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LA CARRERA DEL ETANOL EN AMÉRICA LATINA. Lucía Skromov

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Adital

¿Quién le tiene miedo al etanol?
El programa propuesto por la Casa Blanca en lo que se refiere al aumento de plantaciones, principalmente de caña de azúcar y maíz en algunos países del continente americano, destinadas a la fabricación de alcohol como biocombustible suficiente para sustituir, por lo menos en parte, el uso del petróleo y el gas, está causando miedo en América.

Hay una certeza, aun poco hablada y bien mal pronunciada de que vamos a respirar etanol. Y, por adentro, nos preguntamos: ¿También vamos a comer etanol?

Todos los que tienen una idea, aunque tenue, sobre el tema están aterrados y con razón con el riesgo al medio ambiente y el suministro global de alimentos. Sin sombra de duda, la persecución a los 500 millones de toneladas de caña de azúcar, maíz y otros cereales para transformarlos en alcohol deberá tener una consecuencia. Y esta no puede ser de las mejores, si pensamos que las áreas en que serán sembrados los cereales requeridos por el «mercado»- dígase estadounidense tendrán que producir monocultivo para una suficiente provisión.

Agréguese a esto el hecho de que las áreas que ya cultivan tales cereales cambiarán el destino del suministro, que ya no será alimenticio, una vez que el mercado del biocombustible exigirá una cantidad cada vez mayor del producto y provocará una carrera de alza de precios, tanto de las materias primas como de los bienes derivados del etanol.

Los datos del Banco Mundial son asustadores: «cerca de 2,7 mil millones de personas vivían, en 2001, con un ingreso de US$ 2 al día», para no hablar de otros tantos mil millones que siquiera ganan eso, e cualquier alza en el precio de los alimentos puede provocar efectos devastadores. En otras palabras, se trata de una nueva forma de genocidio, pues el cereal ya no alimentará poblaciones y si los autos de los estadounidenses. Nada más acertado que el llamamiento del cubano Fidel sobre el genocidio global. Y Fidel no está solo al sonar el alerta los ambientalistas y economistas y todos los que tienen al menos una idea de la problemática le hacen eco a sus palabras.

América Latina elegida la reina del Etanol

El aumento de la producción del etanol tiene un origen, es decir, vendrá de algún lugar, y ese lugar no es sino América Latina. Una vez más el patio trasero del Imperio tiene que producir para él, para favorecerlo políticamente. Para eso es patio trasero. Los países «contemplados» son los que todavía dependen económicamente de los EUA o los que se prestan a su política neoliberal.

¿Por qué Brasil en este caso? ¿Por ser un gran productor de caña de azúcar y poseer la tecnología del alcohol como biocombustible? No sólo por eso. Por ser Brasil un país líder en desarrollo industrial y económico, con enorme potencialidad en la región que, de algún modo, sirve de modelo para los otros países, y hasta ahora ha ejercido liderazgo y ampliado su influencia en el continente. ¿A quién no le gustaría tener un país así como asociado? Principalmente cuando se trata de un aliado que se calla frente a peligros y cumple a veces el rol de capataz del Imperio. Vean el caso de Haití.

No por casualidad Brasil ha sugerido que se pusiese una planta de etanol en ese pequeño-gran país. Es lógico, está geopolíticamente favorable a los EUA, está localizado exactamente a las puertas de las Américas, vecino a Cuba y tan caribeño cuanto parte de la Venezuela de Chávez, además de encontrarse bajo intervención de las «tropas de paz» de la ONU. ¿Comandadas por cual país sino ese mismo Brasil?

A partir de Brasil, el discurso se amplía. Hay que ver los intentos de persuasión del gobierno brasileño cuanto a los «beneficios» del etanol, hacia el Ecuador y aún mismo Venezuela. No está encontrando mucho eco, pero aún así sigue soplando en los oídos de toda América que el alcohol es limpio y demostrando la «solución» de uno de los mayores fantasmas de la región: el desempleo.

