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John Shelby Spong, Obispo jubilado de la Iglesia Episcopal-USA, responde al Arzobispo Católico Romano de Newark, USA y a otros líderes católicos: «¡Usted está profundamente equivocado!»

Publicado en

Cristianos gay

Información que nos envía el Área de Asuntos Religiosos de la FELGTB:
Hace unos días nos comentaba John Shelby Spong (en la fotografía de la derecha) en Madrid que respondería a su regreso a Estados Unidos a las declaraciones homófobas y excluyentes del arzobispo católico romano de Newark (en la fotografía de la izquierda), EEUU, y lo ha hecho. Gracias a Enma y Carlos Allemand por enviarnos la traducción:

¡Usted está profundamente equivocado!

Una respuesta al Arzobispo Católico Romano de Newark, USA y a otros líderes católicos, por parte de
John Shelby Spong

El Arzobispo Católico Romano de Newark, el muy reverendo John J. Myers, ha publicado recientemente “Una enseñanza pastoral sobre la definición, propósito y santidad del matrimonio.” En este documento que está claramente motivado políticamente, exhorta a los “fieles católicos” y a otros “hombres y mujeres de buena voluntad” a votar en contra de cualquier candidato en las próximas elecciones estadounidenses que apoye el matrimonio homosexual. También declara que “todos los católicos que apoyen a un candidato que no se opone al matrimonio del mismo sexo, debieran considerarse a si mismos excomulgados, y por lo tanto debieran ausentarse de los altares católicos eucarísticos.

Nunca me encontré con el Arzobispo Myers. No tengo ninguna razón para creer que no es una persona buena y sincera. No obstante, cuando uno entra en el debate público, especialmente tratando de elegir un candidato en preferencia de otro, uno tiene la responsabilidad de estar bien informado sobre los temas de los cuales habla. No es suficiente simplemente apelar a la autoridad del magisterio de su iglesia para recaudar apoyo para sus ideas ni citar conclusiones religiosas tradicionales, como si estas fuesen todavía valederas o fuesen aún aceptadas en los círculos académicos e intelectuales. Este es el error fatal del Arzobispo. Su definición subyacente de la homosexualidad es la idea mal envejecida y rechazada universalmente de que se trata de algo “desviado,” “no natural” o mismo “pecaminoso.”

Su definición de la vida humana está basada en la idea pre-Darwiniana de que la vida fue creada perfecta sólo para caer en “pecado original”, que luego desvió la perfección original humana, justificando así la negatividad hacia la homosexualidad porque sería una expresión de dicha distorsión. El pensamiento de Darwin, que sustenta hoy toda ciencia y es la base de la enseñanza en cada facultad de medicina en el mundo desarrollado, también ha sido validado por el descubrimiento del ADN. Esta idea puede difícilmente ser descartada porque sea inconveniente a una doctrina religiosa. Darwin nos enseña que nunca hubo un tiempo de perfección humana, sino que siempre hemos estado evolucionando en nuestra humanidad. Por consiguiente no somos pecadores caídos, sino más bien seres humanos incompletos. Hablar de cómo Dios estableció una monogamia heterosexual como la base para toda la vida de familia en el momento de la creación, lo que significa que no puede ser puesta de lado válidamente por ninguna decisión gubernamental o política, es involucrarse en un sin sentido pietista.

También revela una falta de conocimiento y de comprensión de los últimos doscientos años de erudición bíblica. Partir de esta falsa premisa para igualar la homosexualidad al incesto y utilizar este argumento para apuntalar otras posiciones de la Iglesia Católica Romana, incluyendo su oposición a todas las formas de contracepción y planificación familiar, oposición al aborto bajo cualquier circunstancia, incluyendo la violación, el incesto y la amenaza a la vida de la madre; oposición a cualquier conversación o procedimiento sobre el fin de la vida, como también la oposición a una completa aceptación de las personas gays y lesbianas como violación de la ley natural de Dios, es francamente asombroso por su descaro y su arrogancia.

Permítanme tratar de desenredar este laberinto de conclusiones incoherentes. ¿Acaso fue Dios quien estableció el emparejamiento monógamo como el bloque original básico para la construcción de toda la sociedad humana en la historia de la creación del libro de Génesis? ¡Claro que no! ¿Es que el buen arzobispo no sabe que la historia de la creación en “siete días” de Génesis 1:1-2:4ª es un producto del 6ºsiglo AEC1? ¿No sabe que la historia de la “caída,” relatada en Génesis 2:4b-24 es producto del siglo 10º AEC? Ninguna de estas épocas está para nada cercana al comienzo de la historia humana.

