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La Cuaresma un camino para ser más vitales. El cuidado espiritual de la sensualidad -- Leonardo Belderrain (Argentina)

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En el más auténtico cristianismo, la Cuaresma no era un camino de mutilación de los sentidos, sino de limpieza para sentir más y mejor. Hoy, en muchas terapias de parejas que han perdido el deseo, antes de medicar el síntoma se ve la importancia de revisar cómo es vivido el tema del poder al interior de la pareja.

Para evitar los vicios de un ejercicio inadecuado del poder, hoy los terapeutas transpersonales recurren a los caminos espirituales que indican algunas religiones. En la verdadera propuesta cristiana, se iba al desierto en Cuaresma para ir al primer Amor. No había que buscar desiertos especiales sino sumergirse en los propios. Así venían los momentos de purificación y desintoxicación para poder entregarnos mejor y saborear mejor la vida. Se trataba de comprender con sabiduría la diferencia entre tener intenciones, deseos y anhelos.

Si se buscaba la recta intención y la plena conciencia, se veía mejor «la voluntad de Dios» y la posibilidad de ser responsable y libre y de vivir con cierto contento, y se anhelaba poder seguir dando más amor y limpiando mejor el canal de luz que somos.

En relación con los deseos, si se constaba la concomitante febrilidad cuando se observaba la compulsión, se le aconsejaba al fiel el desapegarse para no vivir encadenado al sufrimiento y a lo que esclaviza. Evidentemente esta acción liberadora tendría que ser la contribución del cristianismo a la humanidad, pero a veces es más habitual que acontezca –aunque sin tomar conciencia de ello- en otros caminos espirituales religiosos o agnósticos, que han tenido una mas equilibrada relación con el poder. Aún así, sigue siendo propio de la experiencia cristiana relacionarnos interpersonalmente sin hacerlo permanentemente de modo instrumental.

El cristianismo no es una religión de justos sino de agradecidos, de personas que se saben aceptadas independientemente de todo cuanto se haya podido hacer.
Como dice San Juan «se pasaba de la muerte a la vida amando», pero para recorrer bien el camino hacía falta poner a punto el vehículo. Nuestra cultura está marcada por lo tóxico y lo compulsivo, sobre todo en materia de sexualidad, de allí la búsqueda frenética de afrodisíacos para poder paliar en alguna medida las anorgasmias y la frigidez.

La palabra sensual no debe ser identificada con el «comportamiento lujurioso Sensualidad incorpora los sentidos: vista, gusto tacto, olfato y oído -incluso- espiritualidad. La Cuaresma es un buen tiempo para despertar las partes de uno mismo, que han estado burbujeando de excitación dentro de la superficie, esperando a ser liberadas. Puedo aprender a explorar nuevos aspectos de la naturaleza sensual. Discutir abiertamente los miedos, las dudas, los deseos con los que quiero -con uno mismo- es el primer paso para un nuevo despertar.

Espiritualmente, cada persona es artífice de su propia historia y creadora de su realidad. Un modo de explorar si nuestra vida esta marcada por las intenciones o los deseos es ir al «desierto», meditar y constatarlo, reenmarcando la emoción:

· En vez de decir que toda emoción es mala, preguntar qué tiene para decir aquella emoción. Toda emoción tiene una causa que nos ayuda. Las emociones existen para servir.

En vez de apartar la emoción, lo mejor es observarla, sin la máscara. Con mucha frecuencia se descubre que las emociones tienen varias capas. La ira disimula el miedo; el miedo disimula el dolor. Para llegar más allá de una emoción hay que atravesar sus capas hasta arribar a la raíz.

· Si una sensación es abrumadora, no es el verdadero yo: lo que está pasando sino mi personalidad estresada.

· Si se reconoce lo que provoca siempre la misma reacción, hay algo para aprender para que esa reacción cambie. La repetición cesa después del cambio.

· La resistencia sólo empeora las cosas. Se libera cuando se llora, se grita, se pierde los estribos, se tiembla de miedo, o lo que haga falta. Las emociones van y vienen.

· Una de las maneras en que la gente se priva del amor, e induce a una gran confusión, es el apego o deseo de estar con alguien especial. Un bebé apegado a su madre no aceptará que otras mujeres la sustituyan; la niña de doce años elige a su mejor amiga entre las niñas que conoce. Aún en estas formas preadultas, el apego tiene dos caras: incluye y excluye a un tiempo. Las relaciones adultas llevan el apego a un plano más profundo, pero la exclusividad perdura.

