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La Iglesia en Cuba: Entrevista a Frei Betto

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Adital

El periódico Brasil de Fato, en su edición de esta semana, entrevista al sacerdote dominicano Frei Betto. La entrevista fue conducida por el periodista Marcelo Netto Rodrigues. Según el periódico, Betto debe ser el brasilero con más horas de vuelo entre La Habana y San Pablo. El semanario comenta que Frei Betto llegó a viajar a Cuba, en promedio, tres veces por año a mediados de la década de 1980.

En 1985, escribió el clásico Fidel y la Religión (1985) -resultado de una entrevista de 23 horas con Castro, editado en aproximadamente 30 países, que ya sobrepasó los 2 millones de ejemplares vendidos. En 1998, actuó como interlocutor entre el Vaticano y el gobierno cubano para que se concretara la improbable visita del Papa Juan Pablo II. En la entrevista, Frei Betto comenta sus impresiones sobre la continuidad del proceso revolucionario cubano, en relación con la ‘renuncia’ del comandante en jefe.

He aquí la entrevista.

Con la «renuncia» de Fidel a aceptar ser reelecto como presidente, ¿cómo quedan los críticos que insistían en la figura de un Fidel «dictador» -cuando todos los dictadores sólo dejan el poder cuando mueren?

No todos los dictadores mueren en el poder. Muchos son derribados, como Pinochet. Pero jamás conocí un caso de renuncia. El otro día un amigo me dijo que en Cuba no hay democracia. Le pregunté: ¿y la hay en Brasil? Él dijo que sí. Respondí: No quiero escuchar tu respuesta, quiero oír a tu sirvienta (mucama) y saber cómo ella se las arregla cuando se enferma, si sus hijos tienen escuelas de calidad y pueden llegar a la universidad, si ella pasa sus vacaciones en la playa o si viaja de vez en cuando a un país extranjero, qué hace ella cuando está insatisfecha con el gobierno… Nuestra democracia política está controlada por el poder del capital y estamos lejos de una democracia social y económica.

¿Cómo posicionarse en contra de todo ese palabrería oportunista de Estados Unidos hablando de «transición a la democracia» en la isla?

Con Bush, Estados Unidos está en plena transición al nazifascismo, y todavía quieren imponer a Cuba, además del bloqueo, su futuro. Los cubanos no quieren que su futuro sea el presente de Honduras y de Guatemala…

¿En qué medida debemos imputar al bloqueo estadounidense la responsabilidad por las deficiencias de la Revolución? ¿Hasta qué punto esas deficiencias (burocratización, entre otras) están directamente relacionadas con el cuerpo dirigente del proceso?

Las deficiencias de la Revolución se deben al bloqueo y también a la influencia soviética, pues la URSS adoptó lo que calificó de «socialismo monárquico», de arriba hacia abajo, lo que facilitó su caída. Cuba hizo una Revolución popular y busca sanear la influencia soviética a través de la movilización constante de su población.

En términos numéricos, hipotéticos, ¿cuál es el porcentaje de culpa del embargo en el proceso revolucionario cubano? ¿Cómo sería Cuba si no lo tuviera?

Escuché decir que el bloqueo cuesta, en términos de pérdidas para Cuba, algo así como unos 18.000 millones de dólares por año. No estoy seguro. Sin el bloqueo, Cuba podría volver a comercializar sus productos con Estados Unidos, como lo hace con otros países capitalistas, como España y Canadá. Actualmente, hay toda una triangulación para que Bill Clinton pueda fumar habanos cubanos y la hija de Bush tomar su Cuba-Libre…

¿Usted puede imaginar cómo los países del mundo responderían a los estímulos socialistas cubanos si la revolución hubiera podido desarrollarse sin la asfixia económica y política?

Los países capitalistas jamás aceptarán el régimen socialista, pues están todos dominados por el gran capital, y el socialismo representa la desconcentración de esa riqueza y su aplicación en beneficios sociales. Habría, pues, una nueva Guerra Fría… o incluso caliente…

En la misma lógica, el proceso interno de críticas a la Revolución desencadenado por Raúl, con más de 1 millón de sugerencias, ¿es fruto de la constatación de que la asfixia del bloqueo ha sido eficiente -y de qué alternativas económicas precisan ser encontradas… o de que es necesario hacer una autocrítica sobre la forma como se ha dado la conducción de la Revolución?