Las criaturas con semejanza humana, llamadas humanoides, han habitado este planeta por lo menos durante 4,000,000 de años, y criaturas reconocidas humanas, auto-conscientes, que utilizaban el lenguaje han estado en este planeta, según las mejores estimaciones científicas aproximadamente entre 100,000 y 250,000 años. La historia bíblica de la creación es, por lo tanto, relativamente muy reciente. En la mayor parte de la historia humana el matrimonio monógamo entre un hombre y una mujer era prácticamente desconocido. El diseño original del “matrimonio” humano y de la vida familiar parece haber sido la poligamia y los harenes. Siendo que las mujeres eran generalmente consideradas como propiedad en esa época, el número de esposas que un hombre tenía estaba determinado por su riqueza y estatus. Un vestigio que nos recuerda este sistema de valores es preservado en las ceremonias de bodas en la iglesia, cuando un hombre, el padre, da a la novia a otro hombre, el marido, como si ella fuese una posesión. Cuando los primitivos escritores de la Biblia buscaron describir este periodo de su propia ascendencia hebrea, dejaron un retrato justo de sus antepasados: Abraham, Isaac y Jacob como polígamos.

Aún el máximo héroe judío, el Rey David, quien fue llamado “un hombre conforme al corazón de Dios2” fue el marido de muchas mujeres. Su hijo, Salomón, en cuyo reino la historia de Adán y Eva fue escrita, fue famoso por tener 300 esposas y 700 concubinas. Así que la sugerencia de que el matrimonio heterosexual, monógamo entre un hombre y una mujer como el plan divino original escrito en la “ley natural” y por consiguiente el “bloque básico de construcción del 1 AEC : antes de la era común – 2 1ª Samuel 13:13-14 orden social” que por lo tanto no se debe alterar es evidentemente falso e históricamente erróneo. El matrimonio como una institución humana se ha desarrollado y está todavía haciéndolo desde la poligamia basada en la supremacía masculina hacia la monogamia, basada en la igualdad sexual. A la luz de esta comprensión la habilidad de otorgar a las parejas del mismo sexo la dignidad y sanción de matrimonio oficial es simplemente otro paso que debe ser bienvenido en esta evolución.

El preludio de este nuevo paso en la evolución del matrimonio es el reconocimiento, ahora aceptado universalmente, que la homosexualidad es una realidad entre muchos mamíferos superiores. ¡Lo que está presente en el mundo natural puede difícilmente llamarse “anormal” o “no natural”, o resultado de la caída! Porque un Arzobispo no pueda procesar esta nueva percepción ajena a su anticuada teología y marco de referencia del pasado, no convierte esto en “pecado”, sino que más bien revela el límite de conocimiento presente en el sistema sobre el cual el arzobispo basa sus decisiones.

Estos son hechos, realidades, que necesitan ser comprendidas: Ningún científico de buena reputación apoya hoy en día la idea que alguien escoge su orientación sexual; los datos científicos actuales validan la realidad que la cantidad de gente homosexual en la población es regular, tal vez un porcentaje fijo entre la gente de todos los tiempos en todos los lugares; la homosexualidad no puede ser curada porque no es una enfermedad y aquellas organizaciones que se declaran capaces de hacerlo son fraudulentas; la homosexualidad no es hereditaria y cada persona gay o lesbiana es presumiblemente hijo o hija de una unión heterosexual, y los hijos que nacen de un hombre gay o una lesbiana no tienen una proporción mayor de ser gay o lesbiana que la de la población en general.

Esto significa que la enseñanza moral de la iglesia, tal como está expresada en la “Enseñanza Pastoral” del Arzobispo de Newark está basada en premisas que no son más viables y en consecuencia no pueden ser utilizadas de forma creíble para contestar las mejores investigaciones científicas del mundo actual.

¿Quiere acaso el Arzobispo repetir los más oscuros capítulos de la historia de la iglesia? Galileo estaba en lo cierto en el sigo 17º cuando fue declarado culpable de herejía por la iglesia. Simplemente le tomó 400 años más a la Iglesia Católica Romana antes de que sus líderes se pudieran liberar suficientemente para abrir sus mentes doctrinalmente cerradas. Charles Darwin también estaba en lo correcto en 1859, pero no fue hasta en la década de 1990 que la iglesia pudo aceptar estas realidades de una forma tibia y limitada.

