente.
Nos retrata el fracaso de un sistema que ve impotente cómo las familias se dispersan cuando sus miembros tiene que salir al extranjero en busca de futuro.
Nos enfrentan al sentimiento de fracaso de unos padres que no pueden darle a sus hijos el futuro que deseaban porque el paro los mantiene malviviendo.

El documento «La verdad del amor humano. Orientaciones sobre el amor conyugal, la ideología de género y la legislación familiar» consta de 145 párrafos y tan sólo en el 137 hablan los obispos de paso de la crisis: “Es imprescindible impulsar políticas familiares adecuadas que permitan a las familias disponer de la autonomía económica suficiente para poder desarrollarse, sobre todo, si tenemos en cuenta la situación de precariedad en que se encuentra un número considerable de familias, a veces con todos sus miembros en paro, o las ilusiones de tantos jóvenes por formar una familia, truncadas por carecer de los recursos mínimos o haber perdido la oportunidad de conseguir la debida independencia económica.

Estas carencias afectan especialmente a los emigrantes, muchos de los cuales han tenido que romper la convivencia familiar, y a los que habría que favorecer con las medidas legales pertinentes para poder conseguir la ansiada reunión de la familia”. El párrafo en concreto hace un análisis de la realidad lleno de buenos deseos, de consideraciones políticas y piadosas en igual proporción. El documento no es más que una cortina de humo tanto en su contenido como en su resonancia.

El texto no es más que la continuidad de la guerra mantenida con Zapatero sobre el tema del matrimonio homosexual ¿Será porque en estos momentos está el PP en el poder el motivo de su silencio?

Los obispos no quieren enfrentarse a la serie de injusticias sociales que este gobierno y el anterior están generando. Me hubiera gustado que hubieran recordado de forma clara:

que los recortes en educación y sanidad que afectan a los más pobre de forma directa no son medidas sociales sino antisociales y por ellos injustas.

que la vivienda es un derecho fundamental de todos los individuos, hasta el punto que la misma constitución afirma que: “Todos los españoles tienen derecho a disfrutar de una vivienda digna y adecuada. Los poderes públicos promoverán las condiciones necesarias y establecerán las normas pertinentes para hacer efectivo este derecho […]” (artículo 47) Me pregunto si el cardenal con derecho a la silla de Pedro, volvería a llamar al la Delegación del Gobierno para desalojar de la Almudena a un grupo de personas que protestaban por la injusticia y el drama de los desahucios(fuente) ¡Qué lejos queda aquella iglesia que acogía a todos independientemente de que fuesen criminales, pobres o ricos.

El “asilo en sagrado” protegía de tal manera a quien lograse refugiarse en el templo, que ni las autoridades civiles, ni el rey y menos Franco, osaban traspasar las puertas. Incluso el Buscón de Quevedo tuvo que escapar de la justicia escondiéndose en la iglesia mayor. Rouco, sabiendo que ese privilegio quedó anulado tras el concordato llamó él mismo a la policía. Incluso los Obispos en el documento recuerdan que la iglesia es abrazo y regazo para el hombre: «Los pobres siempre han de encontrar acogida en el templo, que es la caridad cristiana» (141) (¿Y si el templo es de Rouco?).

que hubiesen puesto sobre la mesa el artículo 35 de la Constitución: “Todos los españoles tienen el deber de trabajar y el derecho al trabajo, a la libre elección de profesión u oficio, a la promoción a través del trabajo y a una remuneración suficiente para satisfacer sus necesidades y las de su familia, sin que en ningún caso pueda hacerse discriminación por razón de sexo”. Aprovechando para recordar que las mujeres deberían percibir el mismo salario que sus colegas por el mismo trabajo.

que hubiesen recordado que los sueldos millonarios de los directivos no están en consonancia ni con la voluntad de Dios ni con la justicia de los hombres y menos cuando muchas de esas entidades han sido o están siendo rescatadas con dinero público.

que el copago farmacéutico que afecta a los pensionistas y a toda la sociedad en general les recorta su capacidad adquisitiva y mengua más sus pobres recursos.
que declarasen con claridad que los bancos que concedieron préstamos más allá de lo razonable que ahora se responsabilicen de sus ansias de ganancia y paguen sus errores.

En la apertura de la XCIX Asamblea Plenaria de la CEE decía el cardenal Rouco: «la fe sin la caridad no da fruto y la caridad sin la fe sería un sentimiento constantemente a merced de la duda… que la fe y la caridad se necesitan mutuamente, de modo que una permite a la otra seguir su camino». Estas palabras las tomaba el Cardenal de la carta Apostólica Porta Fidei (14,2).

Pero, lo triste es que se olvida que en 14,1 ,un párrafo antes, recuerda Benedicto XVI el texto de St 2, 18 “Así es también la fe: si no se tienen obras, está muerta por dentro”. Y quizá no llegó a leer el final de (14,2) o quizá lo leyó, pero no le pareció importante: “Es la fe la que nos permite reconocer a Cristo, y es su mismo amor el que impulsa a socorrerlo cada vez que se hace nuestro prójimo en el camino de la vida. Sostenidos por la fe, miramos con esperanza a nuestro compromiso en el mundo, aguardando «unos cielos nuevos y una tierra nueva en los que habite la justicia» (2 P 3, 13; cf. Ap 21, 1)”.

Decía antes que este documento estaba pensado para las familias que están más allá de lo real, esas que no son de este mundo ni viven en este momento. Eso aclara que un documento pensado para la reflexión y el estudio sobre la situación actual de de familia que no llegue a condenar de manera explícita la violencia familiar entre las líneas en las que explican lo inadecuado de usar el término violencia de género (58).

Intentar escapar del deber creando cortinas de humo es cuando menos un pecado de omisión. Callarse ante decisiones políticas, aunque estas sean del PP, alegando que la iglesia no debe meterse en política es irresponsable. No recuerdo nada más político que el mandamiento nuevo, amar al otro como Cristo nos amó. Porque si lo amas, no dejarás que le quiten su casa; si lo amas, no dejaras que pisen sus derechos; si lo amas, no dejarás que le roben en educación ni en medicinas; si lo amas no le cerrarás las puertas de la casa de Dios….

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