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La Navidad de Jesús el de Nazareth -- Benjamín Forcano, teólogo

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1. LA NAVIDAD DE JESÚS, EL DE NAZARET Ya………………………………………………..en el año 2001
Hay cosas que, de puro obvias, se vuelven oscuras. Ocurre con la Navidad. ¡Feliz Navidad!, decimos. ¿Y qué significa la Navidad? ¿De qué Navidad hablamos? ¿Qué ha ocurrido para que, después de más de 2000 años, tengamos que preguntarnos por el significado de la Navidad?

La Navidad, que celebramos, es la Navidad cristiana. Con lo cual, la situamos debidamente en cuanto a origen, lugar, momento histórico y persona que la protagoniza. 1. Si se trata de la Navidad de Jesús, el de Nazaret, hablamos de que con él llega la salvación al mundo. Es el Salvador. ¿En qué consiste la salvación de Jesús? ¿Cómo salva? 2. Pero, antes y no menos importante: ¿A quién salva Jesús? ¿Quién es el sujeto de esta salvación: la humanidad, los pueblos, las personas concretas?

Salvar equivale a sanar
Quiero subrayar que palabra salvación trae resonancias de contenido espiritualista y ultramundano. Y, por otra parte, la salvación no vendría de dentro sino de fuera. El salvador vendría para sacar al hombre de su ruina o de la prisión de su pecado. Un salvación en la que el ser humano no cuenta apenas nada y sin más alternativa que la de dejarse salvar. En el fondo, una salvación que detrae toda esperanza interna y sumerge en impotencia y radical desestima de sí mismo.

¿Qué entiende hoy la gente por salvación? ¿Qué entendemos los cristianos?
Si atendemos al origen de la palabra salvar, parece que significa lo mismo que sanar, reparar, restaurar, conservar. Salud y salvación serían poco menos que sinónimos. Ahora, lo contrario de salud es enfermedad y la enfermedad significa debilidad, deterioro, perturbación de una u otra función necesarias para el buen funcionamiento del organismo.
Pero, el ser humano es una totalidad y la salud o enfermedad no puede entenderse reductivamente, es decir, sólo desde el cuerpo o desde el alma, pues siempre ambos están sanos o enfermos, más o menos sanos, más o menos enfermos.

Esta totalidad abarca todo lo que es la persona como sujeto individual, histórico, social, cultural y político. De modo que cuando una persona enferma, su enfermedad repercute negativamente en el entorno de la sociedad o, viceversa, produce salud en ella. La relación es interactiva.

Salvar, pues, sería en esta perspectiva curar, restaurar, sanar el bienestar y armonía del ser humano en su totalidad. Una sociedad enferma es una sociedad desajustada, alterada en alguna de las funciones que le son naturales, como por ejemplo, cuando se empeña en organizar la convivencia desde la desigualdad, la injusticia, la avaricia, la despiadada competencia, la ley del más fuerte, la explotación y dominación de unos sobre otros, la manipulación y represión. En ella se han introducido entonces virus operativos tóxicos y eso, lo queramos o no, influye negativamente en los ciudadanos. Un individuo enfermo es un sujeto desajustado, frustrado, en desarmonía consigo mismo. Y esto incide negativamente en la “salud” de la sociedad.

Pues bien, lograr que ese estado de alteración individual o social vuelva a su normal funcionamiento es salvar el orden perdido, restaurarlo, sanarlo.

El ser humano sujeto y portador de salud – salvación
Vistas así las cosas, ¿quién es el salvador?
Pienso que el hombre y nada más que el hombre.
La salud-salvación tiene una meta: arranca desde un inicio débil y camina hacia una plenitud. Pero a esa meta se llega recorriendo el camino humano, empeñándose en todo lo humano, apostando por lo que uno es, en fidelidad al propio ser. La propia naturaleza es artífice y maestra de ese camino, pues a ella Dios la ha dotado de inteligencia y amor, de libertad y responsabilidad para seguir el camino correcto, contando también con los senderos rectos o tortuosos que la humanidad ha ido abriendo en esa marcha.

Los cristianos seguimos también ese único camino, pero contamos con que, en un momento de la historia, se ha puesto a caminar y convivir con nosotros (“se hizo uno de los nuestros”) un aldeano de Nazaret, que se llama Jesús. El recorrió el mismo camino, pero aportó novedades esenciales, que se extendieron al universo y duran entre nosotros. El no anula la experiencia ni la sabiduría de ese caminar propiamente humano, sino que, asumiéndolas, las enriquece con nueva luz, energía y esperanza. El señala la meta de un camino que lleva a una salud y salvación humanas, pero pone su plenitud más allá del mundo y de la historia.

Si la salvación es lo mismo que salud integral, -desarrollo armónico de todas
las potencialidades de la persona-, tal desarrollo se constituye en proceso y desafío para todo ser humano: puede progresar y consolidarse o puede alterarse y frustrarse. Proceso que cuenta con el protagonismo, la bondad, la libertad y la responsabilidad de la persona, la capacidad de salvarse está en ella, se la ha dado Dios y no puede encomendarla a nadie. “Dios, que te ha creado sin ti, no te salvará sin ti”, decía San Agustín.

Jesús, garante máximo de la dignidad y salud – salvación de la persona humana
Jesús, en este sentido, es salvador como nadie: mira al fondo de la persona, la resguarda y reivindica, la defiende contra toda tergiversación, fustiga la hipocresía, el menosprecio de los pequeños, la dureza de corazón, la soberbia, el boato de un culto vacío, la mentira de una religión legalista, los nacionalismo estrechos y sectarios, pretender exhibir como virtud lo que es vicio, utilizar el nombre de Dios para someter y manipular, … Nada tan contundente como su alegato contra la falsedad de los escribas y fariseos.

Jesús, el Salvador, viene precisamente a devolvernos la fe y la confianza en nosotros mismos, una fe que se nos ha arrebatado, y que nos hace buscar fuera lo que tenemos dentro. Jesús, que conoce bien al ser humano, es nuestro mejor amigo y no viene a suprimir la sabiduría natural y antigua sino a confirmarla y perfeccionarla: “Ama al prójimo como a ti mismo y de esa manera amarás a Dios”.
Confía en ti mismo, parece decirnos, y descubre todo el bien y poder que tienes en ti. Yo camino a tu lado, estoy contigo, mostrándote de palabra y obra cómo puedes lograr esa realización que te hará vivir en armonía contigo, con los demás y con la naturaleza.

Por derivación, aparece en Jesús la denuncia falsos salvadores, sean políticos, militares, civiles o religiosos.
El sujeto salvar es la persona, base de los pueblos y de la humanidad. Pero unos y otros, dirigentes de toda clase, no creen en la persona, no aceptan su dignidad, no cuentan con ella, ni la respetan y, por eso mismo, pretenden salvarla artificialmente con promesas , que luego no cumplen, y acaban convirtiéndose en corruptos, falsificadores o tiranos.

Las religiones se erigen en mediadoras de salvación, pero no cuentan con el sujeto humano. Lo desposeen de la fe en sí mismo y logran que busque la salvación en ritos, sacrificios, preceptos meramente externos.

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