Cada momento histórico tiene sus propias exigencias. Desde los años 80, Cuba se abrió al capital extranjero y, actualmente, hasta sus habanos son mundialmente comercializados en asociación con España. El proceso de autocrítica es una exigencia permanente de cualquier revolución que no quiera transformarse en reliquia del pasado… Y Cuba ha sabido hacer eso muy bien. En el período especial de los años 90, retomó la emulación moral propuesta por el Che y, ahora, estimula a la población a emitir abiertamente sus críticas. Quieren perfeccionar el sistema y no renegarlo.

¿Cómo ve usted la presencia del ex-premier de Alemania Oriental Hans Modrow en La Habana, por invitación de Fidel? Modrow sugiere, tomando como ejemplo lo que ocurrió con la RDA, «libertad de viaje, reformas en la agricultura y en pequeños comercios».

Veo positiva toda iniciativa que signifique dialogar con personas serias, aunque divergentes. El problema de la libertad de viajes es la evasión de divisas. ¿La sirvienta de su casa viaja con frecuencia? ¿Ya visitó Uruguay o Paraguay, aquí al lado? O sea, los países capitalistas se dan el lujo de permitir viajes particulares al exterior porque sólo una minoría lo hace. En Cuba, viajan todos los que están al servicio del interés común: profesores, médicos, artistas, deportistas… Pero es impensable que una familia vaya a pasar sus vacaciones en las playas del Mediterráneo quemando divisas que Cuba necesita.

¿La tesis de que la economía cubana tiende a abrirse a los modelos chinos, como los analistas conservadores están previendo, se sustenta?

Cuba no demuestra ninguna intención de negar su socialismo para transformarse en un capitalismo de Estado como el de China. Y con toda seguridad el gobierno colegiado de Cuba proseguirá con los mismos líderes, la mayoría jóvenes, solo y sin la presencia de Fidel.

A pesar de que Obama habla de estar dispuesto a encontrarse con Raúl «sin condiciones previas», de cerrar la base de Guantánamo y permitir el viaje de ciudadanos de Estados Unidos a Cuba… él todavía tiene el discurso de que «el alejamiento de Fidel aún es poco para la democracia de Cuba». ¿Usted ve que podría haber avances en la relación de ambos países en el caso que él fuera electo, a pesar de ser un demócrata como Kennedy?

Tengo simpatías por Obama, pero todavía es una incógnita. Hay que esperar a ver, una vez electo, cómo actuará en el poder. ¿No hablaba el PT de reforma agraria como una prioridad? Pero sí creo que la victoria del Partido Demócrata en Estados Unidos podrá abrir nuevos canales de diálogo entre los dos países.

Usted conoció a Fidel en 1980 durante el primer aniversario de la Revolución Sandinista, en Nicaragua… ¿Cómo fue ese primer contacto con él?

Conocí a Fidel en Managua, en la noche del 19 de julio de 1980, primer aniversario de la Revolución Sandinista. Lula y yo estábamos en la casa de Sergio Ramírez, vicepresidente de Nicaragua, cuando él llegó para entrevistarse con empresarios nicaragüenses. Nos saludó y se refugió en la biblioteca. Eran las dos de la madrugada cuando el sacerdote Miguel D’Escoto, Canciller de Nicaragua, indagó si teníamos interés en conversar con el Comandante. El diálogo se extendió hasta las seis de la mañana, observado por Chomy Miyar, su secretario particular, atento a las fotografías, y por Manuel Piñero, responsable del Departamento de América, que reposaba con su espesa barba que servía de resguardo para un largo habano apagado. Hablamos de religión. Fue cuando él me preguntó si yo estaba dispuesto a ir a Cuba para asesorar el reacercamiento entre el gobierno y la Iglesia Católica. Respondí que dependería de los obispos cubanos, que al año siguiente respondieron positivamente a la propuesta.

En Fidel y la Religión, usted resalta que Fidel usaba una cadenita con una cruz en el cuello en las montañas de Sierra Maestra. ¿Cuál es la relación de Fidel con la espiritualidad?

Considero a Fidel un agnóstico. Pues demuestra mucho interés por cuestiones religiosas relacionadas con la política. Fue alumno interno de escuelas católicas entre los 8 y 18 años de edad, lo que significa que frecuentaba misas diarias. La medalla que usaba en Sierra Maestra era un regalo de una amiga, según me dijo.

¿Se ve él como un predestinado por Dios para llevar a cabo el socialismo?

