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La esclarecida mirada de las mujeres…III -- Gabriel Sánchez (Montevideo-Uruguay)

Publicado en

Año jubilar por las bodas de oro episcopales de Mons. Samuel Ruíz García
CONGRESO TEOLÓGICO PASTORAL
San Cristóbal de Las Casas, 20 a 23 de Enero de 2010

21 DE ENERO

CONFERENCIA 4

LOS PUEBLOS INDÍGENAS Y LAS MUJERES, SUJETOS PRIVILEGIADOS DEL REINO Y PORTADORES DE LA PALABRA QUE LIBERA (Mariana Gómez Álvarez Icaza)

He divido mi exposición en tres momentos: en el primero partiré de la experiencia jubilar que nos reúne aquí, ese tiempo de gracia y de oportunidad, que es anunciado por Dios como buena nueva liberadora para todas y todos, pero especialmente para las y los más empobrecidos.

En un segundo momento, hablaré sobre el Pueblo de Dios, que se hace presente, aquí y ahora, en los pueblos indígenas y mestizos de la diócesis de San Cristóbal en la medida en que expresan su dignidad de hijas e hijos de Dios y asumen su fiel compromiso con el Reino anunciado por Jesús.
Para concluir, ubicaré la importancia de las mujeres como sujetos históricos ante los desafíos que la realidad nos impone hoy en día, con un aporte específico muy importante y una palabra renovadora, creativa y valiente, tan urgente en estos tiempos de crisis y miserias.

El Jubileo: año de gracia y liberación

Celebrar los 50 años episcopales de Don Samuel en clave de jubileo, necesariamente nos hace reconocernos en un tiempo especial, vivido comunitariamente como don y tarea.

El jubileo se entiende como la buena nueva que busca poner fin a la realidad de sufrimiento y deshumanización. Es comparable a la buena nueva del Reino de Dios. Es la invitación a ser y a hacer-nos seres humanos dignos, a humanizarnos y humanizar nuestras relaciones, reconociéndonos, de manera personal y en el encuentro con las y los otros, como imagen y semejanza de Dios a través de acciones y compromisos concretos. Así, el jubileo tiene una doble dimensión que podemos reconocer en el “ya, pero todavía no” del Reino. Se ubica como un tiempo de liberación para todos y todas y tiene que irse manifestando en nuestras acciones y compromisos pero todavía no llega a su culminación.

Un año jubilar se anuncia como buena noticia y es oportuno en tiempos de injusticias, dificultades y falta de esperanza. De ahí que, cuando hablamos de jubileo tomamos en cuenta la situación concreta que se vive día a día: deudas, pobreza, desempleo, violencia, discriminación, exclusión, intolerancia, conflictos, impunidad, corrupción, tristeza, miedo, desaliento, adormecimiento, dureza de corazón. Por eso, Jesús lo asume como el punto de partida de su ministerio. (Lc 4, 18):

“El espíritu del Señor está sobre mí, él me ha ungido para llevar buenas nuevas a los pobres; para anunciar la libertad a los cautivos y a los ciegos que pronto van a ver, para poner en libertad a los oprimidos y proclamar el año de gracia del Señor.”

La propuesta del jubileo procura dar ejemplo de una sociedad en donde las relaciones sociales y económicas sean justas, para ir abonando a la construcción de una realidad en donde todas y todos quepamos y tengamos vida digna y abundante, tal y como nos la anunció Jesús. Pero esta realidad se irá dando en la medida en que comprendamos que debemos caminar comunitariamente hacia ella, tenemos que irla construyendo, principalmente desde aquellas realidades donde la vida está en riesgo y los signos de muerte se hacen cada vez más presentes.

Es desde aquí que celebramos el jubileo de jTatic Samuel, su presencia cercana y comprometida de pastor y profeta. Este acontecimiento que nos llena de alegría y nos invita a confirmar nuestro compromiso y nuestras opciones como Iglesia.

Celebramos que jTatic aprendió con los pueblos indígenas y mestizos que ser obispo es ser servidor del Pueblo, es hacerse pequeño y humilde hermano de los hombres y mujeres con las que comparte el sueño de un mundo diferente, más cercano a lo que Dios quiere para sus hijos e hijas.

El Caminante se convirtió así en presencia cercana y cálida, pero firme y contundente entre los más pequeños hijos de Dios; en sus andanzas por los caminos diocesanos comprendió que los sujetos primordiales y privilegiados del Reino son los pueblos y se dejó conducir por ellos, centrando su ministerio en hacer que su voz, acallada por tantos siglos, fuera escuchada.