Además, predice que el campo es fértil para la creación de empleos. Yendo más allá en sus análisis, el asesor internacional del presidente Lula, garantiza que la tesis de Fidel de que una mayor producción de alcohol amenaza la seguridad alimentaria no se aplica al Brasil. Dice él que en el caso brasileño, y en todos los proyectos a que Brasil se ha asociado, esa no es la realidad, y que en el mundo el problema no es la falta de alimentos, sino de renta y que las tierras que serán destinadas al Programa del Etanol no son apropiadas para la producción de alimentos.

Ahora bien, hasta podemos concordar que el gran problema es la falta de la división de la renta, pero se olvida el gobierno brasileño que la problemática futura y estamos hablando de un futuro bastante cercano es realmente la falta de producción de alimento, una vez que ni siquiera con el agua se va a poder contar en el planeta caso las cosas sigan así.

Y la carrera del alcohol en el continente y en el país ya empezó. Y ya le causa envidia a la del oro en California. En los EUA, los agricultores que cultivan arroz y trigo están migrando para el maíz, atraídos por el alza de los precios del producto para la fabricación de etanol. En Brasil, grandes pastos ya empezaron a ser transformados en campos de caña; grandes áreas, antes reservadas al cultivo de cereales para alimentación ya empiezan a ser sustituidas. Y por ahí va. Y cualquiera sabe que el uso cada vez mayor de nuevas tierras para la producción de granos será una exigencia del mercado.

Capital/Trabajo en los Cañaverales

Mal ha empezado esta carrera y las víctimas del sector azucarero-alcoholero ya empiezan a aparecer. En el proceso actual de expansión de la caña en el centro-sur del país, el interior del Estado de São Paulo, tradicional reducto de productores de caña, ya contrata más mano-de-obra barata venida de Estados más distantes, como Maranhão y Piauí, atraída por el trabajo en los cañaverales. Son los temporeros que están cortando más caña a cada día bajo pésimas condiciones.

Y la exigencia de aumento de productividad viene acompañada de la peor consecuencia posible: la muerte por agotamiento o por accidente de trabajo. Y el avance de la plantación también conlleva la concentración de la producción en las manos de los grandes proveedores, eliminando a los pequeños, tanto de este como de otros sectores de producción. Gran parte de esos cortadores de caña era de pequeños productores en sus regiones, plantadores de coco babaçu, por ejemplo, planta que le da sustento a las familias.

Ese cultivo fue siendo sustituido por el de la soya y la valorización de las tierras del centro-sur hace con que la pecuaria de esta región migre y en proceso cada vez más acelerado – hacia áreas de Maranhão y Piauí.

El nuevo ciclo de la caña de azúcar en América está reproduciendo un fenómeno que no nos gustaría resucitar: el perverso trabajo del corte de caña tan propio del periodo de la esclavitud. Se trata de un trabajo duro y pesado, igual o peor a las exigencias de determinados periodos del régimen esclavista de producción. Son tan presionados que llegan a cosechar 15 toneladas/día de caña en los campos paulistas lo que no le da más de 12 años de vida útil, según las últimas investigaciones científicas. La nueva migración todavía se compone de trabajadores entre los 25 y 40 años de edad, pero el esfuerzo físico y sus nocivas consecuencias para la salud están forzando la venida de jóvenes de los Estados del norte del país que abandonan su lugar de origen en búsqueda de empleo.

Las contradicciones ya empiezan a burbujear. Por un lado, los dueños de ingenios, recelosos de las reacciones y manifestaciones de los trabajadores del campo, se adelantan y afirman, a través de su entidad de clase, la UNICA Unión de la Industria de Caña-de-Azúcar – que están providenciando varios cambios que benefician a los cortadores de caña. Entre estas, el fin de la utilización de terceros en el sector, la posibilidad de jubilación, asistencia médica, acompañamiento tanto en la venida como en el regreso a sus lugares de origen cosa que nunca había sucedido.

Actualmente, con la contratación hecha por terceros, muchos cortadores de caña llegan al fin de su corta carrera sin derecho a jubilación. Para garantirse con relación a problemas futuros, los dueños ya están providenciando una contratación directa a través de los ingenios, que funcionan como empresas azucareras. Según estos, son 170 mil trabajadores en el sector, con un piso de pago correspondiente a 6 toneladas, lo que significa una remuneración de R$ 415, 00 (US$ 200 aproximadamente) al mes. También según esta entidad patronal, la remuneración de los trabajadores de R$ 2,40 por tonelada (US$ 1,2 ), puede llegar a R$5,00 (US$ 2,5 aproximadamente) por tonelada, si se incluyen beneficios indirectos como vacaciones y días libres. Garantizan que el promedio de producción del sector es de 8 toneladas/día – lo que eleva el sueldo medio a R$ 800 (US$ 400) al mes.