· El amor da al amado libertad de ser distinto. El apego pide conformidad con las propias necesidades y deseos.

· El amor no impone exigencias. El apego expresa una exigencia abrumadora: «Hazme sentir íntegro».

· El amor se expande más allá de los límites de dos personas. El apego trata de excluir a todo lo que no sean esas dos personas.

· La mayoría no hace automáticamente estas diferenciaciones, pues el apego le resulta necesario. Pero una relación basada en la necesidad es, en verdad, sólo ego expandido. Poder fundir el ego con el de otra persona brinda una sensación de seguridad, justifica el egoísmo, porque es un egoísmo compartido.

· «Nosotros» tenemos nuestra manera de hacer las cosas, nuestras preferencias y aversiones, nuestra percepción de ser. El no apego es un estado de libertad que preserva y hasta incrementa el amor por otra persona.

· Al desapego se llega por el desamor, al no apego se llega permitiendo, lo cual demuestra un amor inmenso. Por lo tanto, los esclarecimientos que se aplican al no apego, nos llevan más profundamente hacia la importancia espiritual del dejarse ir.

· El apego es una forma de dependencia basada en el ego, el amor es no apego basado en el espíritu. Cuanto mayor es nuestro no apego, más auténticamente se puede amar.

Cada día brinda muchas oportunidades para reemplazar el dominio por la permisión. Extender la permisión a quien se ama, libera del apego; y el mismo acto beneficia espiritualmente a los dos.
Los pasos clave para renunciar al dominio son todas las formas de permisión: aceptación, tolerancia, falta de resistencia. La necesidad de controlar la vida, se origina en la desesperación espiritual, producto del miedo. Cuando el dominio está listo para aflojar su presión se produce una clara relajación.
Comienza a fundirse la fachada de la persona exigente y crítica, dispuesta a echar culpas. Se experimenta el amor, no como idea, sino como una sensación en el corazón, cuando se permite.

Cuando el poder en una pareja se lo vive con isonomia (medidas iguales sin rivalizar) hay una buena circulación de vida. Una pareja tiene buenos anticuerpos cuando:

· Se deja de evaluar a los otros según respondan a nuestras expectativas. Cede el impulso de corregir los errores y dar consejos que nadie pide.

· No se sobreactúa el normal cuidado que se tiene respecto del otro. Una persona no obsesionada por el poder, detesta los manierismos.

· Se empieza a prestar atención a las objeciones y los desacuerdos, en vez de utilizarlos como disparadores para dar las propias opiniones.

· Comienzan a aflorar emociones inesperadas. Esto suele provocar la autocrítica, porque ya no se pueden dominar los sentimientos como antes. Sin embargo, en otro plano esta erupción de emociones provoca un gran alivio.

· Se es más paciente y no se está pendiente del reloj.

· Se presta atención al cuerpo, que desde un principio ha tratado de hacernos llegar señales de tensión, fatiga, contracción y estímulo excesivo.

· La mente renuncia a calcular por anticipado todos los movimientos, dejando algún lugar a la espontaneidad.

· Se renuncia a albergar rencores y recordar desdenes. El resentimiento va siendo reemplazado por la tolerancia.

· Ya no se fijan objetivos externos y no se hace depender la propia valoración del logro de las mayores metas, alcanzadas con prisa y más incansablemente.

En la mente de la persona necesitada, cualquier pérdida de apego equivale a una pérdida de amor. No obstante, en realidad sucede lo contrario: Son las ansias de poseer y de poder las que sofocan al amor.
El apego es un confuso desajuste entre lo que uno y otro consideran importante. ¿Cómo es posible curar la necesidad si ambos viven en constante disputa por lo que desean? Debemos establecer una diferenciación entre las necesidades externas, como el techo y la comida, y las internas.
Las necesidades internas se reducen a lo que nos hace sentir a salvo. La religión en muchos casos ofrece una estrategia de salvación para que en la vida de pareja y de comunidad se apetezca lo que mejor convenga a las necesidades de ambos y de los otros. ¡Buena cuaresma, que su vida este pletorica de dar y recibir y que su limosna trasunte que ud esta lleno de agradecimiento. Se trata, no tanto de conseguir un amante, como dijera Bucay, sino de ser un amador que en cuaresma optimizo su dar y recibir.

leonardobelderrain @ciudad.com.ar

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