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LA HOMOSEXUALIDAD EN LOS BALCANES, ENTRE LA REPRESIÓN Y EL SILENCIO

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AIS

Hasta fechas muy recientes la homosexualidad era perseguida en Albania, Bosnia y Herzegovina, Macedonia, Rumania, Serbia y Montenegro. Las agresiones, descalificaciones e insultos a la comunidad homosexual eran toleradas por los gobiernos y escasamente denunciadas, ya que en los Balcanes la cuestión homosexual era un tabú y se estigmatizaba a los escasos gays y lesbianas que osaban desafiar al discurso imperante, muy condicionado por una Iglesia Ortodoxa muy rígida y homofóbica en sus planteamientos con respecto al sexo. Las cosas tampoco han cambiado demasiado en los últimos tiempos.

País a país

Albania, país donde los musulmanes son la mayoría de población, tampoco era una excepción a esta regla, ya que la única asociación gay que existe fue prohibida inicialmente y no se conoce que existan bares gays o locales donde esta población pueda reunirse libremente. Durante la era comunista, además, el ser gay o lesbiana era sinónimo de traición y quienes cometían esta “fechoría” eran arrestados y aislados del resto de la sociedad. Ahora, pese a que existe una cierta tolerancia, la situación no es mucho mejor, ya que esta tendencia no se puede exteriorizar socialmente y sigue sin haber lugares para el asueto y entretenimiento de los gays. Ser gay en un país tan machista y represivo como Albania es considerado una vergüenza por la mayor parte de los albaneses.

En lo que respecta a Bosnia y Herzegovina, país donde conviven católicos, musulmanes y serbios ortodoxos, la situación tampoco resulta muy fácil. Hasta muy poco la condición homosexual era perseguida legalmente y tampoco se detectaba una gran vida gay, debido sobre todo a que los bosnios viven en pequeños pueblos y aldeas, donde el control social de la población es total. «Lo peor en los Balcanes es ser homosexual,» dice Kenan Dizdar, uno de los personajes de la película sobre la guerra de Bosnia «Go West,» que ha producido un fuerte debate sobre uno de los grandes temas prohibidos en la sociedad de ese país. El odio a los homosexuales persistirá, según este actor, aunque serbios, musulmanes y croatas dejen de pelear, dice. Y añade: «Bajarán sus armas, pero seguirán odiando a los homosexuales”.

El filme “Go West» ha sido polémico desde mucho antes de que fuera hecho. La película sigue a dos hombres homosexuales, un musulmán y un serbio, que huyen del asedio en la capital bosnia al inicio de la guerra y tratan de mantener su amor. Grupos conservadores y religiosos atacaron al director Ahmed Imamovic y Enver Puska, que coescribió la película. Dijeron que sacaban provecho del sufrimiento de los musulmanes durante la guerra de 1992 a 1995 para acaparar una mayor audiencia en occidente.»Ustedes están identificando a la tragedia bosnia y a los 250.000 muertos con la historia de dos homosexuales,» dijo el publicista musulmán, Fatmir Alispahic, en la televisión el año pasado cuando la película aún estaba siendo editada. La película tan sólo pudo ser presentada, fuera del concurso, en el último festival de cine de Sarajevo, donde arreciaron las críticas y los ataques contra el director y su elenco de actores. Así son las cosas en la “democrática” Bosnia.

En Macedonia, patria del gay más conocido de la historia de la humanidad, el emperador y conquistador Alejandro Magno, la situación es muy parecida a la del resto de los Balcanes, ya que la comunidad gay está escasamente organizada y tiene muy pocos locales para su esparcimiento. La mayor parte de sus gays, incluso, añoran Belgrado, debido a la riqueza de la noche en la capital serbia y a la existencia de algunos locales y bares.

