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LA RESOLUCIÓN 1559 Y EL CESE AL FUEGO

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El gobierno de los Estados Unidos, siguiendo como ha sido usual, la pauta de la dirigencia israelí en torno a su largo conflicto con Palestina y otros países árabes, ha propuesto que un cese al fuego debe estar precedido de las condiciones para el logro de una paz duradera, “basada en principios sólidos”.

Ello consiste en la entrega incondicional e inmediata de los soldados en poder de Hamas y Hizbulla y el cumplimiento de la resolución 1559 de la Organización de las Naciones Unidas, que establece el despliegue del ejército libanés en la frontera con Israel y la retirada y desarme del grupo chíi Hizbulá, al cual pretende exterminar con su actual campana.

Tales planteamientos resultan contradictorios, pues si lo que realmente se busca es una paz duradera, no bastaría cumplir esas condiciones que vienen a ser tan solo otro eslabón de la larga cadena de hechos que arrastra ese conflicto.

Las raíces del conflicto como todos sabemos se encuentran en la implantación del pueblo Judío en tierras Palestinas, a partir de la resolución 181 emitida por la Asamblea General de Naciones Unidas, en noviembre de 1947, que aprobó la partición de Palestina en dos estados independientes, un estado judío y un estado árabe, unidos por una unión económica y con Jerusalén internacionalizada.

Sin embargo, en la practica, los hechos presentan otras connotaciones:

“En 1947, la ONU tenía mucho menos miembros que en la actualidad. La mayor parte de las naciones del Tercer Mundo eran todavía colonias y por lo tanto no eran miembros. Sin embargo, la partición fue aprobada sólo porque la Unión Soviética y sus aliados votaron a favor y porque muchos pequeños estados fueron sometidos a una presión indecorosa. Por ejemplo, miembros del Congreso de EE.UU. informaron a las Filipinas que no obtendrían ayuda económica a menos que votaran a favor de la partición. Moscú estaba a favor de la partición como un medio para reducir la influencia británica en la región; Israel era considerado como potencialmente menos pro-Occidental que las monarquías feudales dominantes.”

“En 1947, los judíos formaban sólo un tercio de la población de Palestina y poseían sólo un 6% de la tierra, pero el plan de partición otorgaba al estado judío un 55% de la superficie total. Los palestinos rechazaron la partición. Los sionistas la aceptaron, pero, en privado, los líderes sionistas tenían objetivos más expansionistas. En 1938, durante anteriores proposiciones de partición, Ben Gurión declaró, «cuando nos convirtamos en un poder fuerte después del establecimiento del estado, aboliremos la partición y nos extenderemos por toda Palestina.»

“ En rechazo a la partición los ejércitos árabes cruzaron la frontera el 15 de mayo de 1948, después que Israel declaró su independencia. Pero esta declaración ocurrió tres meses y medio antes de la fecha especificada en la resolución de partición. EE.UU. había propuesto una tregua de tres meses bajo la condición de que Israel postergara su declaración de independencia. Los estados árabes la aceptaron e Israel la rechazó, en parte porque había elaborado un acuerdo secreto con el Rey Abdullah de Jordania, por el cual su Legión Árabe invadiría el territorio palestino asignado al estado palestino y no interferiría con el estado judío. (Como Jordania estaba estrechamente aliada con Gran Bretaña, el artilugio también suministraba una vía para que Londres mantuviera su posición en la región.)Los otros estados árabes invadieron tanto para derrotar a Israel como para frustrar las intenciones de Abdullah.”

“La mayor parte de los combates tuvo lugar sobre el territorio que debía formar parte del estado palestino o de la Jerusalén internacionalizada. Así que Israel estaba combatiendo, en primer lugar, no por su supervivencia sino para expandir sus fronteras a costa de los palestinos. Durante la mayor parte de la guerra, los israelíes tuvieron en realidad una ventaja militar tanto cuantitativa como cualitativa, incluso sin considerar el hecho de que los ejércitos árabes no tenían coordinación y operaban con metas divergentes.”

“Cuando se firmaron los acuerdos de armisticio en 1949 el estado palestino había desaparecido e Israel y Jordania se habían apropiado de su territorio, dejando a Egipto el control de la Franja de Gaza. Jerusalén, que debía ser internacionalizada, fue dividida entre el control israelí y el jordano. Israel controlaba ahora un 78% de Palestina. Unos 700.000 palestinos se convirtieron en refugiados.”

Como puede verse, la ocupación inicial y expansión posterior sobre Palestina responde a un plan preconcebido por los lideres sionistas apadrinados por las potencias vencedoras de la II guerra mundial (a tal punto que los mapas actuales no contienen un territorio palestino). A partir de ese momento los palestinos se han visto relegados en su propio país debiendo enfrentar el sojuzgamiento, la humillación y agresión cotidiana de sus ocupantes, tanto dentro de la porción de territorio al que han sido confinados como en los países vecinos que les han dado refugio: particularmente en Líbano.

Hoy por hoy lleva ya quince días el asedio de Israel por aire, mar y tierra, no solamente sobre Hizbulla, sino mas bien sobre la población civil indefensa al centro y sur del Líbano, evidenciando una vez mas su desprecio por las reglas del derecho internacional, ya no digamos de la ONU, una de cuyas sedes en el sur del Líbano ha sido atacada “aparentemente en forma deliberada” según ha declarado el Secretario General Koffi Annan.

He ahí las causas profundas de ese conflicto que lleva ya cincuenta y seis años y un record de mas de 450 resoluciones de Naciones Unidas tiradas al cesto de la basura por Israel, sin que hasta hoy se le haya impuesto sanción alguna y menos que se vislumbren posibilidades de una solución definitiva, pues la clave para ello tendría que ser el resultado de un amplio proceso de negociaciones, que reúna a todos los actores involucrados en su instauración, obligándose todos y cada uno a cumplir lo establecido en el seno de las Naciones Unidas desde sus inicios, a fin de desmontar lo que en cualquier momento podría convertirse en el detonante de una conflagración de proporciones fácilmente predecibles, dada la maraña de relaciones y alianzas entre países y la proliferación e incremento de los arsenales nucleares; pero para comenzar, por razones humanitarias, urge declarar y hacer cumplir sin dilación, un alto al fuego incondicional.

El Lic. Morales es un salvadoreño residente en Washington D.C., USA, miembro de la Asociación Salvadoreña de Profesionales en Relaciones Internacionales.

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