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La Iglesia afirma que la homosexualidad es una enfermedad curable -- Vicent Mata

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Rebelión

Hablar sobre la homosexualidad es un tema siempre recurrente porque va enlazada con el tema de la familia, y con la del aborto. Y responde a una ideología antisexual, que identifica sexo y pecado. Y así están todas las movilizaciones que han promovido en la que los tres temas están muy imbricados. No se movilizan, sin embargo, contra la pobreza en el mundo, ni por la violencia de género, por ejemplo.

Hasta hace bien poco, y gracias a la religión, lo relacionado con el sexo es pecado, la masturbación es pecado, el coito es exclusivo del matrimonio, no debe haber relaciones prematrimoniales, no al divorcio, no al aborto, no a la homosexualidad. Por lo visto, el placer físico tiene que evitarse, porque se trata de un vicio, No es un acto de comunicación, ni de interactividad social, ni una muestra de afectividad, ni una necesidad que surge de las personas sexuadas que somos, en realidad. Por tanto, es una visión represiva, reduccionista.

La Iglesia parte de un concepto patriarcal de la sociedad, y de una concepción puramente reproductiva del sexo. Luego, todo lo que se aparte de ésta es pecaminoso: masturbarse, por ejemplo, o tener relaciones fuera del matrimonio por placer o entre homosexuales.

Para la Iglesia la homosexualidad es un fallo humano, una desviación, una situación patológica, una mala inclinación pecaminosa, una anomalía, una inclinación objetivamente desordenada, un pecado grave por ser antinatural. Por tanto, no se nace homosexual sino que se hace, sea por contagio del medio social en el que se vive, por una mala orientación, por malas experiencias en la niñez o en la adolescencia. En el fondo, la cuestión, que recogerá el nazismo, será que la homosexualidad cierra el don de la vida que, según la Iglesia, es un don divino y según los nazis los homosexuales son improductivos y antisociales porque no propagan la raza aria.

Y la consecuencia es que si es una enfermedad, o un error genético o psicológico, existen posibilidades de curarse y de reintegrarse a la sociedad, pueden superarse y corregirse los errores producidos.

Es, sin duda, una expresión de dogmatismo moral y de intolerancia impropio de una Iglesia que difunde odio en vez de amor, intolerancia y no tolerancia. Es lo que ha hecho a lo largo de la historia.

¿Cómo puede producirse semejante curación? Muy sencillo: a través de terapias reparadoras, asistencia terapéutica, ayuda de buenos psiquiatras y psicólogos.Y como definitiva terapia se ofrece la castidad, la oración, rezar el rosario.

No importa que no se conozcan las verdaderas razones por las que un hombre o una mujer se sienten lo contrario de lo que aparentan porque la Iglesia suele pontificar, como cuando quemó en la hoguera a Giordano Bruno por afirmar que era la Tierra la que daba vueltas alrededor del Sol y no al revés.

Es evidente que también hay psiquiatras que tienen el mismo tipo de discurso, como el psiquiatra del PP Apolonio Polaina, director del CEU, que considera también que la homosexualidad es una patología, como una enfermedad heredada de padres violentos o madres exigentes, o sobreprotectores. Para él, la homosexualidad es un trastorno social que hay que tratar, en contra de lo que dice el manual de diagnóstico, mundialmente o y aceptado el DSM, así como la OMS (Organización Mundial de la Salud), que desde 1990 no consideran la homosexualidad como una enfermedad, sino que consideran a los gays y lesbinas como personas tan sanas como los heterosexuales.

En la Alemania nazi hubo más de 100.000 arrestados, 50.000 inscritos como criminales y sentenciados, de los cuales fueron asesinados en los campos de concentración unos 6.000. Se les señalaba con un triángulo rosa para que se les identificara. Y no se les legalizó hasta 1960. Habría muchas cosas que decir de esta época.

En la España franquista, fueron perseguidos por la Ley de Vagos y Maleantes y de Peligrosidad Social (1954), entre los cuales estaban los homosexuales, de los que 5.000 sufrieron, desde 1954 hasta 1979, reclusiones en cárceles (unos 3 años) y torturas, siendo significativo que el Penal para «invertidos» o «violetas» (como llamaban despectivamente a los homosexuales) de Tefía, Fuerteventura, estuvo dirigido en 1955 por un sacerdote que les obligaba a rezar todos los días el rosario, pero que era un sádico. El franquismo fascista y la Iglesia iban a la par y no fue una casualidad.

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