Rumania es, junto con Serbia, uno de los países más homofobos en lo que respecta a las libertades y derechos de los gays. Tras las protestas revolucionarias contra Ceausescu, que provocaron la caída del régimen comunista, las cosas no cambiaron para los gays y decenas de ellos fueron detenidos, arrestados, juzgados y condenados, muchos a penas larguísimas y en peores condiciones que los presos comunes. La tortura era una práctica corriente, según denunciaron algunos activistas de derechos humanos. Luego a finales de la década de los 90, Rumania endureció su Código Penal, algo en lo que estaba de acuerdo la Iglesia Ortodoxa, con penas aún más duras para los gays.

La actuación de los dirigentes rumanos, cuya reforma del Código Penal fue aprobada por las dos cámaras legislativas, fue condenada por el Parlamento Europeo, que llega a expresar en una resolución que el legislativo europeo se siente “Escandalizado por la decisión de la Cámara de Diputados rumana de endurecer las penas en relación con todas las relaciones homosexuales entre adultos consintientes”. Y agregaba: “Manifiesta su más viva indignación con respecto a estas decisiones adoptadas por el Parlamento rumano y condena cualquier intento de criminalización de las relaciones sexuales entre personas adultas del mismo sexo”. Más tarde, y tras un rosario de detenciones e intimidaciones por parte de las fuerzas de seguridad hacia los homosexuales, las Leyes fueron derogadas, pero con la protesta, claro está, del anciano Patriarca de Bucarest, que consideraba a los homosexuales los “hijos del pecado”. Ahora las cosas parecen haber cambiado algo y ya existen algunos locales y grupos gays en uno de los países más atrasado con respecto a las libertades de los Balcanes. Luego no olvidemos que el principal partido ultra de Rumania, România Mare, “acusa” sistemáticamente a determinados políticos de prácticas homosexuales para desprestigiarlos y es claramente homofobo.

Un ambiente asfixiante, insultante y ultrajante es como podemos definir a la situación que padecen los gays serbios. Los medios de comunicación son homofobos, en una gran mayoría, los partidos políticos desatienden las demandas de los gays y la sociedad considera que los homosexuales son enfermos, tal como han revelado numerosos sondeos de opinión. Aparte de este cuadro tan adverso, las agresiones a gays son moneda corriente en la sociedad serbia. El 17 de junio del 2004, en una marcha del orgullo gay organizada en Belgrado, cientos de personas agredieron e hirieron a decenas de homosexuales que desafiando la intolerancia querían expresar sus demandas. La policía serbia hizo bien poco por defender a los gays. Y, además, recientemente se ha desarrollado una dura campaña del Movimiento Patriótico Obraz en contra de los gays y lesbianas, no considerándolos ni siquiera ciudadanos por realizar prácticas que ofenden a la nación serbia. El ambiente, que siempre fue sombrío para los gays de este país, no deja, como es de suponer, muchas vías de escape y esparcimiento en una sociedad tan intolerante. Pese a todo, hay señalar que al menos existen ocho grupos gays y un par de locales tolerados en la capital serbia. Del resto del país no hay noticias, pero nos imaginamos lo peor.

Datos alarmantes

Quiero terminar estas líneas con los datos de un reciente sondeo publicado en Serbia sobre la homosexualidad. Según este estudio, recogido por el periódico Política de Belgrado, la mayoría de la población serbia rechaza a los homosexuales, asegurando que son «enfermos». El 76,4 por ciento de los 1.500 ciudadanos encuestados por el Instituto Factor Agency asegura que los homosexuales son «enfermos», mientras que el 54,3 por ciento afirma que tendrían que «recibir tratamiento médico». Según el sondeo, el 14,5 por ciento de los serbios considera que la homosexualidad tendría que estar prohibida, mientras que el 10 por ciento pide que los homosexuales sean «aislados» de la sociedad. Como vemos, los datos no pueden ser más negativos e implicarán una mayor pedagogía política y sexual por parte de los europeos para hacer cambiar estas mentalidades atávicas en los Balcanes.

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