El problema es que cuando los líderes religiosos hacen declaraciones basadas, no en el conocimiento de la investigación contemporánea, sino más bien que refleja el nivel de su zona de confort al interior de su sistema cerrado de pensamiento, pretendiendo a la vez que es conocimiento revelado divinamente, causan un enorme daño a la gente cuya humanidad comprometen tanto. Durante siglos la iglesia apoyó la esclavitud, aun citando la biblia para justificarla. La iglesia apoyó el estatus de segunda clase para las mujeres y en muchos lugares lo hace aún en el día de hoy, nuevamente citando las escrituras para darle a estos prejuicios un tinte perfumado de piedad.

Cuando el Arzobispo Myers argumenta no por la igualdad de las mujeres, sino por la “complementariedad” de las mujeres, ¿no está haciendo otra cosa que citar una versión eclesiástica del antiguo argumento “separados pero iguales” utilizado durante tanto tiempo para justificar la segregación? Las personas homosexuales son perfectamente normales, pero una parte minoritaria de la familia humana. De igual manera lo son los zurdos, los calvos y las personas pelirrojas. Llamar a los homosexuales “desviados”, “anormales” o “malvados” no es un comentario sobre la comunidad gay, sino un reflejo del prejuicio mal informado de la persona o institución que así habla. El Cuarto Evangelio presenta a Jesús diciendo que su tarea, y por lo tanto la tarea de su iglesia, es el ser dador de vida abundante a toda la gente. ¿Puede alguien lograr esto llamando a quien es diferente “malvado, desviado o anormal?”

Esta “Enseñanza Pastoral” llega al punto más absurdo al sugerir que las parejas homosexuales deben buscar uniones heterosexuales y tratar de hacer que funcionen. Elementos en la iglesia, bien avanzado el siglo 20º pensaron que tenían que romper lo “anormal” de ser zurdo atando la mano izquierda de los niños detrás de la espalda para forzarlos a ser “normales.” Ahora sabemos que esto no era otra cosa que la expresión de la ignorancia sobre la forma en que funciona el cerebro, pero deshumanizó a muchos zurdos antes de que el liderazgo religioso supere sus perjuicios y comenzara a reconocer que el problema no estaba localizado en la víctima que había violado tanto, sino en la ignorancia que alimento el prejuicio de los violadores. Esto es exactamente lo que está sucediendo nuevamente en la “Enseñanza Pastoral” promulgada por el Arzobispo John J. Myers de Newark.

Es cierto que la Biblia refleja los prejuicios de la antigüedad hacia quienes eran “diferentes.” Sin embargo, esto no debiera ser utilizado para justificar la continuación de estas pautas destructivas. A través de los siglos hemos aprendido a dejar de lado ciertas partes de la Biblia cuando tenemos una nueva comprensión de la verdad. Esto es lo que está sucediendo ahora en nuestra sociedad al forjarse una nueva consciencia, basada en la comprensión contemporánea de cómo operan los valores humanos. Uno no puede sostener la ignorancia antigua pretendiendo que nuestros propios prejuicios son bendecidos por Dios. Esto es lo que el Arzobispo Myers trata de hacer.

Sus “Enseñanzas Pastorales” serán ridiculizadas por la gente culta. Serán ignoradas por aquellos que el llama “los fieles,” de la misma manera que ignoran ampliamente las enseñanzas de la iglesia sobre el control de los nacimientos, decisiones sobre el fin de la vida o el aborto. Lo triste es que la credibilidad de la iglesia está comprometida por los prejuicios mal informados de sus líderes y el tiempo barrerá de lado finalmente esta ignorancia. Primero será el laicado de esta iglesia que lo descartará en su práctica. Tanto el Papa como el Arzobispo un día descubrirán que la “verdad” que no es verdad, no puede imponerse. Sólo entonces su mente cambiará y la petición de disculpas será apropiada por el dolor que su prejuicio e ignorancia ha causado a millones, incluyendo muchos que son sacerdotes y obispos de su propia iglesia.

John Shelby Spong
Obispo jubilado de la Iglesia Episcopal-USA

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