De ningún modo. Nunca percibí en él ningún rasgo de mesianismo. Lo que él tiene es mucho carisma, mucha conciencia histórica y disposición de dar la vida por el bien de su pueblo. Fidel jamás conoció el miedo.

Fidel dijo que si, como el Papa, tuviese a todas las monjas del mundo bajo su comando, resaltando su lealtad a un ideal, la revolución socialista sería planetaria. ¿Cómo anda la relación del gobierno cubano con la Iglesia Católica? El Secretario de Estado del Vaticano, Tarcisio Bertone, está en La Habana…

Las relaciones entre Revolución e Iglesia Católica pasaron por fases positivas y negativas. Nunca hubo, sin embargo, persecución de las Iglesias, y Cuba siempre mantuvo buenas relaciones con el Vaticano. Al encontrar a Fidel por primera vez en 1980, él me dijo que la Iglesia Católica y el Estado no dialogaban en Cuba. Las otras Iglesias sí. Al año siguiente, comencé el trabajo de favorecer el reinicio del diálogo, lo que ocurrió en 1985, 16 años después del silencio entre las partes. Las relaciones volvieron a endurecerse en 1990, cuando los obispos cubanos creyeron que Cuba sería blanco del efecto dominó de la quiebra del socialismo en Europa. Y volvieron a mejorar con la visita del Papa Juan Pablo II, en 1998. En este momento son excelentes, y los obispos cubanos ya no demuestran ninguna intención de que Cuba retorne al capitalismo, aunque reivindiquen más acceso a los medios de comunicación y a las cárceles.

¿Cómo entender el posicionamiento de William Waack, que roza el ridículo -expresando un repertorio de sentido común malicioso y completamente sin compromisos con la historia, para no decir con el periodismo-, presentando a Fidel como «un anciano extenuado… igual que sus ideas que fueron abandonadas por el mundo».

Periodismo se hace con información, y no con amarguras subjetivas.

La «campaña de desinformación» desencadenada por los medios de comunicación asocia casi abiertamente la renuncia de Fidel con una irreversible renuncia de Cuba al socialismo. Este año usted estuvo dos veces en Cuba: una en enero y otra a comienzos de febrero. ¿Cuáles son los anhelos de la población?

Hoy Cuba tiene el 99,8% de su población alfabetizada; posee 67 universidades que forman por año, gratuitamente, a 800 mil estudiantes; cuenta con 1 médico por cada grupo de 160 habitantes (y todo el servicio de salud es gratuito y de calidad), etc. O sea, la población cubana no revela ningún indicio de querer perder esas conquistas sociales. Pero le gustaría tener acceso a más bienes de consumo y a mejor transporte urbano.

El diario El País publicó titulares diciendo que la justicia española debería aprovechar la oportunidad y juzgar a Castro por crímenes contra la humanidad -reabriendo el proceso archivado en diciembre. ¿Qué más se puede esperar?

¿Que George Adolf Bush sea llamado como testigo de la acusación?

Usted se encontró con Raúl Castro siete días antes del anuncio de Fidel. ¿Llegó él a confiarle sobre lo que ocurriría en pocos días?

Sólo demostró mucha tranquilidad, quejándose, sin embargo, de las dificultades económicas. Una nación que no posee fuentes energéticas, que está bloqueada y que sólo produce alimentos (azúcar, ron, habano…), hace un esfuerzo descomunal para asegurar condiciones dignas de vida a toda su población. En el camino entre el aeropuerto de La Habana y el centro de la ciudad hay dos carteles que ningún otro país de América Latina podría exhibir honestamente: «Cada año, 80 mil niños mueren en el mundo víctimas de enfermedades evitables. Ninguno es cubano». «Esta noche 200 millones de niños dormirán en las calles del mundo. Ninguno es cubano».

¿Usted llegó a encontrarse con Fidel? En caso afirmativo, ¿cuáles fueron sus impresiones personales?

No me encuentro con Fidel desde febrero de 2005, cuando estuve en Cuba para la Feria del Libro. Pero hemos tenido contactos indirectos, como intercambio de saludos y presentes.

Me gustaría que comentase la frase atribuida a Don Pedro Casaldáliga: «Somos soldados derrotados de un proyecto imbatible».

Todavía no me considero derrotado. Y una de las razones para ello es la resistencia de Cuba.

Traducción: Daniel Barrantes – barrantes.daniel@gmail.com

* Brasil de Fato www.brasildefato.com.br

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