Aunque los productores digan que la remuneración es buena, teniendo en vista que esos trabajadores no tienen instrucción y tampoco calificación afirmación reforzada por el ex ministro de Agricultura, Roberto Rodrigues los sindicatos de la categoría afirman lo contrario, porque es realmente posible una ganancia que varía de R$ 700 a R$ 1200, pero solamente en el periodo de la zafra. Los sindicatos de la región discuten la alimentación de los temporeros, diciendo que comen, de hecho, una sola vez al día y que, en este sentido, el mismo esclavo comía mejor, porque su amo y señor lo quería en pie para producir. La jornada de trabajo es de 44 horas semanales. Los macheteros, en su mayoría, firman contratos temporarios y ganan por producción, es decir, reciben por tonelada.

En este mes de mayo, durante la feria agrícola en Ribeirão Preto (interior del Estado de São Paulo), más de 400 trabajadores del sector protestaron por mejores condiciones de trabajo. En esa ocasión fue lanzada la campaña salarial. Los trabajadores luchan por una jornada de 30 horas semanales, aumento del salario base de R$ 450 para R$1.620, mayor protección a la salud, eliminación del «gato», como son llamados los contratistas de mano-de-obra, transporte seguro y alimentación gratuita. Quieren que terminen las exigencias de cumplimiento de metas de producción que es lo que los vuelve esclavos del dueño de la central. Y quieren que el control diario de producción lo ejerzan los mismos trabajadores. Nada más justo una vez que el esfuerzo ha llevado a la muerte muchos trabajadores.

Sin embargo, para la gran cuestión del aumento del número de muertes por esfuerzo físico relacionado al aumento de productividad, todavía no hay una respuesta concreta. La entidad patronal huye a su responsabilidad diciendo que no hay ningún estudio científico que compruebe que esas muertes hayan sido ocasionadas por esfuerzo de los trabajadores en la cosecha y la siembra; y que, por otro lado, la productividad viene creciendo por causa de cambios en el sistema de cosecha. Uno de esos cambios es la quema de la caña, lo que facilita el trabajo del machetero.

Y como en los cañaverales brasileños el corte es hecho casi exclusivamente de forma manual, no faltan también veladas amenazas de que los trabajadores pueden ser sustituidos por la mecanización que, es claro, causará un desempleo masivo. Es el discurso del terror, de la crisis social, del hambre, de la imposición del lucro. ¡Que nadie se engañe! En las pupilas de los señores del campo brillan una rama de caña y otra de maíz, enmarañados en un símbolo que nada más es sino la cifra del dólar americano.
Un nuevo momento para la humanidad: Canaán o Apocalipsis?

Mientras el gobierno brasileño sueña y apuesta en un nuevo momento para la humanidad, diciendo que el etanol abrirá las puertas para el desarrollo y disminución de la pobreza en los países de América Latina «contemplados» por el gobierno Bush, las izquierdas están armando rumores, pero todavía no se han pronunciado en voz alta para el gran público. Se nota un silencio a ese respeto; silencio siniestro ya que las cosas van sucediendo a galope. No hay que esperar. Hasta ahora, por aquí, las voces que se escuchan son las del gobierno y de los proveedores de caña los más interesados en el acuerdo bilateral que prometen una verdadera Canaán de la caña y hablan no sólo para el Brasil como para toda América Latina.

Pero felizmente, de afuera han llegado sonidos más claros y transparentes, venidos de Bolivia, Venezuela, Cuba y de científicos y economistas norteamericanos que también avisan y advierten y se contraponen a esta ola avasalladora que más se acerca a lo que llamamos de Apocalipsis.