Fiel a la tradición de Medellín, Don Samuel modeló una forma de vivir el ministerio episcopal, como pastor comprometido “con la vida de su pueblo”, que en todo momento manifiesta su fidelidad a la alianza de Dios con su pueblo, el mancillado, el humillado y tantas veces olvidado por todos. Desde ahí, reconoció el rostro de Dios en la Iglesia pobre, en la comunidad de fieles que se reconoce misionera y pascual, desligada de todo poder temporal y audazmente comprometida con la liberación de hombres y mujeres (DM, juventud, 15).

Con profundo respeto y por congruencia evangélica compartió su autoridad con el pueblo y con ello, reivindicó la autoridad de los olvidados y las invisibles de la historia, que reconocieron su derecho a hablar y actuar con la autoridad que brota del saberse hijos e hijas de Dios. Y en este largo y arduo proceso, la fe fue creció entre los pueblos y echó raíces profundas entre los hombres y mujeres que se reconocieron seguidores de Jesús y enviados a predicar el Evangelio. El pueblo creyente se comprometió a gastar la vida, costara lo que costara, en anunciar, con fidelidad y entrega, la Palabra compasiva y entrañable de Dios. (Fragmento del material enviado por Rodrigo Olvera, sobre la brillantísima ponencia de la Teóloga Mariana Gómez Álvarez Icaza)

http://www.diocesisancristobal.com.mx/ctpc2lpiym.htm

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LA ESCLARECIDA MIRADA DE LAS MUJERES…III

Por esta razón, ha habido mujeres dignas y rebeldes, quienes dieron la vida, el trabajo, para hacer crecer nuestra organización. Pero, durante estos quince años de lucha y resistencia, ha habido mujeres que han tratado de dar su trabajo y participación en cada nivel de trabajo. (Palabras de la Comandanta Hortensia del Ejercito Zapatita de Liberación Nacional en el Primer Festival de la Digna Rabia- en el Séptimo Viento: Una digna y femenina rabia. Mesa sobre La brutalidad sexual del poder y la Otra Sexualidad)

Montevideo, 29 de enero de 2010 – Gabriel Sánchez

En primer lugar al abordar el comentario de esta ponencia, no podemos dejar de sentar que su lectura nos produjo un profundo sentimiento de vinculación con el Espíritu, que podríamos llamar oración…pero es esa oración de quien siente que Dios mismo ha decidido invadir su corazón para soplarle Vida…

Tanto así es mi admiración por lo que leído, y vale la pena enunciar que ha sido su lectura para mi lugar de debelación, sin dejar de reconocer el aporte universal que se realiza, reconozco en la mirada de Mariana…una mirada profundamente Latinoamericana, profundamente eclesial, profundamente indoamericana y profundamente femenina…Es justamente esas conjugunción tan identitaria que nos conecta profundamente con la vida que se vuelca como una agua cristalina por todo el texto lo que le da la calidad de lugar de encuentro con el Viviente…

También quiero aclarar que la riqueza de esta entrañable teóloga que en una frase pone dos o tres conceptos teológicos de enorme profundidad, me obliga a abordar tres aspectos apenas de esta primera parte…dejando que ustedes saboreen todo su texto…y la enorme riqueza vivencial que lo desborda..

Hecha esta aclaración que obviamente me quita determinadas objetividades, voy a tratar de compartir aquellas cosas que sentí…ore…entendí…

Ha sido y es en el contexto de lucha a brazo partido con las fuerzas de la opresión, la que están dentro de nuestros corazones, la que están dentro de nuestra Iglesia y la que está presente en las realidades sociales, políticas, económicas, espirituales y culturales en estas zonas del mundo (permítaseme instante de recuerdo por tanto hermano compañero, preso-muerto…en este peregrinar)

… El primer tema: Un teme este del Jubileo, que nada tiene que ver con un planteo teórico o un planteo piadoso, es antes que nada una realidad concreta, que alimenta hoy nuestro caminar y seguramente ilumina nuestras luchas…Ese Jubileo, que tiene mucho de promesa y desafió, “de don y tarea” al decir de Mariana…Se entiende como un lugar al que “entramos con los pies descalzos”, ante la presencia de “los otras y otros” especialmente si su rostro es el de una hermano postergado, ninguneado, transformados por el sistema de pecado en nada…

Y en ese encuentro “personal”…frente a frente, mirando el rostro de la “otra”, “otro”…nos encontramos con Dios, que nos compele a accionar y a comprometernos…a transformar la realidad opresiva que provoca el sufrimiento, la marginación, la pobreza…en definitiva el antireino y en esto… y nuestra respuesta a ese impulso de Dios, nos transformamos en parte de ese antireino o en parte de ese nuevo un Reino de Dios… que ya esta (Don), pero todavía no en plenitud…y que para ir haciendo camino hacia esa plenitud (en Él) , el Don ya esta actuante, su aceptación esta en nuestro accionar, poniendo manos a la obra…, Nos pone en situación de en Él ser coconstrutores de ese Reino…

