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INDONESIA, EL TSUNAMI OLVIDADO. Santiago Riesco Pérez

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Alandar

El 26 de diciembre de 2004 se produjo un terremoto en el Océano Índico, a unos 260 kilómetros al oeste de la costa Indonesia de Banda Aceh, en la isla de Sumatra. El seísmo alcanzó los nueve grados de la escala Richter. Este movimiento de la tierra produjo una cadena de tsunamis que borraron literalmente del mapa islas, playas y poblaciones.

Todo quedó sumergido bajo una densa capa de lodo, agua y cadáveres. De los doce países afectados Indonesia fue el que sufrió el golpe más duro. Los datos oficiales hablan de 129.775 cuerpos y 36.786 desaparecidos en el archipiélago indonesio. La cifra de desplazados supera el medio millón.

La Oficina estatal para la Reconstrucción y Rehabilitación de la zona (BRR son sus siglas en inglés) estima que el tsunami ha devorado casi 3.000 hectáreas de tierra firme y ha destruido el 22 por ciento de las infraestructuras. Las pérdidas se calculan en billones de dólares.

Recuerdo imborrable

“El día del tsunami fue como un día cualquiera, pero llegaron las olas y recuerdo a unos corriendo, a otros nadando y otros atrapados. El agua estaba por todas partes. Muchos compañeros quedaron sepultados bajo las aguas”, recuerda Ansari, profesor de un internado islámico en la localidad de Lamno.

“Era domingo por la mañana y mi mujer y yo estábamos trabajando con la mula mecánica en el campo cuando sentimos el terremoto. Mi mujer dijo “vamos a ver a los niños” y yo le dije que sólo era un terremoto, que no pasaba nada. De repente hubo un sonido muy fuerte, como de un motor de coche, y no sabía qué era. Después de 15 minutos mi mujer miró y vimos acercarse una ola de 30 metros que nos sepultó. Yo trataba de proteger a mi mujer, pero murió en mis brazos”, relata aún estremecido Adnan Yunus, uno de los 25 supervivientes de la comunidad de Lamsenia. El jefe de la localidad, Syansuddin, también logró sobrevivir: “Cuando tembló la tierra yo acababa de llegar de comprar pescado en la lonja. Me encontré a los niños llorando por el terremoto y le dije a mi mujer que cuidase de ellos, que yo iba al pueblo a vender la mercancía. Cuando iba de camino el tsunami me pilló en un alto y no pude avanzar ni retroceder. Perdí a mis padres, a mi mujer y a mis tres hijos. La carretera estaba destrozada. Fue un desastre”.

Barcos en los tejados

En Banda Aceh, al norte de la isla de Sumatra, los barcos aparecieron en los tejados de las casas. Aún hoy, casi dos años después, continúan en el mismo lugar. Un caso especial es el del gran buque “Apung” que las gigantescas olas desplazaron un kilómetro tierra adentro. El gobierno local ha decidido construir un monumento nacional en el lugar, sin embargo los 59 propietarios de las casas aplastadas por el barco piden una indemnización que, por ahora, el gobierno no está dispuesto a pagar.
Acompañando a los voluntarios del Servicio Jesuita a Refugiados (JRS son sus siglas en inglés), he visitado algunas de las localidades más afectadas por la gran ola. Pero la reconstrucción más importante no es la de las carreteras y las casas. Lo que más está costando es devolver las ganas de vivir a los que han perdido a sus seres queridos. El padre Bambang A. Sipayung, jesuita y coordinador del JRS en la isla de Sumatra, lo tiene muy claro: “Ahora el proceso de la gente es rehacer y reconstruir su vida diaria, su salud emocional y psicosocial, su vida comunitaria. Pero todo esto se va llevando a cabo muy lentamente porque la destrucción ha sido masiva”.

Musulmanes

La institución católica de los jesuitas trabaja codo con codo junto a las ONG´s locales de confesión islámica. La región de Aceh es prácticamente musulmana en su totalidad. Esta línea responde a la opción de la organización de hacer llegar la ayuda humanitaria a quien más la necesita.

Tras el desastre, el JRS concentró su trabajo en la situación de los niños y los jóvenes. Sólo dos semanas después del tsunami, el personal de los jesuitas preparó 15.000 docenas de libros y material escolar para mandar a las escuelas más afectadas. Los miembros de esta organización católica están realmente convencidos de que la educación es tan importante como cualquier otra respuesta de emergencia.

El programa desarrollado por el JRS tiene como objetivo prioritario el reestablecimiento de la estructura educativa, especialmente en lugares remotos y ayudando a las escuelas que nadie quiere apoyar. La labor de reconstrucción de la infraestructura educativa se desarrolla en coordinación con la población local y tras un estudio previo de la zona.

Una clave fundamental de la intervención es el fortalecimiento de las ONG´s locales para ayudar a que sea la propia población afectada la que trabaje por la reconstrucción de su país.

En Lamno, en Langsa y en otras muchas localidades de la provincia musulmana de Aceh, las escuelas islámicas ofrecen a los jóvenes con inquietudes religiosas la posibilidad de profundizar y conocer mejor su religión. Se trata de una educación no formal para chicos y chicas de entre 16 y 25 años. Estas “boarding school” vendrían a ser el equivalente a nuestros seminarios católicos.

Gotong Royong

“Después del tsunami nadie quería apoyar la reconstrucción de nuestra escuela. Entonces llegó el JRS y primero nos ayudó a allanar y drenar el terreno. Ahora siguen colaborando con nosotros en la construcción de las casas del internado. Ellos han sido los que han promovido el espíritu del trabajo comunitario del Gotong Royong”, explica agradecido el imán y director del internado islámico en Lamno.

Aquí los jesuitas han conseguido que alumnos y profesores sientan la escuela como suya. Todos contribuyen a la construcción del nuevo colegio tras el paso del tsunami. El JRS ha rescatado la tradición cultural del Gotong Royong. Una ancestral costumbre que recupera el valor del trabajo en comunidad y el respeto mutuo. También es un modo de que la gente se sienta implicada con lo que ocurre a su alrededor, de que se responsabilice. El Gotong Royong ha servido también para motivar el espíritu y el deseo de los alumnos, fuertemente traumatizados tras la muerte de muchos de sus compañeros. El tsunami se cobró la vida de 750 de los 1.000 alumnos del centro.

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