A los argumentos presentados por el gobierno brasileño y afirmaciones del gobierno estadounidense de que el etanol como biocombustible es positivo bajo cualquier ángulo, la crítica ya está hecha y se trata de aquello que todos ya saben. Al planteo de que sembrar caña y maíz es positivo para enfrentar los efectos de las políticas económicas de las últimas décadas, que son la estagnación del empleo y la concentración de renta, ya quedó claro que la renta se quedará aún más concentrada, y habrá hambre por la reducción de la oferta y alza de precio de los alimentos; y además suscita la cuestión de que tipo de empleo estamos hablando, una vez que causa la muerte de los trabajadores del sector.

Al planteo de que el etanol es positivo para el medio ambiente, en la medida en que reduce la emisión de gases del efecto invernadero que causan el calentamiento global, los científicos ya demuestran que el maíz, así como la soya, son granos cuyo cultivo contribuye para la erosión del suelo y la contaminación del agua. De la caña, todos saben lo mal que le hace a la tierra cuando se la cultiva sin control, al son de la ganancia. Que lo diga Haití. Los científicos aclararon que la producción de ese tipo de energía es insostenible a largo plazo, porque depende de subsidios y va a requerir un uso cada vez mayor de tierra para el plantío.

El Estado de São Paulo, el mayor productor de caña del país, motivado por la creciente demanda de alcohol, es responsable por alrededor de un 60% de la producción y ha percibido un aumento de zafra de prácticamente un 50% en los últimos cinco años. A los productores de este Estado no les interesa crear conflictos laborales, una vez que dependen mucho más de la cosecha manual que de la mecanizada.

Tampoco quieren entrar en enfrentamiento con organizaciones que denuncian la quemada como técnica que causa problemas ambientales. Sin embargo, el gobierno del Estado, representando los intereses de esos productores, frente a lo que viene por ahí en términos de la demanda del producto para la producción desenfrenada del etanol para el mercado estadounidense, ya empieza a moverse en el sentido de presentar salidas para la cuestión. Propone la adopción de nuevos criterios para la práctica de la quemada.

Existe incluso una ley que determina la eliminación gradual de la quema de la caña en áreas donde sea posible hacer la cosecha mecanizada y en otras que no lo sea. Pero hasta ahora no fue tomada en serio. Frente al impacto que sigue causando el plantío de la caña, fatalmente la sociedad le pondrá más atención en función de la preservación del medio ambiente y el gobierno precisará dar una respuesta. La salida será entonces la mecanización, que eliminará la quema pero también el trabajo manual. Con esto, el dueño se verá libre del machetero, de sus encargos e irá dialogar con máquinas. Es una fuente más de empleo robada al trabajador. Y la naturaleza seguirá sufriendo daños, aunque no tan visibles de inicio. ¿Es la salida?

La salida no es el etanol. La salida es emplear el machetero bajo mejores condiciones de trabajo en todos los sentidos, incluso el salarial, y no causar daños a la naturaleza. Esta lo agradecería y la humanidad también si los países llegasen a la conclusión de que es posible incentivar un ahorro en el consumo de energía y que esta puede ser eólica y/o solar, dependiendo del caso y de los países.

Etanol: un combustible ideológico

El alineamiento de algunos países contra el poderío del Banco Mundial y del FMI está generando un visible malestar por parte del gobierno estadounidense. La antigua política de países latinoamericanos de postergar las deudas con aquellos órganos ha cambiado y asistimos al pago hasta anticipado de esas deudas. Quiénes pueden, como Venezuela, Argentina, Brasil y ahora Ecuador, están cerrando un capítulo histórico más de dependencia. Los ataques directos a la política económica de los EUA y a su ingerencia en la política externa de los países latinoamericanos han sido constantes.

De parte de Cuba y Venezuela siempre fueron directos, pero les debe asustar que los demás países ya no hagan críticas tan veladas. Por ser blanco de esos ataques, los EUA han demostrado un miedo muy grande de verse debilitado en la región y que esto tenga repercusión en el resto del mundo, caso no tenga otra opción a no ser seguir dependiendo del petróleo de Venezuela, razón por la cual busca acuerdos bilaterales, tirando confetis para conquistar terreno y salir de sus crisis. No hay duda de que son juegos políticos, pero son esos los que representan hoy mayor peligro al planeta y la humanidad.

luciaskromov@gmail.com.br
Versión en español: Beatriz Cañabrava
bia@cannabrava.com.br
(Enviado a través de Nuestramérica)

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