El segundo tema que quisiera abordar, es la profundidad con que encara, este tema de Jubileo, con lo que es una bendición para todas, todos, que es la vida de Mons. Samuel Ruiz y fundamentalmente ese estilo diferente de ser apóstol, muy emparentado con los apóstoles de la primera hora del cristianismo capaces de aprender a ser pastores…y en este caso tan especial, aprender desde la vivencia del pueblo indígena, o como ella lo expresa tan magistralmente “Celebramos que jTatic aprendió con los pueblos indígenas y mestizos que ser obispo es ser servidor del Pueblo, es hacerse pequeño y humilde hermano de los hombres y mujeres con las que comparte el sueño de un mundo diferente, más cercano a lo que Dios quiere para sus hijos e hijas.”…

El empequeñecimiento, hasta llegar a la altura de Dios…es decir del Pueblo que sufre…es el camino para aprender a ser Pastor…hermano, servidor…Este riquísimo y si me permiten bellísimo proponer desde una praxis, toda una eclesiología (no exagero, me catapulto el corazón hacía un profundo agradecer a Dios… el que alguien halle como Mariana en tan pocas palabras, enunciado con tanta claridad a la Iglesia de la que me siento miembro en lo más profundo de mi ser…arranco de mis labios, un gracias…)

Hay aquí un camino espiritual, una forma de vivir la Iglesia y una mirada sobre la realidad, todo al mismo tiempo…El camino empequeñecernos, la forma de vivir la Iglesia, es justamente ser servidores (que en el lenguaje de la Iglesia latinoamericana, recoge los ecos de Marcos 10,44) y la mirada de la realidad, es la de los postergados, de los pequeños, en este caso especialmente de los pueblos indoamericanos de San Cristóbal de las Casas y de las mujeres…

Y hay un tercera propuesta que me resulto especialmente cautivante, sobre la definición de Pueblo de Dios…La idea de que el Pueblo de Dios es reconocible en los Pueblos Indígenas y Mestizos de San Bartolomé de las Casas…parece que se refiere a todos los Pueblos…postergados, silenciados, reprimidos, explotados, que son fundamentalmente Indígenas y Mestizos…(suponemos que entre ellos habrá creyentes y no creyentes)…y dice “… en la medida de que asuman su dignidad de hijas e hijos de Dios…”este “asumir” no parece ser un recitar el credo, porque entonces no seria los Pueblos, sino algunos de entre los Pueblos…tampoco parece referirse a su conducta cultual, por al misma razón…¿Entonces a que se refiere con asumir la dignidad de hijas e hijos de Dios?…

Entiendo que nos da una pista cierta cuando dice “asumen su fiel compromiso con el Reino anunciado por Jesús” Este “asumir nuestro fiel compromiso” entendemos va más allá del ser creyentes y si bien parte necesariamente de la Iglesia, de la comunidad diocesana, también entendemos incluye a toda la lucha, las tristezas, las alegrías y porque no los sueños de todo el Pueblo…(más allá de sus creencias), que se sitúen en las dinámicas del Reino, es decir el esfuerzo por hacer presentes y actuantes…(obrantes) los valores del Reino, Verdad, Amor y Justicia, establecen en el aquí y el ahora la SOBERANIA DEL DIOS…aunque el esfuerzo sea hecho por quienes creen y quienes no son creyentes…

Esto nos dispone en una línea de inclusión en esa comunidad diocesana del Pueblo de Dios de todos los esfuerzos hechos por todos los hombres de buena voluntad… es imposible para mi evitar pensar en el memorial eucarístico, en donde se ofrecen en la Eucaristía, los esfuerzos de todos los hombres, de todo el Pueblo… (Sacerdocio del Pueblo de Dios)…que el Señor transforma en su Cuerpo y Sangre…
Entonces se presentan a nuestros ojos nuevos matices, que se descubren en lo que Mariana nos dice sobre Monseñor Samuel Ruiz…“Con profundo respeto y por congruencia evangélica compartió su autoridad con el pueblo y con ello, reivindicó la autoridad de los olvidados y las invisibles de la historia, que reconocieron su derecho a hablar y actuar con la autoridad que brota del saberse hijos e hijas de Dios.”…

(Información recibida de la Red Mundial de Comunidades Eclesiales de Base)

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